Lácteos y derivados

Lácteos altos en proteína: claves para controlar estabilidad, viscosidad y tratamiento térmico

Incrementar el contenido de proteína en yogures bebibles y leches funcionales implica mucho más que modificar la formulación. La selección de proteínas, el pH, los estabilizantes, el tratamiento térmico y la regulación determinan la estabilidad.

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Ingrid Cubas

Editora de Contenidos en The Food Tech®️

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Lácteos altos en proteína

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Una constante que se repite en plantas lácteas ocurre cuando el equipo comercial trae de vuelta un dato irresistible del mercado, donde la categoría de lácteos altos en proteína sigue en expansión de doble dígito.

Cuando se hacen ajustes pensando solo en lo atractivo que resulta tener un producto de este tipo dentro del portafolio, se desencadena otro momento que involucra a formulación: si el nivel de proteína en la fórmula existente se incrementa sin tocar nada más, semanas después llega un reporte de control de calidad indicando que hubo gelificación parcial después del UHT, sedimentación en el fondo del envase, o una viscosidad que pasó de "bebible" a "casi comestible con cuchara" en menos de tres semanas de anaquel… en teoría, la proteína hizo exactamente lo que debía hacer nutricionalmente. El problema es que nadie ajustó el resto del sistema para recibirla.

Esa es la trampa más costosa y común al desarrollar lácteos altos en proteína: tratarla como un ingrediente que simplemente se suma, cuando en realidad es una variable que modifica el comportamiento fisicoquímico completo de la matriz láctea.

La revisión científica de referencia sobre bebidas lácteas proteicas estables en anaquel lo plantea sin rodeos: la elección de la proteína láctea es crítica para diseñar un producto que sea aceptable para el consumidor y estable durante el procesamiento y la distribución.

En lugar de pensar en cuánta proteína se puede incorporar a algún producto, es necesario detenerse a decidir qué proteína se usará, a qué pH, con qué tratamiento térmico y con qué acompañamiento de estabilizantes.

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Panorama del mercado: ¿por qué esta categoría exige precisión técnica?

El volumen de negocio detrás de esta categoría explica por qué un defecto de viscosidad o estabilidad ya no es un tema menor de laboratorio, sino un riesgo comercial de escala regional.

Fuentes: Proteína láctea, América Latina - Proteína de suero, América Latina - Polvos altos en proteína, México - Proteína de suero, México - Ingredientes lácteos, LatAm y Caribe - Proteína de leche, mercados desarrollados

Tres lecturas técnicas se desprenden de estos datos:

  1. El crecimiento está concentrado en WPC/WPI (Whey Protein Concentrate/ Whey Protein Isolate), el ingrediente con mayor sensibilidad a pH y tratamiento térmico; lo que eleva, no reduce, la exigencia de control de proceso.

  2. México concentra entre el 18 y 22% del valor regional de ingredientes lácteos, lo que hace del marco normativo mexicano (NOM-181) un punto de control obligatorio, no opcional, para cualquier estrategia regional.

  3. La región mantiene dependencia estructural de importación de fracciones especializadas, como WPI, lactosa grado farmacéutico o MFGM (Milk Fat Globule Membrane), cubriendo entre 40% y 50% del requerimiento premium con producto importado, lo que añade variabilidad de lote a lote entre proveedores que el sistema de formulación debe poder absorber.

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¿Qué variables técnicas controlar al aumentar contenido proteico en yogures bebibles y leches funcionales?

El pH decide qué proteína puede o no usarse

La primera decisión técnica, y la que condiciona todas las demás, es el pH objetivo del producto. La evidencia es consistente: los ingredientes de proteína de suero funcionan mejor en bebidas de alta acidez, mientras que los ingredientes de proteína de leche (caseína) tienen mejor funcionalidad en bebidas de baja acidez.

La razón es fisicoquímica: cerca del punto isoeléctrico de la proteína de suero (entre pH 3.5 y 4.5, el llamado "rango medio de acidez") las proteínas están en su punto de menor solubilidad y mayor tendencia a agregarse, por lo que es indispensable incorporar un estabilizante como la pectina para mantenerlas dispersas durante el tratamiento térmico.

Por debajo de pH 3.5, el aislado de proteína de suero es muy estable por sí solo, mientras que por encima de pH 4.6 los concentrados de proteína de leche (MPC) suelen ser estables sin necesidad de estabilizante adicional, aunque frecuentemente se sigan usando gomas o carragenina para mejorar textura y mantener la suspensión.

Esta tabla resume dicha lógica de decisión, por lo que funciona como un primer filtro ante cualquier reformulación:

Esta misma tabla explica por qué intentar trasladar una fórmula de yogur bebible de baja acidez a un formato de bebida clara y alta en proteína, o viceversa, casi nunca funciona sin rediseñar el sistema de proteínas desde cero, pues cada zona de pH exige un ingrediente y una estrategia de estabilización distintos.

La relación caseína:suero

Dentro de la misma proteína láctea, la proporción entre caseína y proteína de suero es una palanca de control que muchos equipos de formulación subestiman.

Un estudio reciente sobre estabilidad térmica de bebidas altas en proteína encontró que, a una relación caseína:suero de 50:50, el uso de proteína de suero modificada por tratamiento térmico incrementó de forma significativa la viscosidad aparente frente al control, y que ese incremento de viscosidad se correlacionó positivamente con el tamaño de partícula:

  • a mayores concentraciones de proteína (10%), las interacciones partícula-partícula generan más resistencia al flujo y, por lo tanto, mayor viscosidad

El mismo estudio documentó que, a medida que aumentaba la proporción de proteína de suero, el tiempo de coagulación térmica (HCT) que es la capacidad de una bebida láctea de resistir un tratamiento a alta temperatura como UHT sin formar gel visible disminuía, tanto en muestras de 8% como de 10% de proteína total, precisamente porque la caseína actúa como una acompañante que controla la agregación de la proteína de suero durante el calentamiento.

Esto tiene una implicación práctica directa: cuantas más proteínas de suero se agreguen a una matriz previamente dominada por caseína (como ocurre, por ejemplo, al fortificar un yogur natural con WPC en polvo), menor será su tolerancia al tratamiento térmico, salvo que se compense con una modificación controlada de esa proteína de suero o con ajustes adicionales de formulación.

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Hidratación de la proteína

Antes de discutir estabilizantes o tratamiento térmico, existe un paso previo que la evidencia técnica señala como una de las causas más frecuentes y evitables de problemas de solubilidad: la hidratación inadecuada de la proteína.

La mayoría de los problemas de solubilidad y estabilidad térmica en bebidas lácteas proteicas puede evitarse hidratando las proteínas antes de incorporarlas a la formulación completa; además, las proteínas lácteas requieren temperaturas más cálidas para hidratarse porque son de hidratación lenta.

En la práctica de planta, esto significa que agregar el polvo de proteína directamente a la tina de mezcla, a temperatura ambiente y sin tiempo de reposo, es una receta casi garantizada para partículas mal hidratadas que después se comportan de forma impredecible durante el tratamiento térmico.

El checklist adecuado para el proceso sería:

  1. Dispersión en agua tibia, no fría ni ambiente.

  2. Tiempo de reposo/hidratación suficiente antes de mezclar con el resto de la fórmula.

  3. Verificación de solubilidad completa antes de avanzar a tratamiento térmico.

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El rol técnico de la pectina y otros estabilizantes

La pectina no es un aditivo genérico de seguridad; en realidad, tiene un mecanismo de acción específico. En bebidas ácidas a base de caseína, la pectina se adsorbe a la superficie de las micelas de caseína, proporcionando estabilización estérica y electrostática que evita su agregación.

Estudios sobre complejos solubles de proteína de suero y pectina de alto metoxilo muestran que estos complejos, formados térmicamente, permanecen como partículas submicrónicas (de entre 303 y 829 nanómetros) incluso después de ajustes de pH entre 4 y 7 y procesamiento térmico a 142°C durante 6 segundos (una condición equivalente a UHT), lo que confirma que la combinación correcta de proteína de suero y pectina puede mantenerse estable bajo condiciones de esterilización comercial.

Otra estrategia, cada vez más usada en concentrados de proteína de leche, es la reducción de calcio: un MPC (Milk Protein Concentrate) con contenido reducido de calcio evita el uso de sales tamponantes adicionales, mejora la estabilidad térmica y facilita declaraciones de etiqueta limpia, siendo una buena opción para bebidas proteicas de baja acidez.

En el extremo opuesto, remover calcio de dispersiones de proteína de suero tiende a incrementar la turbidez a valores bajos de pH, lo que indica que el calcio también cumple un efecto estabilizador contra la agregación de proteína de suero durante el calentamiento a pH bajo… un recordatorio de que "quitar minerales" no siempre es la solución universal, y depende del sistema completo.

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El ingrediente en sí también puede rediseñarse

La innovación no se limita a ajustar la fórmula alrededor de la proteína: también se puede modificar la proteína misma.

En el mercado ya existen casos de éxito que funcionalizaron su concentrado de proteína de leche (MPC) para hacerlo más soluble y térmicamente estable, con aplicaciones exitosas demostradas en bebidas altas en proteína estables en anaquel, sin necesidad de usar estabilizantes añadidos para prevenir la precipitación de proteína en el producto terminado.

De forma similar, la hidrólisis enzimática controlada de proteínas de suero (a un nivel de hidrólisis de entre 5% y 10%) es un método común para mejorar la estabilidad térmica, ya que los péptidos resultantes tienen menor peso molecular, grupos hidrofóbicos más expuestos y más grupos iónicos, lo que cambia sus propiedades funcionales.

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Impacto en textura, estabilidad durante vida de anaquel y escalamiento de producción

El tratamiento térmico no es una variable aislada

Una vez resuelta la formulación, el tratamiento térmico es donde toda esa arquitectura de decisiones se pone a prueba.

Las bebidas de alta acidez estables en anaquel se calientan típicamente entre 90°C y 95°C durante 30 a 90 segundos, seguido de llenado en caliente; mientras que las bebidas de baja acidez requieren procesos más agresivos como UHT (138°C durante al menos 2 segundos) o esterilización por retorta (115-120°C durante 5 a 15 minutos) para garantizar inocuidad y estabilidad en anaquel.

Así se resume esta relación entre acidez, proteína e intensidad térmica requerida:

Un dato relevante para quienes trabajan con MPC en bebidas de baja acidez, es que suelen requerir sales emulsificantes como el hexametafosfato de sodio (SHMP) para mejorar sus propiedades térmicas y fisicoquímicas… otro recordatorio de que la "receta" de estabilización no es intercambiable entre sistemas de baja y alta acidez.

¿Cómo se pierde o se gana viscosidad durante el anaquel?

La viscosidad de un lácteo alto en proteína no es un valor fijo que se mide una vez en planta y se olvida, sino que evoluciona durante la vida de anaquel, y esa evolución está gobernada por el mismo fenómeno de agregación de partículas que se discutió en la formulación.

Como ya se mencionó, el aumento de viscosidad se correlaciona positivamente con el tamaño de partícula proteica, lo que significa que cualquier proceso de agregación lenta (inducido por temperatura de almacenamiento, luz, vibración durante transporte o simplemente el paso del tiempo) puede traducirse en un incremento gradual de viscosidad, sedimentación o, en el peor de los casos, gelificación tipo "age gelation", un defecto bien documentado en leches UHT altas en proteína.

Los diagramas de estado desarrollados para predecir estabilidad coloidal de bebidas de proteína de suero ilustran bien esta sensibilidad:

  • a pH 5, las bebidas se caracterizan por baja solubilidad, alta turbidez y agregación/gelificación de las proteínas de suero

  • a pH 3 se observa alta estabilidad coloidal junto con alta solubilidad de las proteínas individuales

  • y a pH 6 la estabilidad mejora debido a la mayor solubilidad de la alfa-lactoalbúmina.

Esto confirma, con datos de laboratorio, algo que muchos formuladores han aprendido en planta:

  • el rango de pH entre 4 y 5.5 es, casi sin excepción, la zona de mayor riesgo de inestabilidad en cualquier sistema con proteína de suero, y merece validación de vida de anaquel extendida antes de escalar a producción comercial.

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Escalamiento de producción: lo que funciona en laboratorio no siempre sobrevive en planta

El salto de una formulación exitosa en banco de pruebas a un lote comercial de miles de litros introduce variables que rara vez se controlan en el desarrollo inicial: tiempos de residencia más largos en tanques de proceso, perfiles de cizallamiento distintos durante homogeneización a escala industrial, y tiempos de calentamiento/enfriamiento que ya no son instantáneos.

Un ejemplo documentado en literatura de patentes de yogur bebible alto en proteína con viscosidad reducida detalla justamente este tipo de ajuste fino de proceso: un preheater a alta presión con salida a 58°C, un calentador final con salida a 80°C, y un tiempo de residencia de la salida del calentador al secador de apenas 23 segundos, seguido de homogeneización en dos etapas a 150/50 bar. El nivel de detalle de estos parámetros con temperaturas exactas, presiones de homogeneización en dos etapas y segundos de residencia es la mejor evidencia de que la viscosidad final de un yogur bebible alto en proteína no depende solo de la fórmula, sino de cómo esa fórmula se somete físicamente al proceso térmico y mecánico de la planta.

Esto tiene una consecuencia directa para cualquier equipo que replique una fórmula ganadora en una segunda línea de producción, en otra planta, o con un homogeneizador de diferente capacidad: la validación de escalamiento debe incluir, como mínimo, verificación de viscosidad, tamaño de partícula y estabilidad térmica en el equipo real de destino, sin asumir que "la misma fórmula" producirá "el mismo producto" en un equipo distinto.

Dicho en otras palabras, el checklist de validación de escalamiento para replicar una fórmula en otra línea, planta o equipo, incluiría:

  1. Verificación de viscosidad final en el equipo real de destino.

  2. Verificación de distribución de tamaño de partícula post-homogeneización.

  3. Verificación de estabilidad térmica (HCT) bajo el perfil térmico real de la línea, no solo el de laboratorio.

  4. Confirmación de que presión de homogeneización, tiempos de residencia y temperaturas de proceso coinciden con los parámetros validados en el desarrollo original.

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Ámbito regulatorio en México: NOM-181 y la fortificación de proteína en yogur

Uno de los puntos más importantes para fabricantes de México gira en torno a la normativa nacional que no solo regula composición fisicoquímica, sino que restringe explícitamente qué ingredientes de fortificación de proteína pueden usarse según la denominación comercial del producto.

La NOM-181-SCFI/SAGARPA-2018 establece que para los productos denominados "yogurt" se debe utilizar exclusivamente leche, y no se permite el uso de concentrados de proteínas de leche, caseinatos o concentrado de proteína de suero de leche, excepto para el yogurt griego.

Adicionalmente, la norma exige que la caseína constituya al menos el 80% de la proteína láctea en el producto final, y que la proporción de proteína láctea respecto a los sólidos lácteos no grasos totales no disminuya frente a la proporción presente originalmente en la leche.

La única excepción explícita es el yogurt griego, definido en la norma como aquel con una concentración de proteína mínima de 5.6%.

En términos prácticos, esto significa que un fabricante mexicano que quiera lanzar un "yogur alto en proteína" fortificado con WPC o MPC, y quiera seguir llamándolo "yogurt" en el rango natural, saborizado o con fruta, se encuentra ante una barrera normativa (no solo técnica) que obliga a replantear la estrategia de tres formas posibles:

  1. Reformular únicamente mediante concentración física de la leche (ultrafiltración) sin agregar concentrados o caseinatos

  2. Posicionar el producto específicamente bajo la denominación "yogurt griego", la única categoría que permite fortificación con estos ingredientes

  3. O etiquetarlo bajo una denominación de "producto imitación" o "alimento lácteo fermentado", con las implicaciones comerciales y de percepción que eso conlleva.

Este es, en esencia, un ejemplo perfecto de por qué la variable de formulación y la variable regulatoria no pueden separarse en un desarrollo de lácteos altos en proteína en México. La solución técnica más simple que consiste en agregar WPC en polvo a un yogur batido tradicional puede ser perfectamente viable en el laboratorio y, al mismo tiempo, inviable para comercializarse bajo la denominación "yogurt" que el consumidor espera ver en el empaque.

Control de cambios y documentación bajo ISO 22000

Desde la perspectiva de un sistema de gestión de inocuidad alimentaria, cualquier ajuste de los que se han descrito constituye un cambio que debe evaluarse formalmente antes de implementarse en producción.

ISO 22000:2018 exige que las organizaciones establezcan controles operacionales y sistemas de trazabilidad como parte de su ciclo de mejora continua Planificar-Hacer-Verificar-Actuar, aplicable a todo tipo de organización dentro de la cadena alimentaria.

Para una reformulación de proteína, esto se traduce en la necesidad de documentar, como mínimo: la justificación técnica del cambio de ingrediente o proceso, los resultados de validación de estabilidad térmica y de vida de anaquel bajo las nuevas condiciones, y la verificación de que la nueva formulación. Todo esto, cumpliendo tanto los parámetros fisicoquímicos internos como, en el caso mexicano, la denominación comercial correspondiente según NOM-181.

Sin ese control de cambios formal, el riesgo no es solo un defecto de textura que aparece en anaquel, sino lanzar un producto que dejó de cumplir con la normativa de denominación bajo la cual se está vendiendo.

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La conclusión que debería llegar antes que la reformulación

Ningún incremento de proteína en un lácteo bebible es gratuito: cada punto porcentual adicional cambia la relación caseína:suero, desplaza el sistema más cerca o más lejos del punto isoeléptico crítico, exige un tratamiento térmico distinto y, en el caso de México, puede mover el producto fuera de la denominación comercial bajo la que se pretende vender.

Considerando a todos los involucrados, esta sería la síntesis de acción por nivel de especialización:

La buena noticia es que la ciencia detrás de este comportamiento ya está bien documentada. De esta forma, ya se sabe qué proteína usar según el pH, qué estabilizante corresponde a cada zona de riesgo, qué parámetros de proceso proteger durante el escalamiento y qué normativa revisar antes de imprimir la etiqueta.

Solo queda preguntarse si el equipo completo está dispuesto a rediseñar todo el sistema desde la inclusión de proteína, pasando por el pH, estabilizante, tratamiento térmico y expediente regulatorio para que ese incremento nutricional llegue al consumidor con la textura, la estabilidad y la denominación legal que el producto promete en el empaque.

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Ingrid Cubas

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Comunicóloga con más de 10 años como creadora de contenidos para medios impresos, digitales y audiovisuales sobre la industria de alimentos y bebidas. Sommelier de té, especialista en cata, maridaje, producción y calidad de Camellia Sinensis.

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