Lácteos y derivados
Entre mitos y ciencia: cómo recuperar la confianza en los alimentos procesados
La seguridad de los aditivos no depende de si son naturales o sintéticos, sino de la ciencia que respalda su uso y las dosis permitidas

Gerente de Nutrición y Salud para Unilever México y Centroamérica en el área de Investigación y Desarrollo
Última actualización:

En un contexto donde la sustentabilidad y la transparencia se han convertido en valores clave para los consumidores (1), surge una creciente demanda por información clara, confiable y accesible sobre los productos que eligen.
A nivel global hay una creciente desconfianza hacia los alimentos procesados, lo demuestra un análisis reciente en México realizado por Dinamic (2), donde se reporta que el 70% de los encuestados expresa rechazo hacia los alimentos procesados y los relaciona con enfermedades crónicas.
Por su parte, en España, según datos de Eurobarómetro, 51% de los españoles considera que los alimentos procesados contienen sustancias perjudiciales. Ante estos hechos es importante hacer un análisis más profundo de estos resultados.

TE PUEDE INTERESAR:
¿Cuál es el rol de la química en la alimentación y el desarrollo de envases sostenibles?
La Quimiofobia (3)
Es el miedo o rechazo irracional hacia los productos químicos, especialmente aquellos que se perciben como “artificiales” o “sintéticos”. Ingredientes con nombres técnicos o poco familiares genera desconfianza en el consumidor.
La quimiofobia se alimenta de la idea errónea de que “natural” siempre es mejor y lo “químico” perjudicial, lo que puede dificultar la comunicación científica y la aceptación de innovaciones en nutrición y tecnología de alimentos.
¿Natural significa seguro? No necesariamente
La falacia de la apelación a lo natural se basa en considerar que solo por el hecho de ser natural es bueno y que por ser artificial o sintético es malo. Se dice que es una falacia porque es un argumento inadecuado que no considera la evidencia científica. La naturaleza produce algunas de las sustancias más peligrosas conocidas por la ciencia.
Gran parte de la desconfianza radica en los aditivos alimentarios; sin embargo, los aditivos son de las sustancias más rigurosamente evaluadas en el sistema alimentario moderno.
Antes de ser autorizados para su uso, deben superar exhaustivos estudios toxicológicos, bioquímicos y de exposición realizados por organismos internacionales como el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y agencias nacionales como la FDA.
Estas evaluaciones consideran la ingesta diaria admisible (IDA), los posibles efectos a corto y largo plazo, y los niveles seguros de uso en alimentos. Gracias a este proceso, los aditivos —ya sean naturales o sintéticos— se encuentran entre las sustancias más seguras en la cadena alimentaria, y su uso está regulado por normas internacionales como el Codex Alimentarius, que garantizan la protección del consumidor y la armonización en el comercio global.

Imagen 1 desarrollada por IA. Lo importante no es si una sustancia es natural o sintética, sino cómo se utiliza y en qué cantidad se consume. La vitamina C presente en fuentes naturales y la que se encuentra en los suplementos tiene exactamente la misma estructura, y el cuerpo la procesa de la misma manera.

Imagen 2. El glutamato monosódico es la sal del ácido glutámico, el aminoácido más abundante en el cuerpo humano. El cuerpo humano no distingue entre el glutamato natural presente en alimentos como tomates o queso y el glutamato añadido como MSG. Ambos se metabolizan de la misma manera.
Todo es químico
Todo lo que existe en el planeta está compuesto por sustancias químicas. El cuerpo humano es una compleja red de reacciones químicas que permiten funciones vitales como la digestión y la respiración.
El agua que bebemos, el oxígeno que respiramos, las proteínas, las vitaminas y los minerales de los alimentos frescos y de los procesados, son todos compuestos químicos.
Incluso algunos aditivos también se encuentran como componentes naturales en alimentos cotidianos. Un estudio reciente (4) utilizó datos analíticos para evaluar el consumo de aditivos alimentarios en 106,000 adultos franceses, y presentó información sobre el consumo diario promedio de 90 aditivos alimentarios, entre los hallazgos se puede encontrar:
El caroteno es un aditivo cuya función tecnológica consiste en dar color. Las cantidades contenidas en fuentes naturales como en una porción de espinaca es mucho mayor que el promedio de lo usado en la industria.
La pectina, cuyo papel es actuar como estabilizante, está presente en una manzana en una cantidad hasta cuatro veces mayor que el promedio encontrado en los alimentos procesados.
La lecitina tiene una función emulsificante y se encuentra naturalmente en los huevos en cantidades mayores en comparación con los alimentos envasados.

Imagen 3 desarrollada por IA.
Confianza en la ciencia
Incrementar la confianza en el consumidor es tarea de todos. En un planeta con recursos limitados es fundamental hacer uso de la ciencia y la tecnología de alimentos para producir alimentos de manera sustentable y segura.
En el caso del procesamiento y el desarrollo de nuevas tecnologías e ingredientes el principal reto es mostrar los hechos en el contexto correcto, evidenciar que no se trata de que una sustancia o proceso sea antiguo o de nueva creación para garantizar su seguridad, sino que la ciencia, las pruebas, el uso correcto y las dosis son la clave para poder acceder a alimentos nutritivos o indulgentes, asequibles, inocuos y sustentables.
Algunos de los beneficios de los alimentos procesados:
Esenciales para un futuro sostenible
Contribuyen a acceder alimentos inocuos y reducir el desperdicio
Permiten la fortificación de nutrimentos para combatir deficiencias en la población y garantizar su accesibilidad para los consumidores.
Combatir la desinformación es tarea de ¡todos!
Referencias bibliográficas:
(1) EUFIC. (2015). La transparencia de la cadena alimentaria: pasado, presente y futuro. European Food Information Council. Recuperado de https://www.eufic.org/es/produccion-de-alimentos/articulo/la-transparencia-de-la-cadena-alimentaria-pasado-presente-y-futuro
(2) DINAMIC. (2025). Tendencias en el consumo alimentario: una mirada desde la antropología digital. Informe de resultados. Recuperado de https://www.quadratin.com.mx/www/wp-content/uploads/2025/08/Tendencias-en-el-consumo-alimentario-una-mirada-desde-la-antropologia-digital-2025-by-DINAMICc.pdf
(3) López Munguía, A. (2023). Alimentos: de la quimiofobia a la quimiofilia. Educación Química, Vol. 34, Número especial. Universidad Nacional Autónoma de México. Disponible en: https://revistas.unam.mx/index.php/req/article/view/86131
(4) Gibney, M. J., & Forde, C. G. (2022). Nutrition research challenges for processed food and health. Nature Food, https://doi.org/10.1038/s43016-021-00457-9
International Food Information Council (IFIC). (2009). Glutamate and Monosodium Glutamate: Examining the Myths. Recuperado de https://ific.org/wp-content/uploads/2009/10/Glutamate-and-Monosodium-Glutamate.pdf
Newsletter

Gerente de Nutrición y Salud para Unilever México y Centroamérica en el área de Investigación y Desarrollo
Su experiencia profesional se enfoca en la capacitación y orientación alimentaria para diversos mercados con más de 15 años de trayectoria. Es licenciada en Dietética y Nutrición por la Escuela de Dietética y Nutrición del ISSSTE y cuenta con una maestría en Educación por la Universidad Panamericana. A lo largo de su carrera ha aprendido a trasladar el conocimiento científico a un lenguaje de entendimiento accesible para toda la población. Además, es educadora en Diabetes, avalada por un diplomado de la UNAM y la Federación Mexicana de Diabetes, así como docente en prestigiosas universidades del país. Actualmente es Líder de Nutrición y Salud para Unilever México y el Caribe.





