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Adiós al arcoíris artificial: el impacto de las nuevas regulaciones en colorantes alimentarios en LATAM

Regulaciones y tendencias aceleran la transición de colorantes artificiales a naturales en alimentos y bebidas

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Guillermina García

Periodista especializada Senior

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Los colorantes alimentarios artificiales han sido, por décadas, ingredientes ubicuos en la industria de alimentos y bebidas. Estos aditivos, en su mayoría derivados del petróleo, se emplean únicamente con fines cosméticos: aportan o realzan colores vibrantes sin añadir valor nutritivo ni alterar el sabor.

Gracias a ellos, cereales para niños adquieren tonos brillantes, las bebidas deportivas exhiben colores llamativos y los dulces recrean todos los colores del arcoíris. Sin embargo, esta omnipresencia está bajo escrutinio.

Numerosos estudios a lo largo del tiempo han vinculado ciertos colorantes sintéticos con riesgos a la salud –desde hiperactividad en niños hasta posibles efectos carcinogénicos– lo que ha motivado a científicos, reguladores y consumidores a reconsiderar su uso.

En respuesta, está emergiendo una tendencia global hacia el uso de colorantes naturales en sustitución de los sintéticos, impulsada tanto por una mayor conciencia sanitaria como por la demanda de productos con “etiquetas limpias” (libres de aditivos químicos prescindibles).

El panorama actual refleja un punto de inflexión. Por un lado, comités internacionales de expertos (como el Joint FAO/WHO Expert Committee on Food Additives JECFA) han establecido para cada colorante artificial una Ingesta Diaria Admisible (IDA) basada en evidencias toxicológicas, la cual es adoptada como referencia por autoridades regulatorias de muchos países.

Por otro lado, la percepción pública sobre estos aditivos ha cambiado: hoy más de la mitad de los consumidores latinoamericanos (56%) evita activamente productos con colorantes artificiales, buscando en su lugar alimentos coloreados con ingredientes naturales que consideren más seguros o “reconocibles”.

Esta presión de la demanda, sumada a los hallazgos científicos, ha llevado a varias regiones a endurecer las normas. El resultado es una transición en marcha: los colorantes sintéticos van perdiendo terreno, mientras fabricantes e industria exploran pigmentos naturales para mantener la apariencia atractiva de los alimentos sin comprometer la salud del consumidor.

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Tendencias de consumo: del riesgo percibido al clamor por etiquetas limpias

Los cambios en la preferencia del consumidor están jugando un papel central en la reformulación de productos alimentarios. Diversas encuestas revelan que la mayoría de la gente prefiere colores provenientes de fuentes naturales (jugos de frutas, vegetales, especias) en lugar de compuestos artificiales.

Asimismo, existe un creciente recelo hacia los ingredientes “de nombre químico”: más del 60% de los consumidores desconfía de aditivos cuyos nombres suenan sintéticos o desconocidos.

Esta percepción negativa se agudiza en el caso de productos dirigidos a público infantil. Padres de familia y organizaciones civiles muestran preocupación por la exposición de niñas y niños a colorantes sintéticos en golosinas, cereales y bebidas azucaradas, dada la posible asociación con hiperactividad, déficit de atención u otros trastornos conductuales.

Como consecuencia, ha tomado fuerza el concepto de “clean label”,donde las empresas destacan la eliminación de colorantes artificiales y otros aditivos controvertidos de sus fórmulas. Grandes corporaciones globales han anunciado en años recientes iniciativas voluntarias para retirar colorantes sintéticos de productos emblemáticos, sustituyéndolos por opciones naturales cuando es técnicamente viable.

Este movimiento ha sido incentivado en parte por estrategias regulatorias en ciertas regiones, por ejemplo, en Europa, la obligación de advertir en la etiqueta cuando un alimento contiene ciertos colorantes artificiales ha motivado a muchos fabricantes a evitarlos por completo.

El resultado es que hoy es común ver en los empaques leyendas como “Sin colorantes artificiales” o “colores 100% naturales”, un claro guiño a consumidores cada vez más atentos a la lista de ingredientes.

En suma, el mercado alimentario también se adapta: proveedores de ingredientes reportan un aumento significativo en la demanda de pigmentos naturales y soluciones tecnológicas para reemplazar a los viejos colorantes sintéticos, alineándose con esta tendencia de consumo y reduciendo el riesgo reputacional para las marcas.

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La prohibición del color rojo en California entrará en vigor hasta el 1 de enero de 2027Foto: Freepik

Regulación en EE.UU.: el papel de la FDA y el caso pionero de California

En Estados Unidos, la regulación de colorantes alimentarios corre a cargo de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), que históricamente ha aprobado una lista limitada de colorantes sintéticos certificados para uso en alimentos (FD&C colors).

Durante años, la FDA mantuvo la postura de que estos aditivos eran seguros en las concentraciones típicas de consumo, aunque exige que figuren por nombre en las etiquetas. No obstante, nuevas evidencias científicas y presiones sociales han llevado a acciones regulatorias recientes sin precedentes.

El caso más emblemático es el del FD&C Rojo No. 3 (eritrosina): utilizado para dar tonos rosas/rojos brillantes en dulces, cerezas de cóctel, productos de repostería y algunos fármacos. En octubre de 2023 la FDA revocó la autorización del Rojo No. 3 como aditivo alimentario y estableció un plazo para su eliminación: los fabricantes de alimentos tienen hasta el 15 de enero de 2027 para retirarlo de sus productos, y los productores de medicamentos orales hasta enero de 2028.

Esta decisión marca la primera prohibición de un colorante alimentario en EE.UU. en décadas, y equipara a EE.UU. con regiones como la Unión Europea, donde el Rojo 3 llevaba años que no se usaba ya en alimentos.

En paralelo, autoridades estatales han comenzado a legislar más allá de la normativa federal, respondiendo a preocupaciones de salud pública. California se ha posicionado a la vanguardia: en 2024 aprobó la Ley de Seguridad Alimentaria Escolar de California, convirtiéndose en el primer estado del país en prohibir que las cafeterías de escuelas públicas sirvan comidas o bebidas con seis colorantes artificiales asociados a problemas de comportamiento y salud.

A partir de 2027, en las escuelas californianas no podrán emplearse los colorantes Rojo 40, Amarillo 5, Amarillo 6, Azul 1, Azul 2 ni Verde 3, aditivos presentes en productos tan populares como caramelos multicolor, cereales azucarados o botanas tipo “Hot Cheetos”.

Aunque la FDA a nivel federal aún no reconoce una relación causal definitiva en población general, California decidió “poner la salud infantil por delante” según palabras de legisladores locales.

Además de la prohibición en escuelas, California promulgó en 2023 otra ley pionera (apodada informalmente “ley Skittles” en alusión a los famosos dulces de colores) que prohíbe la venta de productos con ciertos aditivos alimentarios a partir de 2027, entre ellos el Rojo 3, el dióxido de titanio (un pigmento blanco) y otros compuestos usados en confitería. Esto obligará a reformular productos en el mercado californiano, alineándolos con estándares ya vigentes en la Unión Europea.

México: rezago normativo y doble estándar en el uso de colorantes

En México, la regulación de aditivos alimentarios –incluyendo colorantes– recae en la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), bajo la Secretaría de Salud. A diferencia de EE.UU. o la UE, México no ha actualizado sustancialmente sus normas sobre colorantes artificiales en años recientes, lo que ha resultado en un rezago normativo frente a las tendencias internacionales.

Actualmente, México permite el uso de al menos 23 colorantes sintéticos en alimentos, entre los cuales figuran varios que han sido prohibidos o restringidos en otros países. No existe tampoco obligación de incluir leyendas de advertencia en el etiquetado para aquellos colorantes asociados a hiperactividad, como sí ocurre en la Unión Europea.

Esta ausencia de restricciones y advertencias ha posibilitado la continuidad de un fenómeno señalado por expertos como “doble estándar”: corporaciones multinacionales comercializan en México productos con colorantes artificiales que han eliminado de fórmulas equivalentes en Europa o EE.UU.

La evidencia sugiere que la debilidad regulatoria en México ha dejado a los consumidores –especialmente a los niños– más expuestos a posibles riesgos. Investigaciones nacionales e internacionales documentan efectos adversos potenciales de los colorantes sintéticos presentes en productos de alto consumo infantil.

En paralelo, el Congreso mexicano ha comenzado a tomar cartas en el asunto. En julio de 2025, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión aprobó un punto de acuerdo exhortando a COFEPRIS y a la Secretaría de Salud a evaluar exhaustivamente los efectos en la salud infantil de los colorantes Rojo 40, Amarillo 5 y Amarillo 6, y a considerar su restricción o prohibición en productos dirigidos a menores.

América Latina: entre la armonización y la fragmentación regulatoria

En el vasto panorama latinoamericano, las regulaciones sobre aditivos y colorantes presentan una diversidad de enfoques. Algunos países han tratado de alinearse con estándares internacionales de forma colectiva, mientras que otros avanzan de manera unilateral o permanecen rezagados, generando un mosaico regulatorio.

Un actor clave en la región es el Codex Alimentarius, conjunto de normas alimentarias internacionales respaldadas por FAO/OMS: muchas naciones latinoamericanas toman al Codex y a las evaluaciones de JECFA como referencia técnica para autorizar o vetar aditivos.

Gracias a ello, estados centroamericanos evitan disparidades marcadas entre sí en cuanto a qué colorantes se pueden usar en alimentos, presentando un frente más coordinado en protección del consumidor.

En contraste, Sudamérica y la región andina enfrentan mayor fragmentación. Cada país maneja su propia legislación y capacidad de control, con diferencias notables en rigor. Perú, por ejemplo, no cuenta con un reglamento técnico nacional específico para colorantes: su legislación se apoya principalmente en adoptar los lineamientos del Codex Alimentarius, complementado con requisitos de mercados destino (como FDA o EFSA) cuando las empresas exportan.

Esto significa que Perú y otros países sin norma propia suelen permitir la mayoría de los aditivos reconocidos por Codex, a menos que surja alguna directriz internacional fuerte en contra. Otros, como Chile, han sido pioneros en ciertas políticas de alimentación saludable (como el etiquetado frontal de advertencia nutricional), pero en el tema de colorantes sintéticos no han promulgado prohibiciones específicas hasta donde indican los reportes recientes.

Un tema común en Latinoamérica es que los recursos regulatorios y científicos son limitados en varios países, lo que dificulta emprender investigaciones propias o actualizar con rapidez las normas ante nueva evidencia.

En palabras de especialistas, esto conlleva que muchas agencias sanitarias se enfoquen en “importar” criterios internacionales: si la FDA, EFSA o el Codex cambian la evaluación de un colorante, gradualmente esos cambios se discuten a nivel local.

No obstante, esa actualización puede demorar años en plasmarse en normativa efectiva. Un caso reciente ilustrativo es la prohibición del Rojo No. 3 en EE.UU.: ha reactivado debates en países como Perú sobre la viabilidad de migrar a colorantes naturales, pero también ha dejado entrever las dificultades para lograrlo rápidamente.

En conclusión, América Latina se debate entre armonizar sus normas con criterios internacionales estrictos o mantener esquemas propios más permisivos. Existe una clara tendencia hacia la convergencia: conforme EU y EE.UU. aprietan sus estándares y los consumidores demandan mejores prácticas, se estima que la mayoría de los países latinos vayan restringiendo gradualmente los colorantes artificiales más polémicos.

Sin embargo, el ritmo será desigual. Los retos para la integración normativa incluyen superar las limitaciones técnicas locales y generar consensos políticos que prioricen la salud pública sobre intereses industriales de corto plazo. Lograrlo implicaría, idealmente, fortalecer espacios regionales que faciliten ese intercambio técnico y el alineamiento progresivo de las regulaciones en beneficio del consumidor latinoamericano.

En este video veremos de parte de los experto los colores que están restringiendo y el por qué.

Colorantes naturales: oportunidades y desafíos para la industria

Ante el cambio regulatorio y de preferencia del mercado, los colorantes naturales se perfilan como la principal alternativa para la industria de alimentos y bebidas. Estos colorantes se obtienen de fuentes biológicas y abarcan una amplia gama: desde pigmentos extraídos de plantas, pasando por frutas y verduras ricas en antocianinas o carotenos, hasta colorantes de origen animal como el mencionado carmín de cochinilla.

Veamos las principales ventajas y barreras en esta transición:

  • Perfil de seguridad y percepción positiva: En general, los colorantes naturales son percibidos como más seguros por el público simplemente por provenir de “fuentes naturales”. Esta percepción es aprovechada en marketing bajo la promesa de productos “más saludables”.

  • Limitaciones técnicas: Uno de los mayores desafíos de los pigmentos naturales es su desempeño en diferentes matrices alimentarias. A diferencia de sus contrapartes artificiales (diseñadas para ser químicamente estables y altamente concentradas), los naturales suelen ser más sensibles al pH, temperatura, luz y tiempo.

  • Costo y suministro: Los colorantes sintéticos son baratos de producir en masa y muy uniformes lote a lote. En cambio, obtener colores de fuentes naturales puede ser más costoso y depender de cosechas agrícolas o procesos de extracción complejos. Por ejemplo, producir carmín requiere recolectar y procesar gran cantidad de cochinillas; obtener azul de espirulina implicaba originalmente cultivar algas en volumen. Estos factores elevan el precio por kilo del colorante natural frente al artificial. Sin embargo, la escala de producción está aumentando año con año, y con innovaciones biotecnológicas.

  • Innovación tecnológica: Para superar las limitaciones mencionadas, la industria de ingredientes está volcada en la I+D de soluciones colorantes avanzadas. Otra área de innovación es la fermentación dirigida: startups como Phytolon (Israel) han obtenido financiamiento para producir colores naturales mediante microorganismos genéticamente diseñados, obteniendo pigmentos como betalainas o antocianinas en biorreactores a gran escala, con pureza uniforme.

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Los colorantes naturales se perfilan como la principal alternativa para la industria de alimentos y bebidas. Foto: Freepik

Hacia una regulación más estricta y armonizada

El recorrido por Estados Unidos, México y Latinoamérica evidencia que el control de los colorantes artificiales vive un momento histórico de inflexión. Todo apunta a que estamos avanzando “hacia una regulación más estricta y regionalmente armonizada”, aunque el ritmo varíe según la región.

En Estados Unidos, la FDA ha dado señales claras de endurecimiento (prohibición del Rojo 3 y evaluaciones en curso de otros colorantes, impulsadas por investigaciones recientes). A nivel subnacional, California marcó el camino legislando por cuenta propia para proteger a sus consumidores más jóvenes, un movimiento que podría replicarse en otros estados si el gobierno federal no actúa con más prohibiciones o advertencias.

En la Unión Europea, las normas ya eran más cautelosas desde hace más de una década –incluyendo requisitos de etiquetado de advertencia– y podrían volverse aún más estrictas si la EFSA reevalúa algún colorante a la luz de nuevos hallazgos científicos.

Esta evolución normativa en mercados clave ejercerá presión sobre países como México y otras economías latinoamericanas para que actualicen sus propios reglamentos, so pena de quedarse rezagados y eventualmente enfrentar barreras comerciales.

Fortalecer organismos como JECFA y comités del Codex con más participación latinoamericana podría ayudar a que las decisiones científicas globales consideren también las realidades de la región.

Finalmente, la industria alimentaria, por su parte, tiene un papel protagónico en esta transición. Su capacidad de innovar será la clave para cumplir con regulaciones más estrictas sin perder la preferencia del consumidor. En el siguiente video vemos el anuncio oficial de EE.UU. sobre prohibiciones de colorantes artificiales.

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Guillermina García

Periodista especializada Senior

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Periodista especializada con más de 15 años en medios de comunicación. En los últimos 8 años ha enfocado sus conocimientos y competencias en la industria de alimentos y bebidas, y en el sector de packaging para alimentos.

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