Seguridad e inocuidad alimentaria
Desperdicio de alimentos: el reto está más allá de concientizar al consumidor
La brecha entre percepción y conducta revela nuevos desafíos para la industria alimentaria.
Última actualización:

Sabemos que el desperdicio de alimentos existe, reconocemos los efectos que ello produce -aunque probablemente no en su totalidad- e incluso podríamos afirmar que entendemos que representa un problema ambiental y económico. Desafortunadamente esa conciencia no siempre termina en la acción.
La segunda edición del estudio Percepción de desperdicio de alimentos en América Latina 2026 muestra precisamente esa distancia. Por ejemplo, aunque 91.1% de las personas encuestadas considera relevante, muy relevante o crítico el desperdicio de alimentos, 38.9% reconoce que desecha comida al menos una vez por semana.
La diferencia importa porque buena parte del desperdicio ocurre por razones que van más allá de la intención de aprovechar mejor los alimentos. En este mismo sentido, la descomposición antes de consumirlos aparece como la causa más mencionada, con 59.3% de las respuestas.
Para la industria alimentaria, esto lleva la conversación hacia otros puntos de la cadena. La vida útil, el manejo de inventarios, las promociones, la conservación y las alternativas para aprovechar excedentes también determinan cuánto alimento termina perdiendo su valor.
Puntos clave
91.1% considera que el desperdicio de alimentos es relevante, muy relevante o crítico.
38.9% reconoce desperdiciar alimentos al menos una vez por semana.
59.3% señala que los alimentos se descomponen antes de ser utilizados como causa del desperdicio.
43% reconoce que las promociones 2x1 lo llevan a comprar más alimentos de los necesarios.
73.9% señala a supermercados y grandes cadenas entre los actores responsables de reducir el desperdicio. Solo 4.1% considera claras y suficientes las reglas para donar, descontar o rescatar alimentos.

TE PUEDE INTERESAR:
Reducir el desperdicio de alimentos: clave estratégica para combatir la inseguridad alimentaria
La conciencia existe, pero no garantiza un cambio de comportamiento
Es fundamental señalar que la percepción ambiental también está ampliamente instalada: el 88.5% atribuye al desperdicio un impacto ambiental medio o alto. Además, 52.9% considera que contribuye demasiado a las emisiones de CO₂ y al desperdicio de agua.
El dato muestra que el consumidor identifica consecuencias que van más allá del valor económico del alimento. También reconoce los recursos utilizados para producirlo, transportarlo y ponerlo a disposición.
Sin embargo, esa percepción se mueve de manera paralela a una frecuencia de desperdicio significativa. Justo este contraste plantea una pregunta relevante para la industria: ¿qué sucede entre la intención de aprovechar un alimento y el momento en que finalmente se descarta?
El estudio encuentra que 59.6% considera que en su país falta información para dimensionar el problema. Es decir, existe conciencia, pero no necesariamente información suficiente para convertirla en decisiones.
Ahora, las siguientes preguntas están relacionadas con la causa del desperdicio:
La principal causa es que los alimentos se descomponen antes de ser utilizados. Así lo señala 59.3% de las personas encuestadas.
El 37.4% afirma que la razón está relacionada con cocinar de más y no consumirlo.
El 18.8% que el alimento llegue a su fecha de vencimiento.
El resultado es relevante porque desplaza parte de la conversación hacia la gestión de la vida útil y la conservación.
A nivel regional, frutas y verduras concentran 55.8% de las menciones entre los alimentos que más se desperdician. La comida cocida y los sobrantes representan 54.4%.
En México aparece una particularidad: la comida cocida y los sobrantes superan a frutas y verduras como categoría más desperdiciada.
Para las empresas, estos patrones pueden relacionarse con decisiones sobre formulación, empaque, almacenamiento, cadena de frío, rotación y planificación de inventarios.

Inflación y promociones son factores relevantes en la ecuación
El contexto económico introduce otra variable significativa. Por ejemplo, en 2026, 57% señaló el aumento de precios como un factor que influyó en su manera de comprar y aprovechar los alimentos.
En este sentido, las promociones adquieren relevancia en ese escenario. El 43% reconoce que las ofertas 2x1 lo llevan a comprar más alimentos de los necesarios. Además, quienes reportan este comportamiento presentan una mayor frecuencia de desperdicio semanal.
Esto conecta una decisión comercial con una consecuencia posterior en el hogar. Una promoción basada en aumentar el volumen adquirido puede generar excedentes que el consumidor no alcanza a utilizar.
El efecto cambia cuando el descuento se aplica a productos próximos a su fecha. El 36.8% afirma que compraría uno de estos alimentos si tuviera un precio menor.
Esto abre una línea de análisis: evaluar las promociones también desde su capacidad para facilitar el aprovechamiento de inventario.

TE PUEDE INTERESAR:
Desperdicio de alimentos: la deuda estructural en México y LATAM
El retail concentra expectativas y también oportunidades
El 73.9% de las personas encuestadas señala a supermercados y grandes cadenas entre los actores responsables de reducir el desperdicio.
La percepción responde a su capacidad de intervenir en distintas etapas: previsión de demanda, inventarios, rotación, promociones, productos próximos a su fecha y gestión de excedentes.
Pero existe otra brecha. Solo 4.1% considera muy claras y suficientes las reglas para donar, descontar o rescatar alimentos.
Esto significa que la capacidad de actuar no depende únicamente de identificar excedentes. También requiere procesos definidos y condiciones que permitan canalizarlos antes de que pierdan valor.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) coloca actualmente entre sus líneas de trabajo regionales la medición, los marcos regulatorios, la transferencia tecnológica y los incentivos para prevenir y reducir pérdidas y desperdicios.
Ahora, para la industria, medir únicamente el volumen total de desperdicio ofrece una visión limitada.
El análisis adquiere mayor utilidad cuando identifica qué producto se pierde, en qué etapa ocurre, cuál es la causa y qué alternativa existía antes del descarte.
Esta información puede conectarse con indicadores operativos como rotación, inventarios, vida útil, demanda, devoluciones y disponibilidad.
¿Qué significa para la industria alimentaria?
La brecha entre percepción y comportamiento permite identificar varias oportunidades de gestión para las empresas en las que se necesita una mirada transversal.
Es decir, la producción, calidad, logística, comercial, retail y gestión de inventarios participan en distintos momentos del ciclo.
Frente | Pregunta para la industria |
|---|---|
Vida útil | ¿El producto mantiene sus condiciones durante todo el recorrido hasta el consumo? |
Inventarios | ¿La previsión de demanda genera excedentes evitables? |
Promociones | ¿La mecánica favorece el aprovechamiento o incentiva compras superiores a la necesidad? |
Fechas | ¿La información facilita decisiones antes de que el producto pierda valor? |
Retail | ¿Existen procesos para detectar y canalizar productos próximos a su fecha? |
Rescate y donación | ¿Hay rutas operativas claras para aprovechar excedentes aptos? |
Datos | ¿La empresa puede identificar dónde y por qué se genera la merma? |
El siguiente paso podría ser facilitar la acción
Los resultados del estudio no muestran ausencia de conciencia ni falta de voluntad. Lo que sí aparece es una distancia entre reconocer el problema y contar con condiciones para evitarlo.
Para la industria alimentaria, esa brecha abre una oportunidad para revisar los procesos que determinan cuánto valor conserva un alimento antes de llegar al consumidor.
El punto no consiste únicamente en reducir el volumen de alimentos descartados. También implica identificar en qué momento se pierde valor y qué decisión pudo evitarlo.
En términos operativos, la revisión puede considerar al menos cuatro frentes:
Planeación e inventarios: Ajustar compras y producción a patrones reales de demanda puede reducir excedentes difíciles de colocar.
Vida útil y conservación: El almacenamiento, la cadena de frío y las condiciones de manejo influyen directamente en el tiempo disponible para aprovechar un producto.
Comercialización: Las promociones pueden modificar el volumen comprado y, en determinados casos, favorecer adquisiciones superiores a la necesidad.
Aprovechamiento de excedentes: Contar con procesos para identificar productos próximos a perder valor permite evaluar alternativas antes del descarte.
Este enfoque también cambia la manera de entender la merma. En lugar de observarla únicamente como un resultado final, puede utilizarse como una señal para detectar ineficiencias dentro de la operación.
El desafío, por tanto, tampoco termina en el consumidor. Requiere información, infraestructura, datos y mecanismos de coordinación que permitan intervenir antes de que un producto pierda sus posibilidades de aprovechamiento.
Para las empresas, cada punto de merma puede revelar una decisión que merece ser revisada: cuánto se produjo, cuánto se compró, cuánto tiempo permaneció disponible y por qué dejó de tener valor comercial o de consumo.
Así, reducir el desperdicio deja de ser solamente una cuestión de concientización. También se convierte en una pregunta de gestión: dónde se está perdiendo producto, qué recursos están involucrados y qué cambios permitirían conservar ese valor durante más tiempo.

TE PUEDE INTERESAR:
El futuro de los sistemas alimentarios: innovación para reducir desperdicio y fortalecer la cadena de suministro
Preguntas frecuentes
¿Por qué reducir el desperdicio de alimentos requiere intervenir más allá del consumidor?
Porque el desperdicio también está relacionado con procesos de producción, almacenamiento, distribución, comercialización y gestión de inventarios. El estudio muestra que la descomposición antes del consumo es la causa más reportada en los hogares.
¿Qué procesos de la industria pueden influir en el desperdicio de alimentos?
La planeación de la demanda, los niveles de inventario, la conservación, la vida útil, las promociones y la gestión de productos próximos a su fecha pueden influir en cuánto alimento conserva su valor antes del consumo.
¿Las promociones pueden contribuir al desperdicio?
Sí, dependiendo de su diseño y del comportamiento de compra que generan. El estudio señala que 42.7% de las personas encuestadas compra más alimentos de los necesarios ante promociones 2x1, y este grupo reporta mayor frecuencia de desperdicio semanal.
¿Qué papel tiene el retail en la reducción del desperdicio?
El retail puede intervenir en la previsión de demanda, rotación de inventarios, gestión de productos próximos a su fecha y aprovechamiento de excedentes. El 73.9% de los encuestados identifica a supermercados y grandes cadenas entre los actores responsables de reducir el desperdicio.
¿Qué debería medir una empresa para entender dónde genera desperdicio?
No basta con conocer cuánto producto se descarta. Conviene identificar qué producto se pierde, en qué etapa, por qué causa y qué alternativa existía antes del descarte. Esa información permite vincular la merma con decisiones de inventario, conservación, demanda y comercialización.






