Envasado y procesamiento
El packaging en América Latina avanza hacia envases diseñados para el reciclaje
La industria impulsa el ecodiseño, los monomateriales y la reducción de materiales, mientras busca fortalecer la recuperación y la trazabilidad de los envases.
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La industria del packaging en América Latina está trasladando la sostenibilidad del discurso a decisiones concretas de diseño, materiales y procesos.
La reducción del uso de materia prima virgen, el desarrollo de estructuras monomateriales, la incorporación de contenido reciclado y el fortalecimiento de los sistemas de recuperación están marcando una transformación que avanza a distintas velocidades en la región.
Durante el webinar “Packaging y Sostenibilidad: Tendencias y Perspectivas en América Latina”, organizado por la World Packaging Organisation (WPO), representantes de Brasil, Chile, México, Perú, Argentina y Venezuela coincidieron en que el desafío ya no consiste únicamente en fabricar envases con menor impacto ambiental, sino en considerar qué ocurre con ellos durante todo su ciclo de vida.
La conversación reunió a Luciana Pellegrino, presidenta ejecutiva de la Asociación Brasileña de Embalaje; Mariana Isabel Soto Urzúa, del Centro de Envases y Embalajes de Chile; Ana Paula Flores, directora de la Asociación Mexicana de Envase y Embalaje; Adriana Krajnik, directora de la Asociación Peruana de Envases y Embalajes; Daniel González, de la Comisión de Medioambiente del Instituto Argentino del Envase; y Nohelia Barrios, directora de la Cámara Venezolana del Envase. Silvio Colombo, del Instituto Argentino del Envase, moderó el encuentro.

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Uno de los principales puntos de coincidencia entre los participantes fue la necesidad de incorporar la reciclabilidad desde las primeras etapas de desarrollo del envase.
En Brasil, Luciana Pellegrino, de Brasil, explicó que el ecodiseño debe considerar la eficiencia y la sostenibilidad a lo largo de las distintas etapas del ciclo de vida. En ese contexto, el desarrollo de estructuras monomateriales está ganando terreno, aunque su implementación representa un desafío técnico: simplificar la composición del envase no significa necesariamente simplificar su fabricación, ya que debe conservar las propiedades necesarias para proteger el producto.
Esta consideración es especialmente relevante para la industria de alimentos. El envase debe cumplir una función que no puede perderse en nombre de la sostenibilidad: preservar la calidad y seguridad del producto durante su almacenamiento, distribución y consumo.
Mariana Soto señaló precisamente que la industria debe avanzar en el uso eficiente de los materiales sin comprometer la función principal del envase. En Chile, señaló la experta, donde más de 90% de los envases se destinan a la industria de alimentos, la resistencia y el cumplimiento de las regulaciones de los mercados de destino continúan siendo condiciones indispensables.
Por ello, el cambio hacia envases más sostenibles está llevando a las empresas a evaluar variables que van más allá del material elegido:
cantidad de materia prima utilizada;
estructura y composición del envase;
posibilidad de recuperación y reciclaje;
contenido reciclado;
consumo energético y generación de mermas;
desempeño durante el transporte y almacenamiento;
impacto ambiental a lo largo del ciclo de vida.
La premisa es evitar que una modificación aparentemente sostenible genere impactos mayores en otra etapa del proceso. Es por eso que se destacó la importancia de utilizar herramientas de análisis de ciclo de vida para evaluar técnicamente los cambios y no asumir que un material es automáticamente más sostenible que otro.

Los monomateriales ganan terreno, pero los flexibles siguen siendo un reto
La transición hacia estructuras más simples está teniendo especial relevancia en los empaques flexibles. Desde Perú, Adriana Krajnik explicó que empresas del sector están trabajando en estructuras monomateriales para sustituir configuraciones complejas, reducir el uso de material y disminuir las mermas.
También señaló que existe una presión creciente para incorporar material reciclado posconsumo y cumplir tanto con las regulaciones locales como con los requisitos de los mercados internacionales.
El problema es que la evolución del diseño no siempre avanza al mismo ritmo que la infraestructura de recuperación.
Mientras el reciclaje de materiales como el PET cuenta con cadenas más desarrolladas en algunos mercados, los flexibles todavía enfrentan dificultades para su recolección, clasificación y valorización.
En este mismo sentido pero desde México, Ana Paula Flores explicó que la industria está trabajando en alternativas para recuperar estos materiales y que algunos ya están encontrando aplicaciones fuera de la propia industria del envase, como la fabricación de pavimentos.
Esta última posibilidad introduce un concepto relevante para la economía circular: no todos los materiales recuperados necesariamente regresarán al mismo circuito productivo.
Pellegrino, de la Asociación Brasileña de Embalaje, señaló que existen materiales que pueden reincorporarse nuevamente a la fabricación de envases, mientras que otros pueden encontrar valor en industrias diferentes. Este tipo de aprovechamiento, conocido como simbiosis industrial, amplía las posibilidades de recuperación cuando el retorno al mismo ciclo productivo no resulta técnica o económicamente viable.

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La reciclabilidad también depende de lo que ocurre fuera de la fábrica
Diseñar un envase reciclable es solo una parte del proceso. Para que esa característica se traduzca en un resultado ambiental efectivo, debe existir una infraestructura capaz de recuperarlo.
Este es uno de los puntos donde las diferencias entre los países latinoamericanos se hacen más evidentes.
En Argentina, Daniel González explicó que existen capacidades desarrolladas para la valorización de materiales como plástico, cartón, papel y vidrio, aunque persisten diferencias importantes entre las regiones en materia de recolección.
El país tampoco cuenta todavía con una ley nacional de Responsabilidad Extendida del Productor, por lo que parte de la industria está impulsando acuerdos y sistemas de gestión desde el sector privado.
Perú enfrenta otro escenario. Adriana Krajnik señaló que la valorización actual de materiales todavía se encuentra muy por debajo de su potencial y que la informalidad, la contaminación de los materiales recuperados y la falta de infraestructura de separación y lavado representan obstáculos para ampliar la recuperación. En el caso de los flexibles, además, todavía falta desarrollar una cadena de recolección y logística inversa suficiente.
Esto coloca a la logística inversa como una pieza necesaria dentro de la conversación sobre envases sostenibles. La responsabilidad del diseño no termina cuando el producto sale de la planta: también debe considerarse el recorrido que tendrá el envase después del consumo y las condiciones reales bajo las cuales podrá ser recuperado.

El marco regulatorio también está funcionando como un impulsor de esta transformación
Chile cuenta con un esquema particularmente amplio, con instrumentos como la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, la regulación sobre plásticos de un solo uso y otras disposiciones vinculadas con residuos y cambio climático. Mariana Soto destacó que este contexto ha llevado a la industria a trabajar de manera articulada con distintos actores de la cadena de valor.
En México, Ana Paula Flores explicó que la publicación de la Ley de Economía Circular representa un nuevo punto de referencia para las empresas.
Aunque todavía está pendiente la publicación de su reglamento, la legislación incorpora principios de responsabilidad extendida del productor y obligaciones relacionadas con la gestión y el reporte de los materiales.
Perú, por su parte, está impulsando la economía circular mediante su Hoja de Ruta Nacional de Economía Circular al 2030. El envase forma parte de los sectores priorizados y las metas incluyen una mayor valorización de materiales y la incorporación de modelos como refill, retornabilidad y empaques compostables.
Estas diferencias regulatorias no eliminan un elemento común: las empresas que participan en cadenas internacionales deben responder cada vez más a estándares que trascienden las fronteras de sus mercados de origen.

La trazabilidad comienza a extenderse a todo el ciclo de vida
La siguiente capa de esta transformación será la capacidad de conocer qué ocurre con los materiales una vez que salen de la planta.
Soto, la experta desde Chile, señaló que las nuevas exigencias internacionales están colocando la trazabilidad en un lugar cada vez más relevante. Esto implica conocer no solo dónde se fabricó el alimento o el envase, sino también qué ocurre con este último después del consumo: si llega a un sistema de valorización, si puede reincorporarse a una cadena productiva o si termina en disposición final.
La información puede convertirse así en una herramienta para tomar decisiones de diseño y producción con mayor precisión.
A esto se suma la automatización. Uno de los principales puntos de conversación en el webinar giró en torno a la incorporación de inteligencia artificial y sistemas de control que contribuyan a reducir mermas en los procesos productivos.
Desde esta perspectiva, la sostenibilidad no depende únicamente de utilizar un material reciclado o modificar la estructura del envase: también puede generarse mediante procesos industriales más eficientes.
Otro de los retos que atraviesa toda la discusión es económico. La transición hacia soluciones más sostenibles puede implicar inversiones en materiales, tecnología, infraestructura y nuevos procesos, mientras los consumidores continúan considerando el precio como una variable relevante.
Mariana Soto planteó esta tensión desde el caso chileno: la industria necesita mejorar su competitividad al mismo tiempo que incorpora mayores exigencias de sostenibilidad. El desafío está en convertir las inversiones ambientales en mejoras que también aporten eficiencia y competitividad a largo plazo.
Por eso, el avance del packaging sostenible en América Latina no dependerá de encontrar un material que resuelva por sí solo todos los problemas. Requerirá combinar decisiones de diseño, tecnología, regulación, infraestructura y recuperación.
También exigirá una mayor coordinación entre fabricantes de envases, empresas de alimentos y bebidas, marcas, recicladores, autoridades y consumidores.
Como planteó la presidenta ejecutiva de la Asociación Brasileña de Embalaje, el reto es trabajar de manera sistémica y no mirar únicamente al envase. La transición requiere colaboración entre los distintos actores de cada mercado y una visión de largo plazo.

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Esta visión también fue retomada por Pablo Silva, director de vinculación y contenidos en THE FOOD TECH® | SUMMIT & EXPO, quien señaló durante el encuentro que la industria de alimentos y bebidas está buscando soluciones tanto para procesamiento como para empaque que le permitan responder a los cambios en el consumo y fortalecer su resiliencia.
Silva destacó la importancia de ampliar la conversación para incluir temas como economía circular y nuevos marcos regulatorios, pero también de entender el empaque como un activo vinculado con la rentabilidad del negocio, y no únicamente como un elemento de diseño o marketing.
Ese será precisamente uno de los espacios para continuar esta conversación. THE FOOD TECH® | SUMMIT & EXPO 2026 se realizará el 30 de septiembre y 1 de octubre en el Centro Banamex de la Ciudad de México, con contenidos vinculados con innovación, procesamiento, empaque, economía circular y regulación para la industria de alimentos y bebidas concentrados en el Food Pack & Process Congress.
La evolución del packaging latinoamericano apenas está mostrando una parte de su alcance. El siguiente paso será lograr que las decisiones tomadas en la etapa de diseño puedan sostenerse a lo largo de toda la cadena: desde la fabricación y protección del alimento hasta la recuperación y valorización de los materiales.






