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De residuo a ingrediente de valor: colorantes sostenibles a partir de la piel de arándano
Logran pigmentos de arándano un 40% más estables y sostenibles para transformar la industria de alimentos y bebidas

Periodista especializada Senior
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En una era donde la transparencia y la salud pública dictan las tendencias del mercado, la industria alimentaria se encuentra en una encrucijada transformadora. La transición hacia el azul natural y otros matices obtenidos de fuentes sostenibles no es solo una preferencia comercial, sino un imperativo ético y de salud frente al predominio de las alternativas sintéticas.
En este escenario, el arándano (Vaccinium corymbosum) ha emergido como el protagonista indiscutible, no solo por su perfil nutricional, sino por su potencial para teñir nuestra dieta con una paleta cromática vibrante y segura.
La demanda de colorantes naturales en la industria de alimentos y bebidas ha experimentado un crecimiento sin precedentes en los últimos años. Los consumidores modernos, cada vez más informados, buscan etiquetas "limpias" y rechazan los aditivos artificiales vinculados, en algunos estudios, con enfermedades degenerativas. Sin embargo, el camino hacia la naturalidad no está exento de obstáculos técnicos.
Las antocianinas del arándano, los pigmentos responsables de sus tonos rojos y azulados, poseen una fragilidad inherente. Su estabilidad se ve comprometida rápidamente ante la exposición al calor, la luz y las variaciones de pH, factores omnipresentes en los procesos industriales. Una bebida que sale de la planta con un azul brillante puede llegar al consumidor con un tono pálido o incluso incoloro si no se protegen estos pigmentos.

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Fundamentos científicos: la anatomía de un pigmento
Para estabilizar un color, primero debemos comprender su química. Las antocianinas son glucósidos de las antocianidinas, pertenecientes a la familia de los flavonoides. Su estructura básica consiste en un esqueleto de quince carbonos (C6-C3-C6) con dos anillos aromáticos unidos por una cadena de tres carbonos.
Estructura y propiedades cromáticas
La magia del color reside en la estructura de la aglicona o antocianidina. En la naturaleza, existen seis antocianidinas comunes: cianidina, delfinidina, pelargonidina, peonidina, petunidina y malvidina. El arándano es particularmente rico en estas variantes, lo que le otorga una gama que va del magenta al azul profundo. El color que percibimos depende del número de grupos hidroxilo y metoxilo en su anillo B, así como de los azúcares que se unen a la molécula para aumentar su solubilidad.
Factores críticos de estabilidad
La inestabilidad de estos pigmentos es una respuesta directa a su entorno químico:
El pH: Es el factor más determinante. En medios muy ácidos (pH < 2), la antocianina es estable y muestra un color rojo intenso debido al catión flavilio. A medida que el pH sube hacia la neutralidad o alcalinidad, la molécula sufre ataques nucleofílicos del agua, transformándose en formas incoloras o amarillentas (pseudobases y chalconas).
Temperatura: El calor acelera la degradación. Por ejemplo, procesos como la pasteurización pueden provocar una disminución inicial del 28.5% en la concentración de antocianinas monoméricas.
Luz y oxígeno: La luz actúa como un catalizador de la degradación, mientras que el oxígeno favorece procesos de oxidación que destruyen el color vibrante.
Al comparar el arándano con otros colorantes como la remolacha o la cúrcuma, destaca su capacidad antioxidante superior y su versatilidad cromática, aunque requiere técnicas de protección mucho más sofisticadas que los pigmentos de origen mineral o raíces más fibrosas.

La piel de arándano, tradicionalmente considerada residuo, emerge como una fuente viable de pigmentos naturales con alto valor funcional e industrial. Foto: Freepik
Estrategias de estabilización: blindando el color
La ciencia ha respondido al desafío de la inestabilidad con soluciones innovadoras que actúan a nivel molecular y físico.
a) La copigmentación: un escudo molecular
La copigmentación es un fenómeno natural donde los pigmentos forman asociaciones moleculares con otros compuestos orgánicos, llamados copigmentos. Un equipo de la Universidad de Sevilla ha logrado hitos significativos utilizando ácido ferúlico —un antioxidante natural de las frutas— como copigmento.
El ácido ferúlico actúa como un "compañero protector" que refuerza la molécula de antocianina, manteniendo su tono brillante por más tiempo incluso en condiciones adversas. Esta interacción molecular evita que el agua ataque el centro de la antocianina, preservando su forma coloreada.
b) Microencapsulación: cápsulas de invisibilidad
Mientras la copigmentación protege la molécula desde dentro, la microencapsulación lo hace desde fuera. Esta técnica consiste en envolver las antocianinas en una capa protectora de biopolímeros como la maltodextrina o la goma arábiga.
Mediante el proceso de secado por aspersión (Spray Drying), una mezcla líquida del pigmento se pulveriza en gotas finas dentro de una corriente de aire caliente, obteniendo en segundos un polvo seco donde cada partícula de color está protegida del aire y la luz.
Investigaciones recientes en la variedad Biloxi demuestran que la mezcla óptima de agentes encapsulantes (maltodextrina, almidón modificado y goma arábiga) maximiza la retención de antocianinas y su capacidad antioxidante.
Los resultados de un estudio de la Universidad de Sevilla son contundentes: mediante la combinación de copigmentación con ácido ferúlico y microencapsulación, se ha logrado elevar hasta un 40% la capacidad de conservación de los pigmentos.
Este enfoque doble no solo mantiene la intensidad del color, sino que también potencia la estabilidad de las propiedades antioxidantes del producto final.

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Aplicaciones en alimentos y bebidas: más allá del zumo
La estabilización exitosa de las antocianinas abre un abanico de posibilidades comerciales.
Bebidas funcionales e isotónicas: Las pruebas en modelos de bebidas isotónicas han demostrado que estos nuevos colorantes en polvo son altamente resistentes a los cambios de temperatura durante el almacenamiento, manteniendo un comportamiento uniforme.
Lácteos y yogures: La acidez natural del yogur es un entorno favorable para las antocianinas, pero su procesamiento térmico solía ser una barrera. Los pigmentos microencapsulados permiten mantener tonos rosados y azulados estables durante toda la vida útil del producto.
Repostería y confitería: En productos horneados, donde las temperaturas son extremas, la microencapsulación actúa como un escudo térmico, permitiendo que galletas y pasteles retengan colores naturales sin recurrir a tintes sintéticos.
Cosmética natural: Existe un potencial enorme para utilizar estos extractos en labiales, sombras y cremas, donde la naturalidad y la actividad biológica (protección contra radicales libres) son valores muy apreciados por el consumidor.

La valorización de subproductos del arándano permite desarrollar colorantes sostenibles alineados con estrategias de economía circular en alimentos y bebidas. Foto: Freepik
Perspectiva de sostenibilidad: el valor de lo que se desechaba
Uno de los pilares de esta innovación es el aprovechamiento de la piel del arándano. Tradicionalmente, la piel es un subproducto agroindustrial que se desecha tras la elaboración de jugos. Sin embargo, es precisamente en la piel donde se concentra la mayor densidad de pigmentos.
La transformación de un residuo en un ingrediente de alto valor añadido es un ejemplo perfecto de economía circular. Al revalorizar estos desechos, se reduce el impacto ambiental de la industria procesadora y se crea una nueva fuente de ingresos para los agricultores.
Frente a los colorantes sintéticos, derivados a menudo del petróleo, las antocianinas de arándano ofrecen una alternativa renovable, biodegradable y con una huella de carbono significativamente menor.

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Regulación y aceptación del consumidor
El marco normativo internacional está evolucionando hacia una mayor restricción de los aditivos artificiales. La OMS y otras organizaciones han cuestionado la seguridad de ciertos colorantes sintéticos, lo que ha impulsado a las agencias reguladoras a facilitar la aprobación de extractos naturales de plantas comestibles.
El consumidor actual asocia el color natural con la salud. Las antocianinas no solo colorean; se les atribuyen beneficios en la prevención de enfermedades cardiovasculares, mejora de la agudeza visual y funciones cognitivas.
Esta dualidad —ser colorante y compuesto bioactivo a la vez— permite a las empresas utilizar claims de marketing potentes sobre la naturalidad y el bienestar. El reto para la industria es el etiquetado claro, asegurando que los métodos de estabilización (como la microencapsulación) también utilicen ingredientes de origen natural, manteniendo la promesa de transparencia.
Retos y oportunidades futuras
A pesar de los avances, la industria enfrenta desafíos críticos para la adopción masiva.
Escalabilidad industrial: El paso del laboratorio a la producción de toneladas requiere optimizar los costes de los materiales de recubrimiento y las condiciones de secado por aspersión.
Competitividad de costos: Los colorantes sintéticos siguen siendo extremadamente baratos. La competitividad de los naturales de arándano vendrá de la eficiencia en la extracción y de la valoración que el consumidor dé al beneficio adicional para la salud.
Innovación biotecnológica: La investigación se encamina hacia el uso de nanotecnología para una liberación controlada de los pigmentos y hacia la exploración de nuevos copigmentos naturales que puedan ser incluso más eficaces que el ácido ferúlico.
América Latina, y en particular regiones como Entre Ríos en Argentina y Nariño en Colombia, se posicionan como potencias productoras. El uso de variedades locales y la optimización de técnicas de extracción sólido-líquido en estas regiones pueden convertir a LATAM en el principal exportador de extractos estabilizados de alta calidad para el mundo.




Hacia una paleta sensorial sostenible
La ciencia ha demostrado que es posible vencer la fragilidad de la naturaleza. Los avances en copigmentación y microencapsulación han transformado a las antocianinas del arándano de pigmentos efímeros a ingredientes industriales robustos.
Recomendaciones estratégicas:
Las empresas deben invertir en tecnologías de estabilización dual para garantizar la calidad visual de sus productos a largo plazo.
Es crucial integrar el aprovechamiento de subproductos (pieles) para asegurar la viabilidad económica y ambiental.
La industria debe comunicar no solo el color, sino las propiedades funcionales asociadas para conectar con el consumidor consciente.
El futuro de la alimentación es una paleta cromática que no solo deleita la vista, sino que respeta el cuerpo y el planeta. Los arándanos, con su azul resiliente, están liderando este cambio hacia una industria más natural, estable y profundamente sostenible.

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Periodista especializada con más de 15 años en medios de comunicación. En los últimos 8 años ha enfocado sus conocimientos y competencias en la industria de alimentos y bebidas, y en el sector de packaging para alimentos.






