Materiales
Un empaque más grande no siempre aporta más valor al producto: Liliana Pérez, presidenta de ANFEP
El sobredimensionamiento de los envases plantea un reto para las marcas: equilibrar la percepción de valor, la protección del producto y el uso eficiente de materiales.
Última actualización:

Un producto pequeño dentro de una caja considerablemente más grande puede responder a una decisión de marketing: generar una percepción de mayor valor ante el consumidor. Sin embargo, esa estrategia también plantea una pregunta para las marcas y los fabricantes de envases: ¿qué parte del empaque cumple una función real y qué parte responde únicamente a una decisión estética o comercial?
La discusión va más allá de las dimensiones de una caja. El diseño del empaque influye en la cantidad de material utilizada, la protección de la mercancía y el espacio que ocupa durante su almacenamiento y distribución. Por ello, revisar su tamaño puede abrir oportunidades para mejorar la eficiencia sin comprometer la integridad del producto.
Liliana Pérez, presidenta de la Asociación Nacional de Fabricantes de Envases Plegadizos (ANFEP), abordó esta contradicción en entrevista para The Food Tech Podcast.
Su planteamiento apunta a una práctica que merece mayor atención en las decisiones de diseño y comercialización: utilizar un envase de mayor tamaño para elevar la percepción de valor, aunque eso no necesariamente represente un beneficio ambiental.
“Si bien es cierto que por marketing de pronto, pues tienes un producto muy pequeño, pero para que tenga una percepción de valor más alta recibes un paquete muy grande. Entonces eso a la larga sí es una buena imagen para la marca, pero no es un beneficio para nuestro planeta”.
La declaración de Pérez pone sobre la mesa una tensión entre los objetivos comerciales y la eficiencia material. El empaque es parte de la presentación de una marca, pero también es un componente físico de la cadena de suministro, con implicaciones que se extienden desde la fabricación hasta la entrega al consumidor.
Reducir el empaque no significa comprometer la protección
La alternativa no consiste en reducir las dimensiones de cualquier envase sin evaluar sus funciones. El desafío está en encontrar el tamaño y la cantidad de material necesarios para proteger el producto, facilitar su manejo y responder a las condiciones de almacenamiento y transporte.
Este criterio coincide con la norma internacional ISO 18602:2013, que establece un procedimiento para optimizar los sistemas de empaque y reducir el peso o volumen de sus materiales sin dejar de cumplir las funciones requeridas.
En términos operativos, revisar el diseño implica evaluar si las dimensiones del envase corresponden al producto, si existen componentes prescindibles y si el material utilizado responde a una necesidad de protección o a una decisión estética.
También requiere considerar las consecuencias de reducirlo demasiado: si el producto se daña durante la distribución, el desperdicio generado puede contrarrestar los beneficios de haber utilizado menos material.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en su estudio sobre cadenas de valor más sostenibles en América Latina y el Caribe, plantea precisamente la necesidad de equilibrar la reducción del material de empaque con la protección de los bienes transportados.
Entre las alternativas que identifica están optimizar el diseño y eliminar componentes innecesarios.
Por eso, el criterio no debería ser utilizar el menor empaque posible en todos los casos, sino eliminar el material que no aporta una función necesaria sin aumentar el riesgo de daño al producto.

TE PUEDE INTERESAR:
Día Mundial del Packaging 2026: el empaque como decisión estratégica en alimentos y bebidas
El impacto también alcanza al almacenamiento y la distribución
Las dimensiones del empaque tienen implicaciones más allá de su fabricación. Cuando una caja ocupa más espacio del necesario, puede aumentar el volumen que debe almacenarse y transportarse, aunque el efecto concreto depende del producto, la configuración de carga y el tipo de operación.
Desde la perspectiva logística, el diseño debe considerar el espacio que ocupa la mercancía en almacenes, vehículos y centros de distribución. Un empaque ajustado a las necesidades del producto puede contribuir a aprovechar mejor la capacidad disponible, siempre que conserve la resistencia y la protección requeridas.
Esto vuelve relevante la colaboración entre las áreas de marketing, diseño, compras, producción y logística. Si el tamaño del envase se define únicamente para destacar en el punto de venta, pueden quedar fuera de la decisión variables como la eficiencia de almacenamiento, la manipulación y el transporte.
La revisión también puede extenderse a la presentación comercial: ¿es indispensable utilizar una caja de mayor volumen para comunicar calidad?, ¿puede conseguirse el mismo efecto mediante el diseño gráfico, los acabados o la estructura del envase? Son preguntas que permiten separar el valor de marca del consumo adicional de materiales.
Liliana Pérez resume la dirección que considera necesaria para la industria:
“Una de las cosas que podemos hacer es que sean empaques más pequeños que realmente estén protegiendo el producto real”.
La propuesta de la presidenta de ANFEP no se limita, por tanto, a disminuir el tamaño de una caja. Invita a revisar la relación entre la función del empaque, la presentación del producto y el impacto de los materiales utilizados.

La prevención de residuos comienza desde el diseño
La reducción de materiales es también una estrategia de prevención de residuos. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) coloca la reducción en origen por encima de otras alternativas de gestión de residuos, como el reciclaje, porque evita que materiales innecesarios lleguen a generarse.
Esta lógica está adquiriendo mayor relevancia en los mercados internacionales. Desde el 12 de agosto de 2026 se aplica en la Unión Europea el Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases, que establece medidas para minimizar los materiales utilizados y evitar empaques desproporcionadamente grandes para artículos pequeños.
Para los fabricantes mexicanos que participan en cadenas de suministro internacionales, este tipo de cambios refuerza la importancia de evaluar el diseño del empaque desde etapas tempranas.
Las decisiones sobre dimensiones, materiales y estructura pueden influir tanto en el desempeño logístico como en el cumplimiento de los requisitos de los mercados de destino.






