Seguridad e inocuidad alimentaria

Trazabilidad ambiental: cómo verificar el origen sostenible de las materias primas alimentarias

La evidencia geoespacial suma información clave a la evaluación de proveedores agrícolas.

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La sostenibilidad de una materia prima no se comprueba únicamente con una certificación, una declaración del proveedor o una ficha técnica.

También importa conocer qué ocurrió en el territorio donde se produjo: si hubo pérdida de cobertura forestal, cómo se ha transformado el uso del suelo y qué presiones ambientales enfrenta la actividad agrícola.

Para la industria alimentaria, esa información puede ayudar a evaluar proveedores con mayor precisión y a identificar riesgos que no siempre son visibles cuando el producto llega a la planta.

El reto no es menor. El Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) estima que cerca del 90% de la pérdida de bosques a escala mundial está asociada con la expansión de la agricultura. Aunque este dato no significa que toda producción agrícola provoque deforestación, sí ayuda a entender por qué conocer el origen de las materias primas se ha convertido en una pieza relevante de las estrategias de abastecimiento responsable.

Para las empresas que compran frutas, granos, aceites vegetales u otros ingredientes de origen agrícola, esto plantea una pregunta concreta: ¿cómo comprobar que el material adquirido proviene de una zona compatible con los criterios ambientales de la compañía?

Una parte de la respuesta está en conectar los registros de la cadena comercial con información verificable sobre el terreno.

Las imágenes satelitales y el análisis geoespacial permiten observar cambios en las áreas productivas y contrastarlos con datos de proveedores, de modo que la evaluación no dependa exclusivamente de lo que declara quien vende la materia prima.

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Del origen declarado a la evidencia ambiental

La trazabilidad tradicional permite reconstruir el recorrido de un producto mediante registros de producción, transporte, transformación y comercialización. La trazabilidad ambiental añade otra dimensión: relaciona ese recorrido con las condiciones del lugar donde se obtuvo la materia prima.

La diferencia es importante. Una empresa puede tener identificados a sus proveedores directos y conocer los volúmenes que recibe, pero no necesariamente contar con información suficiente para determinar qué sucedió en las parcelas donde se cultivó el ingrediente.

En las cadenas agrícolas con múltiples intermediarios, esa distancia entre el comprador y el sitio de producción puede dificultar la identificación de riesgos ambientales.

El WRI advierte que la complejidad de las cadenas de suministro y las brechas de información siguen siendo obstáculos para identificar y reducir la deforestación asociada con materias primas agrícolas. Por ello, la trazabilidad requiere conectar los datos de origen con información que permita evaluar los riesgos y compartir resultados entre los actores que intervienen en la cadena.

En este contexto, el monitoreo satelital ofrece una manera de observar el territorio a lo largo del tiempo. Al comparar imágenes de distintas fechas, los sistemas pueden identificar cambios en la cobertura vegetal, delimitar polígonos productivos y detectar señales que ameritan una revisión adicional.

Cuando estos datos se combinan con registros de las unidades agrícolas y criterios de evaluación definidos, pueden aportar evidencia para decidir si una materia prima cumple con los requisitos ambientales establecidos por el comprador.

Esto no significa que una imagen satelital, por sí sola, demuestre que una operación agrícola es sostenible. Su utilidad depende de la calidad de los datos, de los periodos de referencia, de la resolución de las imágenes y de la posibilidad de verificar los resultados.

También es importante distinguir entre identificar un cambio en el terreno y establecer quién lo provocó o bajo qué circunstancias ocurrió.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) impulsa herramientas de monitoreo forestal y análisis geoespacial para apoyar la transparencia de las cadenas de materias primas y facilitar la identificación de riesgos asociados con la deforestación.

Su trabajo refleja una tendencia más amplia: aprovechar los datos territoriales para que productores, empresas y autoridades puedan evaluar mejor el origen de los productos.

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Guardian Forestal: el historial de cada huerta como criterio de compra

El aguacate mexicano ofrece un ejemplo de cómo esta información puede incorporarse a las decisiones comerciales. En entrevista exclusiva con The Food Tech, Heriberto Padilla, director general de Guardian Forestal, explicó que el sistema de monitoreo satelital impulsado por el gobierno de Michoacán utiliza polígonos de las huertas para analizar su historial y determinar si presentan señales de deforestación dentro de los periodos de referencia establecidos.

El procedimiento comienza con la identificación de cada unidad productiva. El sistema analiza imágenes satelitales y utiliza algoritmos de inteligencia artificial para distinguir las áreas de cultivo de las zonas que conservaban cobertura forestal.

Con esa información, evalúa los cambios registrados en el terreno y clasifica las huertas según los criterios de elegibilidad aplicados por el programa.

Padilla explicó que el sistema utiliza 2018 como año de referencia para evaluar la deforestación y 2012 para determinados casos relacionados con incendios. Estas fechas responden a criterios técnicos y a la disponibilidad de imágenes para establecer una línea base, por lo que no deben interpretarse como una afirmación de que cualquier cambio anterior a esos años carezca de impacto ambiental.

Según el experto, Guardian Forestal tiene cerca de 70,000 huertas registradas y un error medido de 2.5% en sus detecciones. El directivo también señaló que el sistema presta especial atención a las unidades productivas más pequeñas, en las que la resolución de las imágenes puede dificultar la interpretación de cambios puntuales.

La información no se limita a una clasificación interna. Las empacadoras pueden consultar el estatus de las huertas antes de comprar la cosecha, mientras que importadores y compradores finales pueden revisar los datos disponibles para comprobar el origen del producto.

El objetivo es que la decisión de compra tenga un respaldo verificable y que exista un mecanismo para revisar posibles discrepancias.

El directivo afirmó que alrededor de 80 empresas participan en el esquema y que este cubre aproximadamente 93% de las exportaciones mexicanas de aguacate a Estados Unidos. Según su explicación, la participación de empacadoras, comercializadoras e importadores ha contribuido a que los criterios ambientales se incorporen a las decisiones de abastecimiento.

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Certificaciones y monitoreo: herramientas complementarias

Contar con información geoespacial no vuelve innecesarias las certificaciones ni otros mecanismos de verificación. Cada instrumento responde a preguntas diferentes.

Una certificación puede evaluar prácticas de producción, requisitos de manejo o criterios específicos de un estándar; el monitoreo satelital, en cambio, puede aportar evidencia sobre cambios en la cobertura forestal y el uso del suelo.

Padilla señaló que una huerta puede tener certificación orgánica y, aun así, presentar antecedentes de deforestación. Su planteamiento no es que una herramienta sustituya a la otra, sino que ambas pueden complementarse para ofrecer una visión más completa de las condiciones de producción.

Para los equipos de compras, calidad y sostenibilidad de la industria alimentaria, la distinción tiene implicaciones prácticas. Antes de aceptar una declaración ambiental como suficiente, conviene precisar qué aspecto acredita, qué periodo cubre, qué unidad productiva evalúa y qué evidencia puede consultarse para comprobar sus resultados.

El manual de la OCDE y la FAO sobre debida diligencia en las cadenas agrícolas plantea precisamente la necesidad de que las empresas identifiquen, evalúen y atiendan los riesgos ambientales y sociales relacionados con sus operaciones y proveedores.

Esto supone integrar la información disponible en los procesos de selección y seguimiento, en vez de tratar la sostenibilidad como un requisito documental aislado.

La evidencia geoespacial también puede ayudar a que una empresa priorice sus revisiones. Si los recursos para evaluar proveedores son limitados, identificar zonas con señales de cambio en el uso del suelo permite concentrar la atención donde existe mayor necesidad de verificación.

Sin embargo, una alerta no equivale automáticamente a una infracción: debe interpretarse dentro de un proceso que contemple las características del terreno, los datos históricos y la revisión de posibles errores.

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De la deforestación al uso del agua

El historial forestal es solo una parte de los riesgos ambientales asociados con la producción agrícola. La disponibilidad de agua, la presión sobre los ecosistemas y las prácticas de manejo del territorio también pueden afectar la sostenibilidad de una materia prima y la continuidad de su suministro.

Durante la entrevista, Padilla explicó que Guardian Forestal trabaja en mecanismos para estimar el consumo de agua de las huertas mediante imágenes satelitales, información de lluvia y humedad, así como mediciones realizadas en campo.

El propósito, señaló, es comparar la demanda estimada de agua de una unidad productiva con las condiciones hídricas del entorno y detectar situaciones que requieran una revisión.

Para la industria alimentaria, ampliar el análisis hacia otras variables podría ayudar a distinguir entre proveedores que cumplen un criterio ambiental específico y aquellos cuyo desempeño se ha evaluado desde varias dimensiones.

También permitiría identificar riesgos que pueden comprometer la continuidad del abastecimiento, especialmente cuando la producción depende de territorios con presión sobre los recursos naturales.

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¿Qué cambia para las empresas que compran ingredientes?

Incorporar información ambiental a la trazabilidad exige que las empresas conecten los datos de sus proveedores con decisiones concretas de compra.

No basta con disponer de mapas o plataformas de monitoreo: es necesario establecer qué criterios debe cumplir una materia prima, quién revisará la evidencia y qué procedimiento se seguirá cuando aparezcan inconsistencias.

Para avanzar, las empresas pueden comenzar con tres acciones:

  1. Identificar el origen con suficiente detalle. Registrar proveedores, unidades productivas y ubicaciones permite relacionar cada compra con el territorio donde se obtuvo la materia prima.

  2. Definir qué evidencia respalda cada declaración. Las certificaciones, los registros comerciales y los datos geoespaciales deben evaluarse según el riesgo que se busca comprobar y el alcance de cada herramienta.

  3. Establecer un proceso de revisión. Las alertas y discrepancias requieren criterios para verificar la información, solicitar aclaraciones y tomar decisiones consistentes con la política de abastecimiento.

Estas medidas no garantizan por sí solas una cadena libre de riesgos, pero ayudan a que las decisiones se apoyen en información más sólida y a que las empresas puedan explicar por qué consideran aceptable un proveedor.

El caso de Guardian Forestal muestra que la trazabilidad ambiental puede convertirse en un criterio operativo cuando la información sobre el origen llega a quienes compran, empacan, transforman o comercializan el producto.

Para la industria alimentaria, el siguiente paso consiste en ampliar esa lógica a otras materias primas y combinar el monitoreo territorial con mecanismos de debida diligencia que permitan comprobar las condiciones de producción.

En última instancia, conocer el origen de un ingrediente no significa únicamente saber de qué región proviene. Significa contar con información suficiente para evaluar los riesgos asociados con su producción y utilizarla en las decisiones de abastecimiento.

Esa capacidad será cada vez más importante para las empresas que necesitan demostrar la consistencia de sus compromisos ambientales sin perder de vista la continuidad, la calidad y la seguridad de sus cadenas de suministro.

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Reportera multidisciplinaria con trayectoria en la producción de contenidos para medios digitales e impresos. Su área de especialización abarca temas científicos, logística, inmobiliaria, tecnología, hard news, política y salud.