Lácteos y derivados
Tendencias de color en alimentos y bebidas 2026: paletas sensoriales que transforman el mercado
Las tendencias de color 2026 impulsan la formulación, naturalidad y percepción sensorial en alimentos.

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Los alimentos y bebidas siempre han estado dotados de colores que los hacen destacar y, al mismo tiempo, envían mensajes sobre lo que podemos esperar al consumirlos. Inconscientemente, somos capaces de percibir si una fruta está lo suficientemente madura como para consumirla, si alguna bebida tendrá algún sabor en especial e incluso, si algo es picante, dulce o ácido… estos estímulos que recibimos como mensajes codificados a partir del color de lo que comemos y bebemos pueden ser tanto naturales como artificiales.
A partir de 1860, la Revolución Industrial no solo amplió la producción de alimentos y bebidas, también transformó la percepción del producto, pues lo apetecible debía verse “ideal” antes de probarse. El rojo intenso del tomate se trasladó a las latas, y el amarillo vibrante de las bebidas gaseosas o el naranja perfecto de una gelatina se convirtieron en promesas de sabor y frescura manufacturadas mediante aditivos cromáticos. Este fenómeno repuntó a principios del siglo XX con colorantes sintéticos a costos más accesibles, puros y estables, que permitieron satisfacer una demanda masiva de productos con apariencia uniforme.
Para la industria alimentaria, el color dejó de ser un atributo estético secundario para convertirse en una herramienta estratégica de comunicación sensorial: colores asociados con sabores como cuando se asocia un tono rojo intenso a las fresas, categorías funcionales como cuando la energía parece contenida en productos anaranjados, y las señales de inocuidad o calidad tienden a lucir un color blanco puro en señal de pureza.
Ese rol ha evolucionado desde los colorantes sintéticos hacia nuevos códigos de legitimidad y confianza, impulsados por cambios culturales y regulatorios.

La migración hacia los colorantes naturales: ¿qué impulsa esta tendencia y hacia dónde va?
Durante la última década, el mercado global de colorantes alimentarios ha mostrado una transición clara: los colorantes naturales capturan más del 50% de la participación del mercado en 2026, frente al dominio anterior de los sintéticos, según indica Global Growth Insights. Los datos proyectan que este segmento seguirá creciendo con una tasa compuesta anual significativa del 8% hasta 2035, siendo impulsado por consumidores que asocian naturalidad con seguridad y bienestar.
Algunas de las razones detrás de las preferencias por los colorantes naturales en alimentos y bebidas con:
Los consumidores y reguladores exigen ingredientes que reflejen autenticidad y origen vegetal, especialmente en bebidas funcionales, snacks saludables y productos premium.
La Innovación tecnológica expresada a través de nuevas técnicas de extracción, encapsulación y co-pigmentación han hecho posible que colores que no se encuentran tan fácilmente en la naturaleza logren ser estables en bebidas ácidas y matrices complejas.
Los tonos naturales se alinean con percepciones de sostenibilidad y salud, reforzando mensajes de producto sin aditivos artificiales.
Todo esto posiciona a los colorantes naturales como una evolución sistémica en cómo los alimentos cuentan historias antes de ser degustados, apartándose de una moda pasajera.

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Tendencias de color para 2026: la paleta clave aplicada a alimentos y bebidas
Basado en pronósticos globales, investigación de mercado y estudios de tendencias, estos son los colores que dominarán 2026 y sus conexiones con la industria alimentaria:
Pantone
Cloud Dancer (Blanco natural suave): el Pantone Color of the Year 2026 es un color blanco etéreo que simboliza pureza, claridad y minimalismo. En señal de la calma y reflexión que se necesita actualmente en el mundo, Pantone propone esta tonalidad que invita a la relajación y concentración, permitiendo al mismo tiempo, que haya creatividad e innovación.
Es tan versátil, que además contrasta con la paleta de tonos Powdered pastels (pasteles atalcados) elegida por el mismo organismo; en ella se encuentran tonos como Lemon icing (amarillo opaco), Nimbus cloud (azul marino), Raindrops on roses (malva), Ice melt (azul claro), Peach dust (durazno), Almost aqua (verde) y Orchid tint (lila).
Por si fuera poco, Cloud dancer también fue elegido para integrarse de forma armoniosa con la paleta Light & Shadow (luz y sombra) de Pantone, donde se incluyen tonos como Veiled vista (verde menta), Baltic sea (azul cielo), Golden mist (dorado opaco), Quiet violet (morado), Cloud cover (gris claro), Hematite (gris intenso) y Blue fusion (azul acero).




Comex
Por su parte, ColorLife® TRENDS® 2026 de Comex propone gamas de tonalidades que en conjunto forman conceptos. En esta ocasión, estas tendencias son:
Trama sagrada: surge bajo el entendido de que el universo está entrelazado, así que busca redefinir la relación con la naturaleza, la interdependencia de seres vivos y el consumo de recursos. Los colores que conforman esta tendencia son ocres y arcillosos, con un amarillo que destaca.
Oxidación temporal: busca reflejar la evolución entre lo que logra transformarse mientras envejece, como un llamado a dejar atrás la perfección y entender el paso del tiempo como un punto de equilibrio y naturalidad. Los colores que incluye presentan tonos tierra, malvas, azules y amarillos, de perfil opaco y pastel.
Infinito tornasol: revela la dualidad que nos muestran los cambios de luz dependiendo desde dónde pongamos la mirada y, al mismo tiempo, se expone como el diálogo entre lo artificial y natural. Acá, la gama cromática se centra mucho más en los azules y violetas, con una breve inclusión de ciertos verdes en transición.
Más salsita (por favor): un juego de contrastes inspirado en México, su humor e irreverencia. En este caso, los colores son un poco menos opacos que en los otros casos, pero no llegan a ser completamente brillantes.
La marca categoriza a sus colores como: neutros luminosos, serenos, cálidos naturales, saturados y reconfortantes. Pero encima de esto, este año eligió dos colores como estandartes del año: Cielito lindo (un azul pastel con cierto grado de gris y opacidad) y Xoconostle (un rosa intenso que se mezcla con morado ahumado), que en conjunto expresan la dualidad presente en todas las tendencias propuestas.
Precisamente, el color Xoconostle es solo uno de los que también se incluyen en un apartado especial de la marca: Colores que se antojan ¡para agarrarlos a mordidas! En este segmento, los tonos son nombrados a partir de ingredientes:
Albaricoque: un color durazno que transmite alegría, dulzor, frescura y acidez.
Arándano: un violeta que se usa para denotar acidez, naturalidad, versatilidad, calma y también elegancia.
Beso de coco: como la pulpa fresca de esta fruta que remite a la nieve, coctelería y momentos placenteros.
Chamoy: ideal para gomitas y bebidas, de textura espesa y brillante donde resalta por ser dulce, ácido y picoso.
Chía: un gris con acentos cafés, que inspira confianza mientras brinda equilibrio y serenidad.
Sábila: consumida en aguas, jugos y licuados, logra representar renovación, frescura y bienestar natural. Un color verde translúcido, con poca carga de pigmento.
Teriyaki: igual que la salsa japonesa, dulce, salada, brillante y espesa, aporta calidez y sofisticación con discreción.




Berel
En este caso, la marca de pinturas Berel también seleccionó un color orientado hacia un producto alimenticio: la Pitaya. Este tono surge como una nueva versión del rosa mexicano, evolucionando hacia lo suave, actual y emocional. A decir de la compañía, representa identidad cultural, vitalidad y energía, resiliencia, conexión emocional y emocionalidad en sintonía con la naturaleza.
Además, seleccionaron cuatro paletas de color que complementan el tono de Pitaya:
Eterna armonía: con el color Terrenal (arena/beige), Trascender (azul acero), Mole poblano (gris con un subtono café), Día de muertos (naranja opaco), Línea del tiempo (azul cielo)
Distrito urbaya: con urbano (un gris azulado), Aroma tabaco (mezcla de morado con café), Parece que va a llover (azul grisáceo tenue), Lucero de la mañana (gris blanquecino) y Canasto (gris)
Paraíso mexicano: Hoja de aguacate (verde seco y oscuro), Fuego de verano (naranja encendido), Itacate (amarillo canario pastel), Gusano de maguey (blanco y aperlado), Magnético (azul marino)
Calidez vibrante: Huarache (café grisáceo), Pay de nuez, café claro, Bosque antiguo (azul metálico), Ciudadela (azul grisáceo tenue) y Comal (gris topo)

Agencias, redes y otras fuentes
En colaboración con WGSN, Coloro también ha hecho su propia propuesta para establecer toda una gama de colores que reinarán este 2026. Encabezada por el azul Transformative Teal en señal de cambio y estabilidad, la selección se complementa con otros tipos de azules como Aura azul y Gelatina de menta, con Fucsia eléctrica y el amarillo mostaza Amber haze como colores clave.
No obstante, se asoman a 2027 proponiendo desde ahora a Luminous Blue, un azul eléctrico cargado de brillo para el futuro al que acompañan tonos como Russet (una mezcla terrosa de rojo y café), Peaceful Lilac (un lila, cargado al azul y el gris, etéreo), Maize (beige) y Deep green (como el bosque de coníferas).




Global Growth Insights también apuesta por tonos como el violeta profundo y púrpura; los señala como naturales y los asocia con ingredientes rojos y morados como el arándano y el betabel. De igual manera, los carotenos que permiten obtener color naranja cálido y las antocianinas para los azules y violetas son vistas con gran expectativa por la consultora. En todos los casos mencionados, son tonalidades prometedoras en el ámbito alimentario, tanto en bebidas y confitería como en snacks y bebidas funcionales.
A su vez, Market Research asegura que “los fabricantes están acelerando el uso de antocianinas, carotenoides, extractos de espirulina, curcumina y betaláinas procedentes de frutas, flores, algas y verduras”. Por ello, colores como el rojo rubí natural, el amarillo y el azul se encuentran en la mira, desde su perspectiva.




Pinterest no se queda atrás, la red social también apoya el hecho de que este año sea ideal para que el color azul cobre fuerza. En este caso, Celeste fresco se presenta con una estética glaciar donde un tono de azul cielo apastelado da la sensación de recrear un momento fresco y helado que a la vez resulta cálido y reconfortante. El tono Jade le hace secuela a los verdes que hemos visto en otros portafolios, solo que en este caso muta hacia una combinación entre musgo y menta, con energía, serenidad y glamour. Ciruela de noche es profundo, con matices quemados, de intensidad notoria, casi con efecto aterciopelado aplicado a este violeta. Frescura cítrica es un verde eléctrico y vibrante, casi neón llegando al alto voltaje. Finalmente, Coral intenso es un naranja rojizo vibrante que transmite alegría y dulzura.




En otros rubros y medios Who What Wear muestra una vez más el tono azul a la cabeza en su elección; en este caso, bajo el nombre de Azul helado. Otro color que repite es Verde Chartreuse, como exhibición de un verde enérgico, con un toque sutil de amarillo brillante y acabado ligeramente neón. Lo mismo ocurre con el Púrpura brillante, que aparece en casi todas las elecciones en distinto grado de intensidad y con “Bailarina de nubes” blanca, que es el homólogo del color del año propuesto por Pantone. El tono que destaca es Canary yellow, completamente vibrante y encendido, un amarillo que se aleja de los pasteles para aportar luminosidad. Candy Pink es ligeramente parecido a Pitaya, solo que aterriza en el rango de los pasteles con una saturación menor. Por último, incluyen a Rich teal, un verde oscuro, boscoso y ligeramente opaco.
Desde luego, Vogue México y Latinoamérica no podía quedarse atrás y desde su posición de expertos en moda, señalan a estos colores como los que están en tendencia este 2026: blanco, naranja, amarillo, marrones, púrpura, rojo, azul, verde, colores pasteles, metalizados y granate o borgoña.

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¿Cómo traducir estas paletas en categorías específicas del rubro alimenticio?
Las tendencias de color no solo se observan únicamente desde el diseño o el interiorismo, en el ámbito de alimentos y bebidas, el color no se interpreta: se consume y activa expectativas de sabor, comunica funcionalidad, condiciona la percepción de naturalidad y, en muchos casos, define la decisión de compra antes del primer sorbo o bocado. Estas son algunas de las aplicaciones que podrían tener en múltiples sectores:
Bebidas: el color como promesa sensorial y funcional
Las bebidas continúan siendo el terreno más fértil para la experimentación cromática, especialmente en segmentos como bebidas funcionales, con enfoque wellness, listas para consumo, bebidas botánicas y alternativas al alcohol. En este caso, podrían implementarse desarrollos con estos tonos propuestos:
Cloud Dancer y blancos etéreos
En tés fríos, aguas funcionales, bebidas con colágeno, leches vegetales y bebidas con adaptógenos, los blancos suaves y translúcidos refuerzan mensajes de pureza, ligereza, calma y enfoque. Este tipo de blanco no busca opacidad total, sino una estética lechosa, vaporosa o ligeramente turbia que comunica “menos intervención” y mayor cercanía con lo natural.
Azules suaves, celestes y teal (como Cielito lindo, Azul helado y Transformative Teal)
Se posicionan con fuerza en bebidas refrescantes, isotónicas, de hidratación avanzada y mocktails. El azul, que históricamente suele ser complejo en alimentos, deja de ser artificial cuando se asocia a extractos de espirulina o antocianinas, habilitando narrativas de frescura glaciar, equilibrio y tecnología amable.
Violetas, púrpuras y ciruela (como en Arándano, Ciruela de noche y Púrpura brillante)
Funcionan especialmente bien en bebidas antioxidantes, kombuchas, jugos prensados en frío y bebidas funcionales enfocadas en salud cognitiva o descanso. Estos tonos comunican densidad nutricional, sofisticación y origen vegetal.
Verdes translúcidos y botánicos (Sábila, Jade y Verde Chartreuse)
Ideales para jugos verdes, aguas botánicas y bebidas detox. Cuando el verde se mantiene ligero y acuoso, transmite bienestar; cuando se intensifica, sugiere energía, vitalidad y carácter funcional.

Lácteos y alternativas vegetales: calma visual, indulgencia limpia
En esta categoría, el color debe equilibrar confianza, deleite y naturalidad, sin romper con la expectativa de frescura.
Blancos suaves y neutros luminosos (Cloud Dancer y Bailarina de nubes)
Refuerzan la percepción de calidad en yogures, kéfires, postres lácteos y bebidas fermentadas. El blanco ya no es clínico: es emocional, silencioso y premium.
Pasteles atalcados (Peach dust, Lemon icing, Orchid tint, Candy Pink)
Funcionan en yogures saborizados, postres lácteos y bebidas tipo smoothie, donde la suavidad cromática acompaña una experiencia indulgente pero “permitida”.
Violetas y malvas opacos (Raindrops on roses y Quiet violet)
Especialmente relevantes en productos con frutas, antioxidantes o claims funcionales. Aportan diferenciación sin agresividad visual.
Panificados y snacks: autenticidad, energía y origen
Aquí, el color debe comunicar ingrediente real, proceso artesanal o beneficio funcional, incluso en productos altamente procesados.
Ocres, marrones y tonos arcillosos (Trama sagrada, Russet y Maize)
Claves para panes integrales, snacks horneados, galletas y barras energéticas. Estos tonos evocan grano, semilla, raíz y tierra, reforzando mensajes de naturalidad, fibra y saciedad.
Amarillos y naranjas cálidos (Amber haze, Canary yellow y Albaricoque)
Funcionan en snacks energéticos, extruidos, panificados enriquecidos y productos con proteínas o vitaminas. El amarillo deja de ser infantil cuando se vuelve especiado, dorado o mostaza.
Verdes vibrantes y eléctricos (Frescura cítrica y Verde Chartreuse)
Ideales para snacks innovadores, productos plant-based o propuestas disruptivas. Aportan impacto visual y sensación de frescura, especialmente cuando se conectan con ingredientes reales.

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En esta categoría, el color tiene un rol crítico: define frescura, calidad y aceptación.
Rojos rubí, granates y borgoñas (Xoconostle, granate y rojo natural)
Asociados a extractos naturales, estos tonos permiten comunicar intensidad y sabor sin recurrir a rojos sintéticos. Funcionan en embutidos, marinados y productos curados premium.
Marrones profundos y sepias (Teriyaki y Hematite)
Refuerzan narrativas de ahumado, cocción lenta y umami. Son especialmente efectivos en productos listos para comer y soluciones culinarias.
Violetas apagados y malvas terrosos (Oxidación temporal)
Aunque menos comunes, comienzan a aparecer como códigos visuales de maduración, fermentación y procesos controlados, alineados con una estética menos perfecta y más honesta.

¿Cómo puede Latinoamérica capitalizar estas tendencias cromáticas en alimentos?
Latinoamérica se encuentra en una posición única para liderar esta transición cromática por varias razones:
Posee materia prima autóctona: La región produce una enorme biodiversidad de ingredientes que permiten obtener antocianinas, carotenoides y extractos botánicos locales con perfiles de color excepcionales.
Tiene cultura culinaria vibrante: La narrativa cultural de alimentos coloridos (chiles, frutas tropicales, maíces nativos) puede traducirse directamente en identidad de producto con valor sensorial y simbólico.
Mercados emergentes de clean label: Los consumidores latinoamericanos están migrando hacia productos naturales, y los fabricantes que comuniquen color mediante ingredientes reconocibles (jaboticaba, pitaya, cúrcuma) ganarán preferencia.
Innovación en bebidas funcionales y snacks: Integrar tonos como Cloud Dancer en tés fríos, leches vegetales y bebidas wellness puede reforzar posicionamientos premium alineados con tendencias globales.
El color como plataforma de innovación y diferenciación: del impacto visual al significado
En 2026, el color en alimentos y bebidas deja de ser decorativo para convertirse en lenguaje estratégico, es un código sensorial que comunica propósito, transparencia y legitimidad. Blancos que calman, azules que refrescan, violetas que nutren, verdes que sanan y tierras que reconectan con el origen.
Desde el blanco etéreo de Cloud Dancer hasta los cromatismos naturales botánicos, el color habilita conexiones emocionales con consumidores, traduce posicionamientos funcionales y redefine categorías enteras. Para Latinoamérica, hacerlo a través de ingredientes propios convierte esta tendencia no solo en una oportunidad estética sino en una estrategia competitiva integral.
La clave no está solo en qué color, sino en cómo se formula, qué ingrediente lo respalda y qué historia activa en la mente del consumidor.
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Editora de Contenidos en The Food Tech®️
Comunicóloga con más de 10 años como creadora de contenidos para medios impresos, digitales y audiovisuales sobre la industria de alimentos y bebidas. Sommelier de té, especialista en cata, maridaje, producción y calidad de Camellia Sinensis.






