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¿Sabes lo que el Tratado Mundial del Plástico significa para la industria del empaque?
Los nuevos empaques alimentarios no serán solo de materiales o diseño, pasarán por marcos legales que exigirán sostenibilidad, transparencia y responsabilidad en cada etapa del ciclo plástico

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El Informe de Riesgos Globales 2025 señala que la contaminación por plásticos es un importante factor de pérdida de biodiversidad y degradación de los ecosistemas, contribuyendo al cambio climático. La producción, el uso y la gestión de residuos de plásticos representan alrededor del 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel mundial. También afecta la salud humana, ya que los microplásticos, en particular, se incorporan cada vez más a la cadena alimentaria.
Y es que la contaminación plástica ya no es un asunto aislado. En sus múltiples formas —microplásticos en suelos, mares o incluso en humanos—, el plástico ha trascendido la etiqueta de “desecho” para convertirse en elemento crítico de salud pública, economía circular y regulación internacional.
Esta realidad impulsó al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) a convocar la creación de un instrumento jurídicamente vinculante que aborde la contaminación por plásticos, incluyendo su impacto en ecosistemas marinos y en la salud humana.
La segunda parte de la quinta sesión de la Comité Intergubernamental de Negociación sobre Contaminación por Plásticos (INC-5.2) se celebró este año en Ginebra del 5 al 15 de agosto, con más de 1400 delegados de 183 países. Aunque no se alcanzó un acuerdo final, quedó clara la urgente necesidad de avanzar hacia un Tratado Global del Plástico.
El nacimiento de este tratado parte del reconocimiento de que los residuos plásticos son un problema global que requiere una respuesta multilateral. Pero ¿qué tipo de instrumento se debería estar construyendo?
El académico y asesor en políticas climáticas Alex Godoy Faundez, Director del Centro de Investigación en Sustentabilidad y Gestión Estratégica de Recursos CISGER, Chile explica que los instrumentos jurídicamente vinculantes se agrupan en:
Tratados / Convenciones marco: establecen principios generales.
Convenciones sustantivas: obligaciones específicas (por ejemplo, la Convención de Basilea sobre residuos).
Convenciones híbridas: mixtas.
Protocolos / Enmiendas / Anexos técnicos: implementan detalles sobre obligaciones ya establecidas (por ejemplo, el Protocolo de Kioto).
El plástico, por su carácter global y su carácter multisectorial, exige un tratado que combine elementos de todas estas categorías.

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El INC-5.2 celebrado en Ginebra, representó un espacio de discusión para establecer el primer instrumento jurídicamente vinculante sobre la contaminación plástica. Durante esta sesión, los Estados miembros trabajaron sobre el “Chair’s Revised Text”, un borrador base que consolida las posiciones divergentes de países productores, importadores y usuarios de plásticos.
El actual borrador del acuerdo global consta de 32 artículos, los cuales desarrollan temas procedimentales y de toma de acuerdos, enfoques generales, así como aspectos que cubren todo el ciclo de vida de los plásticos, por ejemplo: diseño de los productos plásticos, producción sostenible, control de desechos plásticos y mecanismos financieros para la implementación del acuerdo en países desarrollados y en vías de desarrollo.
En este sentido y de acuerdo con Godoy Faundez, las áreas clave en negociación para el tratado son:
Reducción de la producción y el consumo: Se busca una reducción significativa de la producción de plástico en general, así como la eliminación progresiva de artículos de plástico de un solo uso, como bolsas y recipientes.
Sustancias químicas peligrosas: Se propone prohibir el uso de productos químicos peligrosos en la fabricación de plásticos y exigir que los plásticos que permanezcan en la economía estén libres de sustancias tóxicas, según criterios científicos definidos.
Transición justa: Un artículo o sección dedicada a la "transición justa" busca garantizar que los derechos de los trabajadores, como los recicladores y las comunidades afectadas, se respeten durante la implementación del tratado, permitiéndoles trabajar con dignidad.
Economía circular: Se promueve un cambio sistémico hacia una economía circular, donde se prioricen la reutilización y los materiales seguros, en lugar de depender únicamente del reciclaje.
Financiamiento: Se contempla la necesidad de mecanismos de financiamiento para ayudar a los países en desarrollo a implementar los controles y regulaciones que se establezcan en el tratado.
Estos puntos tienen implicaciones directas para la industria de alimentos y bebidas:
Los envases plásticos deberán satisfacer nuevas reglas químicas —lo que podría afectar materiales, aditivos y formulaciones.
La trazabilidad obligará a los fabricantes a documentar origen, composición, disposición y destino del plástico —lo que incrementa exigencias formales en la cadena de empaque.
Un posible límite a la producción de plásticos de base fósil fuerza la transición hacia bioplásticos, reciclados o materiales alternativos.
La distinción entre productores (plásticos) y usuarios (empacadores alimentarios) exige estrategias de colaboración, inversión y adaptación temprana.

El futuro del empaque alimentario dependerá de la capacidad del sector para adaptarse a un marco global de responsabilidad extendida, donde diseño, química, reciclaje y comunicación se integren en una estrategia única. Crédito foto: Freepik
El camino hacia este tratado ha sido extenso y políticamente complejo. Desde su aprobación en marzo de 2022 por la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA-5.2), el proceso ha avanzado mediante cinco rondas de negociación intergubernamental (INC), con el objetivo de adoptar un texto final antes de finalizar 2025.
Sesión | Lugar | Fecha | Hitos principales |
|---|---|---|---|
INC-1 | Punta del Este, Uruguay | noviembre 2022 | Definición del mandato y estructura del tratado |
INC-2 | París, Francia | mayo – junio 2023 | Primer borrador conceptual; surgimiento de bloques de negociación. |
INC-3 | Nairobi, Kenia | noviembre 2023 | Debate sobre obligaciones vs. medidas voluntarias. |
INC-4 | Ottawa, Canadá | abril 2024 | Inclusión formal de capítulos sobre químicos y residuos. |
INC-5/ INC-5.2 | Busan, Corea del Sur / Ginebra, Suiza | diciembre 2024 – agosto 2025 | Consolidación del texto revisado; negociación sobre límites globales de producción. |
El proceso ha estado liderado por el embajador Luis Vayas Valdivieso (Ecuador), quien ha buscado equilibrio entre los intereses de los grandes productores de plásticos —como Estados Unidos, Arabia Saudita y China— y los de las naciones importadoras o altamente afectadas por la contaminación.
¿Qué sigue? Aunque aún no se dio un consenso definitivo sobre qué medidas serán obligatorias y cuáles quedarán como compromisos voluntarios en INC-5.2, se espera que la redacción final del tratado se adopte en la próxima ronda, INC-6, programada para 2026, pero aún no se ha fijado una fecha.
Si bien representantes de muchos países manifestaron su decepción por el resultado, muchos también reconocieron que un tratado sigue siendo la mejor opción tanto para las personas como para el planeta.
9 desafíos para la industria del empaque alimentario
Las discusiones del INC-5.2 dejan ver un cambio estructural inevitable para el sector del empaque alimentario:
Nuevos estándares químicos y de seguridad: los envases deberán cumplir con regulaciones más estrictas sobre los aditivos, plastificantes, colorantes y recubrimientos utilizados. Esto implica revisar formulaciones y procesos de homologación.
Cambio tecnológico de materiales y procesos: Los plásticos actuales podrían quedar obsoletos por regulaciones químicas o de reciclabilidad. El empaque alimentario deberá evaluar alternativas que cumplan requisitos funcionales, sensoriales y de seguridad alimentaria.
Transparencia y trazabilidad integral: se exigirá documentar todo el ciclo de vida del plástico —desde la resina de origen hasta su disposición final—. Esto requerirá sistemas digitales, etiquetado inteligente, y coordinación entre proveedores, fabricantes y recicladores.
Transición hacia materiales alternativos: la reducción progresiva de plásticos vírgenes impulsará la adopción de bioplásticos, materiales compostables y polímeros reciclados de alta pureza. La capacidad de innovación y escalamiento industrial será clave para mantener la competitividad.
Reconfiguración de la cadena de valor: al distinguir entre países productores y usuarios de plástico, el tratado obligará a establecer nuevos acuerdos de colaboración internacional. Las empresas alimentarias deberán anticipar posibles brechas de suministro, costos logísticos y retos regulatorios en mercados con diferentes niveles de exigencia.
Estrategias de compliance y reporte: se espera que las marcas adopten sistemas voluntarios o certificados de sostenibilidad (como ISCC+, RSPO o certificaciones de reciclabilidad), que pronto podrían volverse requisitos obligatorios.
Presión de costos y sostenibilidad: Sustituir plásticos de base fósil o reconfigurar empaques puede aumentar costos. Las empresas del sector alimentario necesitan estrategias para absorber o externalizar esos costos.
Gestión del cambio y vinculación multisectorial: Como el tratado reconoce, no todos los actores tienen la misma responsabilidad (“responsabilidad común pero diferenciada”). Para la industria empaque-alimentaria esto supone colaborar con productores de plásticos, reguladores, recicladores y ONGs.
Riesgo de inacción o cumplimiento parcial: Si el tratado queda débil o con lagunas, los fabricantes corren el riesgo de verse afectados por múltiples regulaciones fragmentadas en diferentes países —lo que aumenta complejidad y costos.
“El gran desafío no será prohibir el plástico, sino transformar la forma en que lo producimos, usamos y gestionamos. La trazabilidad y la responsabilidad compartida serán el nuevo lenguaje del empaque”, apunta Alex Godoy-Faundez.

Los envases plásticos deberán satisfacer nuevas reglas químicas, lo que podría afectar materiales, aditivos y formulaciones. Foto: Freepik
Oportunidades para el sector alimentos y bebidas
Liderazgo en innovación de empaques sostenibles: Las empresas que anticipen la transición hacia materiales reciclables, compostables o de baja huella tendrán ventaja competitiva.
Valor agregado comunicativo: Un empaque transparente respecto de origen, trazabilidad y reciclabilidad será un elemento de diferenciación ante consumidores cada vez más sensibles.
Reducción de riesgos regulatorios: Prepararse para un tratado vinculante reduce el riesgo de sanciones, retrabajos costosos o pérdidas de mercado por incumplimiento.
Colaboraciones cruzadas: Asociarse con la industria química, recicladores y reguladores permite optimizar la cadena de valor y compartir costos de transición.
El Tratado Global del Plástico está llamado a convertirse en un hito regulatorio de largo alcance. Su avance no solo impulsa la manera de encontrar una nueva gestión de residuos, sino que plantea un cambio estructural en la forma de fabricar, usar y desechar materiales plásticos —y por lo tanto en el diseño y gestión del empaque alimentario.
Para los profesionales del sector de empaques en alimentos y bebidas, el mensaje es claro: la transición hacia un marco normativo serio y vinculante es inevitable. La pregunta no es si habrá nuevas reglas, sino cuán rápido y en qué dirección deberán adaptarse los sistemas de empaque.
Las próximas rondas negociadoras (INC-6, INC-7) definirán los detalles finales. La industria que actúe con anticipación tendrá un mejor posicionamiento para liderar el cambio y convertir el desafío en ventaja competitiva.

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