Seguridad e inocuidad alimentaria
Un mensaje molecular contra los hongos: así funciona el biofungicida de RNA
La tecnología apunta a controlar enfermedades agrícolas con mayor precisión.
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Recientemente en México se autorizó el primer biofungicida basado en ácido ribonucleico (RNA) del mundo. El desarrollo pone en el campo una tecnología que utiliza el silenciamiento génico para interferir con funciones esenciales de un organismo objetivo.
Su llegada ocurre en un contexto en el que la agricultura busca reducir la dependencia de plaguicidas y controlar los efectos asociados con su uso.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el uso mundial de plaguicidas agrícolas alcanzó 3.73 millones de toneladas de ingredientes activos en 2023, un volumen que se ha duplicado desde 1990. La organización advierte que estos productos pueden contaminar suelo y agua y afectar organismos que no son su objetivo.
En el caso de los fungicidas existe además otro desafío: la resistencia. Según la FAO, los residuos de fungicidas y otros plaguicidas antimicrobianos pueden favorecer la aparición de cepas resistentes, mientras que la Organización Internacional de Protección Fitosanitaria señala que algunos grupos de fungicidas constituyen una parte importante de los antimicrobianos utilizados en sanidad vegetal.
En ese escenario, el interés por el RNA no está únicamente en que se trate de un nuevo bioinsumo, sino en la forma en que actúa: en lugar de depender de una molécula fungicida convencional, la tecnología busca silenciar de manera específica un gen del organismo que se quiere controlar.

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¿Qué es un biofungicida de RNA?
El RNA de interferencia (RNAi) es un mecanismo biológico mediante el cual determinadas moléculas de RNA pueden reducir la expresión de genes específicos.
En protección vegetal, esta propiedad se aprovecha para diseñar moléculas de RNA de doble cadena (dsRNA) que correspondan a secuencias de genes esenciales o relacionados con la virulencia de un patógeno.
La lógica es relativamente sencilla: si el RNA aplicado encuentra una secuencia complementaria en el organismo objetivo, puede activar el mecanismo de silenciamiento y reducir la producción del RNA mensajero asociado con ese gen. Si el gen cumple una función indispensable, bloquearlo puede afectar la capacidad del patógeno para crecer, infectar o sobrevivir.
Una revisión publicada recientemente explica que esta estrategia puede utilizarse contra hongos fitopatógenos mediante RNA de doble cadena aplicado directamente sobre las plantas. Su eficacia depende, entre otros factores, de que el patógeno pueda absorber el RNA y activar su maquinaria de interferencia.
Del silenciamiento génico al campo
Una de las aplicaciones que más interés ha generado es el silenciamiento génico inducido por pulverización, conocido como SIGS por sus siglas en inglés de spray-induced gene silencing.
A diferencia de una estrategia transgénica, en la que la planta puede ser modificada para producir moléculas de RNA dirigidas contra el patógeno, SIGS permite aplicar el RNA de manera externa sobre la superficie vegetal. Después, la molécula debe permanecer disponible el tiempo suficiente, llegar al organismo objetivo y ser absorbida para que ocurra el silenciamiento.
Una guía publicada en Journal of Integrative Plant Biology resalta que el RNA de doble cadena aplicado sobre plantas puede ser absorbido por patógenos fúngicos y desencadenar el silenciamiento de genes relacionados con funciones esenciales o con el proceso de infección.
La misma revisión advierte que la estabilidad de las moléculas y su entrega al objetivo son algunos de los principales desafíos para llevar esta tecnología del laboratorio al campo.
A grandes rasgos, se habla de una tecnología capaz de enviar un “mensaje” molecular al organismo que se busca controlar. La idea no es introducir un químico que actúe de manera general, sino utilizar una secuencia diseñada para interferir con una función determinada

¿Por qué esta tecnología busca ser más selectiva?
La especificidad es uno de los principales atributos de los bioinsumos basados en RNAi. La secuencia se diseña a partir del gen que se quiere silenciar, por lo que el efecto depende de que exista una correspondencia molecular con el organismo objetivo.
En la presentación del desarrollo en México (desde la Secretaría de Economía) se mostró, como ejemplo, la posibilidad de diferenciar entre una plaga y un organismo benéfico con características biológicas similares. La explicación fue que la secuencia dirigida contra la plaga no está diseñada para activar el mismo mecanismo en el organismo que se busca preservar.
La especificidad, sin embargo, no significa que la evaluación de organismos no objetivo deje de ser necesaria. De acuerdo con una revisión científica, la eficacia y seguridad de los bioinsumos de RNAi dependen de factores como la secuencia elegida, la capacidad del organismo para absorber el RNA y las condiciones de exposición.
También se mantiene como un área de estudio la posibilidad de que los organismos desarrollen resistencia.
Esto marca una diferencia importante frente a la idea de que se trata simplemente de un sustituto de los fungicidas convencionales. El cambio está en el mecanismo de acción: en lugar de depender exclusivamente de una molécula con actividad fungicida, la estrategia utiliza información genética para dirigir el efecto hacia una función determinada del patógeno.
Una tecnología que ya salió del laboratorio
El registro mexicano ocurre dentro de una evolución tecnológica que ya tiene antecedentes en otros mercados.
En Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) registró en 2023 un biopesticida pulverizable de RNA de doble cadena denominado Ledprona para el control del escarabajo de la papa de Colorado. El producto utiliza RNAi para afectar específicamente al insecto objetivo y representa uno de los primeros ejemplos de esta tecnología llevada a un producto comercial de protección vegetal.
La diferencia es que el desarrollo presentado en México corresponde al uso de RNA como biofungicida, es decir, dirigido contra un hongo fitopatógeno.
La literatura científica ya documentaba desde hace varios años el potencial de aplicar RNA de doble cadena sobre las plantas para controlar enfermedades causadas por hongos, pero su llegada a productos comerciales requiere resolver problemas adicionales de formulación, estabilidad y aplicación.

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¿Qué evidencia existe?
Durante la presentación, GreenLight Biosciences (empresa desarrolladora) explicó que el producto fungicida destinado a uva había sido evaluado durante varios años y que los ensayos de campo abarcaron México y otros países.
También presentó un resultado de más de 99% de control del hongo con una aplicación de dos litros por hectárea, frente a alrededor de 80% atribuido en la presentación a productos convencionales.
En este mismo sentido, el producto pasó por entre cinco y diez años de pruebas de campo antes de la evaluación regulatoria en México.
Para la industria de alimentos, la importancia de esta tecnología está menos en el anuncio de un producto concreto y más en la posibilidad de incorporar otra herramienta molecular al manejo de enfermedades agrícolas.
Los biofungicidas basados en RNAi pueden diseñarse para actuar sobre genes concretos del organismo objetivo y, en determinados sistemas, pueden utilizarse sin modificar genéticamente el cultivo. Sin embargo, todavía deben considerarse variables como estabilidad, absorción, formulación, persistencia, organismos no objetivo y resistencia.
De acuerdo con una revisión publicada en Annual Review of Plant Biology en 2026, los productos de protección vegetal basados en RNA ya pasaron de la etapa de prueba de concepto hacia aplicaciones comerciales en algunos mercados. Al mismo tiempo, la entrega de las moléculas y su desempeño en campo continúan como áreas activas de desarrollo.
Para el sector, esto abre una línea de desarrollo que conecta biología molecular, formulación y protección vegetal. El registro de un biofungicida de RNA en México muestra que esa tecnología ya puede pasar de la investigación experimental a una aplicación agrícola regulada.
El siguiente desafío será determinar en qué cultivos, condiciones y esquemas de manejo integrado puede ofrecer ventajas consistentes frente a las herramientas que ya utiliza el campo.







