Seguridad e inocuidad alimentaria

Saneamiento en seco en la industria alimentaria: tecnologías para controlar riesgos microbiológicos sin agua

Cuando el agua es el riesgo: tecnologías de saneamiento en seco para prevenir Salmonella, alérgenos y contaminación ambiental en plantas de alimentos de baja humedad.

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Guillermina García

Periodista especializada Senior

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Durante décadas, la higiene industrial en alimentos se ha contado como una historia de agua, espuma, enjuague y desinfección química. Sin embargo, para una porción creciente de la industria alimentos de baja humedad low-moisture foods (LMF por sus siglas en inglés) como cereales, polvos, ingredientes deshidratados, mezclas secas, snacks, especias, cacao, frutos secos y semillas puede convertirse en una vulnerabilidad operativa.

La razón es simple, pero con implicaciones complejas: cuando se introduce agua en un entorno diseñado para operar “en seco”, se puede crear el factor que más favorece la supervivencia, transferencia y, en ciertos nichos, el crecimiento microbiano en el ambiente de planta.

El riesgo no es teórico, estudios recientes sobre LMF subrayan que estos productos, aunque no favorecen el crecimiento rápido de patógenos por su baja actividad de agua, pueden actuar como vehículos de salmonella cuando ocurre contaminación y, por su larga vida de anaquel, amplificar el impacto de un evento como retiros, crisis de marca, disrupciones logísticas y costos de remediación.

Revisiones en el ámbito científico-industrial han documentado brotes y retiradas asociados a LMF, así como las particularidades de limpieza y saneamiento en ambientes secos.

Asimismo, los reguladores y los esquemas de certificación están refinando su expectativa sobre cómo se controla el riesgo ambiental en plantas de baja humedad.

Por ejemplo, en enero 2025 la FDA publicó un borrador de guía centrado en programas de saneamiento rutinario para alimentos listos para consumo de baja humedad, con recomendaciones específicas para prevención y acciones correctivas cuando fallan las barreras.

En ese marco, el mensaje es consistente: priorizar técnicas de limpieza en seco y limitar la limpieza húmeda controlada a escenarios y procedimientos donde sea estrictamente necesaria, asegurando el secado completo antes de reingresar equipos al entorno seco.

Para México y Latinoamérica, el saneamiento en seco se cruza con tres presiones estructurales:

  1. Exigencias de inocuidad y exportación (auditorías, clientes globales, esquemas GFSI/FSSC)

  2. Estrés hídrico y costo total del agua (consumo y tratamiento)

  3. Continuidad operativa en líneas que no toleran paros largos por secado, corrosión o daño a componentes eléctricos.

En este contexto, el saneamiento en seco deja de ser “una técnica” para convertirse en una estrategia de gestión de riesgos y eficiencia operacional.

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¿Qué es el saneamiento en seco y por qué es distinto?

Saneamiento en seco es el conjunto de métodos de remoción de suciedad y residuos y, cuando aplica, reducción de carga microbiana sin introducir agua libre al ambiente de proceso. No se limita a “limpiar sin mojar”; implica diseñar un sistema para que la planta permanezca seca y controlada en términos de partículas, alérgenos, condensación y nichos de humedad.

La diferencia crítica frente a prácticas húmedas tradicionales es que en plantas LMF el agua puede comportarse como un “acelerador de riesgo”: al humedecer residuos orgánicos o polvo, se crean microambientes donde los patógenos pueden persistir con mayor facilidad, desplazarse por escurrimientos, aerosoles o salpicaduras y contaminar superficies de contacto con alimento (FCS) o zonas cercanas.

En guías de controles preventivos, la FDA ha señalado que el control de humedad es crítico y que el agua en ambientes de proceso seco es uno de los factores de riesgo más significativos para contaminación por Salmonella en productos de baja humedad.

Esta lógica no niega la necesidad de higiene profunda o desinfección. Más bien, obliga a cambiar el orden de operaciones: en seco, la prioridad es remover físicamente el residuo (y con él el “vehículo” de contaminación) mediante herramientas y tecnologías que capturen partículas en lugar de dispersarlas, y luego aplicar, cuando corresponda, un paso de sanitización de baja humedad o un tratamiento físico compatible con el equipo y el entorno.

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El riesgo microbiológico en baja humedad: por qué salmonella sigue importando

En alimentos de baja actividad de agua, el crecimiento microbiano suele estar limitado; sin embargo, salmonella puede sobrevivir largos periodos en matrices secas y, si entra en contacto con un producto que no recibirá un paso de letalidad posterior, el riesgo para el consumidor permanece.

La evidencia científica y las revisiones de la última década señalan que LMF con vida de anaquel prolongada pueden sostener eventos de contaminación con consecuencias amplificadas por el tiempo de distribución y consumo.

Desde una perspectiva de riesgo reputacional y financiero, hay otro componente: los productos LMF suelen viajar lejos, entran en múltiples formulaciones y, cuando se detecta contaminación, los retiros son complejos por trazabilidad extendida y co-manufactura. En ese escenario, la eficacia del saneamiento ambiental deja de ser un “requisito de auditoría” y se convierte en un mecanismo de protección del negocio.

A nivel de salud pública, es relevante recordar el marco general: la OMS ha estimado que las enfermedades diarreicas por alimentos contaminados causan cientos de millones de casos y cientos de miles de muertes anuales a nivel global. En plantas LMF, el punto es cómo evitar que el ambiente se convierta en reservorio o vector.

La jerarquía del saneamiento en seco: primero remoción, luego control

En entornos de baja humedad, el saneamiento en seco suele estructurarse en una jerarquía operativa:

  1. Contención y remoción física del residuo: polvo, finos, grumos, derrames secos, residuos adheridos.

  2. Captura: aspirado con filtración, sistemas antistáticos, manejo de residuos sin re-aerosolizar.

  3. Inspección y verificación: visual, ATP cuando es aplicable, hisopados ambientales, alérgenos.

  4. Sanitización de baja humedad o tratamiento físico: según riesgos: alérgenos, patógenos, grasas, pegajosidad.

  5. Secado y estabilización del área y liberación para producción.

Este orden no es caprichoso: si se intenta “desinfectar” sin remover, se corre el riesgo de fijar suelos, crear pastas, o introducir humedad que empeora el problema. Por eso la guía de saneamiento para LMRTE de la FDA insiste en privilegiar técnicas de limpieza en seco y limitar la limpieza húmeda controlada, con secado completo antes de reintroducción del equipo al área seca.

Métodos físicos manuales y el punto donde fallan muchas plantas

Cepillado y raspado: técnica, no improvisación

El cepillado y raspado son la primera línea: desprenden acumulaciones, rompen “puentes” de producto, eliminan costras secas y permiten exponer superficies para limpieza posterior. Su efectividad depende de tres variables:

  • Diseño higiénico del equipo: puntos ciegos, soldaduras, roscas expuestas, guardas.

  • Material y condición de herramientas: grado alimenticio, integridad, control de desprendimientos.

  • Disciplina de POES: secuencia, zonas, control de herramientas por área, registros.

El riesgo típico aquí es la redistribución: si se cepilla sin captura, el residuo se aerosoliza, deposita en estructuras y vuelve a caer en el equipo. Por ello, las mejores prácticas industriales tienden a combinar cepillado con aspirado inmediato y confinamiento de polvo.

Aspirado industrial con filtración: el “corazón” del saneamiento en seco

El aspirado industrial es la tecnología clave cuando el enemigo es el polvo. Su valor está en capturar partículas finas, incluyendo residuos y potenciales alérgenos, sin re-aerosolizar. En la práctica, las especificaciones más buscadas incluyen filtración eficiente y diseños que minimicen estática y dispersión, particularmente en ambientes con polvos finos.

La discusión técnica en medios de ingeniería de alimentos ha subrayado el papel del control de polvo y la estática como factores que atraen partículas y elevan el riesgo de contaminación (incluyendo alérgenos).

En un programa moderno de saneamiento en seco, el aspirado no es “limpieza general”; es un punto crítico de control operativo. La selección del equipo suele considerar:

  • Filtración de alta eficiencia: frecuentemente HEPA o equivalente, según evaluación de riesgo.

  • Accesorios conductivos-antistáticos donde aplique.

  • Compatibilidad con áreas clasificadas, si hay riesgo de explosión de polvo.

  • Protocolos de cambio de filtros y disposición de residuos.

Aire comprimido: útil, pero con riesgo alto si se usa mal

El aire comprimido puede desalojar partículas de zonas inaccesibles, pero también puede convertir la limpieza en un evento de dispersión. En ambientes secos, esto implica riesgos dobles:

  1. contaminación cruzada ambiental

  2. redistribución de alérgenos

Por eso, el aire comprimido se recomienda típicamente en condiciones controladas: baja presión, boquillas adecuadas, aspiración concurrente, confinamiento del área y preferentemente fuera de línea de producción.

Drenaje por gravedad y pigging: sacar producto antes de “limpiar”

En líneas de producto a granel, la remoción previa reduce el volumen de residuo y el tiempo de intervención. En términos de inocuidad, el beneficio es directo: menos material residual disponible para contaminar y menor necesidad de intervención agresiva.

Tecnologías avanzadas: cuando “limpiar en seco” exige más que cepillos

Las tecnologías avanzadas no sustituyen la disciplina básica; la amplifican. Su adopción suele justificarse por una combinación de: reducción de tiempo muerto, acceso a zonas complejas, menor uso de químicos/agua y mayor consistencia.

A continuación, una síntesis comparativa:

Limpieza criogénica con hielo seco (CO₂)

La limpieza con hielo seco (pellets de CO₂ acelerados con aire comprimido) opera con un principio atractivo para ambientes secos: impacta la superficie con un medio que no deja agua y que se sublima (pasa de sólido a gas), reduciendo el “residuo secundario” a lo removido del sustrato. Un recurso gubernamental de Manitoba (Canadá) describe este mecanismo y la ventaja de dejar una superficie limpia y seca, donde lo removido puede barrerse o aspirarse.

En términos de evidencia, estudios académicos han evaluado su capacidad de remover bacterias de superficies y componentes de equipos (por ejemplo, en contexto lácteo).

Un estudio ampliamente citado concluyó que el blasting con hielo seco remueve bacterias de diferentes superficies, pero no debe considerarse primariamente un método de desinfección, ya que la inactivación no es el mecanismo principal y la reducción puede ser menor a 5 log en ciertos escenarios.

Esta distinción es crítica para toma de decisiones: el hielo seco es excelente para remoción y acceso, pero si el riesgo exige reducción/inactivación validada, deberá integrarse con otras barreras (tratamientos térmicos, sanitizantes compatibles, o verificación ambiental robusta).

En plantas LMF, el hielo seco se usa típicamente para:

  • Remover acumulaciones en transportadores, tolvas, mezcladores, moldes y guardas.

  • Reducir desmontajes (impacto en disponibilidad de línea).

  • Limpiar sin corrosión asociada a humedad.

No obstante, el programa debe incluir gestión de seguridad ocupacional (CO₂ en espacios, ventilación), protección auditiva, control de proyecciones y un procedimiento de captura y aspirado del residuo desprendido.

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Vapor seco y vapor sobrecalentado

El “vapor seco” en el lenguaje industrial suele referir a vapor con bajo contenido de agua líquida comparado con métodos de lavado. En algunas aplicaciones se usan unidades comerciales de vapor sobrecalentado o superheated steam, buscando elevar temperatura superficial sin encharcar.

La efectividad microbicida del vapor sobrecalentado en superficies ha sido estudiada en banco y recientemente se ha discutido el desempeño de sistemas comerciales operados por personal en condiciones reales, subrayando la necesidad de caracterizar temperaturas alcanzadas y desempeño operativo, no solo el potencial teórico.

Para LMF, el gran riesgo del vapor no es solo “humedad”, sino condensación: si se genera un gradiente térmico o se opera en un ambiente frío, el vapor puede condensarse en puntos no deseados y crear nichos de humedad, exactamente lo que se quiere evitar. Por ello, su adopción debe ir acompañada de:

  • Evaluación térmica de superficies (puntos fríos, geometrías).

  • Procedimientos de operación que eviten condensación.

  • Secuencia que garantice estabilización antes de liberar el equipo.

Bien implementado, el vapor seco puede ser valioso para remover grasas o residuos pegajosos que son difíciles de extraer solo con métodos mecánicos, y para aportar un componente térmico de reducción microbiana en áreas específicas, especialmente donde no se desea agua libre.

Sanitizantes de baja humedad: complemento, no sustituto

En plantas secas, se usan sanitizantes que evaporan rápido y dejan mínima humedad, frecuentemente en fases posteriores a la limpieza física. El énfasis debe estar en que la eficacia depende de que la superficie esté limpia: los desinfectantes no “penetran” suelos pesados y el residuo orgánico protege microorganismos.

Desde el punto de vista de compliance y auditoría, este paso debe quedar documentado en POES: concentración, tiempo de contacto, método de aplicación, compatibilidad con superficies y controles de seguridad, especialmente por inflamabilidad cuando se trabaja con alcoholes. Para líneas con polvos combustibles, la evaluación de riesgos es ineludible.

CO₂ presurizado: potencial en nichos, menos común como rutina

El CO₂ supercrítico es bien conocido en extracción y purificación, y aparece en literatura sobre procesamiento de alimentos y descontaminación en ciertos contextos.

En saneamiento rutinario de planta, sin embargo, es menos frecuente por complejidad y costos, aunque puede surgir en aplicaciones cerradas o equipamientos especializados.

Para fines de un programa de saneamiento en seco, conviene abordarlo como “tecnología emergente o de nicho”, evitando sobredimensionar su disponibilidad industrial general.

El programa de saneamiento: POES, validación y “higiene verificable”

El saneamiento en seco efectivo no se sostiene con compras de equipo, sino con sistema. En términos de gestión de inocuidad, esto significa integrar el saneamiento en seco en:

  • POES (procedimientos operativos estandarizados de saneamiento)

  • HACCP / controles preventivos (según marco regulatorio y clientes)

  • Programa de monitoreo ambiental (si se producen RTE o hay riesgo relevante)

  • Gestión de alérgenos.

POES para ambientes secos: lo que suele faltar

En auditorías, los hallazgos frecuentes no son “no tienen vapor seco”, sino inconsistencias como:

  • Herramientas sin zonificación (mismo cepillo para área de alérgenos y no alérgenos).

  • Aspirado sin control de filtros, sin registros de cambios, o con mangueras que re-aerosolizan.

  • Uso de aire comprimido sin contención.

  • Limpieza húmeda ocasional “improvisada” (un balde, una manguera) que deja humedad residual.

El borrador de guía FDA para LMRTE enfatiza acciones correctivas y prácticas para evitar que una intervención húmeda reintroduzca riesgo, incluyendo separar áreas “clean out of place” y asegurar secado total antes de regresar equipo al ambiente seco.

Monitoreo ambiental: probar que el sistema funciona

En un entorno donde la prevención es clave, el monitoreo ambiental (EMP) deja de ser “checklist” y se vuelve un componente de evidencia. FSSC 22000, por ejemplo, ha publicado documentos de guía sobre monitoreo ambiental como herramienta para verificar la efectividad de prácticas higiénicas y prevenir contaminación microbiana.

Para plantas LMF, un EMP robusto suele incorporar:

  • Zonificación por riesgo (zonas cercanas a FCS vs periféricas).

  • Tendencias (no solo resultados puntuales).

  • Respuesta a hallazgos (investigación de causa raíz y acciones correctivas).

  • Control estacional (humedad ambiental, condensación).

  • Gestión de alérgenos: saneamiento en seco también es control de alérgenos

En líneas de polvos, cereales o snacks, el control de alérgenos se vuelve inseparable del control de partículas. Documentos técnicos regulatorios (en el marco de programas de control de alérgenos) destacan que la limpieza es esencial para prevenir transferencia de alérgenos desde equipos, utensilios, ropa del personal y herramientas a productos.

Esto refuerza una decisión práctica: si el riesgo principal es alérgeno, aspirado y remoción física con captura suelen ser preferibles a métodos que dispersen polvo.

Beneficios del saneamiento en seco: más allá de “ahorrar agua”

Control microbiológico: evitar que el ambiente se convierta en reservorio

La premisa operativa en LMF es que el patógeno no necesita crecer en el producto para causar brotes; basta con que sobreviva y llegue al consumidor. Por ello, “mantener seco” es un control preventivo de primer orden. La guía de controles preventivos de la FDA ha enmarcado el control de humedad como crítico y al agua en ambientes secos como factor de riesgo mayor para Salmonella.

Protección de equipos: componentes eléctricos, corrosión y vida útil

En plantas con instrumentación sensible, motores cercanos, rodamientos y tableros, el agua crea riesgos de corrosión, fallas eléctricas y paros no programados. Los métodos en seco, cuando se ejecutan con disciplina, reducen exposición de equipos a humedad y químicos agresivos.

Eficiencia hídrica y costo total

El ahorro de agua es tangible, pero en el valor real está en el costo total: agua consumida, tratamiento de efluentes, químicos, energía para secado, y el costo de oportunidad por tiempo muerto de línea. En industrias con márgenes ajustados, reducir horas de paro por limpieza/ secado puede justificar inversiones en aspiración industrial, hielo seco o herramientas especializadas.

Auditorías y acceso a mercados: evidencia documental

Los esquemas GFSI y certificaciones como FSSC 22000 esperan programas de limpieza y saneamiento robustos como prerrequisitos de sistemas HACCP. Un documento de GFSI sobre químicos en higiene alimentaria refuerza el carácter fundamental del programa de limpieza y saneamiento dentro de un sistema HACCP y la necesidad de un enfoque basado en riesgo. Por su parte, la guía de FSSC sobre gestión de equipos menciona explícitamente la actualización de programas de limpieza y saneamiento cuando hay cambios de equipo o condiciones.

Marco regulatorio: ¿dónde encaja el saneamiento en seco?

En México, la base regulatoria transversal para higiene en proceso de alimentos es la NOM-251-SSA1-2009, publicada en el Diario Oficial de la Federación, que establece requisitos mínimos de buenas prácticas de higiene para el proceso de alimentos, bebidas o suplementos alimenticios.

Aunque la NOM-251 no prescribe “saneamiento en seco” como receta, sí exige un enfoque de higiene que, en plantas LMF, se traduce operativamente en seleccionar métodos y procedimientos que controlen riesgos sin introducir vulnerabilidades (por ejemplo, humedad residual).

Para LATAM, el punto práctico es que, aun con marcos regulatorios heterogéneos, los exportadores y plantas con clientes multinacionales terminan operando bajo expectativas convergentes: evidencia de POES, validación/verificación, control de alérgenos y gestión de ambiente. Aquí, las guías regulatorias internacionales (como FDA para LMRTE) y los requisitos de certificaciones (FSSC) funcionan como “lenguaje común” para auditorías.

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Diseño de un sistema de saneamiento en seco

Segmentación por riesgo: no toda la planta es “igual de seca”

Un error común es pensar que la planta completa puede operar con una sola lógica. En realidad, la estrategia se segmenta por:

  • Zonas de alto riesgo (cercanas a FCS y post-letalidad, si aplica).

  • Zonas de transición (empaque, pasillos controlados).

  • Zonas periféricas (almacenes, mantenimiento).

  • En LMF, suele ser crucial diseñar flujos de personal, herramientas y residuos para evitar arrastre de polvo hacia zonas críticas.

Control de polvo y estática: ingeniería sanitaria aplicada

El polvo no es solo suciedad; es un vector. Medios especializados de ingeniería han destacado que la acumulación de estática puede atraer polvo, alérgenos y esporas, elevando el riesgo de contaminación. Esto conecta saneamiento en seco con decisiones de ingeniería: sistemas de extracción, aspiración con accesorios conductivos, housekeeping, y materiales.

Selección tecnológica: cuándo vale la pena “subir de nivel”

Una guía práctica de selección:

  • Si el dolor principal es alérgeno + polvo fino, priorice aspiración industrial con filtración adecuada, control antistático y POES de captura.

  • Si el dolor principal es acumulación adherida y tiempo muerto por desmontaje, hielo seco puede reducir tiempos, siempre que se gestione seguridad y se entienda que es remoción, no desinfección primaria.

  • Si el dolor principal es residuo pegajoso/grasoso en áreas donde no se tolera agua, vapor seco y sobrecalentado puede ser viable, pero requiere validación operacional para evitar condensación y asegurar desempeño.

Tendencias 2026: hacia “saneamiento en seco verificable” y estandarización

El saneamiento en seco está entrando en una fase de estandarización. Eventos de formación y capacitación técnica del sector subrayan que en instalaciones secas se requieren métodos alternativos por el riesgo de que el agua promueva persistencia de patógenos como Salmonella en ambientes secos.

Al mismo tiempo, se observa una evolución hacia enfoques más “basados en riesgo”: webinars técnicos y organizaciones de protección de alimentos han discutido variabilidad industrial en métodos de limpieza en seco y la necesidad de evaluar eficacia y consistencia, particularmente para remover patógenos o residuos alergénicos.

Esto apunta a una dirección clara: no bastará con afirmar “limpiamos en seco”; habrá que demostrarlo con procedimientos, entrenamiento y datos (monitoreo ambiental, verificación de limpieza, tendencias).

El saneamiento en seco en la industria alimentaria no es una moda “verde” ni un reemplazo automático del saneamiento húmedo. Es una estrategia de control adaptada a una realidad productiva: en plantas de baja humedad, introducir agua puede ser el mayor error de higiene, no por falta de buena intención, sino por física básica de contaminación y riesgo.

Las tecnologías clave tienen sentido cuando se integran en un sistema: POES rigurosos, capacitación, segregación por zonas, verificación y monitoreo ambiental. La guía de la FDA para programas de saneamiento en LMRTE y la lógica de controles preventivos sobre control de humedad refuerzan el estándar de referencia internacional que muchas plantas de México y LATAM ya enfrentan por mercado y auditoría.

Para equipos directivos, el argumento de negocio es contundente: mejor control del riesgo microbiológico, menos eventos de contaminación ambiental, menor disrupción operativa y una narrativa de cumplimiento y madurez sanitaria defendible frente a clientes y reguladores. Para operaciones y calidad, el desafío es igualmente claro: convertir el “limpiar en seco” en un proceso repetible, verificable y documentado.

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Guillermina García

Periodista especializada Senior

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Periodista especializada con más de 15 años en medios de comunicación. En los últimos 8 años ha enfocado sus conocimientos y competencias en la industria de alimentos y bebidas, y en el sector de packaging para alimentos.

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