Confitería

Aranceles de hasta 210% al azúcar: ¿qué significa para las categorías más dependientes del ingrediente?

La medida reconfigura costos, abastecimiento y formulación en bebidas, lácteos, panificación y confitería

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Laura Herrera

Analista de Contenido

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impacto de aranceles al azúcar

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El azúcar, uno de los insumos más utilizados en la industria mexicana de alimentos y bebidas, entra en una nueva etapa regulatoria debido a que el pasado 10 de noviembre, el Gobierno Federal publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) un decreto que eleva los aranceles a 156% para los azúcares sólidos y a 210.44% para el azúcar líquida refinada y el azúcar invertido.

Esta medida, calificada por diversos medios como una de las más drásticas en años, busca estabilizar a la agroindustria local frente a la sobreoferta interna y la caída de los precios internacionales.

Sin embargo, sus efectos trascienden el ámbito agrícola; para el sector de alimentos y bebidas, el azúcar deja de ser un commodity estable y se convierte en un ingrediente estratégico, volátil y más caro, cuyo comportamiento redefine formulaciones, abastecimiento e innovación.

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¿Cuál es el impacto del arancel al azúcar?

Es importante mencionar que, México tiene capacidad para abastecer la demanda nacional de azúcar de caña, dado que, en 2024, la producción fue de 4.7 millones de toneladas métricas, lo cual superó el consumo que fue de 3.9 millones de toneladas.

Pero, cifras de Data México, señalan que durante 2024, se importaron más de 1,600 millones de dólares en azúcares y jarabes provenientes, principalmente, de Brasil, Guatemala y Estados Unidos. Estos tres países concentraron 76% de las compras, lo que revela una fuerte dependencia de proveedores externos para fracciones específicas del endulzante, especialmente las utilizadas en bebidas, confitería y procesos industriales que requieren azúcar líquida o invertida.

En este contexto, la medida impactará en:

  • Costos de importación. La medida hace que la importación sea prácticamente inviable, dado que el arancel más alto (210.44%) que se aplica al azúcar líquida refinada y al azúcar invertido, eleva el costo a más de 20,000 pesos por tonelada.

  • Fomento a la producción nacional. La consecuencia principal es que las empresas tendrán que consumir azúcar que se produce en el país, lo cual se alinea con el Plan México, que busca sustituir edulcorantes químicos importados por azúcar de caña.

  • Aumento de precios en el mercado interno. Se prevé una elevación en el corto plazo debido a una menor competencia con los productos importados, aunque, el gobierno mexicano señala que la medida permitirá mejorar la rentabilidad para los productores y la autosuficiencia alimentaria del país.

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¿Cómo afectarán los aranceles a la industria de alimentos y bebidas?

El mayor reacomodo técnico y económico será para las categorías de alimentos y bebidas que tienen una mayor dependencia a este ingrediente, como las bebidas, la panificación, los lácteos y la confitería.

Las consecuencias del arancel serán mayores para la industria de bebidas, particularmente las saborizadas (como refrescos y bebidas energéticas). Según el diario El País, el azúcar puede representar hasta el 30% del costo total de formulación en estas bebidas, las cuales son precisamente las que más utilizan azúcar líquida refinada y azúcar invertido de importación, que han recibido los mayores gravámenes.

Además, los efectos serán inmediatos porque los costos de los insumos aumentarán y obligarán a acelerar la transición hacia mezclas de edulcorantes no calóricos, lo que modificará la viscosidad, la estabilidad y el comportamiento térmico de nuevas formulaciones.

A esto se suma la necesidad urgente de renegociar contratos de compra y ajustar inventarios para evitar disrupciones en la cadena de suministro. El impacto se amplifica por una doble presión regulatoria, ya que el nuevo arancel coincide con la propuesta de elevar el IEPS a 3.08 pesos por litro en 2026, convirtiendo al sistema de dulzor en el componente de mayor riesgo y costo para la categoría.

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En el caso de la panificación industrial, el azúcar cumple funciones tecnológicas decisivas que van mucho más allá del dulzor; es un ingrediente estructural que retiene humedad y aporta suavidad, participa en la reacción de Maillard que define la coloración superficial y alimenta a las levaduras durante la fermentación, lo que incide directamente en el volumen y porosidad de la miga.

Por ello, el aumento arancelario tendrá un impacto importante en esta categoría, dado que, tecnólogos consultados por El Economista, señalan que sustituir el azúcar no sólo transforma el perfil sensorial, sino que también altera la arquitectura interna del producto.

Ante este panorama, el costo de panes dulces, galletas, bollería y pasteles aumentará de forma inmediata, ya que la reducción de azúcar obliga a reformulaciones complejas que pueden comprometer textura, volumen y vida útil.

Las alternativas disponibles —como polialcoholes, fibras solubles o mezclas con enzimas— requieren ajustes térmicos, modificaciones en los tiempos de amasado y una cuidadosa calibración sensorial para evitar problemas de rigidez, sequedad o pérdida de suavidad.

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¿Qué pasará con lácteos, helados y confitería?

En categorías como yogures, bebidas lácteas, postres y helados, el azúcar actúa como estabilizante, modulador sensorial y regulador físico dentro de la matriz del producto; su presencia influye directamente en la sensación en boca, la cremosidad, el equilibrio entre acidez y dulzor, así como en la estabilidad de las proteínas y emulsiones.

Asimismo, en helados cumple una función determinante al deprimir el punto de congelación, lo que evita que el producto se endurezca en exceso y favorece una textura suave y maleable, igualmente, contribuye a prevenir la sinéresis, manteniendo la cohesión del sistema y evitando la separación de fases.

Con el aumento arancelario, el impacto para esta categoría será uno de los más sensibles porque el costo por lote se incrementará de manera considerable y las empresas se verán obligadas a reformular, un proceso especialmente complejo en productos donde el azúcar incide en propiedades físicas y sensoriales críticas.

Los edulcorantes no siempre replican estas funciones: algunos pueden generar cristalización excesiva, alterar el comportamiento térmico o modificar el derretimiento en helados, lo que compromete la textura y la experiencia del consumidor. Cambiar el sistema de dulzor en lácteos y helados implica, por tanto, recalibrar cuerpo, cremosidad, aroma y estabilidad, un desafío tecnológico que requiere precisión y pruebas extensivas para evitar pérdidas en calidad.

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Por otro lado, en la industria de confitería, el azúcar forma parte de la estructura misma del producto y no es un ingrediente que pueda eliminarse sin consecuencias. Por ejemplo, en caramelos, gomitas, dulces duros y glaseados, el azúcar funciona como matriz y fase continua, determinando la textura, la densidad, el brillo y la manera en que el producto se comporta durante la masticación.

En este sentido, el aumento arancelario coloca a este sector frente a un escenario particularmente complejo, donde reemplazar el azúcar implica reformular matrices completas, ajustar curvas de cocción y modificar interacciones entre sólidos, jarabes, temperaturas y tiempos.

Este proceso es costoso, laborioso y no siempre garantiza que se mantenga el mismo perfil sensorial ni la estabilidad del producto final. Además, la menor disponibilidad o el encarecimiento del azúcar líquida y refinada derivado del arancel puede obligar temporalmente a reducir portafolios, tamaños o presentaciones.

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El vacío normativo de los edulcorantes

Aunque la medida arancelaria impuesta al azúcar generó una fuerte reconfiguración del mercado, uno de los elementos más llamativos del decreto es lo que no menciona: a los edulcorantes. Al respecto, El País, señala que se esperaba que el Gobierno incluyera un ajuste arancelario o una modificación regulatoria para sucralosa, acesulfame K (Ace-K), eritritol y otros edulcorantes no calóricos o de baja caloría en 2026.

Sin embargo, el documento publicado en el DOF no hace ninguna referencia a estos ingredientes, pese a que su uso se ha intensificado en los últimos años como respuesta a las presiones fiscales, sanitarias y ahora arancelarias sobre el azúcar.

Esta omisión abre un vacío normativo en un momento especialmente sensible para la industria, ya que la reformulación dependerá más que nunca de mezclas de edulcorantes y sistemas híbridos.

Al no existir claridad sobre si vendrá una segunda fase regulatoria, las empresas se encuentran ante un escenario incierto: por un lado, necesitan migrar a soluciones que compensen el costo creciente del azúcar; por otro, desconocen si estas alternativas podrían enfrentar restricciones futuras, mayores requisitos de etiquetado o vigilancia adicional en materia de claims como “sin azúcar” o “reducido en calorías”.

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Reformulación y cambios en la cadena de suministro

La industria alimentaria deberá tomar decisiones estratégicas en medio de una regulación incompleta, anticipando posibles ajustes mientras gestiona la presión económica y tecnológica que implica reformular productos sin afectar estabilidad, sabor ni funcionalidad.

Este aumento arancelario al azúcar marca una nueva etapa para la industria alimentaria, en la cual, las categorías más dependientes deberán replantear su química interna, su cadena de suministro y sus costos de operación; por ello, la ingeniería sensorial y la reformulación multifuncional serán herramientas indispensables.

Este cambio no solo encarece el dulce: transforma su papel en la innovación, la competitividad y la estrategia industrial. El sector alimentario mexicano entra a un escenario donde el azúcar ya no es un ingrediente pasivo, sino un puntal regulado, complejo y decisivo en la viabilidad de múltiples categorías.

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Periodista digital con experiencia en medios como El Universal, Univision, Condé Nast y TecScience. Apasionada por la investigación y el storytelling.

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