Seguridad e inocuidad alimentaria

Desperdicio de alimentos: la deuda estructural en México y LATAM

El desperdicio de alimentos revela fallas estructurales y oportunidades de valor en la cadena alimentaria

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Ingrid Cubas

Editora de Contenidos en The Food Tech®️

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En este mundo, donde el desperdicio de alimentos ya no puede leerse como una falla operativa aislada, se pretende ajustar la cadena alimentaria para conducir a mejores resultados ambientales, sociales y económicos, pues mientras más de 780 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria, cerca de un tercio de los alimentos producidos globalmente nunca llegan a consumirse, de acuerdo con estimaciones de la FAO.

México y Latinoamérica ocupan una posición particularmente compleja dentro de esta ecuación. La región produce alimentos suficientes para alimentar a su población, pero pierde una proporción significativa de ese valor antes de que el alimento cumpla con la función básica de nutrir. Esto no solo es una paradoja ética, sino de ineficiencia sistémica que compromete competitividad, sostenibilidad y seguridad alimentaria.

  • Un tercio de los alimentos producidos en el mundo se pierde o desperdicia cada año, lo que equivale a 1,300 millones de toneladas: FAO, Food Loss and Waste Database.

  • El desperdicio de alimentos es responsable de entre 8 y 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, superando incluso a la aviación civil: FAO / PNUMA, Global Food Waste Index.

  • En América Latina y el Caribe, se desperdician aproximadamente 220 millones de toneladas de alimentos al año, mientras más de 56 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria: FAO (Panorama de la Seguridad Alimentaria en ALC).

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Una pérdida que comienza en el origen

En América Latina, a diferencia de economías industrializadas donde el desperdicio ocurre principalmente en el consumo final, las mayores pérdidas se concentran en las primeras etapas de la cadena: producción primaria, poscosecha, almacenamiento y transporte. Así lo han documentado tanto la FAO como el Banco Interamericano de Desarrollo, señalando deficiencias estructurales en infraestructura, financiamiento, capacitación técnica y acceso a tecnología.

Durante el foro sobre “Pérdida y desperdicio de alimentos” donde representantes del sector agroalimentario se dieron cita, el punto crítico que identifican se encuentra en la llamada primera milla (el trayecto que va del campo al primer centro de acopio o transformación). Es ahí donde se destruye una parte sustancial del valor de los alimentos a falta de cadenas de frío, rutas logísticas fragmentadas, estándares de calidad poco armonizados y debido a una débil articulación entre pequeños productores y mercados formales que generan pérdidas que, en muchos casos, no quedan registradas ni contabilizadas.

Este fenómeno no solo impacta la disponibilidad de alimentos, sino que debilita la rentabilidad del productor y perpetúa ciclos de informalidad que dificultan cualquier intento de escalamiento o trazabilidad.

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Desperdicio invisible, impacto medible

Medir la pérdida y el desperdicio de alimentos ha sido, históricamente, uno de los grandes vacíos de la política pública y de la gestión empresarial. Sin datos confiables, el problema permanece difuso y, por ende, sin responsables claros.

En México, algunas iniciativas impulsadas por alianzas entre tecnología, industria y organismos multilaterales han comenzado a cerrar esta brecha. El uso de plataformas digitales para trazabilidad, análisis predictivo y medición en tiempo real permite identificar dónde, cuándo y por qué se pierde el alimento, transformando un problema abstracto en un reto operativo concreto. Este enfoque ha sido señalado como clave para pasar de la sensibilización a la acción estructurada.

La medición, sin embargo, no es un fin en sí mismo. Su verdadero valor radica en habilitar decisiones:

  • rediseñar empaques

  • optimizar inventarios

  • ajustar especificaciones comerciales

  • reconfigurar flujos logísticos con base en evidencia, no en supuestos

Hoy se sabe que menos del 20 % de las empresas en LATAM cuenta con trazabilidad digital completa de alimentos perecederos (BID / Deloitte); además, las plataformas de medición y redistribución han demostrado reducciones de desperdicio de entre 15 y 40 % en retail y foodservice, según indican Cheaf y Global Foodbanking Network.

En 2025, Cheaf realizó una Encuesta regional sobre percepción de desperdicio de alimentos con el objetivo de entender cómo se percibe el desperdicio de alimentos en la región. Los resultados arrojan que:

  • Más del 70 % de los encuestados en México reconoce que el desperdicio ocurre antes de llegar al consumidor, principalmente en cosecha, almacenamiento, transporte y comercialización primaria.

  • El 64 % identifica la falta de infraestructura y tecnología en la primera milla como la principal causa de pérdida, por encima del comportamiento del consumidor.

  • Fuente:

  • Solo 1 de cada 4 organizaciones mide de forma sistemática sus pérdidas de alimentos, lo que limita la toma de decisiones basada en datos.

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De la pérdida al valor: cuando la sostenibilidad se vuelve estrategia

Uno de los consensos más relevantes surgidos del foro es que reducir la pérdida de alimentos ya no es solo una agenda ambiental o social, sino una estrategia de negocio. Integrar modelos de economía circular, reaprovechamiento de excedentes y rediseño de procesos está conduciendo al descubrimiento de nuevas fuentes de valor donde antes había merma.

En Latinoamérica, los bancos de alimentos han evolucionado de esquemas asistenciales a plataformas logísticas sofisticadas capaces de conectar excedentes industriales con poblaciones vulnerables, bajo estándares sanitarios y de trazabilidad cada vez más robustos. Este modelo no solo reduce desperdicio, sino que fortalece la resiliencia del sistema alimentario y genera impactos medibles en nutrición y cohesión social.

Paralelamente, la industria de ingredientes, empaques y procesamiento está encontrando oportunidades en subproductos que antes se descartaban, como fibras, proteínas, compuestos bioactivos y energía recuperada… lo que durante décadas fue considerado residuo, hoy comienza a entenderse como materia prima secundaria, con aplicaciones en alimentos, nutrición animal y bioeconomía.

  • El aprovechamiento de subproductos y alimentos fuera de especificación puede reducir costos de materias primas entre 10 y 25 % en ciertos segmentos: Deloitte / BID

  • Las empresas que integran estrategias de reducción de PDA reportan mejor percepción ESG y acceso preferencial a financiamiento sostenible: Deloitte Sustainability LATAM

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El rol de la política y la colaboración multisectorial

Ninguna de estas transformaciones ocurre en el vacío. La reducción efectiva de la pérdida y el desperdicio de alimentos requiere marcos regulatorios coherentes, incentivos adecuados y, sobre todo, colaboración entre sectores que históricamente han operado de forma fragmentada.

México ha avanzado en la construcción de pactos y agendas comunes que buscan alinear a productores, industria, retail, organismos internacionales y sector público bajo objetivos compartidos. Estas plataformas no solo facilitan el intercambio de datos y buenas prácticas, sino que permiten escalar soluciones que, de manera aislada, tendrían impacto limitado.

La experiencia internacional demuestra que los países que han logrado reducciones significativas en desperdicio lo han hecho mediante estrategias integrales, donde regulación, innovación tecnológica y modelos de negocio evolucionan de forma sincronizada.

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Más allá del consumidor: una responsabilidad de sistema

Aunque el discurso público suele colocar al consumidor en el centro del problema, la evidencia presentada en el foro sugiere que esta narrativa es insuficiente. En contextos como el mexicano y el latinoamericano, la mayor capacidad de transformación reside aguas arriba de la cadena.

Productores con acceso a tecnología, industria con procesos optimizados, logística inteligente y retail con especificaciones más flexibles tienen un impacto mucho mayor en la reducción de pérdidas que cualquier campaña de concientización aislada y, como hemos visto, el desperdicio de alimentos es, ante todo, un problema de diseño del sistema.

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Hacia un nuevo contrato alimentario

La pérdida y el desperdicio de alimentos no son inevitables. Son el resultado de decisiones acumuladas, tanto técnicas, como económicas y políticas que hoy pueden revisarse. México y Latinoamérica cuentan con el conocimiento, la capacidad productiva y el capital humano para transformar esta realidad, pero hacerlo exige abandonar soluciones fragmentadas y avanzar hacia una visión sistémica.

El reto es enorme, pero también lo es la oportunidad. Reducir la pérdida de alimentos significa mejorar eficiencia, fortalecer seguridad alimentaria, disminuir presión ambiental y generar valor económico donde antes solo había merma. En un contexto de volatilidad climática, presión regulatoria y transformación del consumo, pocas agendas ofrecen un retorno tan transversal como esta.

La pregunta ya no es si podemos permitirnos actuar, sino si podemos permitirnos seguir perdiendo. La pérdida y el desperdicio de alimentos no es un problema de conciencia individual, sino de diseño de sistema. México y Latinoamérica tienen hoy la oportunidad de transformar ineficiencia en valor, y desperdicio en estrategia.

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Ingrid Cubas

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Comunicóloga con más de 10 años como creadora de contenidos para medios impresos, digitales y audiovisuales sobre la industria de alimentos y bebidas. Sommelier de té, especialista en cata, maridaje, producción y calidad de Camellia Sinensis.

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