Cárnicos y alternativas plant-based

Más allá de la soya: el nuevo ecosistema de proteínas alternativas

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Laura Herrera

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Más allá de la soya: el nuevo ecosistema de proteínas alternativas

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La soya ha sido por décadas la protagonista indiscutible de las proteínas vegetales; sin embargo, un nuevo ecosistema proteico está emergiendo ante la búsqueda de los consumidores por opciones saludables y sostenibles, nos dicen Marc Pérez, especialista en marketing estratégico para Norteamérica y Yurima Aguilar, líder técnico de laboratorios para América de Brenntag, durante el segundo día de THE FOOD TECH® | SUMMIT & EXPO 2025, uno de los foros más relevantes para la innovación en alimentos y bebidas en América Latina.

“El 64% de los consumidores en América Latina buscan alimentos con beneficio para la salud y el 58% quieren alimentos altos en proteína”, mencionó Yurima, este 9 de octubre, en la conferencia Ingredientes veganos: bienestar para el consumidor, salud para el planeta.

Esta búsqueda de opciones funcionales va en aumento, la experta asegura que entre 2020 y 2025, el consumo de proteínas vegetales aumentó 12%, alcanzando 13 millones de toneladas, pero las proyecciones son aún más ambiciosas: se espera que para 2030 la demanda alcance 65 millones de toneladas métricas.

Y aquí viene un gran insight: Pérez y Aguilar señalan que entre 2030 y 2035, la irrupción de proteínas de hongos y carne cultivada podrían elevar el crecimiento del segmento de “proteínas alternativas” a 97 millones de toneladas métricas.

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¿Qué tipo de proteínas alternativas se vislumbran en el futuro?

Por su alto valor nutricional, disponibilidad y funcionalidad tecnológica, la soya ha sido el emblema de las proteínas alternativas; no obstante, otros factores se han sumado a la ecuación: nuevos vegetales, micoproteínas (derivadas de la fermentación), insectos, algas y carne cultivada en laboratorio.

Yurima Aguilar indica que, entre las proteínas vegetales, el chícharo se ha posicionado como la alternativa más explorada después de la soya, gracias a su alto valor nutricional, buena digestibilidad (93%) y menor impacto ambiental. Además, durante su cultivo, esta leguminosa fija nitrógeno en el suelo, reduciendo la necesidad de fertilizantes y mejorando la sustentabilidad agrícola.

Otras fuentes —como lentejas, garbanzos, avena, arroz o cáñamo— están ganando terreno por su versatilidad y capacidad de diversificar el perfil de aminoácidos. Para la industria, esta combinación permite diseñar alimentos que se acerquen al perfil proteico de productos animales, tanto en nutrición como en textura.

Lo positivo es que el cambio no solo amplía el portafolio de ingredientes disponibles para la industria, sino que transforma la manera en que se diseñan productos alimentarios. Por otro lado, el mayor reto está en que la transición no es lineal porque cada fuente proteica aporta funcionalidades, desafíos y oportunidades diferentes.

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Micoproteínas, insectos y algas: nuevas fronteras

Más allá de las legumbres, la innovación se extiende a fuentes menos tradicionales, pero con alto potencial:

  • Micoproteínas: derivadas de hongos y obtenidas en biorreactores, ofrecen entre 40% y 45% de proteína. Aunque requieren mejoras en aceptación sensorial, destacan por su bajo impacto ambiental y versatilidad tecnológica.

  • Proteínas de insectos: ricas en proteína y fibra, forman parte de prácticas alimentarias ancestrales en México (chapulines) y la Amazonia (larvas). Su principal reto es alcanzar texturas compatibles con matrices industriales.

  • Algas: con hasta 47% de proteína y efectos antioxidantes y antiinflamatorios, están en etapas iniciales de desarrollo, pero apuntan a aplicaciones funcionales de alto valor.

Estas fuentes no buscan reemplazar completamente a la soya, sino integrarse en un sistema diversificado que permita nuevas formulaciones, perfiles nutricionales más completos y cadenas de suministro más sostenibles.

La carne cultivada en laboratorio representa la frontera más disruptiva del ecosistema proteico. Actualmente, autorizada solo en Estados Unidos y Singapur, esta tecnología proyecta un crecimiento de 120% entre 2030 y 2035.

Aunque enfrenta desafíos de percepción cultural y escalabilidad, Aguilar destaca que su potencial para reducir la huella ambiental de la ganadería la coloca como una pieza clave en la transición alimentaria.

Cabe señalar que la diversificación proteica está impulsada no solo por la innovación tecnológica, sino también por la presión de los consumidores y los sistemas regulatorios. Etiquetas como el NutriScore, combinadas con indicadores de huella ambiental, ayudan a los consumidores a elegir productos que equilibran nutrición y sostenibilidad.

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Una transición con oportunidades y retos

A pesar de sus beneficios medioambientales, las proteínas alternativas enfrentan retos en la región como el precio: “Lo que preocupa al consumidor mexicano es el bolsillo, la calidad de los alimentos, el sistema de salud y el impacto de la contaminación. Todos estos factores influyen directamente en cómo y qué se consume”, dice Marc Pérez.

Sin embargo, los alimentos funcionales avanzan; de momento, “Brasil es el país de América Latina con más lanzamientos de productos altos en proteína, seguido de México y Colombia” señala Yurima Aguilar.

Aún con los costos, la disponibilidad tecnológica limitada y necesidad de fortificación nutricional; en estos mercados, existe un gran potencial para la diversificación de las fuentes de proteína, tanto para la industria de ingredientes como para marcas que buscan diferenciarse en categorías saturadas.

La era en la que la soya era la única opción vegetal está quedando atrás, el futuro de la proteína será diverso, tecnológico y sostenible, combinando distintas fuentes para responder a consumidores que quieren productos más saludables, accesibles y respetuosos con el medio ambiente. Este nuevo ecosistema abre oportunidades para innovar en formulaciones, cadenas productivas y narrativas de marca.

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Laura Herrera

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Periodista digital con experiencia en medios como El Universal, Univision, Condé Nast y TecScience. Apasionada por la investigación y el storytelling.

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