Seguridad e inocuidad alimentaria

El futuro de la alimentación sostenible: el papel clave de la inteligencia artificial

La IA permitiría crear nuevas fuentes de proteínas, optimizar las formulaciones para el sabor y la textura

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Guillermina García

Periodista especializada Senior

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La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en un sistema operativo que acelera la transformación de los alimentos desde su formulación hasta su distribución.

Para la industria de alimentos y bebidas en México y Latinoamérica, el atractivo no es meramente reputacional: hablamos de reducciones medibles en desperdicio, mejoras de eficiencia energética, trazabilidad regulatoria más robusta y ciclos de I+D más cortos que permiten responder, con agilidad, a preferencias sensoriales cada vez más específicas.

En un contexto en el que casi una quinta parte de los alimentos disponibles para el consumidor termina desperdiciándose y en el que las pérdidas postcosecha siguen siendo elevadas, la Inteligencia Artificial ofrece herramientas concretas para atacar cuellos de botella históricos del sistema alimentario, con impactos directos en costo, riesgo y huella ambiental.

La evidencia más reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que el 19% de los alimentos disponibles para consumidores se desperdició en 2022 más de mil millones de toneladas.

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Inteligencia Artificial para diseñar alimentos más nutritivos

El primer territorio donde la IA está consolidando valor es la formulación. Modelos de aprendizaje automático entrenados con bibliotecas de compuestos, matrices sensoriales, datos de consumo y restricciones tecnológicas permiten explorar combinaciones de ingredientes que antes tomaban meses de ensayo y error.

La colaboración de McCormick con IBM demostró que es posible convertir correlogramas sensoriales y datos de preferencia en propuestas listas para validación comercial, un precedente que la industria utiliza como prueba de concepto para escalar plataformas internas de I+D con IA generativa y búsqueda semántica.

En Latinoamérica, el caso de NotCo popularizó el uso de algoritmos para “mapear” equivalencias funcionales planta-animal y acercar perfiles de sabor y textura a productos tradicionales, lo que impulsó nuevas metodologías de exploración en categorías lácteas, cárnicas y bebidas.

La compañía obtuvo en 2021 una patente en EE. UU. por su tecnología de IA y, en 2025, formalizó “Giuseppe AI” como una plataforma modular de desarrollo end-to-end enfocada en acelerar la validación de conceptos, el cribado de ingredientes y la preparación para escalado.

Estos hitos validan el despliegue de IA como un activo de I+D replicable por grandes y medianas empresas de la región que buscan acortar tiempos de lanzamiento.

La Inteligencia Artificial también está empujando nuevas fronteras de análisis de sabor y textura mediante integración de datos ómicos y modelos de aprendizaje profundo aplicados a reconocimiento de compuestos volátiles y predicción de percepción sensorial.

Lo que abre la puerta a optimizaciones finas de perfiles organolépticos con menos ensayos piloto. La literatura técnica reciente describe justamente ese salto de escala en “flavor engineering”, con IA como motor para la generación de hipótesis de formulación mejor guiadas por datos.

En este video conoceremos si la IA representa una oportunidad para la seguridad alimentaria en el futuro.

¿Cuáles son las limitaciones actuales de la IA?

Si bien los perfiles nutricionales son relativamente fáciles de predecir a partir de una lista de ingredientes ponderados, es mucho más difícil predecir la reología, la textura o el sabor. Esto no es una limitación general de la IA como tecnología per se; más bien, es una limitación temporal que refleja la actual falta de datos apropiados o nuestra incapacidad para procesar Big data a escala.

El uso de la Inteligencia Artificial para generar nuevos alimentos aún está en sus primeras etapas, y los datos que correlacionan la formulación con la reología, la textura y el sabor son escasos.

Los datos etiquetados y estructurados a menudo son propietarios, ya que requieren tiempo, experiencia y recursos significativos para generarlos, especialmente en la ciencia de los alimentos, donde la anotación de expertos agrega un valor sustancial.

Sin embargo, solo unos pocos enfoques en la literatura utilizan aprendizaje no supervisado o aprendizaje de refuerzo, mientras que la mayoría de las tecnologías de IA para alimentos en la actualidad aún dependen en gran medida del aprendizaje supervisado.

El cual se basa en datos etiquetados y retroalimentación humana: los científicos de alimentos prueban la producción utilizando la nueva formulación y parámetros de proceso, los ingenieros prueban su reología y textura, los chefs lo preparan para encuestas sensoriales y los consumidores lo prueban y lo anotan para gusto, sabor, textura y satisfacción general del cliente.

Este laborioso proceso podría no resultar inmediatamente en el producto óptimo. No obstante, todos los pasos generan naturalmente nuevos datos de entrenamiento que proporcionarán información útil al crear productos futuros.

Los ingredientes, formulaciones, perfiles nutricionales, reología, textura, sabor y gusto podrían constituir datos valiosos para un modelo de base, un gran modelo multimodal pre-entrenado que entiende las relaciones entre estas variables.

De manera similar a muchas otras aplicaciones de IA, podríamos imaginar una división del trabajo, donde el proceso de construcción y preentrenamiento del modelo base lo realizan especialistas en ciencia de datos, mientras que los especialistas en ciencia de los alimentos ajustarían el modelo a sus necesidades específicas.

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El uso de la Inteligencia Artificial para generar nuevos alimentos aún está en sus primeras etapas. Foto: Freepik

Sostenibilidad operativa: menos merma y menor huella

El segundo vector de impacto es la sostenibilidad operacional. La optimización de la cadena de suministro con modelos de series de tiempo, aprendizaje reforzado y gemelos digitales está reduciendo sobreproducción y mermas por caducidad y pronosticando variaciones de calidad de materias primas, con beneficios directos en consumo energético y emisiones.

La literatura académica y de gestión identifica a los gemelos digitales como arquitectura clave para simular líneas, calibrar parámetros de proceso y evaluar “what-ifs” sin interrumpir la producción; su adopción en alimentos avanza con casos de eficiencia y confiabilidad crecientes.

En procesamiento lácteo y categorías afines, los proveedores tecnológicos documentan mejoras de eficiencia cuando se combinan sensores, control avanzado y analítica.

Si bien el desempeño depende de cada planta, el vector común es un sistema de datos integrado que habilita set-points más finos, recuperación de calor y decisiones de mantenimiento predictivo.

Plataformas industriales de automatización recopilan evidencias y casos que, aun siendo heterogéneos, comparten un patrón: la digitalización y la Inteligencia Artificial reducen tiempos muertos, consumo energético y agua por unidad producida.

Pero el mayor “dividendo de datos” se materializa cuando la IA se integra con políticas públicas y métricas de sostenibilidad. El Foro Económico Mundial propone un “data stack” para sistemas de alimentos y agua, donde IA y datos agregados facilitan decisiones de planificación y asignación de recursos a nivel territorial y empresarial.

En mercados con estrés hídrico, como México, este enfoque permite priorizar intervenciones de mayor impacto por unidad de agua o energía, enlazando iniciativas privadas con metas de país y de cadena de valor.

El siguiente video muestra una nueva era ha iniciado en las ciencias de los alimentos gracias al avance informático y el desarrollo tecnológico.

Reducción de desperdicio y seguridad alimentaria con Inteligencia Artificial

La reducción de desperdicio es un imperativo climático y financiero. La evidencia de la ONU indica que hogares, food service y retail sumaron más de mil millones de toneladas de desperdicio en 2022, además de las pérdidas previas a retail que FAO ubica alrededor del 13%.

La Inteligencia Artificial aporta tres palancas: pronóstico granular de demanda a nivel SKU-tienda; optimización dinámica de precios y promociones en función de vida útil restante; y reconfiguración logística para acelerar rotación. Estas medidas, combinadas con analítica de calidad y visión computacional para inspección, reducen rechazo, retiradas y pérdidas por temperatura y manipulación.

A la par, la trazabilidad digital habilitada por IA y blockchain acelera la identificación del origen en incidentes de inocuidad y facilita retiros focalizados, disminuyendo pérdidas innecesarias.

La hoja de ruta de la FDA y su Regla de Trazabilidad bajo FSMA 204 coloca requisitos adicionales de registro para ciertos alimentos, un estándar que arrastra a proveedores globales que exportan a Estados Unidos y que, en la práctica, impulsa inversiones en sistemas de datos e Inteligencia Artificial para cumplir con ventanas de respuesta más cortas y auditorías más exigentes.

La propia FDA destaca que la trazabilidad reforzada permite retiradas más rápidas y menos enfermedades, mientras que el sector reconoce que el cumplimiento requiere manejar volúmenes masivos de eventos de envío y transformación, un caso natural para automatización inteligente.

En México y la región, la base normativa aplicable establece los cimientos para integrar plataformas de datos y analítica que mejoren la trazabilidad real “punta a punta”.

Los estándares GS1 México ofrecen una ruta estandarizada para codificación y captura de datos, facilitando exportación y visibilidad multiactor. En la práctica, la adopción de estos estándares combinada con analítica y aprendizaje automático permite cerrar brechas de información que hoy se traducen en costos y riesgos.

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La Inteligencia Artificial también está empujando nuevas fronteras de análisis de sabor y textura mediante integración de datos ómicos. Foto: Freepik

IA y personalización nutricional basada en evidencia

El tercer frente de transformación es la nutrición de precisión. Los avances en ciencia de datos, metagenómica y medición continua permiten generar recomendaciones dietéticas personalizadas conectadas con objetivos clínicos o de bienestar.

La evidencia revisada por pares reporta que programas de nutrición personalizados con apoyo de IA mejoran marcadores cardiometabólicos frente a consejos generales, en ensayos controlados aleatorizados.

El estado del arte en 2024-2025 recoge revisiones sistemáticas que mapean aplicaciones de IA en nutrición personalizada, desde el uso de redes generativas para recomendaciones compatibles con guías nutricionales, hasta plataformas que integran sensores, diarios dietarios digitales y analítica del microbioma.

Este movimiento no está exento de retos éticos y de equidad. La personalización exige datos sensibles; por ello, los esquemas de gobernanza, el consentimiento informado y la minimización de sesgos algorítmicos son condiciones de entrada para escalar.

En mercados latinoamericanos, la colaboración con universidades y hospitales públicos puede acelerar evidencia local y reducir la dependencia de modelos entrenados en poblaciones ajenas al contexto nutricional y socioeconómico regional. La combinación de cohortes locales, marcos regulatorios claros y auditoría de modelos es clave para evitar que la IA amplifique desigualdades en acceso a dietas saludables.

La inteligencia artificial ya está reescribiendo cómo concebimos, fabricamos y distribuimos alimentos. En formulación, acorta el camino hacia productos más nutritivos y sensorialmente superiores; en operaciones, reduce merma y consumo de recursos; en trazabilidad, mejora la respuesta ante riesgos y eleva la barra regulatoria; en nutrición, acerca la promesa de la personalización basada en evidencia.

Finalmente, el costo de no adoptar se mide en ineficiencias, oportunidades perdidas y mayor exposición a riesgos regulatorios y de reputación.

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Periodista especializada con más de 15 años en medios de comunicación. En los últimos 8 años ha enfocado sus conocimientos y competencias en la industria de alimentos y bebidas, y en el sector de packaging para alimentos.

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