Bebidas

El té en la era del ruido: tradición, trazabilidad y la batalla por entender una bebida milenaria

El té nunca había sido tan popular, pero tampoco tan incomprendido. Entre el boom del matcha, la desaparición de tradiciones artesanales, tensiones de trazabilidad y el surgimiento del té de especialidad en Latinoamérica, este es su análisis.

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Ingrid Cubas

Editora de Contenidos en The Food Tech®️

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té entre tensiones por el boom del matcha, la industrialización e identidad artesanal

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El mundo del té es capaz de crear imágenes que trascienden más allá que cualquier cifra de mercado. Una de ellas es la de Ishimoto Akemi san, una mujer cercana a los 89 años que vive en Shishikui, un pueblo en la provincia de Kaiyo, dentro de la prefectura de Tokushima, en Japón.

Cada invierno, cuando el frío endurece la tierra y el resto del mundo está atento a otras cosas, Ishimoto enciende su viejo motor, cosecha hojas de Kancha (un tipo de té invernal que en japonés significa "té de estación fría") y produce 30 kilos anuales en solitario, con los que mantiene viva a una tradición que en 1990 aún sostenían 40 familias. En 2009 quedaban 20 y hoy, ella es la única que permanece haciéndolo.

Esa imagen, que podría parecer ajena para muchos, devela el corazón de lo que está ocurriendo en la industria del té en la actualidad. Si bien el té nunca había sido tan popular, omnipresente y comentado en redes sociales, tampoco había sido tan incomprendido como ahora. Precisamente, el contraste entre el caso de Ishimoto y el número de búsquedas de "matcha" en redes sociales demuestra que esta industria está viva y que aún tiene mucho por aprender.

Para entender esta interacción desde sus múltiples frentes, The Food Tech consultó a seis especialistas con roles distintos dentro de la cadena productiva:

Esta pieza engloba un relato construido a partir de voces que coinciden desde múltiples ángulos en el marco del Día internacional del Té, convocado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) cada 21 de mayo. Esta industria emplea a millones de familias en más de 60 países y resuena con el tema que la FAO postuló para este año: "Té sostenible y apoyo a las comunidades".

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La tradición como punto de partida

Antes de entrar en materia de mercados, cosechas o etiquetado, todos los especialistas señalan con distintas palabras, pero con idéntica urgencia que el consumidor latinoamericano suele acercarse al té desde su cercanía a las infusiones herbales, lo que es, al mismo tiempo, ventaja y obstáculo. Cecilia Corral lo pone en perspectiva con la nitidez de quien lleva años formando profesionales del sector:

"Si bien no es Camellia sinensis, esta tradición que casi todos los países latinoamericanos tenemos de beber infusiones herbales buscando algún tipo de apoyo medicinal nos hace no estar tan alejados de este tipo de bebidas. Sin embargo, hemos ido dando un salto para pasar de las bebidas con un fin totalmente medicinal o curativo a entender a la Camellia sinensis como algo más premium, con un toque enfocado en wellness y sofisticación, y hablar de los distintos rituales en los cuales se utiliza".

Ese salto que describe Corral, pasando de la manzanilla para el estómago al Sencha con notas de cata detalladas, no es automático ni lineal. Tal y como lo explica, la región se encuentra en un momento de bifurcación: "Hay dos partes opuestas. La gran mayoría no conoce todavía la diferencia entre Camellia sinensis y cualquier otra infusión de hierbas. Y por otro lado, empiezas a tener personas que tienen mucha más cultura y conocimiento, que buscan tés más premium, cosechas más especiales y sabores donde conoces o identificas el origen".

Cuando se le pregunta qué está impulsando ese segmento que crece y se informa, Corral identifica tres motores que se retroalimentan:

  1. El primero es la salud: "Toda esta cultura de consumir productos mucho más limpios, sanos y que aporten atrae la atención hacia algunos de los principales componentes del té, como la L-teanina y los antioxidantes, con todas las ventajas que puedes llegar a tener en un mismo producto", asegura.

  2. El segundo es la experiencia gastronómica: "la versatilidad del té resulta amigable en coctelería, alta cocina, ante un fenómeno como el bubble tea, en bebidas funcionales fermentadas como la kombucha… todo esto lo hace accesible para quien busca algo distinto sin requerir formación previa".

  3. El tercero, y quizás el más revelador, es el ritual: "Toda esta corriente de mindfulness, de estar mucho más presente al momento de prepararte un té. Tener que poner atención a la temperatura y al tiempo, termina siendo un momento para estar presente".

Esta triada que reúne salud, experiencia y ritual no es exclusiva de México. Es el mismo conjunto de fuerzas que está moviendo el mercado premium del té en Colombia, Brasil, Chile y Argentina. La buena noticia es que los tres motores se pueden trabajar desde la formación, el producto y la comunicación; dicho en otras palabras, no requieren que el consumidor llegue sabiendo, sino que alguien en la cadena le sepa enseñar y guiar.

Daniela Campillay, quien construyó su marca desde cero en Chile teniendo a ese consumidor en mente, completa el cuadro desde una experiencia personal. Su entrada al mundo del té no fue académica sino corporal, pues un accidente en bicicleta la dejó inmovilizada durante meses y, al verse detenida, encontró un refugio en las hierbas:

"Empecé a preparar mis propias mezclas y a conectar con la sanación que necesitaba con melisa y manzanilla, para relajarme y dormir mejor, hasta que fui compartiéndolo con la gente que venía a verme", compartió. Aunque ni la manzanilla ni la melisa son tés en sentido estricto (sino tisanas), desde esa cama de convalecencia nació la idea que posteriormente se trasladó a una fábrica en Viña del Mar para crear Enfusion, manejada íntegramente por mujeres desde hace 8 años.

Lo que Cecilia y Daniela describen no es solo un fenómeno local. Ryan Hollibaugh, basado en Buenos Aires, Argentina, ha llegado a trabajar con productores en Misiones, Perú y China, y en todos los casos ha observado la misma dinámica desde el ángulo de la cadena productiva, notando que "hay generaciones enteras de agricultores en Argentina que cultivan Camellia sinensis desde hace más de 100 años y que nunca supieron que de esa misma planta se podían obtener seis variedades distintas de té".

En este contexto en el que los productores de té no siempre conocen el potencial de lo que cultivan, donde los consumidores asocian el té a remedios medicinales, pero no siempre al placer, y en el que un segmento emergente empieza a poner atención sobre el origen y cosecha de lo que consume, el estado del mercado latinoamericano luce efervescente.

Según los datos del International Tea Committee (ITC) citados por Firsd Tea en su reporte del 13 de mayo de 2026, la producción global de Camellia sinensis (que es la planta del té) alcanzó los 7.27 millones de toneladas métricas en 2025, un 2.5% más que en 2024. China concentra el 53.9% de esa producción con un récord histórico de 3.92 mmt; le siguen India con 1.37 mmt y Kenia con 549,000 toneladas. Estos tres polos productivos concentran más del 80% de la producción global.

En Latinoamérica, el mercado de té alcanzó los 4.53 mil millones de dólares en 2024, con una proyección de crecimiento anual del 5.1% hasta 2034. Brasil, México y Argentina concentran el 55% del consumo regional en volumen, pero es Chile (con cerca de 440 tazas por persona al año y una penetración de hogar del 99%) quien lidera el consumo per cápita en la región. No obstante, todas estas cifras presentan un sesgo: algunos resultados suelen mezclar el consumo de té (Camellia sinensis) con el resto de infusiones herbales que no son propiamente té.

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Explosión verde: anatomía del boom del matcha

Pocas conversaciones sobre el té en 2026 llegan a estar bajo un reflector como el que ahora se posa sobre el matcha. Pocas personas en México conocen este fenómeno desde adentro con la profundidad que Salvador Sosa ha cultivado a través de los años. En 2007 comenzó a dar pasos sigilosos para importar matcha a México a pesar de que, según cuenta, en aquel entonces apenas se tomaba con seriedad a la manzanilla y la menta en saquitos. Hoy maneja importaciones de hasta tres toneladas mensuales, realiza viajes regulares a Japón y asiste a subastas de té para asegurar volumen y trazabilidad.

La historia de Sosa con el matcha demuestra que es posible que un solo producto transforme un mercado entero: "En cierto modo, el consumo del matcha ha frenado lo que iba creciendo en otros tipos de té de Taiwán, India o China. Incluso los propios tés de Japón iban subiendo, la gente se interesaba, pero llegó el matcha y los demás tés empezaron a caer", explicó.

Desde una perspectiva técnica, Ryan Hollibaugh coincide con el diagnóstico y añade una dimensión que el hype de esta variedad de té ha ocasionado: "La gran mayoría de los matchas que la gente está tomando presentan niveles elevados de metales pesados. En muchos casos se vende producto para abastecer la demanda elevada y los consumidores terminan encontrando cosas perjudiciales para la salud en el grueso de opciones que se encuentran en el mercado", advirtió.

Desde su posición en la cadena de distribución, Sosa confirma que el mercado del matcha japonés crece más rápido de lo que han madurado sus herramientas de verificación, lo que facilita que algunos operadores adquieran matcha de grado intermedio o convencional y lo comercialicen comunicando atributos como "grado ceremonial, primera cosecha o recolectado a mano" que no siempre corresponden con lo que hay más allá del empaque. Esta no es una falla de actores individuales aislados, es la consecuencia de estar ante un segmento que creció más rápido que su infraestructura de trazabilidad, sus estándares de etiquetado y la alfabetización del consumidor para exigir pruebas respecto a lo que compra... es simple desconocimiento y falta de entendimiento.

Sosa atribuye este cúmulo de mensajes confusos a las redes sociales: "El hecho de que en las redes empezaran a aparecer famosos con su vaso de matcha (aunque no fuera de la mejor calidad y estuviera cargado de azúcar) llamó mucho la atención entre jóvenes de 12 a 18 años. La otra parte que hace falta aclarar es sobre la salud, pues se popularizó tomar matcha en ayunas, pero en realidad se debe consumir hasta después de comer". Esta recomendación tiene sustento clínico documentado: los taninos del té interactúan con la mucosa gástrica y con la absorción de hierro no hemo. Además, estudios publicados en el American Journal of Clinical Nutrition demuestran que un intervalo de al menos una hora entre la comida y el té reduce significativamente el efecto inhibidor sobre la absorción de minerales.

En ambos casos, la omisión de este tipo de información en la comunicación masiva del matcha es precisamente el riesgo que señalan quienes trabajan el producto con rigor y transparencia, procurando difundirlo claramente.

Desde Chicago, Jordan Scherer observa el fenómeno con una mezcla de entusiasmo y preocupación asegurando que "el matcha representa un momento crítico para el té, y eso es genial, pero queremos ver que ese entusiasmo se extienda a otros tipos de tés. El desabasto del matcha es un ejemplo perfecto de la razón por la que hay una crisis, porque la cadena de suministro no está construida para soportar esta demanda, pues solo podemos obtener 30 gramos por hora y no hay manera de escalar eso".

Los datos le dan la razón. Según el reporte de Firsd Tea de agosto de 2025, la producción de tencha (la hoja base del matcha) cayó aproximadamente un 25% en la cosecha primaveral de 2025 por condiciones climáticas adversas, mientras la demanda global sigue en ascenso. Los molinos de granito tradicionales producen entre 30 y 40 gramos por hora, a una velocidad controlada para evitar que el calor del molido genere amargor en la hoja conforme es pulverizada hasta medir entre 5 y 15 micras.

  • Actualmente, China produce cerca del 60% del matcha mundial y en el año fiscal 2025, Japón importó 5,801 toneladas de té verde chino, un aumento del 82% interanual. La paradoja está a la vista, pues el producto más icónico del boom del té japonés está siendo sostenido, en gran medida, por producción extranjera.

Por si fuera poco, el fenómeno también tiene repercusiones económicas que Sosa explica: "El problema es que le están subiendo tanto el precio al matcha de forma tan rápida que van a provocar que mercados emergentes como China, Corea y Vietnam se apoderen del volumen. Al final, lo único que va a tener Japón es un chispazo de economía que después va a caer, porque los matchas de nivel medio-bajo ya no los van a vender los japoneses sino los otros países, y así se van a apoderar del mercado".

Cecilia Corral observa este fenómeno con ambivalencia: "Si bien hay muchísima desinformación respecto al matcha, por otro lado también ha hecho que algunas personas volteen a querer aprender, entender e informarse un poco más sobre el tema, porque incluso empieza a volverse confuso tomar una decisión respecto a qué comprar".

Paradójicamente, esa confusión puede ser el primer peldaño de la educación. Un consumidor que empieza a preguntarse si su matcha es genuino, qué significa "ceremonial" o por qué un proveedor no puede mostrar su certificado de origen está a un paso de convertirse en el consumidor que demanda trazabilidad, que se informa sobre la cosecha y nombre del productor del té que esté en sus manos… ese tránsito es el que toda la cadena de valor tiene que aprender a capitalizar antes de que el boom se desinfle.

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Matcha Usucha. Fotografía de Magnific

Camellia sinensis: entre la producción industrial y la artesanal

En algún punto del día, todos somos consumidores; y en lo que respecta al té, pocas veces nos preguntamos con suficiente seriedad de dónde viene exactamente aquel que colocamos en nuestra taza. Aunque el país de origen puede estar en la etiqueta, poco se dice sobre la genética de la planta, la edad del árbol, el tipo de suelo, si fue fertilizado o no, y qué productor cosechó sus hojas. A decir de Ryan Hollibaugh, esa genealogía invisible es lo que separa a dos productos que comparten el nombre de Camellia sinensis, pero que no podrían ser más distintos: el té industrial y el artesanal:

"Para el té comercial se valora la resiliencia contra pestes, la velocidad de crecimiento, el amargor, la intensidad del pigmento. En el té artesanal se valora el bajo amargor, los aromas particulares, el equilibrio y el crecimiento lento. Son dos caminos totalmente distintos para una misma planta. Un árbol de 100 años es mucho más rico que uno de 10; cuanto mayor es el árbol, menos hojas produce, entonces va disminuyendo su rendimiento, pero esa raíz que atraviesa capas de suelo es lo que da complejidad. En el té industrial, cuando los árboles llegan a los 30 o 40 años los sacan y reemplazan porque no tienen el vigor de una planta joven, pues lo que se busca es volumen".

Todo esto nos remite a pensar en los tés de saquito o bolsa. Y aquí cabe hacer una distinción prudente: no es que el té industrial sea malo en comparación con el artesanal, sino que son dos productos tan distintos, que hacerlos competir carece de sentido. Desde el perfil sensorial hasta el método de preparación y el objetivo de consumo fueron diseñados para cumplir con parámetros que no empatan entre sí.

La geografía invisible del té: lo que el mundo no sabe sobre Argentina y Perú

Latinoamérica tiene en el mapa del té una posición que casi nadie en la región conoce y que los datos internacionales no siempre muestran. La razón principal es metodológica, pues aunque las estadísticas globales de té muchas veces contabilizan infusiones que no son producto de la Camellia sinensis por denominarlas “Herbal tea”, sí dejan fuera a la yerba mate (Ilex paraguariensis). Con esa exclusión, Argentina (que tendría el segundo consumo per cápita mundial si se contabilizara al mate, con 27.2 kg por persona anuales) desaparece del radar global del té.

Sin embargo, la realidad sobre el terreno es otra: Argentina es el noveno productor mundial de Camellia sinensis y el único con nivel de escala comercial en la región, con aproximadamente 30,800 hectáreas cultivadas, cuyo 95% se concentra en Misiones. De hecho, Hollibaugh describe que algunas marcas internacionales adquieren hebras de té cultivadas ahí, mismas que posteriormente se mezclan en el extranjero con otras provenientes de India o Kenia y finalmente se distribuyen mundialmente, llegando incluso a volver a Argentina, con un packaging atractivo, sin que el consumidor se entere de que crecieron a la redonda.

La labor de Pedro Villalón como Tea Hunter añade una dimensión que el consumidor raramente considera; la pregunta no es solo si el producto es auténtico, sino qué tan directa es la relación entre quien lo hace y quien lo bebe. Tanto Villalón como Hollibaugh han entendido la importancia de construir relaciones directas con productores; sin importar que estén en Japón, China, Taiwán, Corea, Argentina o Perú, seleccionan lotes en temporada, pagan precios justos y encuentran historias más allá de productos.

Hollibaugh incluso describe el criterio de selección con una imagen vívida: "Cuando estamos en China y vamos a ver a un productor, lo primero que miramos es si hay pastito, hierbitas, musgo y líquenes abajo de las plantas de té. Si hay, es una buena señal porque significa que no están usando herbicidas. También apreciamos cuando sale una hoja mordida por un insecto de una taza, porque nos demuestra que esa plantación está viva".

Lo que está ocurriendo ahora en Misiones es un proceso de reconversión silenciosa que podría ser uno de los movimientos más significativos en la historia del té latinoamericano. Los productores que tienen parcelas de semilla (no de clon industrial) con árboles de 50, 60 o 70 años están comenzando a procesar artesanalmente en micro lotes, obteniendo precios exponencialmente superiores a los del sistema industrial. "A través del té hecho tradicionalmente, del té artesanal, pueden tener una ganancia inédita, pero el proceso lleva su tiempo", explicó Hollibaugh.

Perú cuenta una historia inversa: sus plantaciones en los distritos de Cuzco y Quillabamba, entre 1,500 y 2,500 metros sobre el nivel del mar, y quedaron abandonadas en los años 60 y 70 cuando no pudieron competir con la mecanización argentina. Hoy, esas plantas asilvestradas producen hojas de un perfil sensorial intenso y de alto puntaje en cata sin intervención química. Son montañas ultra empinadas donde solo es posible cosechar a mano, y curiosamente, esta condición que las hizo inviables para el modelo industrial las hace ideales para el artesanal.

Como señala Hollibaugh desde su trabajo de campo en la región, el reto central en ambos casos es tanto de técnica como de enfoque: "Nos pasó mucho con productores que empezaron a hacer té verde, té blanco, oolong, té rojo y amarillo, sin especializarse en ninguno. En Asia uno puede encontrar tés en bolita, en perla, en aguja, prensados y las seis variedades, pero no de una misma familia ni de una misma provincia. China ha tenido miles de años para desarrollar distintos cultivares en cientos de subregiones; un productor latinoamericano tiene que concentrarse en una variedad, porque cuanto más se especializa, mejor calidad va a obtener", asegura.

Desde la perspectiva educativa, Cecilia Corral entiende exactamente por qué esa especialización no es solo un consejo técnico sino un acto de honestidad intelectual, pues cuando el profesional del té (ya sea sommelier, tea blender o instructor) aprende que la genética de la planta, el terruño y el procesamiento son variables específicas del lugar, deja de querer replicar lo que se hace en otras partes y empieza a preguntarse qué puede hacer en su localidad que ninguna otra pueda lograr: "Todos los que estudian al té son, de alguna manera, comunicadores y personas que van a esparcir información, cultura y gusto. Cada quien puede ir dejando huella en otras personas", expresó.

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Modelos de incentivos para el campo de té en el mundo

Ante los constantes casos en los que los productores se han alejado del campo debido a que no les paga lo suficiente, también existen ejemplos en los que la política ha procurado cerrar una brecha que no es ni climática ni genética.

Kenia y el modelo de reforma más activo en 2025

El té en Kenia no es una categoría agrícola entre muchas: representa el 40% del PIB agrícola nacional y emplea directa e indirectamente a 6.5 millones de personas, sumando a más de 800 mil productores registrados. Con semejante escala, la retribución al campo se vuelve literalmente una cuestión de gobernanza.

La presión acumulada por años de desigualdad en pagos y prácticas anticompetitivas impulsaron el paquete de reformas más ambicioso de la historia reciente del sector keniano. El Finance Bill 2025/2026 incluye la eliminación del impuesto de consumo sobre materiales de empaque para té y la eliminación del IVA sobre exportaciones de té con valor agregado (dos medidas diseñadas explícitamente para hacer rentable procesar y empacar localmente antes de exportar, para impulsar el valor añadido).

A esto se suma un subsidio de fertilizantes de 2 mil millones de chelines kenianos (Ksh) y una meta pública para que los agricultores reciban hasta 100 Ksh por kilogramo de hoja verde para 2027, lo que ubica a su paga cerca del doble del promedio actual.

Además, ocurrió un hito especialmente relevante para el segmento de tés premium: Kenia realizó su primera subasta dedicada exclusivamente a té ortodoxo en Mombasa, lo que marca un giro histórico ante su dominio de té CTC (Cut, Tear, Curl o cortado, rasgado y enrollado, para sacos industriales) hacia tés de mayor valor que se posicionen en los mercados premium de Europa, Asia y Medio Oriente.

Curiosamente, pese a todo esto e incluso siendo el mayor exportador mundial de té por volumen, los precios promedio en subasta cayeron a 2.41 dólares por kg en 2024. Este decremento se vio afectado debido a que el 70% de las exportaciones kenianas va a mercados geopolíticamente vulnerables (Pakistán, Egipto, Sudán e Irán).

India como institución

India tiene algo con lo que ningún otro país productor cuenta: un organismo público dedicado exclusivamente al té. El Tea Board of India opera simultáneamente como regulador, financiador y promotor de toda la cadena, desde el desarrollo de plantaciones hasta el marketing internacional, pasando por control de calidad, investigación en resistencia climática y seguros agrícolas por condiciones meteorológicas adversas.

El mecanismo clave vigente es el Tea Development & Promotion Scheme (TDPS) 2023–2026, que incluye subsidios para replantación de arbustos viejos, apoyo para viveros, formación en gestión del campo, equipamiento mecanizado (cosechadoras, podadoras, sistemas de riego), instalación de minifábricas para producción de té ortodoxo, verde y de especialidad, y agrupación de productores en cooperativas (FPOs) y grupos de autoayuda (SHGs).

No obstante, el problema estructural que señalan los propios productores es que la rehabilitación de jardines envejecidos exige entre cinco y siete años sin ingreso de hoja verde desde el área replantada. Si bien, el subsidio de replantación es crítico, resulta insuficiente si no va acompañado de apoyo a la liquidez durante el período contemplado. Los grandes estates (jardines) han tenido acceso histórico a apoyos con mayor facilidad que el smallholder. El propio sistema reconoce esta brecha e intenta corregirla colectivamente.

Japón y sus subsidios de reconversión ante la crisis del matcha

Japón suele operar de forma más reactiva que estructural, interviniendo cuando hay crisis. En enero de 2025, el Ministerio de Agricultura anunció subsidios para fábricas de té que quieran cambiar su producción de sencha a tencha (siendo ésta la hoja base del matcha), en respuesta a la demanda global disparada y a las pérdidas de cosecha por calor extremo.

Aunque podría parecer una oportunidad, el proceso de reconversión no puede acelerar el resultado biológico, lo que se vuelve preocupante al considerar que las nuevas plantaciones de tencha necesitan cinco años antes de poder cosechar.

Otra palanca política en marcha es la protección de origen solicitada por la Cámara de Té de la Prefectura de Kyoto en 2023. En aquel entonces se pidió el registro de tencha bajo el sistema japonés de Indicación Geográfica (GI), para que, una vez aprobado, solo el té producido en Kyoto con hojas de primera cosecha cosechadas a mano pueda usar esa certificación como si se tratara de una Denominación de Origen que además funcione como barrera de precio y calidad ante la producción de matcha chino de menor costo.

Sri Lanka en búsqueda de una reestructuración

En el caso de Sri Lanka, el té contribuye con el 2.5% del PIB, genera 1.2 billones de rupias de Sri Lanka (LKR) en cadena de valor y representa el 15% de los ingresos por exportaciones del país. Tras la crisis económica de 2022 que incluyó la prohibición de fertilizantes químicos que afectaron las cosechas, el gobierno implementó un programa de subsidio de fertilizantes que contribuyó a recuperar la producción en 2025.

El Estado invierte además 2 mil millones LKR anuales en investigación aplicada a través del Tea Research Institute (TRI) y el salario mínimo para trabajadores de plantaciones se incrementó a 1,750 rupias por día, superando a las 1,350 rupias anteriores.

China y el respaldo de su plan nacional

China no tiene un Tea Board al estilo indio, pero el sector está incluido en el "Documento N.° 1" que el gobierno central publica cada año para prioridades del sector rural. Este plan incluye subsidios gubernamentales, programas de capacitación y apoyo al marketing de productos agrícolas locales, además de inversión en tecnología, maquinaria de procesamiento e infraestructura rural.

El espejo para Argentina y Latinoamérica

En estos casos vemos un factor que se repite: ninguno de estos países confía únicamente en el precio de mercado para remunerar al productor. Todos los ejemplos presentan al menos un mecanismo de subsidio directo (fertilizantes, replantación, equipamiento), incentivo fiscal (exenciones de IVA, eliminación de aranceles sobre insumos) o protección de origen y calidad (GI, subastas diferenciales, cata científica obligatoria)... habría que consultar cuáles de estas estrategias resultan más efectivas y son capaces de habilitarse en la región.

Respecto a las cadenas de valor y la capacidad de la industria del té para actuar en torno al origen, impacto ambiental y comercio justo, Corral apunta lo siguiente:

Creo que hay dos grandes grupos con niveles distintos de conciencia; por un lado, está el consumidor de nicho premium que sí exige saber de dónde viene su té, buscando sellos orgánicos o de comercio justo, y por otro lado está el mercado masivo que sigue priorizando el precio sobre muchas otras cosas”.

Las grandes marcas cada vez están más preocupadas por estos temas y buscan certificaciones que garanticen a sus clientes mejores prácticas desde en el campo y en toda la cadena. Pero ahí también es en donde apelas a conciencia y al interés genuino de los clientes, a que estén dispuestos a pagar más por tener productos con mejor trazabilidad, con técnicas más limpias, sellos orgánicos, prácticas y apoyos reales a sus trabajadores…. eso queda en la conciencia de cada persona, no solo de la industria”.

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Campo de Camellia Sinensis. Fotografía de Magnific

La bebida que conquistó al mundo mucho antes de ser tendencia

El viaje del té comenzó hace 5 mil años en la antigua China, donde nació como una infusión medicinal que, con el tiempo, se transformó en un pilar cultural y en un sofisticado arte ceremonial. A través de rutas comerciales, conquistó a los monjes budistas en Japón y, siglos más tarde, a la aristocracia europea, convirtiéndose en una notable influencia de la economía global y en un ritual diario para millones de personas.

Cecilia Corral usa esta historia para contextualizar dónde están México y Latinoamérica respecto a los mercados maduros: "Japón y China son productores que históricamente cultivan, desarrollaron y crearon todo lo que hoy conocemos como té; lo beben y lo mantienen como parte de su forma de vida, su economía y su cultura. En Reino Unido, el té forma parte del tejido social; si bien no es un país productor, fueron ellos quienes ayudaron a que esta industria creciera a los niveles industriales que hoy se conocen. En Latinoamérica, la gran mayoría de los países hemos sido consumidores de café, cacao e infusiones de hierbas, y eso durante muchos años nos mantuvo alejados del té".

Pero el giro que observa Corral es que esa distancia histórica se está acortando por dos vías simultáneas, de manera parecida a lo que ocurrió con el café de especialidad hace una década: "Tenemos estos tés súper industriales que algunas personas beben sin tener mucho conocimiento de lo que es. Pero por otro lado, empezamos a tener barras especializadas, tiendas especializadas en traer tés de mejores cosechas, de orígenes distintos, con procesos mucho más ortodoxos o artesanales. Yo creo que la industria ha ido creciendo en ese sentido".

La comparación con el café es útil para la audiencia de la industria alimentaria: el mercado del café de especialidad tardó dos generaciones en construir su infraestructura para alcanzar el nivel deseado en cuanto a formación de catadores, protocolos de puntuación, canales de distribución diferenciados y consumidores capaces de pagar más por un single origin. Hoy en día, el té de especialidad está recorriendo ese mismo camino, con la ventaja de aprender de una industria adyacente que ya lo hizo.

Tras adaptarse a distintos polos productivos, habiendo impulsado cambios sociales y políticos, el té (Camellia sinensis) continúa despertando asombro, adaptándose al mundo moderno y ofreciendo propiedades funcionales, pero actualmente se enfrenta a lo complejo que significa transmitir su valor y a la proliferación de expectativas basadas en distintos puntos de referencia al ser impulsados por la globalización y la digitalización.

Detrás de la barra, los especialistas tratan de esforzarse por entender a sus consumidores, incluso cuando quizá ellos mismos no estén seguros de lo que están buscando. Sosa lo resume desde el auge del matcha, cuando se espera que ante tanta ebullición las personas lo entiendan y disfruten en verdad en su estado puro; pero cuando se encuentran ante la bebida sin jarabes, saborizantes o leche que modifique su sabor, llegan a aparecer muecas imposibles de ignorar. Su preparación tradicional se ha adaptado a paladares distintos y a combinaciones exóticas que llamen la atención principalmente desde la vista:

"La gente le da importancia a que el vendedor sepa lo que está ofreciendo porque les transmite confianza, pero también buscan que se les sirva en un vaso con diseño bonito, en un espacio lindo y que venga en un empaque llamativo", asegura Sosa. Aunque esto puede considerarse positivo, también genera ruido que impide ver al té exclusivamente por lo que es, más allá de cómo luce. No obstante, "ese ruido se despeja cuando llegan con nosotros, prueban algo y les sabemos explicar absolutamente todo", complementa Cecilia Corral.

Algo similar ocurre con Jordan Scherer, que construyó Spirit Tea sobre una intención contraria al health claim y al uso de saborizantes: "Lo que escucho a menudo es 'solo bebo té cuando estoy enfermo, cuando quiero relajarme'. Esa asociación medicinal no está mal, pero nuestra filosofía consiste en realmente apreciar al té por lo que es. Gran parte de beber té en Occidente se trata de pragmatismo, es sobre resolver un problema, pero esa no es la experiencia que deseamos ofrecer, aunque conocemos los beneficios a la salud que puede aportar".

Spirit Tea tiene 1,300 cafeterías asociadas en Norteamérica, presencia en Canadá, Vietnam, Australia y Ciudad de México (donde Almanegra Café se convirtió en su primer socio mexicano). Conscientes de que usualmente el té representa solo el 2% dentro de los consumos en cafeterías, ofrecen atributos que van más allá de la calidad del producto: identidad, narrativa y el respaldo de contar con un equipo capacitado que también visita granjas de té para relacionarse con el producto desde su origen.

Daniela Campillay, que construyó Enfusion desde la intimidad de los ciclos femeninos y la fitoterapia, también aprendió que la narrativa es inseparable del producto: "Tratamos de comunicar mucho a través de la cultura del té, de cómo se prepara, a través de redes sociales, de videos, para que la gente pueda vivir toda una experiencia". Pero su gran aprendizaje fue entender que hay una diferencia entre el marketing como construcción de deseo y el que actúa generando confusión en torno al producto debido al afán de exagerar sus propiedades:

"El proceso creativo tiene distintas formas: uno es el beneficio que quiero entregar; a eso se suman los beneficios individuales de cada una de las plantas, que tienen que tener complementariedad entre sí; y el tercer elemento es que los sabores queden equilibrados, que el blend quede estéticamente muy lindo, que si es un té para dormir, refleje paz."

Esa tríada de funcionalidad real con sabor equilibrado y estética con intención es lo que distingue a una marca de especialidad de una que usa el lenguaje de la especialidad para vender un producto masivo. Y es, en esencia, lo que Cecilia Corral quiere que los profesionales que se forman en la Escuela Mexicana de Té aprendan a identificar, construir y defender:

"Profesionalizarse tiene esa ventaja: la Camellia sinensis se pone un poco al nivel del vino, del café, de los destilados y los especialistas en gastronomía. Ayuda a que cada vez haya más personas que entiendan qué es lo que están tomando, a que cada vez podamos tener mejor información, que podamos ser consumidores mucho más informados y exigentes para poder llegar a tener productos de mejor calidad cada vez".

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Tierra, clima y manos: las dificultades en la producción de té

Existe una razón por la que la discusión sobre autenticidad en el té es más compleja que en el vino o el café, y es que la cadena de variables que determina la calidad de una hoja de té es, literalmente, más larga. Hollibaugh lo describe usando un esquema filosófico chino que lo resume todo: Tiān Dì Rén. El cielo es Tiān (la genética de la planta, el clima, la naturaleza). La tierra o terruño es Dì (el suelo, la altitud, el agua). Y el ser humano sería Rén, encargado del proceso de manufactura, la mano maestra.

Cada uno de esos tres elementos es, por sí solo, un universo:

  • La genética de la planta puede significar la diferencia entre un té intensamente floral y uno terroso, entre brotes violetas y hojas verdes, entre una planta que crece a velocidad industrial y un árbol de semilla de 500 años que produce apenas unos kilos de hoja por temporada, pero con una concentración aromática que ningún clon puede replicar.

  • El terruño determina si el oolong de esa planta va a tener notas florales o ahumadas, si el té verde va a ser umami o astringente, e incluso si el blanco va a ser dulce.

  • Y el proceso de manufactura añade una capa de complejidad que se entiende a lo largo de meses.

La realidad es que no hay un solo método escrito para la producción de té; existen múltiples variables para llegar a resultados específicos, que además parten de conocimiento ancestral y son producto de la especialización: si se usa el brote cerrado o la segunda y tercera hoja, si la cosecha es de primavera, otoño o verano, si el marchitamiento es al sol o a la sombra, si la fermentación es aeróbica o anaeróbica, si el calentamiento es al vapor o en wok, si hay tueste posterior. Cada uno de esos factores y pasos genera reacciones químicas distintas que producen sabores distintos. "Por eso existen miles de tés puros dentro de las seis variedades, cada uno con su distinción", acota Ryan.

"Y luego están los tés que se añejan. Los pu-erh prensados en discos o ladrillos que, como un queso o un vino, desarrollan nuevos perfiles sensoriales a lo largo de años o décadas mediante post-fermentación. Los tés de guarda húmeda y seca, opciones muy especiales", complementó.

Villalón añade otra capa desde su trabajo de preservación, pues existen tés que no tienen nombre en los catálogos globales, que se hacen con métodos que nadie ha documentado fuera de un pueblo con pocos habitantes, y que son, en su complejidad y singularidad, joyas culturales bebibles: "Normalmente la industria del té considera aquello que se pueda vender muy fácil, como la mezcla de té con moras o el Earl Grey mundialmente conocido, pero nos gustaría mucho que, por fin, estas cosas que son joyas culturales como el Kancha encuentren su lugar."

Cuando Pedro Villalón se encontró con el Kancha de Ishimoto san, decidió comprarle 20 kilos de los 30 que produce. Posteriormente, incluyó en cada bolsa una tarjeta postal con un timbre e hizo un solo pedido a cada comprador: que quien adquiriera ese té le escribiera a Ishimoto dándole las gracias por haberlo hecho. Así, ella vería que su labor trascendió a su propósito personal, haciendo eco en otras personas a pesar de la distancia, de barreras culturales e idiomas distintos.

Todo esto lo condujo hacia la filmación del documental “A Postcard for Ishimoto”, donde se busca plasmar la interacción entre la protagonista y apasionados del té que acuden a ella con la intención de aprender a mantener vivo su legado, mientras se proponen que el mundo preste más atención a este tipo de rarezas que nos muestran un fragmento del Japón antiguo a través del té.

Contrario a lo que podría pensarse, el cambio climático añade otra variable a esta ecuación compleja. Hollibaugh lleva nueve años trabajando con productores en Misiones y ha visto sequías importantes que destruyeron rendimientos industriales, pero produjeron hojas de calidad excepcional:

"Al igual que en el mundo del vino y el café, en el té se habla de la añada. En un año de exceso de lluvia, el té crece más rápido, pero las hojas son más aguadas y tienen menos concentración de componentes aromáticos; por otro lado, un año de sequía produce hojas más pequeñas, más aromáticas y concentradas, así que, lo que es bueno para el té industrial suele ser malo para el artesanal, y viceversa".

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Cosecha de té. Fotografía de Magnific

El servicio como filosofía y taza de conversación

Cuando Pedro Villalón habla de cómo sirve el té en O5 Tea, no se detiene en explicar parámetros en la temperatura del agua ni de los tiempos de infusión (aunque evidentemente son necesarios), sino en prestar atención: "Yo les sirvo té a ustedes y veo cómo reaccionan; si veo que están contentos, puedo seguir por ahí, pero si veo que no lo están, necesitamos cambiar. Es una conversación, dependo de la retroalimentación que me están dando para hacer una experiencia mucho más agradable".

Esa concepción del servicio como escucha activa, más que como performance, también fue clave para que O5 Tea sobreviviera sus primeros años en Vancouver a pesar del pronóstico por tratarse de un "Rare tea bar". "Creo que cuando hacemos una cosa muy pedante ponemos una barrera y el cliente no lo quiere probar, pero en el momento en que lo puedes presentar como: 'Estamos aquí juntos y vamos a tomar algo delicioso', generas apertura."

Jordan Scherer ha llegado a la misma conclusión desde el extremo opuesto de la cadena, estando en la distribución mayorista a escala continental: "Hay que educar a cada cafetería, una por una; lo que queremos es que haya alguien en cada lugar que esté realmente entusiasmado por compartir té con otras personas, pero no hay atajos", sentencia. Enseguida, usa una imagen mental para describir la dificultad de esta profesión: "Es como encender una vela a la vez; cada persona que entiende realmente qué es un té de origen puede encender a otra, que enciende a otra, pero no hay algoritmo que acelere ese proceso".

Daniela Campillay construyó la conexión emocional de Enfusion de la misma manera: con degustaciones presenciales en cafeterías y espacios de bienestar, antes de que las redes sociales y el packaging ganaran tanto peso en la decisión de compra:

"Hacíamos muchas degustaciones presenciales, en cafeterías o lugares donde había personas que se preocupaban del bienestar integral. Así podíamos difundir, compartir la experiencia sensorial, enseñar las formas de preparación y los beneficios." La llegada de la marca a México (con Walmart como canal de distribución a partir de octubre) no cambia esa filosofía: "Tomamos la decisión radical de adecuar las infusiones premium a un producto más accesible, en un formato de fácil preparación para democratizar el consumo de té e infusiones."

Desde la formación de tea blenders que trabajan con botánicos locales (chile, tejocote, flor de jamaica, maracuyá), Cecilia Corral hace que el té deje de sentirse como una bebida ajena y comience a integrarse en la identidad gustativa. "Todo esto hace que el té deje de ser una bebida que parezca lejana a nuestras culturas y empieza a acercarse a los sabores, sensaciones y a lo que a cada quien, como país o cultura, nos gusta".

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Los nudos invisibles de la cadena: del campo al anaquel

Ninguno de los seis especialistas consultados niega la dificultad logística de hacer llegar un té de calidad al consumidor. Pero cada uno la describe desde su posición con detalles que, al juntarlos, revelan un sistema de complejidad extraordinaria.

Sosa, que opera desde Tijuana con importaciones terrestres, describe un sistema de control de calidad que incluye viajes regulares a subastas en Japón, negociación directa de precios anuales con productores para absorber la volatilidad del mercado, almacenamiento refrigerado para matchas de alta gama a 6 grados centígrados y un modelo logístico que le permite recibir producto fresco cada mes y medio.

Por su parte, Campillay describe los dos años de adaptación regulatoria que requirió exportar Enfusion a México, desde el cambio de nomenclatura de ingredientes, etiquetado nutricional, rotulación y la negociación permanente entre lo que puede decirse sobre una infusión medicinal, hasta lo que la normativa alimentaria permite: "Hay una línea muy delgada entre lo que es medicinal y lo que es alimentación. Las instituciones no pueden calificar todavía a las infusiones como medicamentos; están consideradas como alimentos. Así que es un tremendo logro estar casi en lo último del proceso porque fue largo, con muchos altos y bajos", expresó.

A su vez, Hollibaugh señala los cuellos de botella sociales que frenan al productor artesanal latinoamericano antes de que pueda pensar en exportar: no hay jóvenes que quieran quedarse en el campo; los teléfonos móviles de muchos productores no soportan aplicaciones de edición de video para hacer marketing; las fábricas de packaging trabajan con mínimos de 10,000 unidades cuando el productor artesanal necesita solo 100; y los trámites sanitarios para exportación son una barrera casi infranqueable para una familia que procesa té en su parcela.

Frente a estos ejemplos, Cecilia Corral coincide desde la perspectiva educativa y añade la dimensión del consumidor: "Al no conocer el producto, lo perciben como una bebida aburrida o medicinal y lo comparan con cualquier otra hierba o botánico. Como los tés de especialidad son importados, tienden a ser productos más costosos que los tés comerciales, pero al no entender las diferencias entre ambos el consumo se ve limitado". En este eje, resulta frecuente que la distribución y algunos temas regulatorios sumen cargas adicionales a la ecuación.

Es en este punto, en el que Villalón agrega la dimensión que conecta todo: "el conocimiento técnico no sirve de nada si no va acompañado de la voluntad de compartirlo". La diferencia entre una comunidad productora que prospera y una que se estanca es, muchas veces, la disposición de quien compartió su técnica con sus vecinos. Así es como lo expresó Ryan:

"En las pequeñas aldeas de China que hacen tés muy famosos, por lo general hay un muy alto nivel de cooperación y colaboración entre los productores. Si un productor se hace famoso por hacer un té de altísima calidad, lo primero que quiere hacer es abrir su casa y su mente a los otros productores. Un productor que se guarda la técnica va a tener un alcance muy pequeño, pero una comunidad entera que trabaja junta para desarrollar un perfil artesanal de toda esa aldea, va a tener un alcance mundial".

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Servicio de té. Fotografía de Magnific

Legado con más de cinco mil años de historia

Después de este recorrido, bien vale compartir el cierre con el que Ryan Hollibaugh recapitula su conversación por encima de datos de mercado y predicciones de tendencias: "El carácter en chino del té tiene arriba el pasto o la hierba; en el centro, el carácter del ser humano, de la persona; y abajo, el carácter del árbol. Cuando uno dice té o cha en chino, habla de personas que viven, se nutren y alimentan en medio de la naturaleza, de los árboles, plantas y hierbas. Cuando borramos del centro el hecho de que el té atrae a las personas, nutre a las personas y fomenta el bienestar de las personas, perdemos el significado de lo que es el té en sí".

Esta observación resuena con las voces incluidas en este reportaje, pues desde lugares distintos y con herramientas variadas, ponen a las personas de regreso en el centro del carácter del té; tanto a quienes lo producen con las manos, como a quienes lo enseñan con la voz, lo mezclan con intención, lo sirven con respeto y a las que finalmente lo beben y sienten que algo, aunque sea por un momento, se detiene.

Ante este panorama, el pronóstico de Cecilia Corral para los próximos cinco a diez años en México y Latinoamérica es el de un mercado más informado y exigente, con oportunidades concretas para quienes sepan leerlas. Como referencia, las exportaciones globales superaron los 2 millones de toneladas métricas en 2025 y el RTD seguirá disparándose.

Los adaptógenos llegarán al anaquel y empezaremos a ver opciones más atractivas e innovadoras con el pasar del tiempo. Chile seguirá siendo el mayor consumidor per cápita de Latinoamérica con sus 440 tazas anuales y Argentina reconvertirá lentamente sus parcelas de semilla hacia el artesanal; pero también es posible que México tenga en algún momento un festival de té como los que Salvador y el resto de los especialistas consultados han visitado en Estados Unidos... todo eso depende de que haya suficientes personas en la cadena que recuerden que sus acciones son las que marcan la diferencia.

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El mercado del té en cifras, de 2025 a 2026

  • La producción global de té proveniente de la Camellia sinensis alcanzó los 7.27 millones de toneladas métricas en 2025 (2.5% por encima de 2024), según el ITC citado por Firsd Tea en su reporte del 13 de mayo de 2026.

  • China produce el 53.9% del total con un récord histórico y las exportaciones globales superaron por primera vez los 2 millones de toneladas.

  • El valor del mercado global se estimó en torno a los 59.6 mil millones de dólares en 2025, con proyecciones hacia los 108.8 mil millones de dólares para 2035.

  • En Latinoamérica, el mercado alcanzó los 4.53 mil millones de dólares en 2024 con una proyección de crecimiento anual del 5.1% hasta 2034.

  • Chile lidera el consumo per cápita regional con 440 tazas anuales, posicionándose como el 14.° mayor consumidor per cápita del mundo.

  • El té negro representa el 70% del consumo en Chile, con el verde, el chai y las infusiones herbales en crecimiento sostenido.

  • El matcha japonés tiene un precio promedio de exportación de 36.31 USD/kg, casi diez veces más que el promedio global del resto de sus tés, promediados en 3.69 USD/kg.

  • China ya produce cerca del 60% del matcha mundial y en el año fiscal 2025, Japón importó 5,801 toneladas de té verde chino, un aumento del 82% (Firsd Tea, agosto 2025).

  • El segmento RTD (ready-to-drink) proyecta alcanzar los 130 mil millones de dólares para 2029. El té verde en Latinoamérica alcanzó los 1.1 mil millones de dólares en 2024 con un CAGR proyectado del 7.5% hasta 2034.

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Tés e infusiones. Fotografía de Magnific

¿Dónde ocurre la innovación y qué necesita el sector para ser más honesto consigo mismo?

En este punto, atendiendo al diagnóstico compartido, la pregunta que le toca a la industria (incluyendo marcas, importadores, distribuidores, formadores y equipos de innovación en bebidas) es decidir ¿qué hace con él?

Por fortuna, existen herramientas y modelos de referencia para orientar mejores decisiones al respecto, solo falta adoptarlos con consistencia,y disposición para aceptar que la transparencia no es una amenaza para el negocio, sino un gran activo de diferenciación.

Trazabilidad por encima de la promesa tecnológica

El primer horizonte de innovación en el que el sector tiene trabajo urgente es el de la trazabilidad. La opacidad en la cadena del té, ese mecanismo por el cual hojas cosechadas en Misiones pueden volver a Argentina importadas sin que nadie lo sepa, o por el cual un matcha de grado convencional circula como ceremonial (que de por sí es un término marketinero que no esclarece la calidad del producto) sin documentación que lo refute, señala que estamos ante una brecha de adopción tecnológica, pero esto tiene solución.

La integración de blockchain, tecnología RFID y plataformas de trazabilidad en la cadena del té lleva varios años en desarrollo. Un marco propuesto en Business Strategy and the Environment detalla cómo el blockchain puede aplicarse específicamente a la cadena del té para garantizar transparencia, reducir fraudes y generar confianza verificable entre productor y consumidor final.

En Sri Lanka, la investigación sobre el sistema "TeaTrust" (que integra blockchain con RFID para eliminar intermediarios en el registro de transacciones) ha documentado reducciones concretas en desperdicios, demoras de pago y conflictos de confianza entre fabricantes y transportistas. Y un estudio publicado en Discover Analytics de Springer Nature muestra cómo la transparencia verificable en la cadena de suministro no solo reduce el fraude, sino que habilita a los proveedores con mejores prácticas a competir en mejores condiciones.

Un dato adicional que debería llamar la atención de cualquier director comercial o de innovación lo expone Technavio, asegurando que los productos con trazabilidad transparente en la cadena de suministro logran hasta 20% más en precio de venta respecto a sus equivalentes sin certificación verificable. Así, la transparencia aparece como un cumplimiento, pero se transforma en aumento de margen.

Sin embargo, como hemos visto, no todos los polos productivos de té se encuentran en las mismas condiciones. Quizá en el caso de Sri Lanka se trate de una adopción natural por la magnitud del mercado, pero tal vez en otros sitios el enfoque aún esté en profesionalizarse, establecer procesos y definir el perfil que como zona productora se pretende posicionar como propia del lugar.

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Agricultura regenerativa con visión hacia el futuro

El segundo frente de innovación es agronómico, y en este caso la solución no viene de Silicon Valley sino del campo. La agricultura regenerativa que incluye agroforestería, gestión de cubiertas vegetales, control natural de plagas y restauración de la microbiota del suelo está pasando de ser un nicho de productores artesanales a convertirse en la apuesta estratégica de marcas que quieren asegurar su cadena de suministro ante el cambio climático.

Desde hace algunos años, Mintel se ha dado a la tarea de documentar qué marcas de té están adoptando prácticas regenerativas explícitamente para reducir su huella de carbono y construir resiliencia frente a eventos climáticos extremos (como lo que ocurrió en Japón en 2025, acabando con el 25% de la cosecha de tencha). Y aquí hay algo importante que nos devuelve el sentido de comunidad que ya hemos mencionado:

  • según datos de Fact.MR, el 75% de los operadores del sector en la cadena de infusiones planea profundizar sus alianzas con productores directos e invertir en agricultura regenerativa para estabilizar la calidad de los ingredientes en los próximos años.

Lo que Hollibaugh expuso cuando habló de buscar musgo y líquenes debajo de los arbustos responde a la misma lógica que guía a las granjas certificadas bajo prácticas regenerativas, que evitan herbicidas porque un suelo vivo produce plantas más resilientes, con perfiles aromáticos más complejos y mayor concentración de compuestos bioactivos:

Si yo tengo un cultivar de semilla o de los clásicos y tradicionales que no crecen tan rápido, puedo manejar excremento de animales que se preparan como biofertilizantes mediante la fermentación; puedo usar cáscara de cacahuate o de maní u hojarasca de trigo o de arroz; cáscaras de frutas, podas de otros tipos de árboles, puedo usar casi cualquier producto de materia orgánica dependiendo del pH y de si provee suficientes nutrientes para aplicar directamente al suelo o si requiere de algún procesamiento, fertilización, añejamiento o agregado de microorganismos”, explicó.

Si la genética no es propicia al crecimiento, una entidad productora puede pensar en fertilizar in-house y ahí se necesita tener diversidad de producto: árboles frutales o algún otro cultivo que dé algún producto para fertilizar el terreno. Otra opción es sacrificar plantas; es decir, dejar de designar el uso de una plantación para té industrial de cosecha con tractor y plantar árboles que, con la caída de hojas, frutos o flores, fertiliza naturalmente a las plantas de té de abajo”.

“Es un proceso de varios años que inevitablemente va a disminuir un poquito el rendimiento de la cosecha, porque al sombrear el té no crece tan rápido, aunque la calidad sube muchísimo. Después la solución para reemplazar herbicidas y pesticidas químicos depende de la escala de la plantación: si tengo 100 kilómetros cuadrados de té, eso me limita muchísimo; habrá que colocar cabras u ovejas en la plantación y desmalezar naturalmente a las plantas de té durante el verano, por ejemplo, cuando no esté cosechando”.

“La poda de los mismos árboles de té se puede colocar abajo y eso ayuda a que no crezcan malezas; forman una especie de alfombra, evitan que crezcan otras más altas que se podrían meter entre las ramas del té o enredaderas y fijan nitrógeno a su vez. Además, hay que entender que si mi plantación de té es un monocultivo y no tiene ninguna otra biodiversidad, eso significa que mi cultivo va a ser muy susceptible a pestes que van a van a aparecer en ciertas épocas del año y van a destrozar la planta”, concluyó.

Sobre esta misma línea, a FAO Intergovernmental Group on Tea ha recomendado explícitamente:

  • la diversificación productiva

  • el intercultivo con otras especies arbóreas

  • el cultivo orgánico

  • la inversión en conservación de agua

…todo esto, como medidas de adaptación climática para productores de té a nivel global. El marco regulatorio y técnico ya está disponible; su adopción depende de que haya compradores dispuestos a pagar el diferencial que esas prácticas generan.

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Hojas frescas de té. Fotografía de Magnific

Comercio directo y arquitectura de retribución justa

El tercer vector de transformación no requiere tecnología nueva ni política pública, pues se trata de una decisión de compra. El modelo de direct trade o comercio directo en el que el importador o la marca construyen una relación directa, negociada y de largo plazo con el productor, pagando precios superiores a los de subasta a cambio de calidad garantizada y acceso exclusivo es el mismo que transformó el mercado del café de especialidad y que en el té sigue siendo minoritario, pero creciente.

A diferencia de las certificaciones de comercio justo que tienen costos de adhesión, burocracias de auditoría y precios mínimos fijados externamente, el direct trade vincula el precio directamente a la calidad específica del lote, lo que crea un incentivo económico real para que el productor invierta en mejorar su proceso. Ese es el modelo que ya practican O5 Tea con sus tés raros, Spirit Tea con sus cuentas de cafetería y SINENSIS con sus acuerdos en Japón; es una estructura de negocio que alinea los incentivos de toda la cadena.

  • Para que este modelo escale en Latinoamérica, necesitamos hablar de capacidades, procesar en micro lotes con estándares documentables, acceder a packaging que trabaje en pequeños volúmenes y contar con asistencia técnica para comunicar el producto en los idiomas que entienden los compradores internacionales.

Aquí es donde la formación profesional que promueve Cecilia Corral, la asistencia técnica del trabajo de campo de Hollibaugh y los incentivos institucionales que ya existen en Kenia o India representan una hoja de ruta replicable, lejos de apreciarse solo como un ideal.

El lenguaje como primer estándar a homologar

Una palanca de transformación que no cuesta dinero y que toda la industria puede activar de manera inmediata es llegar a un consenso sobre lo que significan las palabras. Ante la oleada de términos como "Ceremonial", "artesanal", "primera cosecha", "origen único" o "grado premium", el consumidor no tiene ninguna definición regulada en la mayoría de los mercados de consumo. Esa ausencia de estándares de denominación admite que productos de calidades muy distintas compitan en el mismo anaquel con las mismas palabras.

La FAO ha señalado que para que el sector del té demuestre su valor y pueda exigir mejores precios, necesita avanzar en estándares, tés de especialidad, innovación de producto y promoción genérica, pero ese camino requiere que la industria privada y los organismos reguladores construyan conjuntamente el vocabulario que la sustente.

Un modelo que puede servir se encuentra en la escala de 100 puntos del café de especialidad (SCA), en las denominaciones de origen del vino o los protocolos de cata del aceite de oliva virgen extra. En el propio mundo del té, el estándar chino GB/T 23776-2018 opera con una escala ponderada de 100 puntos para evaluar aroma, sabor, color del licor, forma de la hoja y hoja infusionada, construida sobre el protocolo de preparación ISO 3103, que es la referencia técnica que profesionales como Ryan Hollibaugh aplican en su trabajo de campo con productores latinoamericanos para dar retroalimentación objetiva sobre calidad.

Prácticamente, para formular RTDs, diseñar programas de menú en hoteles y cadenas de servicio, o construir portafolios de ingredientes funcionales se requiere que la estandarización del lenguaje del té no se quede en discusión semántica. La claridad en este aspecto es la condición previa para que el consumidor pueda tomar decisiones informadas, así como para que el comprador pueda exigir lo que compra y el productor pueda ser compensado por lo que realmente hace.

De la efervescencia al mercado maduro

Los precios internacionales del té, ajustados por inflación, llevan cuatro décadas cayendo. El valor nominal del sector se ha expandido mientras el poder adquisitivo real de muchos productores se ha estancado. Eso significa que el crecimiento del mercado (ese 5.5% de CAGR proyectado por Technavio hasta 2030 para el mercado global) no se traduce automáticamente en mejores condiciones para quien produce.

El té está en una encrucijada que el café ya atravesó: puede seguir creciendo como categoría genérica de bajo margen o construir los cimientos de un mercado de especialidad con capacidad de remunerar la calidad. La diferencia entre los dos caminos se define en la acción que tome cada actor en su eslabón: si el importador acepta pagar más por un lote con trazabilidad documentada, si la marca comunica origen real en lugar de atributos indemostrados, si la cafetería entrena a su personal para explicar qué hace diferente al té que sirve, y si el consumidor exige saber de dónde vino lo que está bebiendo.

Ese es el horizonte en el que ocurre la verdadera innovación en el té, reconociendo el valor de lo que hay en la taza y llevándolo de regreso, con precio justo, hasta las manos que lo cultivaron.

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El té como ingrediente del siglo

Al preguntarle a Cecilia Corral cómo imagina el futuro de esta industria, responde con certeza: "seguramente con un crecimiento en los mercados y en el consumo de té. Una tendencia que viene con fuerza son los tés helados listos para llevar, pero de alta calidad y bajos en azúcar; tés auténticos y kombuchas sofisticadas. En el mundo gastronómico, habrá más cartas de tés de orígenes variados en restaurantes de alta cocina y una gran presencia dentro del mundo de la coctelería, así como más oportunidades para profesionales de asesorar a corporativos, hoteles y spas".

Esta respuesta con la precisión de quien lleva años enseñando a otros a leer el mercado del té desde adentro, no es solo un escenario probable, involucra una transformación que está en curso, y que para la industria de alimentos y bebidas representa uno de los espacios de innovación más activos de la próxima década:

El té gasificado convertido en categoría

El movimiento más rápido ocurre en el segmento del té carbonatado. Lo que empezó como una propuesta de nicho para consumidores que buscaban una alternativa a los jugos y refrescos se ha convertido en una de las categorías de mayor dinamismo en bebidas.

El mercado global de té RTD carbonatado fue valuado en 5.38 mil millones de dólares en 2025 y proyecta alcanzar los 11.47 mil millones para 2035, con un CAGR de 7.86%. El 39% de los lanzamientos en el segmento corresponde a innovaciones en sparkling tea y el segmento de alcohol-based sparkling tea (que cruza el mundo del té con el de la mixología) crece a un CAGR del 7.6% anual entre 2024 y 2030, según Grand View Research.

Lo que impulsa esta tendencia supera a la moda de lo efervescente, es donde convergen tres factores que la audiencia de la industria conoce bien:

  • Reducción activa de azúcar: el 52% de los consumidores en mercados maduros está en proceso de reducir su consumo de refrescos convencionales, y el sparkling tea ofrece la sensación sensorial sin el costo metabólico.

  • Funcionalidad verificable: los polifenoles, catequinas y L-teanina del té no son promesas de marketing sino compuestos con respaldo científico creciente, lo que permite a las marcas construir argumentos de salud sin recurrir a claims vacíos.

  • Estética: una lata de sparkling tea de origen único, con el nombre del jardín y la cosecha impreso, es un objeto que circula en redes sociales con la misma energía que el vino natural.

El segmento premium del sparkling tea crece a aproximadamente 20% anual, impulsado en gran parte por millennials y Generación Z que priorizan el bienestar y están dispuestos a explorar bebidas de nicho que se alineen con sus elecciones de estilo de vida.

El té en la alta cocina

En el mundo gastronómico, el té lleva varios años transitando de la carta de bebidas a la cocina. En el restaurante SingleThread Farm de Sonoma County, California que cuenta con tres estrellas Michelin y ofrece una propuesta que combina tradiciones culinarias japonesas y californianas, el chef Kyle Connaughton usa al té como ingrediente activo. Un par de ejemplos se encuentran en una reducción de pu-erh para pato o aceite de té verde sobre verduras primaverales. Para el chef, usar el té es "transferir energía de un ser vivo a otro".

Más cerca, en Santiago de Chile (el mercado con mayor consumo per cápita de té en Latinoamérica) desde 2022 existe un ejemplo regional de lo que significa llevar el té al centro de una propuesta gastronómica de autor. Yum Cha es un restaurante de 24 asientos en la comuna de Providencia, cuya propuesta le da un lugar de peso al té a través de un menú de degustación de seis o diez tiempos, maridado con sus respectivas variedades de tés de origen, traídas directamente de productores en China, Japón, Taiwán, Corea del Sur, Tailandia y Vietnam.

La cocina del chef Nicolás Tapia dialoga abiertamente con la técnica y el sabor de origen chino (con fermentos, cocciones en wok y al vapor) usando como materia prima el producto de mar y los vegetales de la costa chilena, bajo una propuesta pescetariana donde el té no solo acompaña la comida, se integra con ella. Esta es exactamente la síntesis que Cecilia Corral describe cuando habla de blends con identidad local.

Con estos casos se demuestra que aquello que describe la experta sobre las cartas de té en restaurantes de alta cocina y la coctelería de autor irá al alza en el futuro, conforme se normalice esta práctica que el fine dining global ya adoptó como herramienta de identidad. Para México y Latinoamérica, donde la infraestructura del servicio de alta cocina está en expansión sostenida, representa una oportunidad de diferenciación para operadores que todavía no han incorporado el té como eje de su propuesta de bebidas.

El té como plataforma de ingrediente más allá de la taza

La innovación más silenciosa, pero quizás la más estructural para la industria de alimentos, ocurre fuera de la bebida. El matcha y los extractos de té verde se han convertido en ingredientes activos en categorías que hace diez años no tenían ninguna relación con el té.

En confitería, las combinaciones de chocolate blanco con matcha o las trufas con extracto de sencha permiten posicionar productos en el segmento premium con márgenes del 40 al 60% por encima de las ofertas estándar, según First Agri.

En el segmento de nutrición deportiva y funcional, el lanzamiento de barras proteicas con matcha, bebidas funcionales y productos de cuidado personal infusionados con extractos de té refleja la influencia creciente del ingrediente mucho más allá de la ceremonia tradicional.

Pese a todo lo que hemos hablado, el mercado del matcha proyecta crecer de 5.1 mil millones de dólares a 6.9 mil millones entre 2025 y 2029, con el 54.3% del valor global concentrado en el segmento de bebidas, pero con una expansión acelerada en aplicaciones de alimentos y cuidado personal.

  • Como vemos, el té ha dejado de ser una categoría de bebidas calientes para transformarse en una plataforma de ingredientes funcionales con aplicaciones validadas en múltiples formatos: bebidas frías, shots concentrados, espumas, geles, barras, snacks, cápsulas, e incluso cosméticos.

En México y Latinoamérica, habría que preguntarnos qué tan dispuestos están los actores locales para capitalizar este momento.

Argentina tiene parcelas de semilla en Misiones con un perfil sensorial competitivo. Perú tiene plantaciones asilvestradas en altura que producen perfiles aromáticos sin paralelo en el continente. México tiene una herbolaria ancestral con botánicos únicos que no tienen equivalente en otros mercados y que, en manos de una tea blender como Daniela Campillay o de las egresadas de la Escuela Mexicana de Té, se convierten en blends con identidad propia e inimitables.

La combinación de técnica de especialidad, ingrediente local y narrativa de origen es exactamente la triada que el mercado premium global está dispuesto a pagar.

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Ingrid Cubas

Editora de Contenidos en The Food Tech®️

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Comunicóloga con más de 10 años como creadora de contenidos para medios impresos, digitales y audiovisuales sobre la industria de alimentos y bebidas. Sommelier de té, especialista en cata, maridaje, producción y calidad de Camellia Sinensis.

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