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Viña Santa Rita: terroir, ciencia e innovación que construyen una marca global del vino

Reconocida entre las mejores viñas del mundo, Santa Rita demuestra cómo la combinación de terroir, sostenibilidad, tecnología y visión a largo plazo generan valor agregado y diferenciación global

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Ingrid Cubas

Editora de Contenidos en The Food Tech®️

Última actualización:

Javier Bitar, CEO de Santa Rita Estates

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En 2025 Viña Santa Rita fue nombrada como la mejor vinícola del mundo por Forbes, dentro del listado The World's 50 Best Wineries. Para quienes conocen su legado en el Valle del Maipo, las razones están claras; para quienes descubren al vino chileno a través de una revista que llega a 140 millones de personas en más de 80 países, este reconocimiento es toda una revelación, sobre todo por tratarse de una plataforma de negocios e influencia, cuya dimensión trasciende a la industria enológica especializada.

Javier Bitar, ingeniero civil matemático, que se desempeña como CEO de Santa Rita Estates desde agosto de 2024, lo explicó durante la presentación que la viña realizó en Ciudad de México, el primer mercado internacional donde celebraron la obtención del premio:

Yo creo que detrás hay dos cosas que son importantes: en primer lugar, el origen. Alto Jagüel tiene la capacidad de producir de los mejores Cabernet Sauvignon del mundo, eso es lo que nosotros pensamos, y lo puntajes lo reflejan. Además, el fundador original de la viña construyó una casona preciosa… nosotros nos hemos dedicado a preservar eso, porque tiene un componente histórico muy importante. Hubo reconocimiento de un activo que no se puede desperdiciar y hay que cuidarlo”, explicó.

“En segundo lugar, cuando el grupo que hoy en día es dueño de la viña la compró en 1980, el dueño tenía la convicción de que quería hacer vinos de calidad, no estaba tan interesado en vender mucho volumen y su norte siempre ha sido el vino de altísima calidad”.

“Diría que sobre esos dos pilares se ha construido la marca a través de los años, porque para poder hacer vino así, tienes que conocer muy bien tu campo, tienes que tener la tecnología enológica perfecta, tienes que saber cuándo cosechar y todo el trabajo que hacen los enólogos. Este trabajo es necesario para llegar al propósito de tener un vino realmente distintivo, reconocido”, expuso.

Más allá del reconocimiento, la pregunta clave para los profesionales de la industria alimentaria nos lleva a reflexionar sobre un tema concreto: ¿qué hace que una compañía vitivinícola logre construir relevancia global de manera sostenida durante más de un siglo?

La respuesta no se encuentra únicamente en sus vinos, el tamaño de sus exportaciones, ni en la cantidad de mercados en los que participa. En realidad, el caso de Santa Rita constituye un ejemplo donde la innovación agrícola, conservación genética, gestión del terroir, investigación enológica y construcción de valor agregado crean sinergia en una estrategia construida a largo plazo.

En un momento en que el mundo enfrenta desafíos relacionados con sostenibilidad, trazabilidad, diferenciación y cambio climático, Santa Rita ofrece lecciones que trascienden al vino y se muestran relevantes para cualquier empresa que busque construir marcas con identidad, resiliencia y capacidad de adaptación.

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Un terroir irrepetible: Alto Jahuel como origen y destino

En el caso del vino, como ocurre con muchos otros alimentos y bebidas, todo empieza en la tierra; y cuando se habla de Santa Rita, esa tierra tiene nombre propio: Alto Jahuel, en el Valle del Maipo, a 35 minutos de Santiago. El fundador de la vinícola, Don Domingo Fernández Concha, estableció la viña en 1880 inspirado en los grandes châteaux franceses, importando cepas y conocimiento vitivinícola de Burdeos en una época en que Chile comenzaba a escribir su historia enológica moderna.

El terroir de Alto Jahuel combina condiciones que los enólogos consideran excepcionales para el Cabernet Sauvignon: suelos aluviales-coluviales pedregosos con buen drenaje; una amplitud térmica de hasta 20°C entre el día y la noche que propicia la maduración gradual y un desarrollo fenólico equilibrado. Además, el efecto protector de la Cordillera de los Andes y la Cordillera de la Costa, actúa como barrera natural contra plagas y regula el régimen hídrico.

La viña gestiona hoy más de 3,500 hectáreas de viñedos distribuidos en cuatro valles: Maipo (990 ha), Colchagua (1,071 ha), Leyda (90 ha) y Apalta (458 ha), cada uno con características edáficas y climáticas distintas que alimentan líneas específicas de su portafolio… pero el corazón sigue siendo Alto Jahuel.

Mientras muchas industrias buscan estandarizar procesos para lograr uniformidad, el vino premium encuentra valor precisamente en las diferencias. Las condiciones climáticas, la composición de los suelos, la altitud, la influencia oceánica y la amplitud térmica generan perfiles únicos imposibles de replicar artificialmente. Ese enfoque le ha permitido a Santa Rita desarrollar un portafolio donde cada línea responde a una identidad enológica claramente definida y sustentada en evidencia agronómica:

“Cada una de las etiquetas tiene que ver con un momento, con un lugar en específico dentro del viñedo. Floresta surge de un lugar específico; Triple C es sobre una estatua que está ahí; Bougainville tiene que ver con una de las buganvilias más grandes que existe en Latinoamérica, que se encuentra en el terreno; Pewën también tiene particularidad de recibir su nombre en honor al árbol de araucaria típico de Chile que igual está dentro del mismo espacio; y la etiqueta de Casa Real muestra la imagen de la casona que está dentro del parque, que tiene una capilla y un hotel boutique… cada etiqueta es sobre un lugar que existe”, así lo explica Antonio Mezher, Director General en Importaciones y distribuciones internacionales IDI, que distribuye a Santa Rita en México.

Las cepas que Chile guarda para el mundo

Una de las historias menos conocidas del vino chileno, y una de las más relevantes para el futuro global de la industria, tiene que ver con un suceso histórico: Chile nunca fue devastado por la filoxera (Daktulosphaira vitifoliae). Este pulgón microscópico originario de América del Norte arrasó los viñedos de Europa a mediados del siglo XIX, destruyendo las raíces de las vides. La crisis fue tan profunda que obligó a replantar prácticamente toda la viticultura europea sobre portainjertos resistentes; es decir, en raíces de variedades americanas sobre las que se injertan las cepas europeas, lo que alteró para siempre el ADN genético de muchas variedades.

Chile, protegido por sus barreras naturales (el Pacífico al oeste, los Andes al este, el desierto de Atacama al norte y la Patagonia al sur), nunca sufrió esa plaga. Esto significa que el país conserva viñedos con pie franco: plantados directamente en la tierra sin portainjertos, preservando el material genético original de variedades como el Cabernet Sauvignon tal como existía antes del desastre europeo del siglo XIX. Esta condición adquiere una relevancia estratégica creciente conforme la industria busca materiales vegetales más resistentes frente al cambio climático, nuevas enfermedades y eventos extremos:

“Este es un camino de muchos retos. Somos un país cuyo primer reto fue salir al mundo y hacer que nuestros vinos fueran preferidos por consumidores. Partimos vendiendo vinos de menor precio y ganándonos reputación con un origen y productos muy buenos para el precio que se dan; después el desafío ha sido que, una vez que ya aprendimos del vino y nos dimos cuenta de que tenemos tres territorios que son capaces de producir vinos de realmente buena calidad, ver cómo vamos rompiendo este techo de vidrio que de alguna manera nos ganamos solos e irnos ubicando entre los mejores vinos del mundo”, declaró Bitar.

“Como industria y como viña, tenemos vinos que están en distinto reconocimiento; ahora el desafío es vivir con la realidad de que el consumo está bajando, pero que también exige ajustarse. Además de que no estamos exentos al clima. Este es un negocio de la tierra y, entonces uno puede tener todo juicioso una semana antes de que empiece la cosecha y te graniza o hay una helada… todos los días hay alguna sorpresa que te lleva a estar trabajando y reaccionando”

Lo que Santa Rita y otros actores del sector están haciendo es, en esencia, construir un banco de conocimiento biológico que podría resultar tan valioso para el vino como la conservación de variedades nativas lo es para otros sectores agroalimentarios:

“Hay mucho trabajo hecho en los campos, mucho estudio, mucho asesor externo y técnico que viene y nos enseña, que nos ayuda a mirar la tierra y entenderla. Lo mismo pasa con asesores enológicos, que recorren el mundo y tiene un bagaje amplio, entonces cuando prueban algo notan sus características”, expresó Bitar.

“Nosotros, al ser un país productor de vino alejado del mundo en general, conocemos los vinos chilenos, pero necesitas más referencias y el know how que se encuentra afuera. Traer esa experiencia nos permitió darnos cuenta de lo que teníamos y conocer mejor nuestra parra, saber cómo cuidarla y tener una mejor idea del mejor vino que podemos sacar”.

“En el mundo el clima ha cambiado, nosotros vamos midiendo la temperatura promedio año a año y eso te obliga a pensar distinto, porque si haces el vino igual que antes, lo vas a cosechar muy tarde y la uva va a estar muerta. Entonces diría que una necesidad permanentemente es estar buscando, innovando, leyendo y viajando, para asegurarnos de que estamos trayendo todo lo que se puede y mejorando las cosas”, aseguró.

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El Carménère: la cepa perdida que Chile recuperó

Si el Cabernet Sauvignon es el emblema histórico del Valle del Maipo, el Carménère es la gran sorpresa que Chile le devolvió al mundo. Originaria de la región de Burdeos, esta cepa (también conocida como "Grande Vidure") fue considerada prácticamente extinta después de la crisis filoxérica del siglo XIX. En Francia nunca se replantó, pues era difícil de cultivar y otras variedades ofrecían mejores rendimientos.

Lo que nadie sabía es que el Carménère había llegado a Chile alrededor de 1850, traído por inmigrantes franceses que lo confundieron con Merlot por la similitud entre sus hojas, y así lo cultivaron durante casi siglo y medio. La confusión terminó en noviembre de 1994, cuando el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot se encontraba caminando en el Valle del Maipo y notó que los brotes de algunas vides de "merlot" lucían una pigmentación rojo-naranja característica de otra variedad. Las pruebas de ADN confirmaron que, en realidad, era Carménère.

Lo que inicialmente parecía un error de clasificación terminó convirtiéndose en una ventaja competitiva. Hoy Chile acumula más de 10,000 hectáreas plantadas de Carménère, lo que representa el 96% de toda la producción mundial de esta variedad. Los mejores exponentes provienen de los valles de Colchagua, Maipo y Cachapoal, donde las noches frescas y los días soleados permiten que la cepa madure lentamente y desarrolle sus características aromas de frutas rojas maduras, pimentón, especias y notas herbales. Para Santa Rita, esta cepa representa mucho más que una categoría comercial, pues demuestra que la identidad puede convertirse en un activo estratégico cuando existe conocimiento técnico capaz de traducirla en valor para el consumidor.

Precisamente, el Carménère es protagonista de Pewën de Apalta dentro del portafolio de Santa Rita, un vino que durante cinco años consecutivos ha sido reconocido como el mejor Carménère de Chile por Descorchados, la más importante guía de vinos chilenos. Además, en la línea Triple C, Santa Rita construye un ensamblaje de tres cepas con resonancia bordelesa e identidad propia: Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Carménère, un trío que encarna tanto la herencia francesa de la vitivinicultura chilena como la singularidad que Chile le aporta al mundo.

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Antonio Mezher y Javier Bitar

Cepas con legado: País, Torontel, Moscatel y Corinto

El patrimonio ampelográfico de Chile es considerablemente amplio. Chile es uno de los pocos países del mundo donde las dos cepas fundacionales de la viticultura latinoamericana (Listán Prieto y Moscatel de Alejandría) perviven en viñedos centenarios de pie franco. Mientras que en Argentina la presión de la industria redujo esas plantaciones a apenas 300 hectáreas de Listán Prieto, en Chile siguen vivas en miles de hectáreas.

Incluso, se puede decir que Listán Prieto es la cepa que fundó la viticultura chilena, por lo que también se le considera la uva País. En Perú se le conoce como Negra Criolla; en Argentina como Criolla y en Estados Unidos como Mission. Se dice que la uva País fue el vino más bebido y la cepa más plantada en Chile desde la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI hasta la irrupción del Cabernet Sauvignon en el siglo XIX. Los viñedos patrimoniales con uva País comprenden alrededor de 15,000 hectáreas, concentradas en los valles del Maule, Bío Bío e Itata, en plantas de pie franco de más de 80 y hasta 200 años.

No obstante, durante décadas fue despreciada; el paradigma francés que modernizó la vitivinicultura chilena en los años 80 la asoció al atraso y al consumo popular. El Decreto 464 de 1995 sobre Denominaciones de Origen incluso le retiró la categoría de "cepa noble", impidiéndole figurar en las etiquetas de los vinos finos. En 1996 el enólogo Claudio Barría, en la Cooperativa Lomas de Cauquenes, se propuso mirarla con criterio de calidad; dos décadas después, el vino natural, el interés por los vinos ligeros y el rescate de variedades patrimoniales convirtieron a la País en una de las cepas más interesantes del panorama chileno. Algunos estudios académicos incluso han llegado a compararla con el Carménère como la cepa más emblemática de Chile.

El Torontel es una variedad blanca aromática que nació en Chile como cruce natural entre Moscatel de Alejandría y uva País, y que se desarrolló en los mismos viñedos patrimoniales del Maule e Itata donde hoy se encuentran parras de entre 100 y 300 años. Lo que pocos saben es que el Torontel y el Torrontés Riojano (la cepa blanca más emblemática de Argentina, apreciada internacionalmente por sus aromas florales y su frescura) son genéticamente la misma variedad. Una cepa criolla que nació en Chile se convirtió en el símbolo de la vitivinicultura blanca argentina: otro capítulo del patrimonio genético que América del Sur conserva sin haberlo reivindicado del todo.

Junto a la Listán Prieto, el Moscatel de Alejandría es una de las dos cepas fundacionales de la viticultura latinoamericana. Prácticamente, llegó con los colonizadores españoles y se propagó desde México hasta Patagonia. En Chile se convirtió también en la base del pisco y de los vinos dulces del Valle del Huasco.

Por su parte, el Corinto es el nombre local del Chasselas, una variedad blanca suiza de origen muy antiguo, llevado por inmigrantes helvéticos en el siglo XIX y preservado en viñedos de secano que hoy alimentan vinos de mínima intervención.

No es casualidad que Teresita Ovalle, enóloga de la línea Floresta de Santa Rita, haya elegido precisamente estas cuatro cepas (Semillón, Sauvignon Vert, Moscatel, Torontel y Corinto) para construir su Field Blend Blanco. No es un ejercicio de nostalgia: es la afirmación de que el patrimonio genético preservado en Chile durante siglos tiene valor enológico real, capaz de producir vinos que compiten en los mercados más exigentes del mundo. En ese sentido, cada botella de Floresta es también un argumento a favor de la conservación de la biodiversidad vitícola.

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Tecnología aplicada al vino: precisión por encima de la sustitución

Aunque el romanticismo suele dominar la narrativa del vino, la realidad es que detrás de cada botella existe una enorme cantidad de ciencia aplicada. Uno de los aspectos más interesantes del modelo de Santa Rita es la forma en que integra conocimiento científico externo con experimentación propia; dicho en otras palabras, no buscan tecnificar por seguir una corriente, sino usar la ciencia para entender mejor lo que ya existe, desde el terroir hasta la planta, considerando el momento exacto de cosecha:

“Con tecnología puedes ver el estrés hídrico de las parras e ir haciendo un seguimiento mucho más preciso del terroir. Nosotros hemos trabajado con geofísicos que hacen mapas de geología desde el cielo que nos permiten conocer los distintos cuarteles, porque caminas 10 metros y el terreno cambia, así que hay un conocimiento profundo de eso”.

“También hay tecnología para saber el momento de cosecha; nosotros hacemos experimentos de micro vinificación, que son partidas muy pequeñitas para probar cosechas en distintos momentos del mismo cuartel. Eso te permite saber cómo queda el vino, hecho todo de la misma manera, pero cosechado más temprano o más tarde”.

“La tecnología también es clave para el control de la humedad en la bodega, para el control de temperatura en las barricas y para el lavado en la barrica que evita contaminaciones. Hay una constante experimentación en base a tecnología nueva y cada vez que aparece algo lo probamos y vemos si lo incorporamos”, compartió el CEO.

En este sentido, la experimentación con recipientes alternativos como cubas de cemento y tinajas de cerámica en forma de huevo completan un panorama de innovación continua donde se prueba, se evalúa y solo se adopta lo que mejora el vino.

La viña también trae asesores agronómicos de Bordeaux y de la Universidad de Davis en California (referentes mundiales del Cabernet Sauvignon) para leer la tierra desde una perspectiva comparativa.

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Premiumización: la apuesta que el mercado está validando

La estrategia de premiumización de Santa Rita no nació a partir de una moda, sino de una lectura lúcida del mercado y de un principio enológico elemental:

“Una de las cosas que ocurre con el consumo del vino es que está descendiendo, pero el segmento que mejor resiste esa caída y que incluso crece, es el sector más premium. Hay varias explicaciones, teorías e hipótesis de por qué pasa eso y la que me hace sentido es que mucha gente antes tenía el hábito de tomar vino en la cena todos los días y hoy se está midiendo más, está tomando menos y se cuida más”, explicó Javier Bitar en entrevista exclusiva para The Food Tech.

“En vez de tomar cinco días a la semana, la gente ahora toma dos, pero cuando se va a comprar la botella para esos dos días, elige una botella más cara. En casi todos los mercados donde el vino está cayendo, la categoría que mejor resiste son los vinos premium o Ultra premium”.

“Nosotros tenemos dos razones por la que recurrimos a esta estrategia. En primer lugar, porque nuestros viñedos son capaces de generar uvas que son de ese nivel. Hay una cosa que le aprendí a la Teresita Ovalle y nuestros enólogos: que con uva buena puedes hacer un vino muy bueno y con una mala no hay oportunidad de lograrlo, pero con una buena también puede hacer un vino malo y eso es lo que no queremos hacer”.

“Nos hemos puesto como misión, aumentar nuestro nivel de participación y de presencia en los vinos de colección de origen. Es una categoría de vinos que penetra más lento en los mercados porque no son vinos de supermercado; puede que haya en algunas tiendas, pero en general son vinos que son de restaurantes y tiendas especializadas, entonces eso requiere un trabajo de hormiga, de siembra”.

“Hemos estado trabajando en los últimos años para llegar a más gente porque tenemos la convicción de que si la gente nos prueba nos va a comprar. El truco es ¿cómo logro que me prueben? Porque sé que eso significa que alguien no se va a olvidar de nosotros”, compartió.

Los datos del mercado validan esta apuesta con una contundencia que hace un año aún era proyección. Según el informe State of the World Wine Sector in 2025 de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), publicado en mayo de 2026, el consumo mundial de vino descendió un 2.7% en 2025 y alcanzó su nivel más bajo desde 1957, situándose en 208 millones de hectolitros.

Desde 2018, el consumo global acumula una contracción del 14%. Las exportaciones también retrocedieron un 4.7% en volumen y un 6.6% en valor, afectadas por la menor demanda internacional, los aranceles impuestos por Estados Unidos a los vinos importados y la volatilidad cambiaria.

Chile no escapó a esta tendencia. En 2025 sufrió una contracción productiva del 9.9%, bajando a 8.4 millones de hectolitros, afectado por escasez de agua, variabilidad climática y debilitamiento de mercados exteriores; sus exportaciones descendieron un 9% en volumen y un 8% en valor. Sin embargo, Brasil protagonizó un crecimiento alentador del 41.9% que llevó su consumo a 4.4 millones de hectolitros, siendo el máximo histórico del país, que consolida a Brasil como el mercado número uno de Santa Rita con una narrativa que no para de crecer.

Los resultados de Santa Rita en México señalan el mismo camino. Antonio Mezher reveló que, al cierre de abril de 2025, la categoría de vino en México registraba una caída del 10% en unidades frente al año anterior. Sin embargo, los vinos ícono de Santa Rita (su línea de Colección de Origen) crecieron más del 100% en el mismo período.

Estamos ante la polarización del consumo en acción: por un lado, generaciones más jóvenes que buscan vinos de entrada más accesibles, dulces o con baja graduación alcohólica; por el otro, consumidores informados que, cuando abren una botella, quieren algo reconocido o familiar que valga la pena.

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Floresta con mínima intervención y Casa Real: la consagración

Entre los vinos del portafolio de Santa Rita, la línea Floresta encarna una filosofía enológica particular: la mínima intervención. En enología, ese concepto no significa abandono técnico ni improvisación; implica exactamente lo opuesto: conocer tan bien el terroir y la cepa que sea posible acompañar el proceso de vinificación sin distorsionarlo; es el vino que quiere mostrar el lugar con la mayor fidelidad posible.

En Floresta, cada vino nace de una cepa específica en el mejor terroir disponible para esa variedad dentro del sistema de viñedos de Santa Rita. La línea contempla también un fascinante field blend (mezcla de campo) que co-fermenta Semillón, Sauvignon Vert, Moscatel, Torontel y Corinto (Chasselas) juntos, con sus pieles, sin filtrar ni clarificar. El resultado es un vino naturalmente turbio, inusual, que habla de una manera de entender la viticultura más cercana a la tierra que al laboratorio.

“En la línea Floresta, en medida de las cepas que tenemos y de ir descubriendo ciertos terroirs especiales o si a Teresita se le ocurre hacer algo distinto con el Carménère, buscamos en qué lugar está ese Carménère y vamos incorporando nuevas variedades a la línea. Es un trabajo que nunca se acaba y eso lo hace fascinante”, aportó Bitar.

Si Floresta representa la exploración, Casa Real es la consagración. Es el vino emblema de Santa Rita, un Cabernet Sauvignon de Alto Jahuel que solo se produce en las cosechas que el equipo considera verdaderamente excepcionales, lo que implica que en algunos años simplemente no sale al mercado.

Como hemos apuntado, la etiqueta de Casa Real reproduce la fachada de la casona histórica ubicada dentro del parque de la viña; es la síntesis visual de que el vino dentro de esa botella solo existe porque ese lugar existe, con su microclima, su suelo y su historia de 145 años.

En 2014, la edición Casa Real 1989 recibió el estatus de "Wine Legend" por parte de la revista Decanter, convirtiéndose en uno de solo dos vinos de Sudamérica en obtener dicho reconocimiento en la historia de la publicación.

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Javier Bitar, CEO de Santa Rita Estates

La transformación del vino chileno en México y el mundo

Actualmente, México es uno de los mercados más estratégicos para el vino chileno, aunque también uno de los más paradójicos. Según los datos de las aduanas mexicanas analizados por la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE) y publicados en marzo de 2026, México importó un total de 82 millones de litros de vino durante 2025, con un valor de 299.3 millones de euros, lo que apunta a una reducción del 4.9% en valor respecto a 2024, aunque el volumen creció ligeramente un 0.6%.

La señal más reveladora está en los países de origen: Chile superó a España como primer exportador de vino a México por volumen, con 29.4 millones de litros enviados (+25.2%), mientras que España envió 22.2 millones (-9.6%). Sin embargo, el precio medio del vino chileno en México fue de apenas 1.64 euros por litro (-23.2%), lo que explica su fuerte crecimiento en volumen pese a ocupar solo la cuarta posición en valor económico, con 48.3 millones de euros, por detrás de España (90.3 M€), Italia (61.8 M€) y Francia (49.1 M€).

Este dato marca con precisión el reto que tiene Santa Rita: Chile domina el volumen, pero aún no se apodera del valor en México. La apuesta de la viña es cambiar esa ecuación posicionándose en el segmento donde el origen chileno no compite por precio sino por calidad y por lo tanto, se encuentra con consumidores dispuestos a pagar más.

El consumo per cápita del país apenas llega a 1.3 litros al año (uno de los más bajos de la región, concentrado en aproximadamente 8 millones de consumidores), lo que convierte a México en un mercado con un techo de crecimiento enorme para el segmento premium.

El mercado mexicano está polarizándose exactamente como describe Bitar: la masa compra menos y más barato; el consumidor informado compra menos pero mejor. Y en ese segundo segmento es donde Santa Rita está creciendo a triple dígito.

China, en cambio, ahora se observa como un capítulo en reescritura. El mercado asiático que durante años fue el motor del vino premium global ha caído más del 40% acumulado en cinco años, en gran medida por las restricciones gubernamentales respecto al consumo de alcohol en eventos de negocios. Bitar lo explicó sin dramatismo:

“China ha ido bajando su consumo de manera muy drástica porque una práctica normal eran las cenas y comidas de negocios en las que se tomaba vino carísimo como signo de respeto. El gobierno decidió que no quería que siguiera habiendo consumo en temas de negocio y prohibió tomar alcohol a cualquier funcionario público o ejecutivo de compañías que tuvieran participación del Estado en eventos de trabajo…con eso, el consumo de vino caros se cayó. Ahora estamos volviendo a un consumo más normal en China, pero ya no es lo que fue entre los años 2010 a 2020”.

“Brasil, hoy día, es el mercado número uno. Pero tenemos otros mercados muy relevantes como Irlanda, Estados Unidos, México y Canadá. Estamos como en 50 países”, señaló.

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Sustentabilidad y enoturismo: los valores como necesidad operativa

El cuestionario que Forbes aplicó a las bodegas candidatas no indagaba solo sobre vinos: incluyó aspectos sobre relevancia histórica, trabajo con comunidades, eficiencia hídrica, cuidado del medio ambiente, innovación y enoturismo. Santa Rita respondió con solidez en todas las categorías, pero lo más relevante es el cambio de paradigma que ese desempeño refleja.

El cambio climático, lejos de ser visto como una amenaza, se ha convertido en una realidad operativa para Santa Rita. Incrementos de temperatura, alteraciones en los ciclos hídricos y fenómenos climáticos extremos están modificando las condiciones históricas de producción. Frente a este escenario, la viña ha desarrollado estrategias orientadas a la gestión eficiente de recursos (particularmente agua y suelo) que no son iniciativas paralelas al negocio, sino condiciones para que el negocio siga existiendo. La sostenibilidad, en el modelo de Santa Rita, dejó de ser una herramienta reputacional para convertirse en una variable crítica de continuidad operativa.

El enoturismo es el otro pilar que Forbes evaluó con detalle. La proximidad a Santiago, ubicada a 35 minutos del viñedo, combinada con la belleza arquitectónica de la casona, la capilla, el hotel boutique, el restaurante Doña Paula con cocina chilena tradicional y el Museo Andino con 3,000 piezas de arte precolombino, convierte una visita a la viña en una experiencia cultural completa.

“Ofrecer vinos premium es un camino más lento que simplemente poner tu vino en la cadena de supermercado que quieras; aquí el trabajo es mano a mano, de construir relaciones. Y eso es lo que estamos haciendo, con mucho empeño, con mucha sistematicidad”, compartió Bitar.

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Ver al vino como experiencia social: una apuesta de largo plazo

La conversación sobre el futuro del vino inevitablemente llega a las generaciones más jóvenes, a la tendencia del "beber menos", a las bebidas de bajo alcohol y a la pregunta que toda la industria se hace: ¿el vino tiene futuro? Bitar responde con convicción:

“Yo creo que el vino siempre va a sobrevivir, estamos viviendo una época en la que mucha gente está sola, con el celular como su mejor amigo, y creo que el vino está atado a cosas muy esenciales de nosotros como la compañía, el contacto, el disfrutar de algo juntos o tener una buena plática. Creo que siempre va a haber un espacio genuino para él y no veo que eso se acabe”.

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El portafolio: de la mesa diaria a la colección de origen

Santa Rita no está esperando pasivamente que el consumidor regrese. La viña ha desarrollado una estrategia de 180 grados que va desde los vinos de Colección de Origen ultra-premium hasta una línea de vinos frutados, dulces y en distintas presentaciones que están pensados para las generaciones más jóvenes.

También exploran vinos gasificados que replican el perfil de un Apperol Spritz, y mezclas ya preparadas que democratizan el ritual de la coctelería con vino. Su portafolio cubre todo el espectro del consumidor, desde quien busca un vino accesible para el día a día hasta quien invierte en una botella de colección. No es contradicción; es entender que el mismo mercado alberga consumidores completamente diferentes, y que una marca con 145 años de historia puede hablar con todos sin traicionar su esencia.

El portafolio de Viña Santa Rita se organiza en cuatro grandes niveles, cada uno con una identidad enológica, un territorio y un tipo de consumidor claramente definidos.

Acceso y volumen: 120 y Tres Medallas

En la base del portafolio se encuentran las líneas con mayor distribución y reconocimiento popular: Santa Rita 120 y Tres Medallas. La primera (cuyo nombre evoca a los 120 patriotas que Doña Paula Jaraquemada refugió en las bodegas de la viña durante la Independencia de Chile en 1818) es la marca número uno en ventas en Chile y una de las más exportadas a México.

Trabaja variedades tintas como Cabernet Sauvignon, Merlot, Carménère y Syrah, así como blancos en Sauvignon Blanc y Chardonnay, más opciones rosadas y blend.

Su posicionamiento reciente en México incluye innovaciones como el White Zinfandel y el Red Blend (mezcla de Carménère, Cabernet Sauvignon y Merlot), diseñado para los segmentos de mayor crecimiento en el autoservicio mexicano según datos Nielsen.

Tres Medallas es la línea de entrada con screw cap (tapón de rosca), pensada para consumidores que se inician en el mundo del vino. Su reciente lanzamiento Tres Medallas Sweet Red (un tinto semidulce con perfil frutal) apunta directamente a la Gen Z y a quienes prefieren vinos de baja intervención tánica y mayor accesibilidad sensorial.

Reservas: Medalla Real

El eslabón intermedio del portafolio está representado por Medalla Real, la línea de reservas que equilibra complejidad enológica con precio accesible. Aquí conviven Cabernet Sauvignon del Valle del Maipo, Carménère de Colchagua y Sauvignon Blanc de Leyda, entre otras variedades, con procesos que incorporan paso por barrica y selección de viñedos específicos.

Es la puerta de entrada para el consumidor que ya superó los vinos de supermercado y busca mayor historia y complejidad sin llegar aún al rango ultra-premium.

Colección de Origen: los cinco vinos de identidad territorial

Este es el corazón de la apuesta estratégica de Santa Rita y el nivel que más ha crecido en los últimos años. La Colección de Origen agrupa los cinco vinos ultra-premium e ícono de la viña, cada uno con una historia, un terroir y una personalidad enológica propia. Sus etiquetas están inspiradas en los paisajes y esculturas del centenario Parque de Viña Santa Rita:

  • Casa Real Reserva Especial. Cabernet Sauvignon (Alto Jahuel, Valle del Maipo). El vino ícono de la viña, producido únicamente en cosechas excepcionales desde 1989. Elaborado con parras de más de 50 años del bloque Carneros Viejos, plantado a 565 metros sobre el nivel del mar en depósitos aluviales del Río Maipo. En 2021 ingresó a la Place de Bordeaux, la red de distribución de finos más exclusiva del mundo.

  • PEWËN de Apalta. Carménère (Valle de Colchagua, Apalta). Proviene de viñedos de casi 80 años en suelos graníticos, donde las raíces crecen entre fracturas de roca y desarrollan un vigor controlado y expresión mineral única. Pasa por fermentación parcial con racimos completos, sin madera, buscando frescura y expresión frutal antes que concentración.

  • Floresta. Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Carménère, Chardonnay y Field Blend Blanco (Maipo, Colchagua, Leyda, Punitaqui). La línea de mínima intervención. Cada vino proviene de un terroir específico elegido por sus características únicas para cada cepa: el Chardonnay nace en Punitaqui, en el límite del desierto de Atacama; el Carménère, de viñedos de 80 años en Apalta con fermentación en cemento; el Cabernet Sauvignon, de laderas en las faldas de los Andes. El Field Blend Blanco co-fermenta Semillón, Sauvignon Vert, Moscatel, Torontel y Corinto con sus pieles, sin filtrar ni clarificar.

  • Bougainville. Petite Sirah (Alto Jahuel, Valle del Maipo). Un vino con historia accidentada y resultado excepcional. En 1991 Santa Rita intentó importar Syrah desde Estados Unidos, pero ante la escasez optó por Petite Sirah. La variedad fue injertada en viejos parrones para cumplir cuarentena y, terminado el proceso, fue el parrón original el que demostró los mejores resultados. Hoy es el exponente más singular del portafolio, con estructura tánica pronunciada y gran potencial de guarda.

  • Triple C. Cabernet Sauvignon + Cabernet Franc + Carménère (Alto Jahuel, Valle del Maipo). El ensamblaje que sintetiza la identidad vitivinícola de Chile: la herencia bordelesa (Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc) más la cepa que Chile devolvió al mundo (Carménère). Cada añada refleja la búsqueda del equilibrio entre estructura, elegancia y expresión de lugar.

Espumantes: Amaranta

El portafolio de Santa Rita Estates incluye también una línea de espumantes bajo la marca Amaranta, con opciones Brut, Brut Nature y Moscato. La categoría de espumantes ha ganado relevancia estratégica en el mercado mexicano y latinoamericano, donde el consumo de burbujas crece a tasas superiores al vino tranquilo, especialmente en el segmento de celebración y ocasiones especiales.

Lo que esta arquitectura de portafolio revela, en términos estratégicos, es una empresa que entiende que la premiumización no significa abandonar los segmentos de acceso, sino construir una escalera coherente donde cada nivel tiene identidad propia y una razón de ser clara. La línea 120 introduce; Medalla Real consolida; la Colección de Origen convierte. Y en el tope, Casa Real demuestra que Chile puede producir vinos que compiten en los mercados y mesas más exigentes del mundo.

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Lo que Santa Rita le enseña a la industria alimentaria

Entre las distintas lecturas posibles de la historia de Santa Rita, podemos identificar ciertos puntos clave que son base para entender a la vinícola como caso de éxito entre quienes diseñan procesos, piensan en innovación o gestionan marcas en mercados cambiantes:

  • El terroir es un activo estratégico, no solo un concepto romántico. Conocer profundamente el origen de los ingredientes (sus características físicas, limitaciones y potencial) es la base de cualquier diferenciación real.

  • La tecnología está al servicio de la comprensión. No se trata de reemplazar el criterio humano con datos, sino de usar sensores, geofísica, micro-experimentos y modelos climáticos para entender mejor lo que ya existe y tomar mejores decisiones.

  • La premiumización es una respuesta sensata a la contracción del consumo, siempre que esté respaldada por calidad real. Los consumidores que beben menos pero mejor son exigentes, informados y leales si la experiencia los convence.

  • La identidad puede ser un activo tecnológico. Preservar variedades, ingredientes o materias primas únicas puede generar ventajas tan valiosas como desarrollar nuevas tecnologías. La sostenibilidad de ese patrimonio no es un gesto cultural, sino una estrategia de continuidad operativa.

  • El producto es el pretexto. Lo que Santa Rita vende, en el fondo, es un encuentro entre personas; una razón para sentarse juntos, para tener una buena plática. Esa es su apuesta profunda y difícil de replicar.

El reconocimiento de Forbes puede entenderse como una celebración del éxito comercial de una bodega. Pero también puede interpretarse de forma más profunda: como el reconocimiento a una organización que comprendió que el verdadero valor agregado nace de la combinación entre patrimonio, ciencia, sostenibilidad y visión de largo plazo.

Al igual que ocurre en el fútbol (que hoy concentra la atención de millones de personas a escala global), los grandes referentes no se construyen únicamente a partir de victorias puntuales. Se consolidan gracias a una identidad reconocible, una estrategia consistente y décadas de trabajo detrás del resultado visible. Santa Rita ha logrado exactamente eso: convertir el terroir chileno en una marca global y demostrar que la excelencia, cuando se sustenta en ciencia y propósito, puede trascender fronteras.

En un mundo globalizado donde los productos compiten en prácticamente cualquier mercado, el origen sigue importando. Pero solo cuando existe conocimiento suficiente para transformarlo en una historia capaz de viajar por el mundo:

“Yo diría que, en este nivel hay que ir haciendo el vino cada vez mejor. O sea, no necesariamente se trata de hacer más vinos distintos, sino de afinar un trabajo de pulido que nunca termina… la cima nunca llega. Es como cuando ganas un campeonato de fútbol un año y al siguiente, partes nuevamente desde cero, y si te empieza a ir mal, nadie se acordó que te fue bien en algún momento”, reflexionó Bitar.

“Tenemos que procurar que nos prueben más y hacer vinos cada vez más ricos, que a la gente le gusten más… hay distintas restricciones que van poniendo los Estados, pero nos vamos adaptando; no hay como jugar dentro de las reglas que están en juego”, concluyó.

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Ingrid Cubas

Editora de Contenidos en The Food Tech®️

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Comunicóloga con más de 10 años como creadora de contenidos para medios impresos, digitales y audiovisuales sobre la industria de alimentos y bebidas. Sommelier de té, especialista en cata, maridaje, producción y calidad de Camellia Sinensis.

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