Normatividad y regulaciones

¿Cómo las presiones económicas y regulatorias están transformando la industria del chocolate y confitería?

La demanda de indulgencia impulsa a las marcas hacia productos premium que también afirmaciones de sostenibilidad, funcionalidad o salud

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Guillermina García

Periodista especializada Senior

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El chocolate y los dulces ocupan un lugar singular en la economía de alimentos: son, al mismo tiempo, un negocio global de alto volumen y una categoría profundamente cultural. En México, la confitería convive con tradiciones de cacao y chocolate que atraviesan lo gastronómico, lo social y lo ceremonial.

En Latinoamérica, el consumo sostiene cadenas de valor que conectan importaciones, manufactura local, retail moderno y canales tradicionales. Sin embargo, la industria está atravesando un punto de inflexión, en los últimos años se superponen presiones económicas de gran escala con un endurecimiento del marco regulatorio asociado a salud pública, sostenibilidad y debida diligencia en derechos humanos.

El punto de quiebre más visible ha sido el cacao. La escalada de precios en 2024 y su posterior corrección parcial en 2025 evidenciaron la fragilidad de la oferta y la velocidad con la que el riesgo agrícola se convierte en riesgo financiero y reputacional. Informes de la International Cocoa Organization (ICCO) muestran niveles de precio extraordinariamente elevados durante la temporada 2024- 2025, con promedios cercanos a los 8 mil dólares por tonelada en Londres y Nueva York en marzo de 2025.

Asimismo, la agenda regulatoria se intensificó: etiquetado frontal, restricciones a ciertos claims, políticas de reducción de azúcar y marcos ambientales y de debida diligencia están empujando una reingeniería silenciosa del portafolio.

Este nuevo contexto convierte a la confitería en un caso de estudio: una industria históricamente asociada a la “indulgencia accesible” que ahora debe sostener márgenes en un entorno de costo alto, sin perder aceptación sensorial, mientras responde a normas cada vez más exigentes sobre nutrición, sostenibilidad y origen responsable.

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El choque de costos que redibuja la ecuación del negocio

La confitería vive y muere por su costo de insumos. En chocolate, el cacao es el driver dominante: la volatilidad del grano y de sus derivados es el principal factor de presión sobre el costo estándar.

El ICCO documentó que, al cierre de 2024, los futuros de cacao mostraban incrementos muy fuertes respecto al inicio de la temporada 2024/25, reflejando expectativas de oferta apretada y nerviosismo del mercado. Para marzo de 2025, el ICCO reportaba precios todavía en rangos extraordinariamente altos, aunque con “pullback” respecto de máximos previos.

En 2025, la historia se volvió más matizada: entidades financieras y análisis sectoriales reportaron que la demanda industrial se debilitó ante el traslado de costos y la compresión de márgenes, contribuyendo a una caída de precios.

Esto no significó normalidad; significó que el mercado entró en un nuevo régimen: alta volatilidad con sensibilidad extrema al clima en África Occidental, a la sanidad del cultivo y a señales de grindings (moliendas) y consumo.

A esta presión se suman azúcar, leche y grasas. Para la confitería no chocolatera, el azúcar y jarabes son el corazón del costo; y para confitería láctea, la leche y derivados amplifican el impacto inflacionario.

El resultado es un fenómeno conocido por el consumidor como “shrinkflation” (reducción de gramaje con precio igual o mayor), pero que para la industria es una estrategia defensiva de elasticidad: ajusta el precio por unidad sin romper del todo el umbral psicológico de compra. En mercados como Reino Unido, la conversación pública sobre shrinkflation en chocolates navideños se volvió un indicador de lo que sucede cuando el costo estructural se vuelve incompatible con el posicionamiento de “capricho accesible”.

Para México y LATAM, esto tiene dos implicaciones:

  1. El portafolio requiere arquitectura de precios más granular para proteger márgenes

  2. El desarrollo de producto se vuelve un ejercicio de ingeniería económica, donde pequeñas variaciones en cacao, grasa, azúcar o leche cambian por completo la viabilidad del SKU.

Volatilidad internacional y transmisión de precios a la cadena

El cacao no sólo es caro o barato: es volátil. Esa volatilidad se transmite en cascada a contratos, coberturas, inventarios, políticas de pricing y negociación con retail. Cuando el commodity se mueve rápido, se amplifica la tensión entre dos velocidades: la del mercado financiero (instantánea) y la del mercado de consumo (lenta).

El consumidor no “acepta” que el chocolate suba 15% de un mes a otro porque el futuro subió; el retailer tampoco. Esa diferencia de velocidades crea la zona donde se erosionan márgenes y se reconfigura el portafolio.

En 2025, Reuters reportó cómo la volatilidad del cacao llegó a impactar decisiones estratégicas de jugadores del sector, con Barry Callebaut evaluando opciones para separar su división de cacao, precisamente para reducir exposición a los vaivenes del commodity y sostener un perfil financiero más estable.

En términos industriales, este tipo de movimientos es una señal: cuando un actor con escala y sofisticación de cobertura considera reestructurar su exposición, se vuelve evidente que el riesgo ya no es cíclico sino potencialmente estructural.

Para los fabricantes el efecto más tangible se ve en tres frentes:

  1. renegociación de contratos con proveedores

  2. sustitución parcial de formulación

  3. priorización de SKUs rentables

Esto tiende a “limpiar” portafolios, pero también a reducir diversidad, lo que abre oportunidades para nichos premium y artesanales que pueden cobrar por diferenciación.

Presiones inflacionarias y poder adquisitivo

La confitería es una categoría pequeña en ticket, pero grande en frecuencia y psicología. Cuando el poder adquisitivo se debilita, el consumidor no necesariamente abandona la indulgencia; la reconfigura.

Puede bajar la frecuencia, cambiar de marca, migrar a formatos más pequeños, o sustituir con snacks alternativos. Esto obliga a la industria a segmentar de manera más agresiva: mantener entradas de precio y, al mismo tiempo, expandir el valor en premium.

En México, además, el etiquetado frontal y la discusión de azúcar añadida influyen en la percepción de “culpa” asociada a dulces. Esto empuja una doble presión: económica y reputacional. La respuesta corporativa suele ser una combinación de porciones menores, reformulación selectiva y narrativa de consumo responsable, con un cuidado extremo en claims para evitar fricciones regulatorias.

Competencia desigual

La competencia se mueve en dos tableros. Las multinacionales tienen escala, poder de compra, portafolios amplios y capacidad de absorber shocks por más tiempo; los productores artesanales tienen flexibilidad, storytelling y posicionamiento de valor.

Cuando el cacao se encarece, el artesano sufre de inmediato porque compra sin escala; pero también puede justificar un precio alto con narrativa de “cacao de origen” o “bean-to-bar”. Las multinacionales, en cambio, deben sostener volumen; su riesgo es la pérdida de elasticidad y la reacción del retail.

El punto de inflexión actual está empujando a ambos a profesionalizarse: los grandes hacia trazabilidad, debida diligencia y reformulación; los pequeños hacia abastecimiento más formal, control de costos y cumplimiento de etiquetado. El resultado probable es una polarización: mayor crecimiento en premium y en “porción controlada”, con presión sobre la zona media de precio.

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Si bien el comportamiento del consumidor también se ve influenciado por temas más recientes como la sostenibilidad y el abastecimiento, los aspectos fundamentales del chocolate y los dulces se mantienen. Foto: Freepik

Transformaciones regulatorias como ejes del nuevo cumplimiento

La confitería está en el centro del debate de salud pública por su densidad calórica y contenido de azúcares añadidos. A nivel regulatorio, el vector más influyente en México ha sido el etiquetado frontal de advertencia (FoPWL).

La adopción de etiquetas de advertencia ha sido ampliamente documentada en literatura académica, describiendo el marco, la lógica y los componentes regulados (calorías, azúcar, grasas saturadas, grasas trans, sodio).

Además, investigaciones han modelado impactos potenciales del etiquetado frontal sobre la ingesta de nutrientes críticos en población mexicana, aportando evidencia para entender cómo estas medidas pueden cambiar el entorno de decisión del consumidor.

En la práctica industrial, el etiquetado frontal no sólo cambia la etiqueta: cambia el negocio. Para chocolate y dulces, implica:

  • Rediseño de empaques y line extensions para manejar sellos sin destruir el equity visual.

  • Replanteamiento de porción y gramaje para optimizar el perfil regulatorio por 100 g/ml o por porción, según aplique.

  • Reformulación selectiva (reducción de azúcar, uso de edulcorantes, incorporación de fibras) con el riesgo sensorial asociado.

  • Ajuste de claims y comunicaciones: el etiquetado frontal interactúa con la capacidad de usar ciertos elementos de marketing y puede limitar el uso de mensajes “saludables” en productos con sellos, según criterios regulatorios.

A nivel LATAM, Chile, Perú y otros mercados han aplicado esquemas de advertencias que generan desafíos similares: un fabricante regional con exportación intralatina debe gestionar múltiples etiquetas y umbrales. A nivel Norteamérica y Europa, la presión se expresa más por guías de “added sugars”, iniciativas de reducción voluntaria/sectorial, y marcos de información nutricional y publicidad, con intensidades distintas según país.

Regulaciones ambientales

El segundo gran eje es ambiental y se está volviendo determinante para cacao. La Unión Europea ha empujado legislación para reducir la deforestación asociada a commodities, incluido el cacao.

En 2025, Reuters informó que el Parlamento Europeo apoyó retrasar la implementación de la ley de deforestación un año, estableciendo cumplimiento para grandes operadores en 30 de diciembre de 2026 y para pequeñas y microempresas en 30 de junio de 2027. La propia Comisión Europea también ha comunicado el calendario de aplicación en esos términos.

Para el sector chocolate, esta regulación cambia la definición de “cumplimiento” en abastecimiento: ya no basta con comprar cacao “certificado” o con un código de proveedor; se requiere una trazabilidad robusta y evidencia de diligencia debida, con riesgos de exclusión de mercado para cadenas que no puedan demostrar origen libre de deforestación. Para exportadores y para fabricantes que importan cacao o derivados con destino a la UE, esto implica inversión en:

  • Sistemas de trazabilidad por lote y geolocalización.

  • Auditorías de cadena y verificación documental.

  • Gobernanza de proveedores y mecanismos de remediación.

En México y LATAM, incluso cuando el destino final no sea la UE, esta regulación funciona como “estándar de facto” por el efecto cascada: grandes compañías globales tienden a elevar requisitos para toda su cadena a fin de evitar complejidad y riesgo reputacional. Esto puede fortalecer a proveedores formales, pero también elevar barreras de entrada para pequeños productores que no tengan capacidades de trazabilidad digital.

El cacao carga un historial de controversias por trabajo infantil y condiciones de trabajo en regiones productoras. Desde la perspectiva regulatoria, el cambio es que la debida diligencia en derechos humanos dejó de ser únicamente un compromiso voluntario; se está integrando en marcos legales, especialmente en Europa.

La Comisión Europea documenta que la Directiva de debida diligencia en sostenibilidad corporativa (CSDDD, Directiva 2024/1760) entró en vigor el 25 de julio de 2024, con el objetivo de obligar a empresas en alcance a identificar y abordar impactos adversos en derechos humanos y ambiente a lo largo de sus cadenas de valor.

Al mismo tiempo, el panorama político puede modular el alcance y el calendario: en diciembre de 2025, Reuters reportó que el Parlamento Europeo aprobó un acuerdo para debilitar ciertas leyes de sostenibilidad corporativa, con pasos finales previstos en 2026.

La señal para la industria es clara: habrá debate sobre intensidad regulatoria, pero la dirección general (más exigencias sobre cadena y evidencia) no desaparece; se reconfigura.

En el terreno de evidencia, el Departamento de Trabajo de Estados Unidos mantiene una “List of Goods Produced by Child Labor or Forced Labor”, que incluye información específica sobre cacao y riesgos de trabajo infantil, con referencias a estimaciones de prevalencia en hogares cacaoteros. Este tipo de documentos no sólo alimenta presión reputacional; alimenta due diligence de compradores, bancos, aseguradoras y grandes clientes.

Para México y LATAM, esto impacta en dos sentidos:

  1. Empresas regionales que exportan o proveen a multinacionales deberán alinearse con exigencias de debida diligencia.

  2. Marcas locales enfrentan consumidores y retailers más sensibles a ética del abastecimiento, especialmente en premium.

Uno de los costos menos visibles para confitería regional es la fragmentación. Un mismo producto puede enfrentar diferentes umbrales nutricionales, reglas de etiquetado, restricciones de publicidad y requisitos ambientales dependiendo del mercado. Esto multiplica:

  • SKUs y versiones de empaque.

  • Costos de compliance y validación legal.

  • Complejidad en supply chain y planificación.

La estrategia ganadora tiende a ser “plataforma”: desarrollar una arquitectura de producto adaptable, donde la base sensorial sea estable y los ajustes (dulzor, porción, claims, empaque) se puedan parametrizar por mercado con mínimo retrabajo.

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Innovación y adaptación: de la reformulación a la estrategia corporativa integral

La reforma más difícil en confitería es el azúcar. No sólo endulza: estructura, aporta volumen, controla agua, define textura, cristalización y vida útil. Cambiar azúcar en chocolate y dulces no es una decisión de “cambiar ingrediente”; es un rediseño fisicoquímico.

En México, la presión por azúcar se alimenta de dos vías: regulación y demanda de consumidores que buscan “menos azúcar” o “sin azúcar”. Esto ha hecho crecer el interés por portafolios de edulcorantes y herramientas de reformulación por parte de proveedores de ingredientes, aunque el éxito depende de manejar aftertaste, costo y estabilidad en proceso.

Para chocolate, las rutas más usadas incluyen polioles, fibras con función de volumen, y edulcorantes de alta intensidad combinados; para gomitas y caramelos, la complejidad adicional es la textura. En todos los casos, el desafío principal es sensorial: el consumidor perdona el precio, pero no perdona una experiencia inferior.

En confitería, las proteínas alternativas suelen entrar menos por necesidad nutricional y más por estrategia de portafolio:

  • chocolates funcionales (con proteína)

  • snacks híbridos (confitería + nutrición)

  • formulaciones “better-for-you”

Pero lo que mueve el mercado no es únicamente el ingrediente: es la capacidad de sostener claims y cumplir regulación sin caer en promesas de salud no sustentadas.

En grasas, la presión viene por costo, sostenibilidad y perfil regulatorio. La sustitución de ciertas grasas puede responder a disponibilidad, a objetivos de reducción de saturadas o a iniciativas de abastecimiento responsable. La tendencia relevante es que la “grasa” dejó de ser un insumo invisible: ahora es parte del discurso de sostenibilidad y del escrutinio de cadena.

La porción se ha convertido en herramienta regulatoria y de negocio. Donde el etiquetado o el posicionamiento de salud ponen presión, la industria responde con:

  1. Unidades más pequeñas (porción controlada) para sostener frecuencia de compra.

  2. Multipacks con porciones individuales.

  3. Cambios de gramaje para optimizar elasticidad y percepción de valor.

Este tipo de estrategias también es una respuesta a inflación: permite mantener un precio de entrada y evitar una caída abrupta en volumen. En mercados donde la conversación pública sobre shrinkflation creció, se vuelve crítico gestionar transparencia y reputación: bajar gramaje sin explicar puede provocar reacción negativa; hacerlo como “porción consciente” puede sostener aceptación si está alineado con narrativa y evidencia.

La trazabilidad ya no es sólo “para auditoría”: se está convirtiendo en un atributo de marca, especialmente en premium. La razón es doble:

  1. Regulaciones ambientales como la ley europea de deforestación empujan requisitos duros de evidencia.

  2. La debida diligencia en derechos humanos escala en exigencia, al menos para empresas en alcance y para cadenas que venden a esos compradores.

En términos de estrategia, las empresas que inviertan temprano en trazabilidad –con datos utilizables para cumplir y para contar una historia verificada– pueden capturar valor. Esto es especialmente relevante en México y LATAM, donde el premium crece cuando hay diferenciación auténtica.

La diversificación es una respuesta a dos tensiones: margen y aceptación social. El chocolate premium puede sostener precio si tiene diferenciación; los funcionales pueden capturar al consumidor que busca “algo más” que indulgencia; lo vegano responde a tendencias de ingredientes y posicionamiento. Pero cada vía trae riesgos: premium exige consistencia de calidad, funcional exige evidencia y cuidado regulatorio, vegano exige ingeniería sensorial.

La categoría se está “cross-categorizing”: confitería se mezcla con snacks, con nutrición y con bienestar. Para una industria B2B, esto implica que competidores no son sólo confiteras, sino barras, snacks saludables, bebidas funcionales y hasta suplementos en formato gomita.

Cuando el valor se redefine por salud, sostenibilidad y bolsillo

El consumidor actual enfrenta un entorno de mayor precio y más información. Etiquetado frontal, noticias sobre cacao caro, y conversación sobre sostenibilidad hacen que la compra sea menos automática. Esto no implica el fin de la indulgencia; implica un traslado hacia:

  • compras más planeadas

  • formatos más pequeños o promociones

  • migración a marcas con percepción de calidad

  • experimentación con “better-for-you” para reducir culpa

La confitería se vuelve más segmentada: el consumidor consciente se mueve hacia productos con menos azúcar, ingredientes reconocibles o atributos de sostenibilidad; el consumidor tradicional se mantiene, pero presiona por precio.

La oportunidad está en capturar nuevas demandas sin caer en claims riesgosos. El etiquetado frontal en México y la literatura alrededor de advertencias nutricionales dejan claro que el entorno regulatorio busca influir en decisiones y disminuir exposición a nutrientes críticos.

En este contexto, las marcas que pretendan capitalizar salud deben sostenerlo con reformulación real y comunicación sobria.

En sostenibilidad, el consumidor no siempre paga más, pero sí castiga incoherencias cuando el tema se vuelve visible. Y en chocolate, la conversación sobre deforestación y trabajo infantil puede activar rápido una crisis reputacional, especialmente en premium.

A nivel B2B, conviene ver la categoría como dos motores:

  1. Indulgencia tradicional: volumen, elasticidad alta, sensibilidad al precio. Aquí manda la eficiencia industrial y la arquitectura de precios.

  2. Premium: margen, diferenciación, sensibilidad a credenciales (origen, trazabilidad, contenido). Aquí manda la gestión de evidencia y narrativa verificada.

La clave no es elegir uno; es administrar portafolio con roles claros: SKUs de volumen que sostienen rotación y SKUs de valor que sostienen margen y reputación.

El marketing en confitería está entrando en era de auditoría. “Sostenible”, “responsable”, “trazable” y “menos azúcar” ya no pueden ser promesas vacías: requieren sustento documental, coherencia con regulación y consistencia con el producto. La trazabilidad exigida por marcos como la ley europea de deforestación empuja a que las empresas documenten su historia. Esto puede ser ventaja si se hace bien; puede ser riesgo si se improvisa.

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La motivación del consumidor en el espacio de la confitería de chocolate está impulsada tanto por la búsqueda de placer como por motivaciones orientadas a un propósito. Foto: Freepik

Señales que ya están marcando el rumbo

1) Reformulación como supervivencia competitiva

La tendencia más clara en confitería es la reformulación selectiva. No es universal porque tiene límites sensoriales y de costo, pero es una ruta obligada para capturar al consumidor consciente y para mitigar impactos de etiquetado.

En México, la evidencia académica y el debate regulatorio muestran que el etiquetado frontal está diseñado para desincentivar productos con altos contenidos de nutrientes críticos y para transformar el entorno de elección.

La industria responde con ingeniería: no siempre se trata de “eliminar azúcar”, sino de ajustar matriz, porción, e incluso mensajes de consumo responsable.

2) Cacao certificado y trazabilidad: del sello al dato

La certificación ha sido por años la respuesta estándar. El cambio ahora es que el sello no siempre será suficiente frente a regulaciones que exigen evidencia granular. La ley de deforestación de la UE apunta a diligencia debida verificable, lo que tiende a privilegiar trazabilidad basada en datos y georreferenciación.

Esto puede transformar la relación con proveedores: de compra por volumen a alianzas por cumplimiento y estabilidad, con inversiones en origen para asegurar continuidad.

3) Dulces funcionales y la frontera con suplementos

En México y LATAM crecen formatos tipo gomita, snack funcional y chocolate con ingredientes “de valor agregado”. La oportunidad está en combinar indulgencia con funcionalidad percibida. El riesgo está en regulación y credibilidad: cualquier claim debe estar respaldado; de lo contrario, expone a sanciones y pérdida de confianza.

4) Empaques sostenibles y presión ambiental

Aunque el empaque no es el foco principal del shock (como lo es el cacao), sí forma parte del rediseño. Cuando la industria reduce porción o cambia formato, también reoptimiza materiales. Además, la sostenibilidad se convierte en narrativa transversal: cacao responsable + empaque responsable como “paquete” de credenciales. En el caso del chocolate, esto se vuelve especialmente relevante en premium, donde el empaque es parte de la experiencia.

Riesgos y oportunidades estratégicas: cómo decidir bajo incertidumbre

Los riesgos principales son:

  1. Pérdida de competitividad por costos y volatilidad. El cacao seguirá expuesto a shocks climáticos y a ciclos de oferta/demanda. Informes del ICCO y análisis de mercado en 2025 muestran un entorno donde el precio puede “corregir”, pero la volatilidad permanece como constante.

  2. Costos de cumplimiento y acceso a mercado. Regulaciones como la ley europea de deforestación elevan el estándar de evidencia. No cumplir puede implicar costos, retrasos o exclusión del mercado.

  3. Riesgo reputacional por derechos humanos. Documentos oficiales como la lista del Departamento de Trabajo de EE. UU. mantienen la visibilidad del problema de trabajo infantil en cacao, elevando presión sobre la cadena.

  4. Rechazo del consumidor a reformulación mal ejecutada. Reducir azúcar o cambiar grasas sin sostener experiencia puede destruir repetición de compra. En confitería, la tolerancia al “trade-off” sensorial es baja.

Entre las oportunidades principales destacan:

  1. Diferenciación por trazabilidad y sostenibilidad verificable. La presión regulatoria puede convertirse en ventaja competitiva para quien construya capacidad primero.

  2. Premiumización inteligente. En escenarios de cacao caro, premium puede sostener margen si tiene propuesta clara (origen, cacao alto, experiencias, ética verificable).

  3. Porción controlada como puente. Permite sostener entradas de precio y alinearse con narrativa de consumo responsable sin sacrificar indulgencia.

  4. Innovación “cross-category”. Dulces funcionales y chocolates con atributos de valor pueden capturar demanda de consumidores que quieren indulgencia con “permiso” (siempre con claims responsables).

Escenarios hacia 2030: ¿más regulado o más flexible?

El escenario más plausible es “más regulado, pero con ajustes políticos”. La evidencia reciente en la UE muestra que puede haber retrasos o intentos de suavizar marcos, pero no un retorno completo al statu quo: la ley de deforestación avanza con calendario definido, aunque pospuesto. Y la debida diligencia corporativa, aunque sujeta a debate político, ya está instalada como concepto operativo para cadenas globales.

Para México y LATAM, esto significa que incluso cuando la regulación local no sea tan exigente en ambiente o debida diligencia, los requisitos vendrán “importados” por grandes compradores, por estándares de exportación y por presión reputacional.

Finalmente, la industria del chocolate y los dulces está entrando en una etapa donde el desempeño dependerá menos del marketing tradicional y más de la capacidad de operar con disciplina económica y regulatoria.

El cacao caro y volátil expuso la fragilidad del modelo basado en materia prima relativamente estable, el etiquetado frontal y las políticas de salud pública obligan a revisar porciones, mensajes y formulaciones, y las regulaciones ambientales y de debida diligencia están convirtiendo la trazabilidad en requisito básico para competir en ciertos mercados.

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Guillermina García

Periodista especializada Senior

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Periodista especializada con más de 15 años en medios de comunicación. En los últimos 8 años ha enfocado sus conocimientos y competencias en la industria de alimentos y bebidas, y en el sector de packaging para alimentos.

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