Confitería
Entender la obesidad: genética, conducta y percepción social
Genética y conducta alimentaria explican la obesidad desde un enfoque integral, alejándose del estigma y priorizando comprensión y soluciones basadas en evidencia científica

Ingeniero en Ciencia y Tecnología de Alimentos
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La obesidad es una enfermedad crónica que está asociada con tener una cantidad anormal u exceso de grasa lo cual afecta de manera significativa la salud física y psicológica de las personas que la padecen (Sánchez, 2022).
Se considera estigma a las creencias, actitudes, así como percepciones negativas que algunos individuos o grupos tienen hacia otros (Serra, 2024). Estas características pueden ser relacionadas con aspectos como:
La apariencia física
El nivel socioeconómico
Orientación sexual
Color o religión
El estigma de la obesidad se ha extendido en la sociedad y se basa en hacer suposiciones inadecuadas. Se indica que la obesidad se desarrolla en personas no disciplinadas, que es una responsabilidad individual, se ha hecho a un lado considerarla una enfermedad que tiene una relación directa con el comportamiento alimentario y la genética (Sánchez, 2022).
A nivel internacional la obesidad es considerada un problema de salud pública que sigue en aumento y tiene una incidencia directa con las enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, solo por mencionar algunos de los efectos que puede causar (Gonzáles y Vega,2024)
Se considera a la obesidad un problema mundial que tiene efecto en 2 mil millones de personas a nivel global, lo cual es un grave problema de salud pública. Se tiene proyectado que en el año 2030 el 20% de las mujeres y el 14% del hombre serán afectados por esta enfermedad (Nindrea y Thongwichian,2024).
En el año 2022, en el mundo el 16% de la población adulta tenía obesidad. En el periodo del año de 1990 al 2022 la incidencia de esta enfermedad se duplicó a nivel internacional. México es considerado entre los países con los incrementos más altos con una cifra al alza para mujeres de 24.9% a 35. 2% entre el año 1999 y 2012, en el caso de los hombres de 18.5% a 26.8% en el periodo de tiempo del año 2000 y 2012.
La tendencia creciente llevó a la Secretaría de Salud a tomar acciones para poder mitigar o reducir su crecimiento, tal es la implementación del etiquetado frontal en alimentos y bebidas en el año 2020, recientemente se aplicó la Ley para Escuelas Saludables, entre otras acciones (Barquera et al.,2024).

El enfoque científico integral ayuda a diseñar intervenciones más efectivas para la prevención y tratamiento de la obesidad. Foto: Freepik
Relación con el comportamiento alimentario
García et al. (2021), definen el comportamiento alimentario como aquel que integra una variedad de conductas alimentarias las cuales se asocian a factores psicológicos, socioculturales y biológicos.
Para el caso de los factores socioculturales, se considera al modelo estético que el cuerpo ideal debe ser delgado y de cierta forma es sinónimo de belleza y además es ser más atractivos.
Los medios de comunicación de manera frecuente realizan publicidad dirigida principalmente a mujeres, quienes buscan cumplir estándares realizando dietas estrictas, vomito inducido, ejercicio de manera exagerada, entre otros, lo cual influye en la salud tanto física como mental (Pérez et al.,2023).
En lo que compete a los factores psicológicos el estrés tiene relación con la manera de alimentarnos debido a que las redes emocionales del cerebro como las hormonas inciden en aspectos de la ingesta de alimentos, al momento de la elección, el ánimo y deseo para comer.
Por lo cual, el estrés motiva a que las personas consuman en exceso bebidas y alimentos y, con mayor frecuencia, alimentos con alto contenido calórico.
Al antojo de querer consumir este tipo de alimentos se conoce como “ansia de comida”, un concepto que se asocia a la conducta y tiene que ver con un intenso deseo de comer, de salivar y pensar de manera frecuente en comida (Quispe,2021).
El estado emocional juega un papel en el comportamiento alimentario, ya que se tiene evidencia que aquellas personas con estado emocional negativos incrementan el consumo de alimentos (Valdés et al.,2020).

La interacción entre genética y conducta alimentaria influye directamente en el desarrollo de la obesidad más allá del estilo de vida individual. Foto: Freepik
Relación con la genética
El gen que está asociado a la masa magra y a la obesidad (FTO) se identificó primeramente en estudios de asociación genómica general (GWAS) relacionado con diabetes en el año 2007; posteriormente, dos estudios indicaron que el gen FTO está vinculado con la obesidad (Nindrea y Thongwichian,2024).
De acuerdo con Ponce et al. (2023), el gen FTO tiene influencia en el incremento del índice de masa corporal (IMC), la circunferencia de la cadera, así como la masa corporal total y la masa grasa.
El gen FTO está relacionado directamente con la obesidad, se expresa en el hipotálamo parte del cuerpo que se encarga de regular la conducta alimentaria, en otras palabras, se encarga de generar saciedad.
De acuerdo con diferentes estudios se ha demostrada que los individuos que presenta este gen tienen problemas de obesidad y que es más difícil poder sentirse llenos al consumir alimentos y bebidas (Navas y Valenzuela, 2023).
Las personas que tienen el gen FTO optan por consumir alimentos que destacan por tener un mayor contenido de grasa y azúcar e incluso llegan a comer sin control, lo que repercute en el desarrollo de la obesidad (Lopéz et al.,2022).
Recomendaciones para mitigar el estigma de la obesidad
Se debe reconocer que las causas y las soluciones de la obesidad son complejas. Asimismo, se deben publicitar mensajes que indiquen que esta enfermedad está influenciada por varios factores y que no necesariamente están bajo control personal.
Es decir, el control de peso no está bajo un control voluntario porque los factores del comportamiento alimentario, la genética y en un entorno social son altamente complejos, ambos influyen en la forma de alimentación.
Por ello, sería viable que los mensajes de campañas de prevención apoyen a las personas con esta condición a desarrollar conductas saludables en lugar de incitar a la pérdida de peso (Sánchez, 2022).
En el caso de México, las diferentes acciones como la modificación a la NOM-051-SCFI/SSA1-2010 actualizada en el año 2020 prometía ayudar a bajar el consumo de alimentos no saludables, y de esta manera poder disminuir os índices de obesidad en el país.
De acuerdo con García et al. (2025), encontraron en un estudio que el conocimiento del etiquetado de alimentos es considerado básico, lo cual indica que las personas ponen poca atención al etiquetado (sellos) de lo que compran, es decir, a veces lo leen, otras no, y muy pocas veces toman la decisión al momento de la compra por el etiquetado.
Esto significa que es muy probable que el etiquetado frontal de los alimentos no ayude a reducir los niveles de obesidad en el país, por lo cual se debe considerar que, si bajan los niveles de obesidad en el mundo y en el país, el estigma que lo acompaña tendrá una repercusión directa y se pudiera considerar positiva.
Pero más allá de las diferentes acciones que se pueden implementar, se recomienda diseñar programas de educación sobre alimentación adecuadas, y esto debe ser desde la educación básica. Actualmente en México ya existe lo que se considera “Escuela Saludable” iniciativa que busca erradicar la comida chatarra, pero de nada sirve si a la vuelta o en la esquina se esté ofertando este tipo de comida.
Además, debemos preguntarnos ¿nuestros docentes saben, conocen, pueden guiar u orientar a las y los alumnos en los que es la alimentación saludable?, posiblemente las respuestas son no.
Referencias bibliográficas:
Barquera, S., Hernández-Barrera, L., Oviedo-Solís, C., Rodríguez-Ramírez, S., Monterrubio-Flores, E., Trejo-Valdivia, B., ... & Campos-Nonato, I. (2024). Obesidad en adultos. Salud pública de México, 66(4), 414-424.Doi: https://doi.org/10.21149/15863
García, A. S. E., Moreno, A. G. M., & Castillo, Z. R. (2021). Papel de la grelina y la leptina en el comportamiento alimentario: evidencias genéticas y moleculares. Endocrinología, Diabetes y Nutrición, 68(9), 654-663.Doi: https://doi.org/10.1016/j.endinu.2020.10.011
García-García, J. A., Hernández-Ángel, J. F., & Charles-Meza, Á. G. (2025). El comportamiento alimentario y el conocimiento del etiquetado de alimentos: Diferencias entre mujeres y hombres. Revista mexicana de trastornos alimentarios, 15(1), 32-43. Doi: https://doi.org/10.22201/fesi.20071523e.2025.1.815
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Quispe Yana, G. M. (2021). Estado emocional y comportamiento alimentario durante la pandemia por el Covid-19 en la Comunidad Cristiana Cristo para las Naciones, 2021.
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Serra, M. B. (2024). Desmitificando el estigma de la obesidad. Biología on-line. Revista de divulgació de la Facultad de Biología, 13(1).
Valdés Miramontes, E. H., Enciso Ramírez, M. A., Fonseca Bustos, V., & Pineda Lozano, J. E. (2020). Obesidad, ingesta energética y comportamiento alimentario: Una revisión de los principales factores involucrados. Revista mexicana de trastornos alimentarios, 10(3), 308-320.Doi: https://doi.org/10.22201/fesi.20071523e.2019.2.563

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Ingeniero en Ciencia y Tecnología de Alimentos
Ingeniero en Ciencia y Tecnología de Alimentos egresado de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (Campus Saltillo). Es Maestro en Metodología de la Investigación por la Universidad Autónoma de Coahuila. Cuenta con más de 10 años de experiencia en la industria de la panificación, autoservicio, pastas, harinas, cárnicos y sazonadores.






