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De la resina al envase: los procesos que definen el desempeño de los plásticos en la industria de alimentos y bebidas

Extrusión, soplado e inyección determinan funcionalidad, inocuidad y vida útil en alimentos

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Laura Herrera

Analista de Contenido

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procesos que definen el desempeño de los plásticos en alimentos

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Desde el cartón de leche hasta la charola de la carne, los plásticos están presentes en prácticamente todos los alimentos que consumimos; sin embargo, más allá del material, su desempeño —en términos de inocuidad, conservación y funcionalidad— depende de cómo se transforman. Para este sector, entender los procesos de los envases alimentarios no es un detalle técnico, sino una variable estratégica que define la vida útil del producto y su seguridad.

Este enfoque fue abordado en el webinar Introducción estratégica a la industria del plástico, impartido por Ambiente Plástico, con la participación de la ingeniera Mónica Conde y el ingeniero Juan Alonso, quienes analizaron cómo los procesos de transformación determinan el desempeño final de los materiales en distintos sectores, incluido el alimentario.

A partir de este análisis, el presente texto explora el recorrido del plástico desde la resina hasta el envase final, abordando los procesos clave de transformación, su impacto en la inocuidad y la vida de anaquel, así como los criterios técnicos que guían la selección de materiales en aplicaciones alimentarias.

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El mapa térmico de la transformación alimentaria.

De polímeros a envases: el punto de partida

Todo comienza con los polímeros, unas estructuras moleculares que funcionan como los “ladrillos” de los plásticos; a nivel microscópico, estos materiales están formados por largas cadenas de monómeros —similares a un collar de perlas— cuya configuración determina propiedades como flexibilidad, resistencia o barrera.

Actualmente, cerca del 90% de los plásticos proviene de fuentes fósiles, mientras que el reciclaje aporta alrededor del 9% y los materiales de origen biológico apenas representan una fracción marginal (1%).

Cabe mencionar que, aunque popularmente se tiene la idea de que los plásticos representan uno de los principales usos de los hidrocarburos; en realidad, “a nivel mundial, solamente el 4% del petróleo se destina a la fabricación de plásticos; mientras que, la gran mayoría (más del 90%) se utiliza como combustible”, mencionaron los ingenieros durante el webinar.

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Las tres fuentes de la materia prima moderna.

Otro dato neurálgico mencionado por los especialistas, es que la producción global supera los 450 millones de toneladas anuales, lo que posiciona a los plásticos como uno de los materiales más utilizados dentro de la economía moderna y aquí es donde llega un punto fundamental para el sector alimentario: De ese volumen, cerca del 45% se destina a envases y embalajes.

Además, aunque existen cientos de tipos de polímeros, el consumo se concentra en unas cuantas familias: “Casi el 80% del uso global de plásticos se reduce a cinco materiales principales”:

PET (Tereftalato de polietileno - #1)

  • Usos: Botellas de agua, refrescos, aceite, envases de alimentos.

  • Propiedades: Ligero, transparente, barrera contra oxígeno, reciclable.

PP (Polipropileno - #5)

  • Usos: Tapas de botellas, fiambreras, pajitas, envases de yogur, neveras portátiles, pañales.

  • Propiedades: Alta resistencia al calor, rígido, ligero.

PE (Polietileno - HDPE #2 / LDPE #4)

  • HDPE (Alta densidad): Envases de detergente, leche, botellas de champú. Rígido y resistente.

  • LDPE (Baja densidad): Bolsas de supermercado, envoltorios plásticos, botellas flexibles.

  • Propiedades: Resistente a químicos, flexible y fácil de moldear.

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Junto al PVC, estos son los cinco materiales base para la creación de plásticos a nivel mundial.

PS (Poliestireno - #6)

  • Usos: Vasos térmicos, bandejas de comida, "unicel" o relleno de embalaje, envases de yogur.

  • Propiedades: Frágil, transparente (cristal) o expandido (espuma).

PVC (Policloruro de vinilo - #3)

  • Usos: Tuberías, perfiles de ventanas, tarjetas de crédito, revestimiento de cables, piel sintética.

  • Propiedades: Muy versátil, rígido o flexible, resistente a la intemperie.

Dicho dominio no es casual, cada uno de estos materiales, ha sido optimizado para aplicaciones específicas dentro de la industria alimentaria, donde variables como la barrera a gases, la resistencia térmica o la compatibilidad con procesos de transformación determinan su uso.

En este sentido, el polímero es el inicio de una cadena de decisiones técnicas que definirán el desempeño del envase, pues como se destacó en el webinar, “ningún material sirve para todo”, su valor depende de cómo se selecciona, se procesa y se adapta a las necesidades del producto.

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Transformar es controlar: la ciencia detrás del proceso

Aunque los procesos de transformación del plástico pueden parecer distintos entre sí, todos responden a una lógica común: calentar el material hasta volverlo moldeable, darle forma mediante un molde y enfriarlo para fijar su estructura final.

Este principio, aparentemente simple, encierra un alto nivel de complejidad técnica porque llevarlo a escala industrial implica controlar con precisión variables críticas que determinan el desempeño del envase.

Por esta razón, la transformación del plástico requiere de un sistema altamente controlado: “El proceso es una secuencia ordenada de pasos basada en temperatura, presión y tiempo”, explicó Juan Alonso durante la ponencia, subrayando que cualquier desviación en estas variables puede afectar directamente la calidad del producto final.

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Esta relación se sintetiza en una ecuación clave para la industria:

Temperatura + Presión + Tiempo = Valor añadido

Cada una de estas variables impacta propiedades fundamentales como:

  • Temperatura. Define el comportamiento del polímero y su capacidad de flujo

  • Presión. Permite llenar moldes complejos y asegurar precisión geométrica

  • Tiempo. Determina la estabilidad estructural y la repetibilidad del proceso

El control de estos factores es lo que permite pasar de una resina genérica a un envase con características específicas, como barrera a gases, resistencia mecánica o estabilidad térmica.

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La extrusión y la inyección forman parte de los procesos primarios.

Además, los procesos pueden clasificarse en dos grandes categorías:

  • Procesos primarios, donde el material supera su punto de fusión y se transforma completamente (como extrusión o inyección)

  • Procesos secundarios, donde el material solo se reblandece sin perder su estructura básica (como el termoformado)

Tal distinción, es clave en la industria alimentaria, ya que influye directamente en el desempeño del envase; por ejemplo, un proceso primario permite mayor control estructural, mientras que uno secundario favorece eficiencia en costos y velocidad de producción.

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El soplado, termoformado y rotomoldeo forman parte de los procesos secundarios.

Bajo esta lógica, “transformar no es solo cambiar la forma, es agregar valor mediante el conocimiento técnico y el control de variables”, se enfatizó en la presentación.

En última instancia, es este control lo que define si un envase será capaz de proteger un alimento, extender su vida útil o cumplir con los estándares de inocuidad porque en la industria alimentaria, el margen de error no está en el material, sino en cómo se procesa.

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Extrusión: la base del empaque flexible

De entre los distintos procesos de transformación, la extrusión destaca por ser la base del empaque flexible, uno de los segmentos más relevantes en la industria alimentaria. El proceso es relativamente sencillo: el material plástico se funde y se hace pasar a través de un molde para obtener una forma continua y constante.

Se trata de un proceso de alta eficiencia y escalabilidad: “La extrusión es un proceso continuo en el que el producto siempre tendrá una sección transversal constante”, mencionaron los expertos, lo que permite fabricar grandes volúmenes de material de forma uniforme.

Esta característica es clave para la producción de películas plásticas, utilizadas en:

  • Bolsas para alimentos

  • Empaques flexibles

  • Recubrimientos

  • Estructuras multicapa

Desde una perspectiva técnica, la extrusión permite controlar variables críticas para la conservación de alimentos; en particular, la configuración del material —como el tipo de polímero o la incorporación de capas— define propiedades como la barrera a oxígeno, humedad y luz, factores directamente relacionados con la vida de anaquel. Igualmente, este proceso es la base de tecnologías más avanzadas, como las laminaciones.

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Proceso de extrusión.

Los ingenieros destacaron que, mediante extrusión se pueden generar estructuras complejas que combinan distintos materiales, como plástico, papel o aluminio, utilizadas en envases tipo Tetra Pak para bebidas; es decir, permite diseñar envases que no solo contienen, sino que protegen activamente el alimento.

Otro aspecto relevante es su contribución a la eficiencia, dado que facilita la reducción de material —una tendencia conocida como lightweighting— sin comprometer el desempeño del envase, lo que impacta tanto en costos como en sostenibilidad.

En un contexto donde el empaque flexible representa una parte significativa del consumo global de plásticos —dentro de un mercado donde cerca del 45% se destina a envases—, la extrusión se posiciona como un proceso estratégico para la industria alimentaria.

Sin embargo, sumado a su eficiencia, otra de las ventajas de este proceso es su capacidad de adaptación; toda vez que, cada alimento requiere condiciones específicas de protección, y la extrusión permite diseñar estructuras a medida para responder a estas necesidades.

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Inyección: precisión y seguridad

Si la extrusión domina el empaque flexible, el moldeo por inyección es el proceso que define la precisión en los envases rígidos. Su principal ventaja radica en su capacidad para producir piezas tridimensionales complejas con alta exactitud y repetibilidad, elementos críticos en la industria alimentaria.

A diferencia de la extrusión, donde la geometría es constante, la inyección permite diseñar formas específicas con tolerancias milimétricas: “Este proceso permite obtener geometrías prácticamente libres, con una alta precisión en cada ciclo de producción”, se explicó durante el webinar.

Este nivel de control es especialmente relevante en aplicaciones donde el cierre y la hermeticidad son determinantes, como tapas, envases rígidos y componentes de contacto directo con alimentos.

Desde el punto de vista operativo, se trata de un proceso altamente eficiente, donde los ciclos de producción pueden ir desde unos pocos segundos hasta alrededor de 1.5 minutos, lo que permite fabricar grandes volúmenes con una consistencia prácticamente uniforme.

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Proceso de inyección.

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Con relación a la inocuidad, esta repetibilidad reduce variaciones que podrían comprometer el sellado, la protección del contenido o el cumplimiento de normativas sanitarias.

Asimismo, la inyección es clave en el desarrollo de preformas, elementos fundamentales en la fabricación de botellas mediante procesos posteriores como el soplado. Esta integración entre procesos permite optimizar tanto el desempeño mecánico como las propiedades de barrera del envase final.

Respecto del diseño, la inyección también permite trabajar con paredes delgadas, optimizando el uso de material sin sacrificar resistencia estructural, lo cual contribuye tanto a la eficiencia productiva como a estrategias de sostenibilidad.

En aplicaciones alimentarias, esta precisión se traduce en ventajas concretas:

  • Cierres herméticos que evitan contaminación

  • Control dimensional para procesos automatizados

  • Compatibilidad con altos estándares de higiene

Así, el moldeo por inyección no solo define la forma del envase, sino su capacidad para cumplir con uno de los requisitos más exigentes de la industria: garantizar la seguridad del alimento.

Soplado: el equilibrio entre ligereza y resistencia

El principio de este proceso puede sintetizarse en: formar un cuerpo hueco a partir de un tubo o preforma de plástico que se expande dentro de un molde mediante aire a presión.

Permite obtener cuerpos huecos, como botellas, a partir de la expansión controlada del material dentro de un molde”, mencionaron los especialistas. Sin embargo, más allá de su lógica básica, el valor del proceso radica en su capacidad para optimizar simultáneamente dos variables que suelen estar en tensión: ligereza y resistencia.

Particularmente, el proceso de inyección-soplado orientado, utilizado principalmente con PET, introduce un paso adicional en el que el material se estira durante su formación. Esta orientación molecular mejora significativamente las propiedades mecánicas y de barrera del envase.

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Proceso de soplado.

Lo cual permite que botellas ligeras puedan:

  • Soportar presión interna (como en bebidas carbonatadas)

  • Actuar como barrera frente a gases como el CO₂

  • Mantener la integridad estructural durante transporte y almacenamiento

Desde una perspectiva técnica, este proceso es fundamental para garantizar la estabilidad del producto; en bebidas gaseosas, por ejemplo, la pérdida de CO₂ no solo afecta la experiencia del consumidor, sino que compromete la calidad del producto.

Sumado a ello, la ligereza del envase tiene implicaciones directas en la eficiencia logística; dado que, al reducir el peso sin sacrificar resistencia permite disminuir costos de transporte y optimizar el uso de recursos, una variable crítica en cadenas de suministro de alto volumen.

Otra ventaja del soplado es su versatilidad, la cual, dependiendo del método utilizado —extrusión-soplado o inyección-soplado— es posible adaptar el proceso a distintos tipos de envases, desde botellas hasta contenedores más complejos.

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Material + proceso: la ecuación del desempeño

A lo largo de este recorrido, hemos podido notar que el desempeño de un envase depende de una ecuación basada en la combinación entre el polímero, el proceso de transformación y el tipo de alimento.

Tomar en cuenta dicha relación es fundamental porque cada alimento impone condiciones específicas: temperatura, humedad, contenido graso, presencia de gases o requerimientos de vida útil. En consecuencia, el envase debe diseñarse para responder a estas variables, y esa respuesta no depende únicamente del material, sino de cómo se transforma.

Durante la presentación, los expertos lo ilustraron mediante ejemplos concretos:

  • Bebidas carbonatadas → PET + inyección-soplado orientado

  • Yogurt y lácteos → poliestireno + termoformado

  • Alimentos calientes → polipropileno + inyección

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Cada combinación responde a necesidades específicas de desempeño:

  • PET orientado ofrece resistencia a la presión y barrera a gases

  • Poliestireno termoformado permite eficiencia en costos y producción masiva

  • Polipropileno inyectado aporta resistencia térmica

Este enfoque evidencia que el envase es, en realidad, una solución diseñada para el tipo de producto. Desde una perspectiva técnica, el proceso de transformación puede modificar propiedades clave del material, como:

  • Estructura molecular

  • Rigidez o flexibilidad

  • Permeabilidad a gases

  • Resistencia mecánica

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O sea que, dos envases hechos del mismo polímero pueden comportarse de manera completamente distinta dependiendo del proceso utilizado. Asimismo, esta ecuación también impacta en variables críticas para la industria:

  • Inocuidad, al garantizar sellado y protección

  • Vida de anaquel, mediante control de barreras

  • Eficiencia logística, a través de peso y resistencia

  • Reciclabilidad, según diseño y composición

Por lo tanto, el diseño del envase se convierte en un ejercicio de ingeniería aplicada, donde cada decisión —desde la selección del material hasta el proceso— influye en el desempeño final.

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Sostenibilidad: diseñar desde el proceso

Hasta ahora hemos abordado el plástico desde un punto de vista ingenieril, pero, no debemos soslayar que este versátil material se encuentra, desde hace más de una década, bajo un escrutinio constante debido a que, desde su popularización en los años 80, hasta bien entrado el 2000, el material fue utilizado indiscriminadamente sin tomar en cuenta el problema de contaminación que acarrearía.

Como hemos señalado a lo largo del artículo, la industria de alimentos y bebidas no es la única en la que el plástico juega un papel clave; sin embargo, sí es la que lo utiliza en mayor medida y la que ha tenido la mayor visibilidad sobre el daño que genera en el medio ambiente.

Partiendo de este contexto, las legislaciones alrededor del mundo han buscado solucionar el problema caminando hacia la “Economía Circular”, que busca darles una segunda vida a los desechos, para evitar que su enorme volumen termine en los mares y ríos de todo el planeta.

El rigor de las normativas, que inició hace ya varios años en Europa, ha alcanzado a México este 2026, pues recordemos que, el pasado 19 de enero se publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) la Ley General de Economía Circular, que entró en vigor a partir del 20 de enero.

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A grandes rasgos, esta ley establece un marco legal para transitar de un modelo lineal a uno circular, con principios como la eliminación de residuos, el aprovechamiento continuo de materiales y la regeneración de sistemas naturales.

Cabe subrayar que, entre sus características clave destacan la Responsabilidad Extendida del Productor, la creación del Sistema Nacional de Economía Circular, el registro obligatorio de gestión circular y el impulso al diseño de productos reciclables o reutilizables, además de un periodo de 180 días para la emisión de su reglamento y lineamientos operativos.

Para el sector de alimentos y bebidas —especialmente en el uso de plásticos— esta nueva ley obliga a replantear el diseño de envases hacia materiales reciclables o reutilizables, implementar esquemas de recuperación postconsumo y fortalecer la trazabilidad de empaques. Esto implica integrar logística inversa, ajustar contratos con proveedores y gestionar el cumplimiento regulatorio en toda la cadena.

En la práctica, los plásticos dejan de ser un insumo desechable y se convierten en un activo que debe reincorporarse al sistema, lo que presiona a la industria a innovar en materiales, rediseñar procesos y coordinarse con recicladores y operadores logísticos para cerrar el ciclo.

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Al respecto, los especialistas mencionaron que “la transición hacia un modelo más sostenible no ocurre por sí sola: debe diseñarse con datos, conocimiento y colaboración”.

Ante los desafíos que implica transitar de una lógica lineal —producir, usar y desechar— a una donde el envase se concibe desde el inicio para cumplir un ciclo completo —producción, uso, recuperación y reincorporación—, los procesos de transformación juegan un papel determinante.

Son estos los que permiten implementar estrategias como:

  • Lightweighting, mediante la reducción de material sin comprometer desempeño

  • Ecodiseño, orientado a facilitar reciclabilidad y separación de componentes

  • Optimización de estructuras multicapa, equilibrando barrera y recuperación

  • Reciclaje mecánico y químico, que depende de cómo se diseñó el envase desde su origen

Al día de hoy, la sostenibilidad debe integrarse directamente en la ingeniería del proceso; por ejemplo, una reducción de gramos en un envase no solo implica menor uso de materia prima, sino también menor consumo energético en producción y menores emisiones en transporte.

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Igualmente, el diseño del proceso influye en la capacidad de reintegrar materiales a la cadena productiva, pues un envase con múltiples capas incompatibles puede dificultar su reciclaje, mientras que una estructura optimizada desde la transformación puede facilitar su recuperación.

Esto refuerza la idea de que el impacto ambiental no se define únicamente al final del ciclo de vida, sino en cada decisión tomada durante su diseño y procesamiento; en este sentido, la sostenibilidad deja de ser una restricción para convertirse en un criterio de desempeño.

Porque en la industria alimentaria, diseñar un envase eficiente hoy implica pensar no solo en cómo protege un producto, sino en cómo se integra —y se reintegra— dentro de un sistema productivo cada vez más circular.

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