Panificación y snacks
Panificación sin gluten: los retos técnicos para desarrollar productos competitivos en México y Latinoamérica
Eliminar el gluten exige reconstruir la estructura del pan: harinas, hidrocoloides, proceso y regulación definen su viabilidad industrial.

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En los sistemas de panificación, el gluten cumple una función que va más allá del sabor o la textura: es la estructura que sostiene todo lo demás. Rosa María Mariscal, académica de tiempo completo del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México e investigadora en ciencia de cereales, lo explica con una comparación directa, en entrevista exclusiva para The Food Tech®:
"En los sistemas de panificación, el gluten es la estructura y el esqueleto. Cuando lo eliminamos tenemos dos efectos principales: el primer se observa en la masa, que pierde consistencia y se vuelve más difícil de manejar; el segundo se traslada al producto horneado: como no tenemos una estructura en la cual se puede unir el gas que se forma durante la fermentación, vamos a tener un pan apelmazado, que no va a tener suavidad ni volumen".

Rosa María Mariscal, Académico y Coordinadora de Laboratorios del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana CDMX
Esto que describe la especialista, es, en esencia, el problema estructural que cualquier desarrollo de panificación sin gluten debe resolver antes de pensar en sabor, color o vida de anaquel.
Este reto no es un tema de nicho. El mercado mexicano de alimentos libres de gluten se proyecta entre 1,200 y 1,500 millones de dólares en 2026, con crecimiento hacia los 2,500-3,200 millones para 2035, impulsado por el aumento en diagnósticos de enfermedad celíaca, el giro hacia hábitos de consumo más saludables y la expansión de la disponibilidad en retail y foodservice.
Dentro de ese mercado, panificación y confitería concentran entre 35% y 40% del valor total, la categoría más grande dentro del sector sin gluten en el país. A nivel regional, el mercado de alimentos preparados sin gluten en América Latina y el Caribe se estima en 1,200-1,500 millones de dólares en 2026, con un crecimiento proyectado de 9% a 11% anual hasta 2035.
Por si fuera poco, México sigue siendo estructuralmente dependiente de la importación para materias primas certificadas sin gluten, como harinas especializadas de arroz, quinoa y teff, aglutinantes hidrocoloides e insumos de procesamiento dedicado, con cerca del 60% y 70% del suministro proveniente de Estados Unidos, Canadá y Europa.

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Criterios técnicos para seleccionar harinas alternativas
Al momento de decidir entre harinas de arroz, maíz o leguminosas para un desarrollo específico, Mariscal plantea un marco de tres rubros que deben evaluarse en conjunto:
"Yo lo englobaría mucho como en tres grandes rubros. El primero sería ver su efecto en el procesamiento; otro, sería la parte sensorial, y finalmente la parte nutrimental", compartió.
Sobre el rubro sensorial, Mariscal es enfática en temas de formulación, y asegura: "podemos tener un producto muy bueno nutrimentalmente, muy bueno para la parte de proceso, pero si al final tenemos un producto que no le gusta a nuestro consumidor, estamos fuera".
Rubro técnico | ¿Qué evalúa? | Riesgo si se ignora |
Procesamiento | Absorción de agua, propiedades viscoelásticas, capacidad de formar estructura | Masa inmanejable, defectos de volumen y textura |
Sensorial | Compatibilidad de sabor con el tipo de producto, color, suavidad | Producto técnicamente correcto pero rechazado por el consumidor |
Nutrimental | Aporte de proteína, fibra y minerales de la harina elegida | Producto sin diferenciación nutricional real frente al pan convencional |
Un matiz interesante que documenta Mariscal es el cambio en la percepción de color del consumidor mexicano:
"Antes el color que buscaban más era un pan más claro, ahora ha cambiado porque las personas ya asocian una coloración más oscura con productos que tienen una mayor cantidad de fibra. La harina de almendra, por ejemplo, favorece la reacción de Maillard durante el horneado, generando un dorado que el consumidor actual prefiere, junto con mayor suavidad”, resolviendo así, uno de los principales retos de formulación.

¿Cómo inciden tamaño de partícula, almidón, proteína y fibra en el desempeño de la masa?
Sobre la gelatinización del almidón (el hinchamiento y ruptura del gránulo durante el horneado) Mariscal identifica una relación técnica de doble filo:
"Si nosotros hacemos una mayor gelatinización vamos a tener mayor suavidad. Pero por otro lado, una de las desventajas es que va a incrementar también el índice glucémico de nuestro producto", explica.
Las fibras, por su parte, suelen reducir el volumen del producto, añadiendo una variable más al balance que debe resolverse en cada desarrollo. Mariscal resume el proceso completo haciendo un símil entendible:
"Es como un rompecabezas, tenemos que ir poniendo todas las piezas en el lugar exacto e ir buscando justamente cuál es ese equilibrio".
Las combinaciones de harinas con mejores resultados documentados
Combinación | Beneficio principal | Consideración técnica |
Harinas o almidones + proteínas de leguminosas | Aporta estructura (de los almidones) y valor nutrimental y estructura adicional (de las proteínas) simultáneamente | Riesgo de compuestos anti nutricios si las leguminosas no se pretratan correctamente |
Mezcla de almidón de arroz + almidón de maíz | Buenos resultados en textura y volumen | Ambos almidones suelen asociarse a un índice glucémico alto |

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El manejo correcto de leguminosas: pretratamiento y límites de incorporación
Para el uso de leguminosas en formulaciones sin gluten, Mariscal recomienda un pretratamiento casi siempre térmico como paso indispensable, ya que es precisamente durante ese tratamiento donde se eliminan los compuestos antinutricios.
Otros procesos que la investigación reciente ha evaluado con buenos resultados son la germinación y la fermentación, que además de eliminar compuestos antinutritivos, mejoran la calidad nutrimental y el sabor de las leguminosas.
En cuanto al nivel de incorporación, la literatura documentada sitúa el rango efectivo entre 5% y 30% de leguminosas, dependiendo de la leguminosa específica; superar ese porcentaje deja de aportar un efecto positivo al proceso de panificación.
El papel de hidrocoloides, enzimas y proteínas vegetales en la construcción de una red sustituta
La mayoría de las formulaciones sin gluten hoy en día recurre a hidrocoloides, ingredientes fáciles de adquirir, sin problemas toxicológicos conocidos, que forman una red capaz de retener el gas (ya sea aire o dióxido de carbono) dentro de la estructura del pan incluso en ausencia de gluten; el resultado no alcanza el mismo volumen que un pan de trigo, pero sí un volumen mayor al que se obtendría sin ese tipo de ingredientes, y una miga menos apelmazada.
A esto se suman enzimas vegetales, provenientes principalmente de leguminosas, y enzimas específicas como la transglutaminasa o la alfa-amilasa, que facilitan mecanismos para que la estructura esté más disponible para incorporar aire o dióxido de carbono.
Para optimizar la interacción entre todos estos ingredientes y lograr estabilidad tanto en la fermentación como en el horneado, Mariscal describe el uso de métodos estadísticos (específicamente superficies de respuesta) que permiten identificar el punto de equilibrio en el que se obtiene un producto con buenas características, evaluando simultáneamente el aspecto sensorial, nutrimental y de almacenamiento, incluyendo el tiempo que tarda el producto en volverse rancio o perder frescura.

Los errores más comunes en formulación sin gluten
Al preguntarle directamente por los errores más recurrentes en el desarrollo de productos sin gluten, Mariscal identifica dos patrones que afectan la calidad final del producto:
Exceso de aditivos sin funcionalidad real, generalmente en un intento de alcanzar el estándar de volumen y altura de un pan con gluten, sin reconocer que un pan sin gluten tendrá, inevitablemente, características diferentes a las de un pan tradicional.
Uso excesivo de almidones para lograr buena textura, a costa de descuidar el aporte nutrimental del producto.
A estos dos errores técnicos, Mariscal suma una variable que rara vez se discute en el mismo nivel: la parte económica.
Los consumidores que buscan productos a base de cereales con frecuencia priorizan su practicidad y prefieren productos transportables que pueden consumirse en un descanso breve durante la jornada laboral, lo que exige balancear de forma simultánea el costo, el valor nutrimental y la funcionalidad técnica de la formulación.
Ajustes de proceso: hidratación, mezclado, fermentación y horneado
Un hallazgo que Mariscal destaca desde su experiencia industrial y de investigación es que, al emplear harinas distintas a la de trigo, los tiempos de amasado, fermentación y horneado tienden a disminuir; esto representa una ventaja real para la operación industrial, ya que implica menor consumo de energía y de tiempo en la línea de producción.
Sin embargo, esta ventaja exige control riguroso, pues sin parámetros bien definidos para cada línea de producción, la reducción de tiempos de proceso puede traducirse en reprocesos en lugar de eficiencia.

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Nixtamalización: una vía funcional con relevancia particular para México
Una de las líneas de investigación que Mariscal desarrolla desde su grupo de trabajo evalúa cómo distintos maíces estandarizados pueden funcionar como ingrediente para productos panificados, con resultados particularmente favorables en la incorporación de calcio:
"Hemos encontrado buenos resultados, sobre todo para la incorporación de calcio, que a veces no podemos consumir a través de otras fuentes y actualmente pues sigue incrementando la intolerancia a la lactosa, por ejemplo, o a la proteína de la leche", comparte.
Esto tiene una relevancia nutricional específica en un contexto en el que además de las intolerancias. ciertas zonas del país enfrentan inaccesibilidad a productos lácteos, pero sí tienen acceso a productos nixtamalizados.
Al complementar las formulaciones en panificación con fibras solubles o hidrocoloides, un ingrediente nixtamalizado puede además contribuir a incrementar el volumen del producto final, y hasta el momento las evaluaciones del equipo de investigación (incluyendo panes con volumen y textura suave) muestran resultados positivos, aunque todavía pendientes de validación completa en vida de anaquel, según expone la catedrática.
Este hallazgo conecta directamente con el marco regulatorio mexicano: la NOM-247-SSA1-2008 establece los nutrimentos que deben adicionarse y restituirse en las harinas de trigo y de maíz nixtamalizado (incluyendo ácido fólico, hierro y zinc) y su nivel de adición correspondiente, siendo de observancia obligatoria en todo el territorio nacional para quienes procesan o importan estos productos.
Mariscal confirma que continuar con este tipo de regulación de fortificación es clave para lograr productos panificados accesibles y nutrimentalmente adecuados para la población, reforzando que la estrategia de fortificación en panificación sin gluten en México no opera en un vacío normativo, sino sobre una base regulatoria ya establecida para cereales.
El panorama regulatorio de "libre de gluten" en América Latina: un mosaico sin armonizar
Más allá de la fortificación, cualquier desarrollo de panificación sin gluten con vocación regional debe navegar un panorama normativo fragmentado en torno a un solo número: el umbral de partes por millón (ppm) de gluten permitido para usar la declaración "libre de gluten".
La referencia internacional más citada proviene del Codex Alimentarius y fue retomada por la FDA de Estados Unidos, que estableció un límite de menos de 20 ppm para que un alimento pueda etiquetarse como "gluten-free", "libre de gluten" o "sin gluten"; ese umbral de 20 ppm se originó en un estudio doble ciego de 2007 liderado por el Dr. Catassi en Italia, que determinó que las personas con enfermedad celíaca pueden tolerar hasta 50 mg de gluten al día sin daño intestinal significativo.
Sin embargo, distintos países de la región han optado por criterios más estrictos o estructuralmente distintos, lo que complica cualquier estrategia de expansión regional con una sola formulación y un solo empaque:
País | Marco regulatorio | Criterio de "libre de gluten" |
México | NOM-247-SSA1-2008 (fortificación de harinas); sin un umbral de ppm específico armonizado a nivel federal para la declaración "libre de gluten" | Uso de referencia internacional (Codex/FDA, 20 ppm) como criterio de facto en ausencia de norma específica |
Chile | Decreto N°49/2025 (Ley N°21.362, "Ley Celíaca"), modifica el Reglamento Sanitario de los Alimentos | Menos de 5 ppm, con Programa de Buenas Prácticas de Fabricación obligatorio. |
Argentina | Ley 26.588 (Ley de Celiaquía), reglamentada por Decreto 218/2023 | Sistema de etiquetado "TACC" (trigo, avena, cebada, centeno); ANMAT mantiene un listado oficial que ya supera 23,000 productos registrados. |
Brasil | Lei 10.674/2003 | Exige únicamente la leyenda "contém Glúten" o "não contém Glúten", sin definir un umbral numérico de ppm, lo que ha generado debate legal sobre si "não contém" exige ausencia total o puede alinearse al estándar de 20 ppm |
Costa Rica | RTCA 475:2011 (Reglamento Técnico Centroamericano) | Marco específico para alimentos de regímenes especiales destinados a personas intolerantes al gluten, con estudios de mercado que han detectado productos etiquetados sin gluten con concentraciones superiores a 20 ppm |
Fuentes: Chile, Argentina, Brasil, Costa Rica.
La implicación práctica de este mosaico regulatorio es directa: una formulación validada bajo el estándar de 20 ppm para el mercado mexicano o estadounidense puede no calificar para llevar la leyenda "libre de gluten" en Chile, donde el límite es cuatro veces más estricto (menos de 5 ppm).
Cualquier estrategia de exportación intrarregional de productos de panificación sin gluten debe presupuestar, desde la etapa de formulación, la posibilidad de tener que validar el producto contra el estándar más exigente de los mercados de destino, en lugar de asumir que un solo desarrollo servirá para toda la región.
Vida de anaquel: el reto del endurecimiento acelerado
El envejecimiento del pan; es decir, el endurecimiento que ocurre durante el almacenamiento, está gobernado por el proceso de retrogradación del almidón, la reorganización de las cadenas de amilosa y amilopectina hacia una estructura más cristalina conforme el pan se enfría y almacena.
Mariscal explica que uno de los enfoques que su equipo ha investigado consiste en incorporar pequeñas cantidades de ácidos grasos que se integran en la hélice de amilosa del almidón, formando complejos amilosa-lípido; estos complejos tienen el beneficio de reducir la reorganización del almidón durante la retrogradación, retrasando así el endurecimiento.
Esta observación es consistente con literatura técnica publicada sobre el tema, que documenta que los complejos amilosa-lípido pueden tener un efecto inhibitorio sobre la retrogradación del almidón particularmente en periodos de almacenamiento prolongado.
Además de esta estrategia, Mariscal identifica otras vías para extender la frescura del producto:
Modificar las condiciones de temperatura durante el horneado.
Ajustar la organización del almidón desde el nivel de la harina.
Y, dentro del marco de etiqueta limpia, el uso de enzimas específicas como una opción sólida y ya validada para retrasar el envejecimiento del producto.

Escalamiento industrial: cuando la masa se vuelve más líquida de lo esperado
Al escalar formulaciones de laboratorio a producción industrial, Mariscal identifica un problema recurrente relacionado directamente con el manejo de la masa: las masas sin gluten tienden a ser más líquidas en comparación con las masas elaboradas con harina de trigo, lo que representa uno de los principales obstáculos en la etapa de escalamiento.
Este comportamiento suele ajustarse mediante manipulación de la formulación, y aunque el resultado no alcanza el estándar de manejo de una masa de trigo, sí es posible lograr una mejora significativa en la manejabilidad del sistema, según explica.
Sobre la incorporación de inteligencia artificial y sistemas de automatización en este proceso, Mariscal observa que su llegada a la industria ocurrió sin una capacitación previa adecuada, pero que, pese a esa brecha inicial, ya se perciben beneficios claros en la reducción de tiempos, tanto en la etapa de planeación como en la de investigación, con una perspectiva de mejora continua conforme la adopción avance.
Innovación de ingredientes: proteínas alternativas y el reto de la escalabilidad
Sobre nuevas fuentes de proteína aplicables a panificación sin gluten, Mariscal menciona específicamente el uso de harina de grillo, harina de insectos en general, y algas, con una advertencia clara:
"Se ha estado realizando mucha investigación también al respecto y sin embargo todavía no llegamos a la parte de escalabilidad en algunas de estas propuestas. Ahí hay algunas problemáticas, sobre todo en la cadena de suministro", expone.
Esa observación se confirma, con detalle regulatorio adicional, al revisar el estatus legal de la harina de grillo en México: el país carece todavía de un marco federal específico para la regulación de insectos destinados a consumo humano, lo que se describe en la industria como una "laguna legal" que obliga a las empresas a operar con criterios de inocuidad importados de Codex o la Unión Europea, y a establecer acuerdos caso por caso con COFEPRIS.
En la práctica, empresas mexicanas que ya comercializan harina de grillo para panificación sustentan su cumplimiento normativo en la NOM-251-SSA1-2009 de prácticas de higiene para el proceso de alimentos, bebidas o suplementos, una norma general de inocuidad que no fue diseñada específicamente para insectos comestibles, ante la ausencia de una regulación dedicada/
Desde el punto de vista técnico, la harina de grillo (Acheta domesticus) concentra aproximadamente 65% de proteína, un contenido superior al de la carne de res (20-25%) o de cerdo (15-25%), junto con alto contenido de ácido glutámico (que aporta sabor umami) y buen aporte de vitamina B12; su tamaño de partícula fino (menor a 150 micras) mejora la dispersión en mezclas secas, y su alto contenido de quitina incrementa la capacidad de retención de agua y emulsión.
En sistemas de panificación y snacks extruidos, una inclusión de entre 10% y 12% de harina de grillo mejora el contenido proteico final sin alterar significativamente la textura crujiente, con la quitina funcionando como fibra funcional adicional.
El precedente regulatorio más citado para este tipo de ingrediente proviene de la Unión Europea, que ya autorizó formalmente el uso de harina de grillo, además de langostas y larvas de escarabajo, para la elaboración de alimentos comerciales bajo su marco de "novel food".
El tamaño de la oportunidad económica detrás de esta categoría es considerable: el mercado global de insectos comestibles se valoró en 3,810 millones de dólares en 2024, con proyección a 22,380 millones para 2032, a una tasa de crecimiento anual compuesta de 24.8%
Este marco regulatorio incompleto, pero en evolución activa (sumado a una tradición de entomofagia centenaria en México que en teoría facilita la aceptación del consumidor, a diferencia de mercados donde el rechazo cultural es la barrera principal), convierte a México en un caso particular: el obstáculo no es la aceptación del consumidor, sino la ausencia de un marco normativo dedicado que dé certidumbre a la inversión en escalamiento industrial.

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Oportunidades específicas para Latinoamérica
Al preguntarle directamente sobre las oportunidades regionales para innovar con ingredientes locales en esta categoría, Mariscal enfatiza la enorme diversidad de alimentos disponibles en toda América Latina, pero advierte contra un enfoque de exploración aislada, respecto a encontrar un tubérculo prometedor y asumir que funcionará bien para panificación sin evaluar de forma integral su perfil nutrimental, su comportamiento tecnológico, su escalabilidad de obtención masiva y su cadena de suministro.
Entre los ingredientes que destaca específicamente para el contexto mexicano se encuentran los distintos tipos de maíz del país, las leguminosas endémicas, y varios tubérculos, incluyendo algunos que, según su propia experiencia, ni siquiera son ampliamente conocidos o consumidos pese a formar parte de la diversidad alimentaria de la región.
Esta observación tiene una implicación estratégica directa para cualquier equipo de I+D en la región: el mayor potencial de diferenciación para la industria de panificación sin gluten en México y Latinoamérica está lejos de replicar ingredientes ya consolidados en mercados como el europeo o el estadounidense (arroz, sorgo, teff); en realidad, trasciende al desarrollar un pipeline de evaluación técnica riguroso para el propio patrimonio de maíces, leguminosas y tubérculos de la región, siempre que dicho desarrollo incluya, desde el inicio, una validación de escalabilidad y cadena de suministro, y no solo una prueba de concepto sensorial o nutricional aislada.
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Editora de Contenidos en The Food Tech®️
Comunicóloga con más de 10 años como creadora de contenidos para medios impresos, digitales y audiovisuales sobre la industria de alimentos y bebidas. Sommelier de té, especialista en cata, maridaje, producción y calidad de Camellia Sinensis.





