Suplementos alimenticios
Alimentación complementaria, DHA y microbiota: retos y oportunidades para suplementos que apoyen la nutrición infantil
Claves nutricionales de la primera infancia que conectan evidencia clínica, neurodesarrollo y microbiota con la industria de suplementos

Periodista especializada Senior
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La nutrición durante los primeros mil días de vida —desde la gestación hasta los dos años— representa una de las etapas de mayor impacto biológico, metabólico y funcional en el ser humano.
La evidencia científica actual coincide en que las decisiones nutricionales tomadas en este periodo influyen de manera directa en el neurodesarrollo, la maduración del sistema inmunológico, la programación metabólica y la salud a largo plazo.
En este contexto, la industria de suplementos alimenticios enfrenta una doble responsabilidad: garantizar productos basados en evidencia sólida y, al mismo tiempo, identificar oportunidades de innovación alineadas con necesidades fisiológicas reales.
Alimentación complementaria: fundamentos fisiológicos y retos nutricionales
En el Webinar Evidencia y Estrategia para una infancia con nutrición, organizado por ANAISA, Montserrat Bello, Especialista en nutrición clínica, destaca que la alimentación complementaria se define como el proceso mediante el cual se introducen alimentos distintos a la leche materna cuando esta deja de cubrir por sí sola los requerimientos nutricionales del lactante.
De acuerdo con la evidencia presentada, este proceso debe iniciar alrededor de los seis meses de edad, manteniendo la lactancia materna como eje central hasta los dos años o más. Desde un punto de vista fisiológico, el primer año de vida se caracteriza por un crecimiento acelerado y un aumento significativo en los requerimientos de energía, proteínas y micronutrientes.
Aunque la leche materna aporta factores inmunológicos, lípidos esenciales y una fracción importante de energía, su contenido de hierro, zinc y ciertos micronutrientes resulta insuficiente a partir del segundo semestre de vida. Este desbalance explica la elevada prevalencia de deficiencias de hierro observada en lactantes, particularmente en contextos donde la alimentación complementaria carece de diversidad.
Uno de los hallazgos más relevantes para la industria es que, si bien la mayoría de los lactantes en México inicia alimentación complementaria en tiempo adecuado, menos del 50 % recibe alimentos ricos en hierro durante los primeros meses. Esta brecha nutricional abre un espacio claro para soluciones complementarias, siempre que estén diseñadas con criterios de biodisponibilidad, seguridad y adecuación fisiológica.

Criterios de calidad y seguridad en la suplementación
Para el profesional de la salud, la elección del producto es una responsabilidad ineludible. Es vital recomendar un producto de calidad que cuente con respaldo científico y, preferentemente, sea de grado farmacéutico.
Los suplementos de grado farmacéutico se someten a una evaluación mucho más estricta, similar a un fármaco, asegurando que el contenido de la etiqueta coincida con el producto real y garantizando una buena seguridad y biodisponibilidad.
En contraste, los suplementos de grado alimenticio carecen de una evaluación tan completa, lo que puede resultar en la presencia de ingredientes no declarados (como esteroides), contaminación, o que la cantidad del nutriente sea inferior a la indicada, lo cual compromete el efecto clínico esperado. Por lo tanto, se enfatiza la necesidad de suplementar de forma responsable y elegir productos seguros, especialmente en la población pediátrica.
¿Cuáles son los nutrientes clave y estrategias de alimentación para optimizar el desarrollo temprano de la infancia?
La experta señala que el periodo de los primeros 1,000 días (desde la concepción hasta los 2 años) es un periodo crítico o sensible donde las necesidades nutricionales están incrementadas debido al crecimiento acelerado.
Las alteraciones nutricionales durante este tiempo pueden causar un daño a largo plazo, mientras que la estimulación positiva, incluida la nutrición, hace que el cerebro sea más receptivo.
Nutrientes esenciales para el desarrollo
El aporte óptimo y continuo de micronutrientes es crucial para el crecimiento y el desarrollo. Los nutrientes clave que deben aportarse a través de los alimentos sólidos o la suplementación incluyen energía, proteínas, ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPICL), hierro, zinc y vitamina A.
Ácido Docosahexaenoico (DHA). El DHA, un ácido graso omega-3, es un nutriente que literalmente "ayudó a construir el cerebro que nos hizo humanos". Es el ácido graso que más se acumula en el cerebro durante los primeros dos años de vida, conformando aproximadamente el 40% de los ácidos grasos de cadena larga en la corteza cerebral y visual. Es fundamental para el neurodesarrollo, mejorando la sinapsis, la mielinización, la conectividad, la capacidad de aprendizaje, la memoria y la regulación emocional.
La ingesta adecuada de DHA debe asegurarse desde el embarazo (1.4 g/día) y durante la lactancia (1.3 g/día). Las concentraciones de DHA en la leche materna son variables y dependen de la dieta y las reservas de la madre.
La suplementación con DHA en fórmulas (al menos 0.32%) ha demostrado ventajas duraderas en el desempeño visual y cognitivo de los niños, incluso a los 4 años. Las fuentes dietéticas incluyen pescados grasos, aceites como el de linaza, y en menor medida, carnes y huevos.
Hierro. Es uno de los nutrimentos clave para introducir en la alimentación complementaria, ya que las reservas de los bebés se agotan alrededor de los 6 meses. A partir de este momento, el requerimiento es mayor y debe ser cubierto por alimentos sólidos. Es preocupante que en México solo cerca del 50% de los bebés de 6 a 11 meses que inician la alimentación complementaria reciben alimentos ricos en hierro.
La deficiencia de hierro (ferropenia con o sin anemia) es una enfermedad de alta prevalencia, afectando al 30% de los preescolares. Sus consecuencias incluyen trastornos del comportamiento, bajo rendimiento escolar, problemas de inmunidad, retraso en el crecimiento y posibles efectos permanentes en la talla final.
La estrategia principal es la introducción temprana de fuentes de hierro, como carne y frijoles. La suplementación debe considerarse en bebés de 6 meses a 2 años, especialmente en prematuros o aquellos con bajo peso al nacer, que poseen reservas menores.
Vitaminas A y D, y Zinc. La deficiencia de Vitamina D es considerada un problema de salud pública global. Se ha reportado que más del 80% de las embarazadas y el 100% de los recién nacidos en México presentan niveles deficientes.
La Vitamina D es esencial para el metabolismo óseo, pero también ofrece beneficios a nivel neurológico, inmunológico, metabólico (sensibilidad a la insulina) y cardiovascular. Los lactantes con lactancia materna exclusiva deben recibir un suplemento diario de 400 unidades de Vitamina D.
La Vitamina A es crucial para el sistema inmune, la visión y la protección contra procesos infecciosos. Su deficiencia, que afecta a uno de cada cuatro niños menores de 5 años en México, aumenta el riesgo de complicaciones por infecciones respiratorias y gastrointestinales, y se asocia a retraso en el crecimiento y el neurodesarrollo. La administración de megadosis en campañas de salud o la suplementación diaria (retinol o betacaroteno) se utilizan para mantener reservas adecuadas.
El Zinc es el segundo mineral más abundante después del hierro y debe consumirse diariamente, ya que no se almacena. La deficiencia leve a moderada es común, especialmente en poblaciones con bajo consumo de alimentos de origen animal. La suplementación con zinc se ha asociado a una disminución en la morbilidad por diarreas e infecciones respiratorias en la población infantil.

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Estrategias de alimentación complementaria (AC)
La AC es un proceso que comienza cuando la leche materna ya no satisface los requerimientos nutricionales del lactante, idealmente a partir de los 6 meses, y debe continuar junto con la lactancia materna hasta los 2 años o más. La leche materna sigue aportando factores inmunológicos y aproximadamente el 35-40% del requerimiento energético total del bebé después de los 6 meses.
Momento de inicio y progresión de texturas: La OMS recomienda iniciar la AC a los 6 meses, mientras que otras organizaciones sugieren entre las 17 y 26 semanas (4 a 6 meses). No se debe iniciar antes de los 4 meses (riesgo de menor ingesta de leche materna y posibles alergias) ni después de los 6 meses (riesgo de deficiencias nutricionales).
Los alimentos se deben introducir de manera progresiva y variada. El objetivo es la progresión de las texturas de acuerdo con la edad: purés o papillas (6 meses), machacados (7 meses) y picados muy finos (8-12 meses), hasta llegar a trocitos pequeños y la dieta familiar al año de edad. El avance de texturas es clave, pues mantener solo papillas puede afectar el desarrollo.
Alimentos clave y evitación: Se deben introducir alimentos de todos los grupos del Plato del Bien Comer, incluyendo carnes, leguminosas, frutas, verduras, cereales y grasas, que aportan nutrientes esenciales como proteínas de alto valor biológico, hierro, zinc, vitaminas, fibra y ácidos grasos esenciales.
No se debe retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos (trigo, lácteos, pescado/mariscos, huevo, soya, nueces y ajonjolí),. La evidencia reciente indica que la introducción temprana, después de los 4 meses, puede reducir el riesgo de desarrollar alergias alimentarias.
Es fundamental evitar:
Sal añadida (antes del año).
Azúcar añadida (antes de los 2 años).
Miel de abeja (antes del año, por riesgo de botulismo).
Bebidas como tés o caldos solos, que tienen bajo valor nutricional y pueden desplazar la leche materna o los alimentos sólidos,.
Bebidas azucaradas, que aumentan el riesgo de obesidad temprana y disminuyen el apetito.
Alimentación perceptiva: Esta práctica se enfoca en enseñar hábitos alimentarios saludables. Se debe alimentar al bebé lentamente, con paciencia, sin forzar. Es normal que los bebés rechacen nuevos alimentos al inicio, ya que están conociendo sabores, texturas y temperaturas diferentes a la leche materna. El alimento debe exponerse más de 15 o 20 veces antes de que sea aceptado, y se debe crear un ambiente agradable, sin distracciones.

¿Qué papel juegan la microbiota intestinal y la suplementación en la salud inmunológica y crecimiento pediátrico?
La especialista señala que estamos conformados por 100 billones de microorganismos (bacterias, hongos y virus) que conforman hasta 1 kilogramo del peso corporal. La salud humana depende en gran medida del equilibrio de esta comunidad microbiana, y su alteración (disbiosis) se asocia con enfermedades autoinmunes, alergias e infecciones.
La microbiota desempeña múltiples funciones esenciales:
Digestión y absorción: Apoya la síntesis de vitaminas del complejo B y, crucialmente, la Vitamina K.
Sistema inmune: Ayuda a la formación de mucosas y refuerza las uniones apretadas en el sistema digestivo, disminuyendo la permeabilidad intestinal. También media la introducción de antígenos para prevenir alergias.
Metabolitos: Sintetiza ácidos grasos de cadena corta (AGCC), esenciales para la salud de los colonocitos.
Eje intestino-cerebro: El intestino, considerado el "segundo cerebro," se comunica con el cerebro a través del nervio vago y la producción de neurotransmisores y hormonas, influyendo incluso en los antojos y el estado de ánimo.
Factores que modifican la microbiota
La colonización inicial de la microbiota depende del modo de nacimiento (parto vaginal versus cesárea). Posteriormente, la alimentación juega el papel más importante.
El rol de la lactancia materna: La leche materna es el "estándar de oro" y ha evolucionado durante millones de años para ser lo mejor para el recién nacido. Contiene tanto prebióticos como probióticos. Los oligosacáridos de la leche humana (HMOs), que son la tercera fracción sólida más abundante, no nutren directamente al bebé, sino que alimentan y seleccionan la microbiota intestinal, demostrando la importancia biológica de nutrir a estos microorganismos.
Disbiosis y estrategias de recuperación: La disbiosis en lactantes (a menudo por el uso de antibióticos u otros factores) se asocia frecuentemente con trastornos gastrointestinales como el cólico, los gases y el llanto excesivo, lo cual puede incluso afectar el vínculo familiar.
Para la recuperación después de una alteración, la estrategia principal en lactantes es mantener la lactancia materna para ayudar a recolonizar el sistema gastrointestinal.
En la etapa de AC, se recomienda una dieta rica en fibras y alimentos lo más naturales posibles: frescos, poco procesados y mínimamente manipulados, priorizando el apoyo a la regeneración intestinal. También se ha observado que la actividad física, incluso en niños (salir a caminar o jugar), se asocia a un mejor perfil microbiológico.

Definiciones clave para los profesionales
Prebiótico: Fibra no digerible que alimenta selectivamente cepas con efectos positivos (como inulina, GOS, PDX, HMOs). Se pueden incorporar durante la AC a través de alimentos enriquecidos o, naturalmente, mediante alimentos poco procesados y que no han sido sobrehervidos.
Probiótico: Microorganismos vivos (bacterias o levaduras) administrados externamente para un efecto benéfico comprobado (ej., yogur con cultivos vivos, suplementos con cepas específicas).
Postbiótico: Metabolitos o fragmentos de células bacterianas inactivas que tienen un efecto positivo en la salud.
¿Cuál es la oferta de suplementos alimenticios para apoyar en la nutrición de la infancia?
Los suplementos alimenticios están diseñados para complementar la alimentación y contribuir a la ingesta de nutrientes que el cuerpo necesita. Estos productos pueden contener una variedad de componentes, incluyendo proteínas, vitaminas, fibra, frutas y verduras deshidratadas, grasas y minerales.
La oferta de suplementos se dirige a cubrir las deficiencias comunes y críticas identificadas en la población infantil, especialmente considerando que la alimentación moderna muchas veces es incapaz de brindar la cantidad óptima de nutrientes necesarios.
Los suplementos clave en la infancia, basados en la evidencia de deficiencias y su impacto en el desarrollo, incluyen:
Multivitamínicos y minerales: Recomendados para niños y adolescentes cuya dieta no es variada o suficiente, una situación que puede afectar hasta al 80% de la población infantil,. El uso de multivitamínicos se respalda incluso en guías como la Pirámide de Harvard.
Vitamina D: La suplementación es altamente recomendada, especialmente 400 UI al día para lactantes con leche materna exclusiva, debido a la alta prevalencia de deficiencia y los amplios beneficios a nivel inmunológico y neurológico.
Hierro: Suplementación dirigida a bebés de 6 meses a 2 años y aquellos con bajo peso o prematuros, para combatir la ferropenia y la anemia.
Zinc: Suplementación (5 a 10 miligramos) para apoyar el crecimiento y reducir la morbilidad asociada a infecciones diarreicas y respiratorias.
Vitamina A: Administración de megadosis o suplementación diaria para asegurar reservas hepáticas y fortalecer la respuesta inmunológica y la eficacia de las vacunas.
DHA (Ácidos Grasos Omega-3): Esencial para el neurodesarrollo; la suplementación puede ser necesaria si la ingesta dietética (materna o infantil) es insuficiente, asegurando la calidad del aceite (preferentemente de aceites de pescado, evitando concentraciones excesivas de retinol).
Probióticos y prebióticos: Suplementos con cepas vivas y cantidades adecuadas para apoyar el equilibrio de la microbiota, especialmente en casos de disbiosis o para el manejo de trastornos como el cólico del lactante.
Para el profesional, es fundamental la individualización de la suplementación, determinando los requerimientos específicos del paciente mediante la evaluación clínica, la historia nutricional y, cuando sea posible, la medición de niveles séricos (como en el caso de la Vitamina D). La suplementación es una excelente estrategia complementaria para asegurar un comienzo óptimo en la vida y el desarrollo pleno de las futuras generaciones.
Por último, el desafío de la nutrición pediátrica moderna radica en cerrar la brecha entre la ingesta actual y las necesidades óptimas de nutrientes, especialmente en la primera infancia.
Asegurar un entorno nutricional adecuado es como construir un andamio robusto para un edificio en crecimiento: cada nutriente es una pieza estructural que garantiza que el desarrollo cognitivo e inmunológico del niño se realice sin limitaciones, permitiéndole alcanzar su máximo potencial a lo largo de su vida.

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Periodista especializada Senior
Periodista especializada con más de 15 años en medios de comunicación. En los últimos 8 años ha enfocado sus conocimientos y competencias en la industria de alimentos y bebidas, y en el sector de packaging para alimentos.





