Materiales
Tratado global sobre plásticos: ALAIAB pide proteger la inocuidad alimentaria
La industria alimentaria busca una economía circular que preserve la inocuidad y reduzca el desperdicio
Última actualización:

Mientras los gobiernos negocian el primer tratado internacional jurídicamente vinculante para poner fin a la contaminación por plásticos, la industria de alimentos y bebidas sigue de cerca una discusión que podría transformar el futuro de los envases.
Aunque el objetivo del acuerdo es reducir el impacto ambiental de estos materiales a lo largo de todo su ciclo de vida, el desafío para el sector alimentario consiste en avanzar hacia modelos más circulares sin comprometer funciones esenciales como la inocuidad, la conservación y la disponibilidad de los alimentos.
El tratado, impulsado por la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA) en 2022, busca establecer un marco global que aborde la contaminación por plásticos desde su producción hasta su disposición final.
Para ello, el Comité Intergubernamental de Negociación (INC, por sus siglas en inglés) trabaja en un instrumento que considere todo el ciclo de vida de estos materiales, incluyendo su diseño, fabricación, consumo, reutilización, reciclaje y gestión de residuos. La premisa es clara: reducir la contaminación sin trasladar el problema de una etapa a otra de la cadena de valor.
Sin embargo, para la industria alimentaria, la conversación tiene una complejidad adicional. A diferencia de otros sectores, los envases no sólo cumplen una función logística o comercial; representan una barrera de protección que ayuda a preservar la inocuidad de los alimentos, prolongar su vida útil y disminuir las pérdidas durante el almacenamiento, transporte y comercialización.
Por ello, las decisiones regulatorias que surjan del tratado deberán considerar las particularidades técnicas de los materiales destinados al contacto con alimentos.
En ese contexto, la Alianza Latinoamericana de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB) señala que las negociaciones representan una oportunidad para fortalecer la economía circular, siempre que las decisiones regulatorias se sustenten en evidencia científica y en la evaluación de riesgos para los materiales que entran en contacto con alimentos:
"Apoyamos un proceso que brinde certeza técnica y jurídica a la región, sustentado en evidencia científica y evaluación de riesgo. Como sector usuario de envases técnicos, nuestro compromiso es aportar evidencia y buenas prácticas que enriquezcan la discusión, sin comprometer la inocuidad alimentaria ni la eficiencia de los sistemas alimentarios", afirmó Juliana Cortez, directora de Asuntos Públicos, Comunicación y Sostenibilidad de ALAIAB

TE PUEDE INTERESAR:
Empaques circulares: el reto de innovar sin comprometer la inocuidad
Del plástico como material al plástico como sistema
Uno de los cambios más importantes en la conversación internacional consiste en dejar atrás la idea de que la sostenibilidad depende exclusivamente del material utilizado.
En su lugar, las negociaciones han puesto el foco en el concepto de ciclo de vida, que analiza el impacto ambiental de un producto desde la extracción de las materias primas hasta su recuperación, reciclaje o disposición final.
Este enfoque implica reconocer que la contaminación por plásticos responde a múltiples factores:
Diseños difíciles de reciclar
Infraestructura insuficiente para la recolección y valorización de residuos
Baja incorporación de materiales reciclados
Escasa responsabilidad compartida entre los distintos actores de la cadena
Patrones de consumo que favorecen los productos de un solo uso sin sistemas eficientes para su recuperación
Para los fabricantes de alimentos y bebidas, esta visión abre una oportunidad para replantear el desarrollo de sus envases bajo criterios de circularidad. El reto ya no consiste únicamente en reducir la cantidad de material utilizado, sino en diseñar soluciones que mantengan su desempeño técnico, sean compatibles con los sistemas de reciclaje disponibles y respondan a las exigencias regulatorias que surgirán en los próximos años.

También es fundamental hablar del desperdicio de alimentos
Uno de los argumentos que ha cobrado fuerza durante las negociaciones internacionales es la relación entre el desempeño de los envases y la reducción del desperdicio alimentario.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que 13.2% de los alimentos producidos en el mundo se pierde antes de llegar al comercio minorista, mientras que millones de toneladas adicionales se desperdician en la etapa de consumo.
En América Latina y el Caribe, las pérdidas antes de la venta representan alrededor del 11.6% de los alimentos disponibles para consumo humano, una cifra que evidencia la necesidad de fortalecer toda la cadena de conservación.
En este contexto, los envases desempeñan un papel estratégico. Un sistema de barrera adecuado puede retrasar el deterioro microbiológico, disminuir daños durante el transporte y ampliar el tiempo disponible para que un alimento llegue al consumidor en condiciones seguras.
ALAIAB utiliza un ejemplo ilustrativo: mediante un envase técnico, la vida útil de un pollo entero puede extenderse de siete a 20 días, lo que incrementa las posibilidades de distribución y comercialización, al tiempo que reduce pérdidas económicas y desperdicio de alimentos.
Aunque cada categoría de alimentos requiere soluciones específicas, el principio es el mismo: prolongar la conservación también puede traducirse en un menor impacto ambiental, ya que producir un alimento que termina desechado implica desaprovechar agua, energía, materias primas, transporte y emisiones asociadas a toda la cadena de producción.

TE PUEDE INTERESAR:
LCA en empaque alimentario: errores comunes al comparar materiales sin contexto logístico ni de merma
Del ecodiseño a la economía circular: el siguiente paso para los envases alimentarios
La transición hacia modelos más sostenibles ya comenzó en la industria de alimentos y bebidas. En los últimos años, fabricantes de alimentos, convertidores de envases y productores de resinas han acelerado el desarrollo de soluciones que buscan disminuir el impacto ambiental de los empaques sin comprometer su desempeño. Entre las estrategias más utilizadas se encuentran:
Aligeramiento de envases
Reducción del uso de resina virgen
Desarrollo de estructuras monomateriales que facilitan el reciclaje
Incorporación de contenido reciclado cuando la normativa lo permite
Diseño de envases reutilizables para aplicaciones específicas.
Sin embargo, el ecodiseño va mucho más allá de sustituir un material por otro. El concepto implica analizar todo el ciclo de vida del envase para identificar oportunidades de mejora desde su concepción, considerando la selección de materias primas, los procesos de fabricación, la eficiencia logística, el comportamiento durante el uso y las alternativas disponibles para su recuperación al final de su vida útil.
Precisamente ese es uno de los puntos que ALAIAB considera fundamentales durante las negociaciones del tratado internacional:
"El ecodiseño es una herramienta clave para avanzar hacia envases más circulares y reducir impactos ambientales desde el origen. Diseñar mejor implica considerar todo el ciclo de vida del envase, usar los materiales de manera más eficiente y promover alternativas reciclables, reutilizables o con menor huella ambiental, sin perder de vista su función esencial: proteger la inocuidad de los alimentos y contribuir a reducir pérdidas y desperdicios", afirmó la representante de la asociación.
Esto, en conjunto, resume uno de los cambios más relevantes que vive actualmente el sector: la sostenibilidad ya no se mide únicamente por el tipo de material empleado, sino por el desempeño ambiental del envase a lo largo de toda su vida útil.

Preguntas que la industria alimentaria (y todos) debería empezar a hacerse
¿Cómo impulsar una economía circular si aún existen brechas en la infraestructura de recuperación?
El tratado internacional busca reducir la contaminación por plásticos durante todo su ciclo de vida. Sin embargo, ese objetivo difícilmente podrá alcanzarse si los países no fortalecen los sistemas de recolección, clasificación, reciclaje y aprovechamiento de materiales.
Para la industria alimentaria, la circularidad no depende únicamente del diseño del envase, sino también de que existan cadenas de valor capaces de reincorporar esos materiales a nuevos procesos productivos. Esto requerirá una mayor coordinación entre gobiernos, empresas, recicladores, transformadores y gestores de residuos.
¿Qué tan preparada está la regulación para acompañar la innovación?
La innovación en envases avanza con rapidez, pero en muchos mercados la regulación aún no evoluciona al mismo ritmo. En los próximos años será necesario desarrollar marcos normativos que ofrezcan certeza sobre aspectos como el uso de materiales reciclados en contacto con alimentos, los criterios para evaluar nuevas soluciones de empaque y los mecanismos para verificar su seguridad.
La armonización regulatoria también será clave para facilitar el comercio internacional y evitar que cada país avance bajo criterios distintos.
¿Será suficiente reciclar o habrá que repensar todo el ciclo de vida del envase?
Las negociaciones del tratado han reforzado una idea: la sostenibilidad no termina cuando un envase es reciclable. Cada vez cobrará mayor relevancia el análisis de ciclo de vida para entender el impacto ambiental desde la extracción de materias primas hasta la recuperación del material después de su uso.
Esto implica incorporar criterios de ecodiseño desde las primeras etapas de desarrollo, reducir materiales innecesarios, facilitar su recuperación y considerar cómo interactúan con la infraestructura disponible en cada mercado.
¿Cómo fortalecer la trazabilidad de los materiales para cerrar el círculo?
La transición hacia una economía circular también demandará una mayor trazabilidad. Conocer el origen de las materias primas, la composición de los envases, su contenido reciclado y el destino que tendrán una vez utilizados permitirá generar información más confiable para la toma de decisiones y para el cumplimiento regulatorio.
Al mismo tiempo, facilitará la colaboración entre fabricantes de alimentos, proveedores de envases, recicladores y autoridades para identificar oportunidades de mejora en toda la cadena.
¿Cómo asegurar que la sostenibilidad avance sin comprometer la inocuidad alimentaria?
Quizá el mayor desafío sea mantener el equilibrio entre ambos objetivos. La reducción del impacto ambiental de los envases deberá ir acompañada de evidencia científica que garantice su desempeño técnico y su seguridad para el contacto con alimentos.
En ese sentido, ALAIAB sostiene que las decisiones regulatorias deben sustentarse en la evaluación de riesgos y en el conocimiento técnico disponible, de modo que la transición hacia modelos más circulares no afecte la protección de los alimentos ni contribuya a incrementar las pérdidas y el desperdicio.

TE PUEDE INTERESAR:
Economía circular y empaques flexibles: el cambio regulatorio que transformará la industria en México






