Panificación y snacks
Nixtamalización en evolución: impacto nutricional del método tradicional frente a nuevas tecnologías
La industria y la academia ofrecen alternativas que buscan optimizar el proceso de nixtamalización sin comprometer la funcionalidad

Académico y Coordinadora de Laboratorios del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana CDMX
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La nixtamalización, el cual es un proceso ancestral, transformó al maíz en el pilar nutricional de Mesoamérica. Mejora la biodisponibilidad de niacina, eleva el contenido de calcio y define la textura y el sabor de la tortilla que hoy consideramos referencia sensorial.
Pero junto con ese legado, cada jornada de producción tradicional genera grandes volúmenes de nejayote: un efluente alcalino con pH entre 9 y 12, con alta carga orgánica y sólidos suspendidos que con frecuencia se descargan sin tratamiento al drenaje público. Sin lugar a dudas, este proceso, clave en la nutrición, plantea, a su vez, un reto de sostenibilidad.

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El proceso tradicional de nixtamalización implica la cocción del maíz con Ca(OH)₂ (1–2%) y un reposo prolongado (16 horas). A nivel molecular, induce la gelatinización parcial del almidón y la desnaturalización proteica, generando una masa cohesiva y altamente funcional.
Beneficios claros:
Incremento en biodisponibilidad de niacina.
Aumento de calcio hasta un 400 %.
Reducción de micotoxinas.
Perfil sensorial superior debido a la hidrólisis del pericarpio y a la liberación de arabinoxilanos.
Pero también implica:
Pérdidas de materia seca (1.1–21.3%).
Lixiviación de compuestos fenólicos y lípidos del germen.
Elevado consumo de agua.
Generación de residuos líquidos altamente contaminantes.

La nixtamalización transforma el maíz mediante un proceso alcalino que mejora la biodisponibilidad de nutrientes y facilita la molienda para la producción de masa. Foto: Freepik
Tecnologías emergentes: eficiencia operativa y mayor retención nutrimental
La industria y la academia han respondido con alternativas que buscan optimizar el proceso sin comprometer la funcionalidad.
1. Nixtamalización ecológica (NE)
Sustituye el hidróxido de calcio por otras sales, reduce la alcalinidad del efluente y conserva el pericarpio. Resultado: tortillas con mayor contenido de fibra dietética y perfil proteico favorable, así como la disminución de la pérdida de materia seca y, por ende, efluentes menos contaminantes.
2. Extrusión (HTST)
Proceso de alta temperatura y corto tiempo que reduce el consumo de agua hasta un 90–95% y elimina la generación de nejayote. Puede aumentar el almidón resistente y mejorar la digestibilidad proteica. Sin embargo, es sensible a las condiciones de operación, por lo que deben estandarizarse para evitar el deterioro de las características sensoriales y nutrimentales.
3. Calentamiento óhmico (OHN)
Genera calor uniforme mediante corriente eléctrica. No produce efluentes y mantiene perfil de aminoácidos similar al tradicional, con digestibilidad proteica superior y mejor retención de compuestos fenólicos ligados.
Otras tecnologías complementan la innovación. El microondas reduce el tiempo de cocción hasta en 50% y disminuye aflatoxinas hasta 84%; el ultrasonido mejora la difusión de agua y calcio, acortando tiempos y reduciendo pérdidas de sólidos; y el infrarrojo favorece una mayor retención de lípidos y triptófano respecto al proceso tradicional.
El patrón es claro: menos agua, menos pérdidas, mayor eficiencia

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El dilema estratégico: tradición sensorial vs. sostenibilidad nutricional
El proceso tradicional ofrece la textura que el consumidor reconoce y valora. Las tecnologías emergentes, en cambio, tienden a preservar una mayor proporción del grano entero, aumentando la fibra dietética y la densidad de compuestos bioactivos, el incremento en fibra puede estar relacionado con cambios en las características sensoriales de las tortillas.
Desde la salud pública, las innovaciones aportan:
Potencial reducción del índice glucémico.
Mayor contenido de fibra.
Mejor biodisponibilidad de calcio.
Menor exposición a micotoxinas.
Pero el reto no es solo técnico. Es estructural. Para los productores de tortilla, especialmente las pequeñas y medianas empresas, los principales obstáculos para innovar no son únicamente científicos. Son económicos y estratégicos:
Altos costos iniciales y complejidad de los nuevos equipos.
Temor a comprometer la calidad tradicional y la aceptación del consumidor.
Limitaciones de financiamiento y capacidades técnicas internas.
Escaso apoyo estratégico de la cadena de valor y del retail para impulsar el cambio.

La interacción entre el maíz y el agua de cal genera cambios fisicoquímicos clave que definen la textura, el sabor y el valor nutricional de los productos derivados. Foto creada con IA
Innovar sin respaldo puede significar asumir todo el riesgo. Superar estas barreras exige incentivos alineados a lo largo de la cadena, financiamiento dirigido, capacitación técnica y, sobre todo, evidencia clara de que las innovaciones preservan o incluso mejoran los atributos tradicionales del producto.
La nixtamalización no necesita ser reemplazada. Necesita evolucionar. La integración de tecnologías innovadoras como las que se han mencionado junto con la optimización del tipo de maíz empleado puede fortalecer el perfil nutricional, las características fisicoquímicas, sensoriales y reducir el impacto ambiental.
Pero la transición no ocurrirá por sí sola. Requiere coordinación entre la industria, la academia, el sector financiero y el gobierno para facilitar la inversión, la formación técnica y la validación científica. El verdadero avance no será abandonar la tradición, sino optimizarla con ciencia, datos y sostenibilidad.

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Académico y Coordinadora de Laboratorios del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana CDMX
Es egresada de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional. Obtuvo una Maestría en Ingeniería por la Universidad Autónoma de Querétaro y un Doctorado en Ciencia de los Materiales por el CINVESTAV, Unidad Querétaro. Actualmente, es profesora de tiempo completo en la Licenciatura en Nutrición y Ciencia de los Alimentos en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, donde también coordina los laboratorios del Departamento de Salud. A lo largo de su carrera profesional, ha trabajado en empresas de renombre en la industria alimentaria, como Bimbo, Cargill y Colgate, desempeñándose en áreas de investigación y desarrollo de nuevos productos, así como en calidad e inocuidad alimentaria. En el ámbito académico, ha dirigido más de 15 tesis de licenciatura y posgrado, y es autora de 22 artículos científicos internacionales y 4 capítulos de libros en editoriales como Nova Science y Elsevier. Su investigación se centra en la ciencia de los alimentos, con énfasis en procesos como la nixtamalización y la fortificación de productos alimenticios. Ha participado como ponente en diversos congresos nacionales e internacionales y ha impartido clases a nivel licenciatura y posgrado, incluyendo grupos internacionales. También ha escrito artículos de divulgación en foros como The Food Tech y Hablemos claro. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel I) y forma parte de asociaciones internacionales como el Institute of Food Technologists (IFT). Actualmente, lidera proyectos de investigación en colaboración con instituciones nacionales e internacionales, y ha sido reconocida por su labor en innovación alimentaria.





