Lácteos y derivados

Leche UHT de larga vida: cómo minimizar el sabor a cocido sin sacrificar seguridad del tratamiento térmico

La optimización del proceso térmico permite equilibrar inocuidad, vida útil y perfil sensorial.

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La leche UHT responde a una necesidad industrial concreta: extender la vida útil de un alimento altamente perecedero y reducir su dependencia de la refrigeración. La tecnología combina un tratamiento térmico intenso con envasado aséptico.

De acuerdo con la OCDE y la FAO, la leche requiere procesamiento poco después de su recolección por su alta perecibilidad. La tecnología UHT facilita además el transporte de leche líquida a mayores distancias sin una cadena de frío convencional.

En México, la categoría de leche estable en anaquel muestra una evolución que ayuda a dimensionar esta tendencia. Según Agriculture and Agri-Food Canada, con datos de Euromonitor International, sus ventas minoristas crecieron 16.2% entre 2020 y 2025, con una tasa anual compuesta de 3%.

Ese crecimiento no significa que toda la categoría corresponda exclusivamente a leche UHT, por lo que funciona como referencia del avance de los formatos de larga vida. En 2025, la leche estable representó 1,238.4 millones de dólares dentro de las ventas de leche de vaca en México.

El reto técnico aparece justo en ese punto. La intensidad térmica necesaria para asegurar estabilidad microbiológica también puede generar compuestos responsables de las notas sulfuradas y del característico sabor a cocido.

De acuerdo con una revisión publicada en Critical Reviews in Food Science and Nutrition, este perfil se relaciona principalmente con compuestos volátiles de azufre generados durante el calentamiento, entre ellos el sulfuro de hidrógeno y distintos sulfuros.

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Qué variables del tratamiento térmico UHT generan sabor a cocido y cómo minimizarlas sin comprometer seguridad

La intensidad térmica es una de las variables con mayor impacto. En términos generales, los procesos UHT trabajan alrededor de 140 grados Celsius durante unos segundos, aunque las condiciones exactas dependen del sistema, el producto y el diseño del proceso.

Un estudio comparativo publicado en el Journal of Dairy Science evaluó leche tratada a 140 grados Celsius durante 2.3 segundos mediante calentamiento indirecto y por inyección directa de vapor. Ambas alternativas generaron perfiles sensoriales distintos frente al tratamiento HTST (High Temperature/Short Time).

El estudio encontró también que la leche HTST presentó menor intensidad de sabor a cocido. La leche tratada mediante inyección directa de vapor mostró mayores notas sulfuradas y de huevo, mientras el tratamiento indirecto presentó atributos aromáticos dulces más marcados.

Esto muestra que no basta con fijar una temperatura objetivo. La combinación entre temperatura, tiempo de residencia y método de transferencia de calor determina la carga térmica efectiva que recibe la leche.

Para el desarrollo de un proceso UHT, las variables que conviene vigilar de manera conjunta son:

  • Temperatura máxima: Una mayor intensidad térmica favorece la desnaturalización de proteínas y la formación de compuestos asociados con notas cocidas y sulfuradas.

  • Tiempo de residencia: Incluso a una temperatura elevada, reducir el tiempo de exposición limita la permanencia del producto bajo condiciones que favorecen estas reacciones.

  • Método de calentamiento: El calentamiento indirecto y la inyección directa de vapor pueden generar perfiles sensoriales diferentes. En el estudio citado, la inyección directa presentó notas sulfuradas y de huevo más marcadas.

  • Velocidad de calentamiento y enfriamiento: Llevar la leche con rapidez a la temperatura objetivo y retirarla de esa condición en cuanto se cumple el tratamiento ayuda a controlar la carga térmica acumulada.

  • Oxígeno disuelto: Su presencia influye en la evolución de los compuestos responsables del aroma durante el procesamiento y el almacenamiento.

  • Composición y calidad de la materia prima: La respuesta al calor depende de componentes como las proteínas del suero y de la estabilidad de la leche antes del proceso.

Estas variables no deben evaluarse por separado. Una revisión sobre el impacto de la intensidad térmica en la leche muestra que las reacciones entre proteínas y carbohidratos, la oxidación de lípidos y la degradación de proteínas participan en los cambios de sabor derivados del tratamiento.

Una estrategia consiste en elevar la temperatura de manera muy rápida y reducirla también con rapidez después del tiempo de mantenimiento. El objetivo es alcanzar la letalidad requerida sin prolongar innecesariamente la exposición de los componentes sensibles.

En los sistemas de inyección directa, el vapor entra en contacto con la leche y permite un calentamiento casi instantáneo. Después, el enfriamiento mediante vacío retira el vapor condensado y reduce rápidamente la temperatura del producto.

El enfriamiento al vacío también puede ayudar a disminuir determinados compuestos volátiles. Un estudio encontró reducciones de sulfuro de hidrógeno y dimetil sulfuro después de esta etapa, aunque también se pueden perder algunos compuestos aromáticos deseables.

Otro punto de control es el oxígeno disuelto. La presencia de oxígeno influye en las reacciones de oxidación que ocurren durante el procesamiento y almacenamiento, por lo que su gestión puede afectar la evolución del sabor.

Según revisiones sobre leche UHT, los sistemas de calentamiento directo suelen presentar menor oxígeno disuelto después del proceso debido al enfriamiento al vacío. La concentración final también depende de la aireación previa y del envasado.

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La composición de la materia prima también importa

Las proteínas del suero, en particular la β-lactoglobulina, participan en la formación de precursores de compuestos sulfurados cuando reciben una carga térmica elevada.

Durante el calentamiento, la desnaturalización de estas proteínas expone grupos sulfhidrilo. Estos pueden participar en la formación de compuestos volátiles responsables de parte de las notas cocidas y sulfuradas.

Esto vuelve relevante controlar la calidad de la leche antes del tratamiento. Una materia prima con variaciones importantes en composición, estabilidad térmica o carga microbiana puede modificar la respuesta del producto al mismo programa UHT.

La reducción del sabor a cocido, por tanto, no debe plantearse como una simple disminución de temperatura. El proceso necesita validarse como un sistema en el que temperatura, tiempo, calentamiento, enfriamiento, oxígeno y materia prima trabajan de manera conjunta.

Desde la perspectiva de inocuidad, cualquier ajuste debe partir de la letalidad microbiológica validada para el producto y el proceso. La mejora sensorial no puede obtenerse a costa de reducir un tratamiento necesario para garantizar su seguridad.

Según el estándar internacional ISO 22000:2018, un sistema de gestión de inocuidad debe identificar, prevenir y controlar los peligros asociados con los alimentos a lo largo de la cadena. La norma integra los principios del análisis de peligros y puntos críticos de control.

En este marco, el sistema HACCP se estructura en siete principios que permiten establecer dónde y cómo debe controlarse cada peligro relevante:

  1. Análisis de peligros: Identificar los peligros asociados con cada etapa del proceso y definir las medidas para controlarlos.

  2. Determinación de puntos críticos de control: Establecer las etapas en las que el control es esencial para prevenir, eliminar o reducir un peligro a un nivel aceptable.

  3. Límites críticos: Definir los valores que deben cumplirse en cada punto crítico para demostrar que el proceso permanece bajo control.

  4. Monitoreo: Establecer mediciones u observaciones programadas para comprobar que cada punto crítico opera dentro de sus límites.

  5. Acciones correctivas: Determinar qué hacer cuando el monitoreo detecta una desviación respecto del límite establecido.

  6. Verificación: Comprobar mediante procedimientos, pruebas o auditorías que el sistema funciona de manera efectiva.

  7. Documentación y registros: Conservar la evidencia de los controles, resultados y acciones aplicadas.

En una línea de leche UHT, esto no significa que la norma establezca de antemano cuáles deben ser los puntos críticos. Los CCP se determinan para cada producto y proceso a partir del análisis de peligros.

En un proceso térmico, por ejemplo, el tratamiento puede requerir límites críticos validados de tiempo y temperatura, pero su definición depende del diseño específico de la operación.

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Impacto en aceptación sensorial y posicionamiento de la leche UHT frente a la leche pasteurizada refrigerada

La diferencia sensorial entre ambos productos puede convertirse en un factor relevante para su aceptación. Por ejemplo: un estudio con 250 adultos y 100 niños comparó leche HTST con leche ultrapasteurizada procesada mediante calentamiento indirecto e inyección directa de vapor.

Los consumidores prefirieron la leche HTST en las pruebas realizadas.

En Estados Unidos, por ejemplo, más de 95% de los consumidores estudiados declaró consumir leche HTST, frente a 54% que consumía leche ultrapasteurizada y 35% leche aséptica. El mismo estudio señala que la leche HTST continúa siendo la principal leche comprada y consumida en ese mercado.

La preferencia, sin embargo, no es idéntica en todos los mercados. Una revisión reciente señala que los consumidores acostumbrados a consumir leche de larga vida pueden mostrar mayor tolerancia a sus características sensoriales que quienes tienen como referencia habitual la leche refrigerada.

La diferencia de percepción tiene implicaciones para el desarrollo de producto. Una formulación UHT dirigida a consumidores acostumbrados al perfil de leche fresca tendrá un margen sensorial más estrecho que otra destinada a mercados donde la leche de larga vida forma parte del consumo habitual.

La vida útil también modifica la experiencia. Según IFT (Institute of Food Technologists), la leche UHT envasada asépticamente puede alcanzar alrededor de 90 días a temperatura ambiente, frente a una vida útil de aproximadamente 10 a 14 días para leche pasteurizada refrigerada en envases convencionales.

En otras investigaciones, la vida útil reportada para leche UHT se sitúa entre seis y nueve meses a temperatura ambiente, dependiendo del proceso, el envase y las condiciones de almacenamiento. La estabilidad comercial, por tanto, depende de más variables que el tratamiento térmico.

Esta ventaja logística permite almacenar y transportar el producto sin una cadena de frío convencional. Pero también eleva la importancia del control sensorial durante toda la vida útil, porque los cambios de sabor pueden continuar después del procesamiento.

El desafío para los fabricantes es encontrar el punto en el que la intensidad térmica sea suficiente para garantizar la seguridad y estabilidad comercial, pero no mayor de lo necesario para alcanzar esos objetivos.

En ese equilibrio, el control del sabor a cocido deja de ser únicamente una cuestión sensorial. También se convierte en una variable de desarrollo de producto, selección de tecnología, validación de proceso y posicionamiento frente a alternativas refrigeradas.

La clave está en trabajar con una carga térmica precisa, un calentamiento y enfriamiento rápidos, control del oxígeno y una materia prima estable. Estas variables permiten proteger la vida útil sin aceptar de manera automática una mayor intensidad de notas cocidas.

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Reportera multidisciplinaria con trayectoria en la producción de contenidos para medios digitales e impresos. Su área de especialización abarca temas científicos, logística, inmobiliaria, tecnología, hard news, política y salud.

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