Bebidas
Coca-Cola y la ciencia detrás de la reducción calórica: un caso de referencia para la industria refresquera
La colaboración entre industria y gobierno abre un nuevo capítulo en la reducción calórica, marcando un precedente para el futuro de la regulación, la ciencia y la salud pública

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La reducción de un 30% en las calorías de los refrescos Coca-Cola —anunciada como parte del acuerdo entre la Industria Mexicana de Coca-Cola (IMCC) y la Secretaría de Salud— representa mucho más que una respuesta a un impuesto.
La reciente alianza entre la Industria Mexicana de Coca-Cola (IMCC) y la Secretaría de Salud no solo responde a un contexto regulatorio más exigente: abre un debate técnico, ético y estratégico sobre el rumbo de la innovación en alimentos y bebidas.
El compromiso de reducir un 30% las calorías en los refrescos Coca-Cola y promover la transición hacia versiones bajas o sin azúcar representa una reconfiguración del modelo de negocio, pero también un ejercicio de corresponsabilidad ante los desafíos de salud pública que enfrenta México.
En un país donde más del 70% de los adultos viven con sobrepeso u obesidad, este acuerdo marca un precedente histórico: la industria y el Estado dialogan para construir soluciones conjuntas, no para enfrentarse en terreno fiscal o mediático.
De la carga fiscal a la innovación responsable
El origen de este acuerdo se dio en el marco de la revisión del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Sin embargo, su impacto trasciende el ámbito tributario: por primera vez, el incentivo económico se convierte en una palanca para acelerar la innovación tecnológica.
La reducción del impuesto a las bebidas sin calorías abre la puerta a una reformulación masiva que exige no solo nuevos ingredientes, sino también nuevas estrategias científicas.
En palabras de diversos analistas, esto podría ser el punto de partida de una “revolución calórica inteligente”, donde la competitividad de las marcas dependerá de su capacidad para innovar con base científica y comunicar con responsabilidad.
En palabras fiscales, la IMCC negocio exitosamente la disminución de un nuevo impuesto, de $3.0 a $1.5 por litro, para bebidas sin azúcares (light). La negociación también incluyó ciertos compromisos en pro de la "salud publica".
Reformular el sabor: ciencia, percepción y tecnología
Disminuir azúcar sin perder sabor o estabilidad es uno de los retos más complejos en la formulación moderna. No basta con reemplazar sacarosa; hay que equilibrar textura, acidez, retención de gas y respuesta sensorial.
La IMCC ha avanzado en esta dirección mediante el uso de edulcorantes de nueva generación, como la alulosa o los glicósidos de esteviol, así como combinaciones de ingredientes naturales y sintéticos que optimizan el perfil sensorial.
Además, el desarrollo de sistemas híbridos de dulzor —apoyados en modelos predictivos y análisis sensorial con IA— está impulsando la manera en que se diseñan las bebidas de bajo o nulo contenido calórico.
Pero más allá de la ciencia, el reto es de percepción. El consumidor aún asocia “sin azúcar” con “menos sabor”. Cambiar esa narrativa requerirá educación alimentaria, transparencia en el etiquetado y comunicación basada en evidencia. La tecnología puede formular un gran producto; pero la confianza, solo la construye la coherencia.

La IMCC ha recurrido a tecnologías de edulcorantes de nueva generación, combinando ingredientes como la alulosa, el acesulfame-K o los glicósidos de esteviol, y adoptando un enfoque de ciencia de datos para entender la aceptación del consumidor.
Salud pública: corresponsabilidad en acción
La alianza también incluye compromisos en materia de mercadotecnia y consumo responsable: eliminar la publicidad dirigida a menores de 16 años, priorizar la promoción de Coca-Cola Zero y retirar campañas de presentaciones familiares de 3 litros.
Además, se plantea un ajuste en la estrategia comercial para que las versiones sin calorías tengan precios más accesibles, incentivando al consumidor a migrar hacia opciones con menor aporte energético.
Este enfoque no solo atiende a la política de salud pública, sino que introduce una lógica de incentivos positivos, en la que las decisiones del consumidor se alinean con un entorno más saludable.
En este contexto, la reducción calórica deja de ser un gesto corporativo para convertirse en un compromiso sistémico: implica reformular procesos, mensajes y modelos de negocio.
Un precedente que resuena en toda la industria alimentaria
El acuerdo entre Coca-Cola y el Gobierno mexicano podría ser el detonante de un efecto dominó en otras categorías. Sectores como panificación, lácteos, confitería o snacks enfrentan los mismos dilemas: reformular sin perder identidad, innovar sin perder rentabilidad.
A medida que las regulaciones se vuelven más estrictas y los consumidores más conscientes, la reformulación se convierte en un imperativo técnico y moral.
Este movimiento redefine el valor de la innovación alimentaria: ya no se trata solo de desarrollar nuevos productos, sino de diseñar bienestar desde la ciencia.

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Más ciencia, menos miedo
Uno de los grandes aprendizajes de este proceso es la urgencia de fortalecer la comunicación científica dentro y fuera de la industria.
Las decisiones regulatorias no pueden basarse en percepciones o presiones políticas, sino en evidencia sólida. La colaboración entre industria, academia y autoridad será esencial para construir una narrativa basada en datos, no en estigmas.
El futuro de la regulación alimentaria en México dependerá de este cambio de lenguaje: pasar del discurso de prohibición al diálogo de innovación.

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Un nuevo marco de colaboración
La mesa de trabajo permanente entre la IMCC y la Secretaría de Salud representa una nueva forma de gobernanza alimentaria, donde el objetivo no es solo cumplir, sino cocrear políticas que equilibren salud pública, competitividad y sostenibilidad.
Este modelo de diálogo podría extenderse a otros temas clave: etiquetado, reformulación, educación nutricional, aditivos, envases y sostenibilidad. Por lo que, México tiene la oportunidad de construir una política alimentaria basada en evidencia, comunicación y corresponsabilidad.
La decisión de Coca-Cola de reformular su portafolio y reducir calorías en más del 70% de su volumen comercializado en México no es solo una estrategia de cumplimiento, es una declaración del rumbo que tomará la industria.
Demuestra que el sector de bebidas puede evolucionar sin esperar a que la regulación la obligue, y que la innovación responsable es el único camino sostenible en el largo plazo. La transformación de este sector será, sin duda, una de las historias más relevantes.
En un entorno donde ciencia, regulación y percepción social convergen, la reducción de azúcar simboliza algo más grande: el comienzo de una nueva conversación sobre el futuro de la alimentación en México.
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Periodista con más de 15 años de experiencia en la generación de contenidos y productos digitales con gran valor añadido en temas de la industria alimentaria, consumo, packaging y negocios B2B para una audiencia experta.






