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Impacto de los edulcorantes calóricos en la salud: evidencias, controversias y consensos actuales
Existe controversia científica entre los beneficios y riesgos de los edulcorantes ante las distintas normativas sanitarias

Periodista especializada Senior
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En los últimos años, el debate sobre el uso de edulcorantes no calóricos (ENC) ha trascendido los laboratorios científicos para convertirse en un tema de preocupación pública y política sanitaria global. La controversia alcanzó un punto crítico en 2023, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una directriz sugiriendo evitar estos sustitutos del azúcar para el control del peso corporal o la reducción del riesgo de enfermedades no transmisibles.
Esta postura se fundamentó en estudios observacionales que vinculaban el consumo de ENC a largo plazo con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, esta recomendación ha generado una notable incertidumbre, ya que parece entrar en conflicto directo con las guías de otras organizaciones internacionales de renombre, como la Asociación Americana de Diabetes (ADA) y la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD), que ven en los ENC una herramienta útil para reducir la ingesta calórica.

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El conflicto de las recomendaciones internacionales
En el webinar: "Fortalezas y limitaciones de la evidencia sobre los edulcorantes y su impacto en la salud: comprendiendo las discrepancias entre las recomendaciones de distintas entidades", Hugo Laviada, Profesor Investigador de la Universidad Marista de Mérida, destacó que la disparidad entre las guías globales es uno de los puntos de partida más complejos para los profesionales de la salud.
Mientras que la OMS emitió una recomendación "condicionada" o débil basada en evidencia de baja certeza, otras entidades mantienen una postura más favorable. Por ejemplo, las guías europeas consideran el uso de edulcorantes no nutritivos para reemplazar azúcares en bebidas y alimentos con una categoría de recomendación moderada.
El ponente subraya esta contradicción: "Vemos aquí cierta situación un tanto contradictoria entre una recomendación y otra. Para entender esta brecha, es crucial analizar la base de datos que utilizó la OMS.”
La revisión sistemática comisionada por la organización se basó predominantemente en dos tipos de estudios:
Estudios observacionales o de cohorte: Estos sugirieron asociaciones negativas, pero cuentan con una certeza de evidencia de "baja a muy baja".
Ensayos clínicos controlados (ECC): Estos, que poseen una mayor capacidad para determinar causalidad, mostraron resultados opuestos, indicando beneficios modestos en la pérdida de peso y el control metabólico.

La evidencia sobre edulcorantes muestra resultados mixtos entre beneficios metabólicos y posibles efectos en la microbiota intestinal. Foto: Freepik
La jerarquía de la evidencia y la causalidad
El ponente enfatiza la importancia de respetar la pirámide de la evidencia. En la cúspide se encuentran los ensayos clínicos controlados, los cuales permiten definir la presencia de causalidad de manera más robusta.
Según los ECC evaluados, los edulcorantes no calóricos, cuando sustituyen azúcares, pueden favorecer una "discreta pérdida de peso y una disminución del índice de masa corporal". Además, estos estudios no muestran efectos adversos en marcadores del metabolismo intermedio, como la glucosa, la insulina o la hemoglobina glucosilada.
Uno de los hallazgos más interesantes presentados es que los ENC pueden incluso tener un efecto favorable en el perfil lipídico, incrementando discretamente la lipoproteína de alta densidad (HDL o "colesterol bueno") y disminuyendo la ingesta total de energía. Esto contradice la idea popular de que el consumo de edulcorantes incita a la población a buscar alimentos más azucarados; por el contrario, los datos indican una disminución en el ingreso total de azúcares.

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Sesgos en los estudios observacionales: la trampa de la adiposidad
Gran parte del estigma actual sobre los edulcorantes proviene de los datos crudos de estudios observacionales, que a menudo muestran un incremento del riesgo de diabetes (hasta un 25% en algunos modelos iniciales).
No obstante, el ponente aclara que estos estudios suelen sufrir de un sesgo de selección: las personas que consumen ENC generalmente ya tienen prediabetes, obesidad o antecedentes familiares de diabetes, y recurren a estos productos precisamente para intentar manejar su condición.
Al aplicar ajustes estadísticos por adiposidad (tomando en cuenta el IMC inicial y otros factores de confusión), el riesgo relativo disminuye drásticamente, perdiendo en muchos casos su significancia estadística.
En contraste, en los ensayos clínicos controlados, la aleatorización garantiza que los grupos sean idénticos al inicio, eliminando el desbalance que suele viciar los resultados de los estudios de cohorte.

Estudios clínicos y observacionales ofrecen conclusiones divergentes sobre el impacto de los edulcorantes en el peso y la salud metabólica. Foto: Freepik
Modelos de sustitución: una nueva perspectiva realista
Un avance metodológico clave discutido en el webinar son los modelos de sustitución y de "cambio contra cambio". Los estudios originales de la OMS asumían que el patrón de consumo de una persona se mantenía estático durante 5, 10 o 12 años, lo cual es poco realista. Los nuevos modelos evalúan el patrón de consumo cada pocos años, capturando los cambios reales en la dieta de los participantes.
Cuando se aplican estas herramientas estadísticas más precisas a las mismas cohortes que evaluó la OMS, los resultados cambian por completo:
No se observa ganancia de peso; al contrario, hay una disminución de peso.
La calidad de la evidencia mejora de "baja" a "moderada".
Se observa una reducción en enzimas hepáticas asociadas a la obesidad.
"No es que los estudios observacionales generen datos equívocos, sino que cuando se utilizan herramientas estadísticas y modelos que permiten disminuir el sesgo, la apreciación cambia completamente", señala el experto.

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Evidencia en niños y salud metabólica
El análisis también se extiende a poblaciones jóvenes. En un trabajo colaborativo con la Universidad de Harvard publicado en 2024, se encontró que en niños y adolescentes los ENC logran una disminución discreta en la ganancia de peso propia del crecimiento, sin mostrar efectos nocivos en el desarrollo.
Respecto a la salud metabólica en adultos, las revisiones sistemáticas (incluyendo las de la colaboración Cochrane) en personas con diabetes confirman que los ENC no afectan negativamente el control glucémico ni los niveles de insulina plasmática.
Incluso en temas de vanguardia como la microbiota, el ponente señala que, si bien existen estudios con resultados adversos que suelen captar la atención de los medios, hay una amplia literatura que demuestra que no hay cambios desfavorables ni alteraciones en la glucemia derivadas de modificaciones en la flora intestinal.

Diferencias entre organismos como OMS y FDA reflejan la complejidad científica en torno al consumo de edulcorantes no calóricos. Foto: Freepik
El agua como referente y el papel de los ENC
Un punto fundamental del consenso científico actual es el papel de la hidratación. Los estudios demuestran que el efecto de las bebidas con ENC en la reducción de peso es muy similar al del agua. Según Laviada: "El efecto de las bebidas con edulcorantes no calóricos es similar al del agua".
En sujetos acostumbrados al sabor dulce del azúcar, los edulcorantes pueden servir como un puente o herramienta de transición hacia el consumo de agua simple, que sigue siendo el elemento ideal para hidratarse.
Un estudio publicado en Diabetes Care mostró que sustituir ENC por agua en pacientes con diabetes tipo 2 no produjo una mejoría adicional en el control glucémico, lo que sugiere una equivalencia metabólica entre ambas opciones en ese contexto.

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¿Cómo funcionan los modelos de cambio contra cambio?
Los modelos de cambio contra cambio (y los de sustitución) son herramientas estadísticas avanzadas utilizadas en estudios observacionales de cohorte para analizar de manera más precisa cómo el consumo de edulcorantes no calóricos (ENC) afecta la salud a lo largo del tiempo.
A diferencia de los análisis tradicionales, estos modelos funcionan de la siguiente manera:
Evaluación del consumo real y dinámico: Los estudios convencionales suelen basarse únicamente en una encuesta inicial (fase basal) y asumen que el patrón de consumo de una persona se mantiene estático durante 5, 10 o 12 años. Los modelos de cambio contra cambio reconocen que las personas modifican su dieta con el tiempo y reevalúan el patrón de consumo periódicamente, por ejemplo, cada tres o cuatro años.
Captura de la intermitencia: Estos modelos permiten observar si hubo cambios reales en la ingesta, evaluando el consumo en intermitencia en lugar de dar por sentado que el hábito inicial es permanente. Esto proporciona una medición mucho más realista y precisa de la exposición del participante al producto.
Reducción del sesgo: Al analizar los datos de esta forma, se corrigen distorsiones comunes en los estudios de cohorte, como el hecho de que las personas con mayor peso o riesgo de diabetes suelen ser precisamente quienes empiezan a consumir edulcorantes para intentar mejorar su salud.
Impacto en los resultados científicos
Cuando se aplican estos modelos a las mismas bases de datos que utilizó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su revisión de 2023, la percepción de los resultados cambia drásticamente:
Efecto en el peso: En lugar de mostrar una ganancia de peso (como sugerían los análisis de datos crudos), estos modelos revelan una discreta disminución de peso y del índice de masa corporal.
Mejora de la certeza: La calidad de la evidencia mejora de "muy baja" a "moderada", acercando los hallazgos de los estudios observacionales a los resultados observados en los ensayos clínicos controlados.
Marcadores de salud: Se ha observado una disminución de enzimas hepáticas asociadas a la obesidad y una reducción en el riesgo de mortalidad general y enfermedad cardiovascular.
Aplicación en niños: En estudios colaborativos recientes (2024), estos modelos confirmaron que en niños y adolescentes el uso de ENC se asocia con una disminución en la ganancia de peso propia del crecimiento, en lugar de un aumento nocivo.
Gracias a la precisión de estos modelos, organizaciones como la Asociación Americana de Diabetes (ADA) han actualizado sus recomendaciones en 2026, validando a las bebidas sin calorías como una opción secundaria viable después del agua para reducir la ingesta de azúcar.

La disparidad entre las guías globales es uno de los puntos de partida más complejos para los profesionales de la salud.
¿Qué dicen los estudios sobre edulcorantes y microbiota?
Sobre la relación entre los edulcorantes y la microbiota, las fuentes indican que se trata de un tema que ha generado controversia, pero con resultados diversos en la literatura científica.
Los puntos clave extraídos de las fuentes son los siguientes:
Evidencia mixta: No todos los estudios realizados para evaluar los edulcorantes han mostrado cambios desfavorables en la microbiota.
Sesgo de atención en la literatura: A menudo, los estudios que muestran efectos adversos son los que más atención reciben en las publicaciones y medios de comunicación.
Ausencia de efectos nocivos en algunos análisis: Existe evidencia que demuestra que no hay cambios desfavorables en la microbiota derivados del consumo de edulcorantes.
Relación con la glucemia: Las fuentes señalan que tampoco se han encontrado alteraciones negativas en los niveles de glucosa que se deriven de supuestas modificaciones en la microbiota por el uso de estos productos.
En resumen, aunque el tema es objeto de debate, parte de la evidencia científica sostiene que el consumo de edulcorantes no altera de forma negativa la flora intestinal ni el control glucémico asociado a ella.

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¿Cómo evitar las conductas compensatorias al usar edulcorantes?
Para evitar las conductas compensatorias al utilizar edulcorantes no calóricos, es fundamental comprender que estos productos no son una solución independiente ni una "protección" que permita descuidar otros aspectos de la alimentación.
Las principales recomendaciones para no caer en estas conductas son:
Evitar la falsa sensación de ahorro calórico: Es un error creer que, por ahorrar calorías en la bebida o en un alimento específico usando edulcorantes, se puede comer más de otros alimentos altamente calóricos. Esta percepción es equívoca y puede anular los beneficios del uso de los edulcorantes.
Enfocarse en el patrón dietético global: La clave para la salud y el control de enfermedades como la diabetes no es el edulcorante en sí mismo, sino mantener un plan de alimentación saludable y equilibrado. Los edulcorantes deben ser solo un componente dentro de una dieta balanceada que enfatice la reducción de alimentos ultraprocesados y carnes rojas.
Priorizar el agua como bebida principal: Se debe fomentar que el agua sea siempre la primera elección para hidratarse. Los edulcorantes no calóricos deben considerarse únicamente como la siguiente mejor opción para quienes no prefieren el agua o como una manera de transicionar desde el consumo de bebidas con azúcar hacia el agua simple.
Uso consciente para la reducción de azúcares: El objetivo de usar estos sustitutos debe ser la disminución de la ingesta calórica total y del ingreso de azúcares, no la búsqueda de un pretexto para ingerir otros productos azucarados.
Los edulcorantes deben verse como una herramienta de apoyo para el manejo del peso y la ingesta de azúcar, siempre bajo un marco de responsabilidad nutricional que no descuide la calidad del resto de los alimentos consumidos.

En los últimos años, el debate sobre el uso de edulcorantes no calóricos (ENC) ha trascendido los laboratorios científicos para convertirse en un tema de preocupación pública y política sanitaria global
Consensos y recomendaciones para 2026
A la luz de las nuevas evidencias de 2024 y 2026, las recomendaciones se han vuelto más matizadas y menos prohibitivas. Los estándares de cuidado de la Asociación Americana de Diabetes (ADA) de 2026 enfatizan un patrón de alimentación balanceado donde:
Se minimice el consumo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados.
El agua sea siempre la primera elección de bebida.
Para individuos que no prefieren el agua, las bebidas sin calorías o bajas en calorías son la siguiente mejor elección para minimizar la ingesta de azúcar.
Otras organizaciones, como la Asociación Brasileña de Nutrición y la Asociación Británica Dietética, coinciden en que los ENC son seguros y pueden desempeñar un papel en el manejo del peso, siempre que no se consideren una solución mágica. Se advierte firmemente contra las conductas compensatorias, donde el consumidor cree que por ahorrar calorías en la bebida puede ingerir más alimentos altamente calóricos en el resto del día.
Hugo Laviada concluye con una invitación a la prudencia y al análisis crítico de la literatura científica. Los edulcorantes no calóricos no deben ser vistos como el problema ni como la solución única, sino como un componente dentro de un patrón dietético saludable y equilibrado, que es "la clave más que el propio edulcorante".
La recomendación de la OMS, aunque prudente en su momento, está siendo superada por evidencia de mayor calidad que posiciona a estos sustitutos como aliados valiosos en la lucha contra la epidemia de obesidad y diabetes, siempre bajo un marco de uso responsable y transicional.

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Periodista especializada con más de 15 años en medios de comunicación. En los últimos 8 años ha enfocado sus conocimientos y competencias en la industria de alimentos y bebidas, y en el sector de packaging para alimentos.





