Normatividad y regulaciones

Derecho vitivinícola en México: desafíos normativos y el futuro del vino mexicano

El Dr. Oscar Cruz Barney, experto en regulaciones vinícolas, explica los retos legales de la industria

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Laura Herrera

Analista de Contenido

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Derecho vitivinícola en México: desafíos normativos y el futuro del vino mexicano

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De niño, —mucho antes de convertirse en uno de los pioneros en el estudio del derecho vitivinícola en México— el Dr. Oscar Cruz Barney observaba a su padre repetir un ritual que marcaría su vida: calentaba agua para despegar con delicadeza las etiquetas de las botellas de vino; luego, meticulosamente, las pegaba en álbumes fotográficos que organizaba por regiones y países.

Ese peculiar hobby —que aún conservan él y sus hermanos— convirtió al vino no solo en un elemento habitual en la mesa familiar, sino también en un tema de conversación constante que, con el paso de los años, terminaría cruzándose con otra de sus pasiones: el derecho.

Sin embargo, cuando buscó bibliografía que uniera ambos mundos, descubrió que en México prácticamente no existían obras dedicadas a explicar el marco jurídico que regula la industria vitivinícola.

Tal ausencia lo llevó a emprender una investigación que culminó en 2023 con la publicación de El vino y el derecho, una de las primeras obras mexicanas dedicadas a analizar de manera integral las disposiciones legales que rodean la producción, comercialización, etiquetado y protección del vino.

En el marco del Wine Marketing Program, México 2026, en The Food Tech® conversamos con el también socio fundador del despacho Cruz Barney-Pérez Cuéllar, académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel III, quien explica por qué el derecho vitivinícola será una pieza clave para el futuro de la industria mexicana.

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El Dr. Oscar Cruz Barney es autor del libro "El vino y el derecho". Foto: Cortesía.

De la restricción colonial a la reconquista del mercado nacional

Antes de pasar a la entrevista, cabe recordar que el derecho vitivinícola comprende el conjunto de normas que regulan la producción, comercialización, etiquetado y protección del vino, así como las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas. Si bien, en países de amplia tradición vinícola representa una disciplina consolidada, en México el futuro regulatorio de la industria continúa en una etapa incipiente.

La explicación tiene un trasfondo histórico. Mientras que Europa cuenta con una milenaria tradición vinícola que el Imperio Romano expandió por el continente, en la Nueva España las primeras vides europeas fueron introducidas por Hernán Cortés en 1524; sin embargo, su producción quedó limitada al ámbito religioso para proteger el comercio de los vinos españoles.

El éxito de dicha estrategia se prolongó por más de cuatro siglos: para el año 2000, más del 90% del vino consumido en territorio nacional provenía del extranjero —con clara predominancia española—, mientras que la producción mexicana apenas alcanzaba el 5% del mercado local.

Sin embargo, en las décadas siguientes, el auge de bebidas con denominación de origen como el tequila y el mezcal impulsó también al vino nacional. Acompañado por la revalorización de lo "Hecho en México", el consumo interno de etiquetas locales ascendió hasta un 39%.

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Al respecto, durante la presentación del "Congreso Internacional de la Uva y el Vino, México 2026", ocurrida hace unos meses, Salomón Abedrop, presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV), explicó:

El vino español era el favorito, ahora es el mexicano que ya representa 39 de cada 100 botellas que se descorchan en el país, mientras que las españolas se movieron al 25%”.

Abedrop señaló que las etiquetas españolas han mantenido su liderazgo en el mercado mexicano, posicionándose por encima de las procedentes de "Italia, Chile, Argentina y Estados Unidos, en ese orden". Frente a este panorama, el CMV tiene como meta a mediano plazo alcanzar el 50% del consumo nacional.

En la actualidad, países europeos como Italia, Francia y España concentran gran parte de la producción y exportación global, respaldados por siglos de especialización agrícola, cadenas de suministro altamente integradas y robustas legislaciones que protegen la denominación de origen, el etiquetado, la producción y la comercialización.

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¿Qué es el vino mexicano y por qué necesita una norma específica para regularlo?

Frente a este panorama, el Dr. Oscar Cruz Barney nos dice que el siguiente gran paso de la industria nacional no dependerá únicamente de producir mejores vinos, sino de construir un marco jurídico capaz de acompañar su crecimiento, fortalecer la confianza del consumidor y consolidar la competitividad del vino mexicano en los mercados internacionales.

Dr. Cruz, ¿qué significa jurídicamente que un vino sea mexicano? ¿Por qué este concepto sigue generando debate?

Oscar Cruz Barney. El vino mexicano ya está definido en ordenamientos como la Ley de Fomento a la Industria Vitivinícola y en diversas Normas Oficiales Mexicanas:

Es aquel producido con el 100% de uva Vitis vinifera cultivada en México, y cuyo proceso de fermentación y envasado se realiza completamente en territorio nacional.

Por lo tanto, no es vino mexicano el elaborado a partir de mostos importados, vinos traídos a granel para su embotellado local o mezclas con caldos extranjeros.

El problema central no radica en la definición, tampoco está prohibido importar mostos o embotellar vino extranjero en México; más bien, se trata de una falta de transparencia, porque la regulación actual no obliga a informar con claridad el origen de esos insumos.

Muchas veces no se indica en la etiqueta si el vino fue elaborado con mostos provenientes de Chile, Estados Unidos u otro país; eso, genera confusión para el consumidor.

En este sentido, lo importante es que exista claridad, si un vino fue elaborado con mostos chilenos y vinificado en México, debería indicarse. Lo mismo ocurre con un vino importado a granel y embotellado en el país, el consumidor tiene derecho a saber exactamente qué está comprando.

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El consumo de vino nacional ha crecido de forma importante en las últimas décadas. ¿Ese cambio responde a factores regulatorios o a una transformación cultural?

Oscar Cruz Barney. No creo que sea un tema jurídico; de hecho, el derecho se ha quedado atrás del dinamismo que vive actualmente la industria vitivinícola mexicana.

En buena medida, ese crecimiento ha sido posible porque los productores han tenido una amplia libertad para experimentar con variedades, mezclas y métodos de cultivo. Existen algunas normas aplicables al sector, pero no una regulación tan específica que limite qué uvas pueden sembrarse o cómo debe producirse el vino en cada región.

El aumento en el consumo responde, sobre todo, al trabajo realizado por los propios productores, el Consejo Mexicano Vitivinícola, las asociaciones del sector, las universidades y el impulso del enoturismo. Todos ellos han contribuido a reconstruir una cultura del vino en México.

También ha cambiado la forma en que los mexicanos se relacionan con esta bebida. Poco a poco se ha entendido que el vino no está reservado únicamente para celebraciones, sino que puede formar parte de la gastronomía cotidiana. Al mismo tiempo, existe un mayor interés por conocer las variedades de uva, los aromas, las regiones productoras y los procesos de elaboración.

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El turismo ha desempeñado un papel importante en esa transformación. México ya es una potencia turística y las regiones vitivinícolas han sabido aprovechar ese atractivo. El enoturismo acerca al consumidor a los viñedos, le permite conocer cómo se produce el vino y fortalece el vínculo con las bodegas.

Hoy las experiencias son mucho más completas: visitas guiadas, restaurantes, degustaciones y recorridos mejor organizados han contribuido a que más personas se interesen por el vino mexicano.

Aun así, el potencial de crecimiento sigue siendo amplio. El consumo per cápita continúa siendo bajo si se compara con otros países productores. Ahora, el desafío será acompañar ese crecimiento con mayor capacidad de producción, acceso al agua y condiciones que permitan el desarrollo de la industria.

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Ahora, pasando a las normativas, desde su perspectiva, ¿cuál es el principal vacío regulatorio que debería atender el país?

Oscar Cruz Barney. En México existen diversas disposiciones aplicables al vino, pero hay que distinguir entre las Normas Oficiales Mexicanas (NOM), que son obligatorias, y las Normas Mexicanas (NMX), cuya aplicación es voluntaria.

Hoy tenemos normas relacionadas con las bebidas alcohólicas, el etiquetado, los métodos de prueba y la clasificación de los vinos en general, pero no existe una Norma Oficial específica para el vino. Ese es, probablemente, el principal vacío regulatorio.

Lo ideal sería contar con una NOM que definiera aspectos fundamentales, como qué puede considerarse vino mexicano, las categorías de crianza y añejamiento, así como criterios de clasificación y producción. Actualmente, muchos de esos elementos no están regulados de manera específica.

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Además, una norma de este tipo debería construirse con la participación de los propios productores, ya que serán quienes finalmente deban cumplirla. Sé que ya se está trabajando en ese sentido y esperamos que pueda concretarse pronto.

Otro aspecto pendiente es la creación de un organismo que supervise la aplicación de esa regulación. Hoy la verificación corresponde a distintas autoridades, como la Dirección General de Normas o la COFEPRIS, pero no existe una institución especializada que certifique que los vinos cumplen con determinados estándares de producción y calidad.

Contar con ese marco daría mayor certeza tanto a la industria como al consumidor, también permitiría fortalecer figuras como las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas, ya que quienes quieran utilizarlas tendrían que cumplir reglas claramente definidas.

Finalmente, el fortalecimiento del derecho vitivinícola no pasa únicamente por una NOM. También requiere actualizar la Ley de Fomento a la Industria Vitivinícola e impulsar políticas públicas que realmente incentiven al sector, incluyendo aspectos fiscales y mecanismos que favorezcan su desarrollo.

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¿Qué impacto tendría para la industria contar con una Norma Oficial Mexicana específica para el vino?

Oscar Cruz Barney. Principalmente, daría mayor certeza tanto al consumidor como a la propia industria; también, ayudaría a garantizar estándares de calidad más consistentes.

Por ejemplo, puede ocurrir que una misma etiqueta ofrezca una añada excelente y otra de mucho menor calidad. Si una bodega quiere conservar su prestigio en los mercados nacionales e internacionales, debe mantener una disciplina que garantice la calidad de sus productos.

Eso implica que, cuando un vino no alcance el nivel esperado para una determinada etiqueta, deba comercializarse bajo otra categoría. Puede parecer sencillo decirlo desde fuera, pero representa un esfuerzo importante para los productores; sin embargo, ese tipo de prácticas son las que fortalecen la confianza del consumidor y contribuyen a construir una industria más sólida y competitiva.

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¿Por qué es importante que la regulación evolucione al mismo ritmo que la industria?

Oscar Cruz Barney. Porque la normatividad aporta seriedad a la producción y brinda mayor certeza tanto a la industria como al consumidor. Si queremos consolidar el prestigio del vino mexicano, debemos asegurarnos de que las reglas respondan a las necesidades actuales del sector y establezcan estándares claros para la producción.

Durante muchos años, la industria tuvo una amplia libertad para experimentar con variedades, procesos y estilos de elaboración. Esa etapa fue importante para su desarrollo, pero hoy los productores ya conocen qué uvas y qué prácticas funcionan mejor en cada región. Creo que ha llegado el momento de avanzar hacia una regulación más desarrollada y específica.

El derecho vitivinícola en México todavía está en una etapa muy incipiente. En países como Francia o Italia existe toda una especialización jurídica alrededor del vino. Hay despachos dedicados exclusivamente a atender temas relacionados con la producción, la comercialización, las denominaciones de origen, las indicaciones geográficas y el cumplimiento de la normativa.

Eso refleja que el vino no solo es un producto agroalimentario, sino una industria con un ecosistema jurídico propio. México todavía tiene mucho camino por recorrer, pero el desarrollo que ha alcanzado la industria hace cada vez más necesario construir un marco regulatorio acorde con esa realidad.

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En países europeos con una larga tradición vitivinícola como los que mencionó anteriormente, la regulación está estrechamente vinculada con la calidad y el origen del vino. ¿Qué tan lejos está México de alcanzar un modelo similar?

Oscar Cruz Barney. Todavía estamos lejos, aunque creo que ya comenzamos a recorrer ese camino.

El primer paso es el compromiso de la propia industria, los productores deben participar activamente en la construcción de una regulación que les dé mayor certeza y fortalezca al sector. Afortunadamente, ese trabajo ya comenzó con el desarrollo de una Norma Oficial Mexicana específica para el vino.

El segundo elemento es la voluntad política, los estados productores necesitan impulsar, de manera coordinada, un marco regulatorio más sólido a nivel federal. De hecho, algunas entidades ya cuentan con leyes de fomento vitivinícola más específicas que la legislación nacional y han avanzado en ese sentido.

Un ejemplo es la Indicación Geográfica Protegida Vinos de Querétaro, que ya cuenta con reglas de operación para definir aspectos como las variedades de uva, los procesos de elaboración y las condiciones que deben cumplir los productores.

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Ahora bien, también hay que tener presente que Europa nos lleva alrededor de mil años de ventaja en materia de regulación vitivinícola. Pretender alcanzar ese nivel en el corto plazo sería materialmente imposible.

Lo importante es que ya existen avances. Desde el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM estamos trabajando con estados como Chihuahua, Nuevo León y Baja California para generar conocimiento jurídico sobre el sector.

El siguiente reto será articular todos esos esfuerzos y definir hacia dónde queremos llevar a la industria en los próximos 20, 50 o incluso 100 años.

En esa visión de largo plazo habrá que abordar temas como el acceso al agua, la presión inmobiliaria sobre las zonas vitivinícolas, los incentivos para los productores y el desarrollo de nuevas denominaciones de origen e indicaciones geográficas. Hay mucho por hacer, pero creo que ya empezamos.

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El derecho vitivinícola, una disciplina llamada a madurar junto con la industria

Aunque el vino forma parte de la historia de México desde la época colonial, su desarrollo jurídico apenas comienza a consolidarse. Para Oscar Cruz Barney, el crecimiento de la industria durante las últimas décadas ha puesto de manifiesto la necesidad de construir un marco normativo capaz de acompañar su evolución y responder a nuevos retos relacionados con la producción, el etiquetado, la protección del origen y la competitividad.

En ese contexto, el especialista considera que la elaboración de una Norma Oficial Mexicana específica para el vino, el fortalecimiento de las indicaciones geográficas y la actualización de la Ley de Fomento a la Industria Vitivinícola representan algunos de los pasos necesarios para brindar mayor certidumbre tanto a productores como a consumidores.

No obstante, advierte que el futuro del sector no dependerá únicamente de nuevas disposiciones legales. También será indispensable mantener la colaboración entre productores, autoridades, instituciones académicas y gobiernos estatales para construir políticas públicas que impulsen el desarrollo de las regiones vitivinícolas y fortalezcan la cultura del vino en el país.

Después de todo, si la industria mexicana logró crecer gracias al trabajo conjunto de productores, universidades y organismos especializados, el siguiente desafío será que ese dinamismo encuentre respaldo en un marco jurídico capaz de proteger la identidad del vino mexicano y acompañar su desarrollo en las próximas décadas.

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