Seguridad e inocuidad alimentaria

Suelo vs. sustrato: la tecnología detrás de la producción de fresas y arándanos en México

En las tierras altas de Tapalpa, Jalisco, conviven condiciones climáticas únicas, innovación agronómica y siete años de mejoramiento genético para producir berries que compiten en mercados internacionales

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Griselda Vega

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La producción de alimentos frescos en México ha experimentado cambios en las últimas tres décadas. Lo que comenzó como un sector dominado por técnicas agrícolas tradicionales y orientado principalmente al mercado interno, evolucionó hacia un modelo de agricultura de precisión, innovación y acceso a mercados internacionales altamente exigentes.

Esa transformación ha sido particularmente notable en el segmento de berries —fresas, arándanos, zarzamoras y frambuesas— donde México se ha consolidado como uno de los principales exportadores mundiales.

Según datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), México es el principal exportador mundial de fresas frescas y el tercer productor global de arándanos. Su producción responde a múltiples factores:

  • Condiciones agroclimáticas favorables en regiones específicas.

  • Inversión sostenida en mejoramiento genético.

  • Adopción de tecnologías de agricultura de precisión.

  • Sistemas rigurosos de gestión de calidad e inocuidad.

Colaboración estrecha entre empresas y agricultores independientes que operan como socios estratégicos más que como simples proveedores.

Para comprender en profundidad este modelo de producción de berries en México, realizamos una visita técnica a campos productores en la zona de Tapalpa, Jalisco, una región donde se unen condiciones naturales óptimas e innovación agronómica aplicada.

Allí se observa el modelo de Driscoll’s, basado en la colaboración con agricultores independientes que implementan prácticas agrícolas artesanales y un control de calidad riguroso a lo largo de todo el proceso, desde el vivero hasta la mesa, incluyendo la siembra en terrenos adecuados, la poda manual, la polinización natural mediante abejas, la cosecha y el empaque manual en campo, y una estricta cadena de frío que garantiza la frescura del fruto hasta el consumidor.

Lo que encontramos fue un ecosistema productivo sofisticado que va mucho más allá de plantar y cosechar: un proceso que comienza siete años antes de que la primera fresa llegue al consumidor, que combina técnicas tradicionales con agricultura de precisión, y que mantiene estándares de calidad tan rigurosos que cada berry cosechada debe cumplir criterios específicos de condición, apariencia y sabor antes de ser empacada.

Este reportaje documenta ese proceso completo, desde los viveros donde nacen variedades únicas mediante polinización cruzada, hasta las cámaras de refrigeración que mantienen la cadena de frío a cero grados centígrados, pasando por campos que producen en suelo orgánico enriquecido con materia orgánica y sistemas innovadores de cultivo en sustrato de fibra de coco que maximizan eficiencia hídrica y productividad por hectárea.

México como potencia en producción de berries

Antes de adentrarnos en los campos de Tapalpa, es necesario dimensionar la importancia estratégica del sector de berries para la agricultura mexicana y su economía.

FRESAS:

2023:

641,000 toneladas métricas según SIAP (Statista/SADER).

Michoacán lideró con el 59.2% del total nacional.

2024:

696,112 toneladas (con una variación de 8.5% en comparación con 2023); obtenidas de 15,858 hectáreas cosechadas. Michoacán lideró con 411,927 toneladas (59.2%), seguido por Baja California con 137,424 toneladas (19.7%), Guanajuato con 107,920 toneladas (15.5%) y Jalisco con 17,016 toneladas (2.4%), según DGSIAP-SADER.

Exportaciones:

Las exportaciones de fresa pasaron de 749 millones de dólares en 2023 a 800 millones en 2024, según el Banco de México.

ARÁNDANOS:

2023:

74,800 toneladas métricas, un aumento del 12% con respecto al año anterior, según informe USDA.

74,067.40 toneladas según datos SADER/USDA para el total de berries 2023.

2024:

81,000 toneladas métricas pronosticadas, un aumento del 8% debido al suficiente acceso al agua y la creciente demanda de exportaciones, según USDA.

Estados productores:

Jalisco produjo 32,605 toneladas en 2022 (48.8% del total nacional), seguido por Sinaloa con 13,241 toneladas y Michoacán con 11,966 toneladas, según SIAP.

Jalisco, Sinaloa, Michoacán y Baja California representan el 90% de la producción de arándanos de México.

Exportaciones:

71,509 toneladas métricas exportadas en 2022, con Estados Unidos representando el 97% de la cuota de mercado.

México envía más del 95% de sus arándanos al mercado estadounidense.

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A 2,000 metros de altitud en Tapalpa, Jalisco, se presentan las condiciones climáticas ideales para producir berries de calidad premium: noches largas y frías que ralentizan el metabolismo de las plantas permitiendo acumulación de azúcares y compuestos bioactivos, días cortos, pero intensamente soleados que impulsan la fotosíntesis, y suelos con alto contenido de materia orgánica que favorecen biodiversidad microbiana. Crédito foto: Driscoll’s

5 factores que explican el éxito

Este posicionamiento competitivo de México en el mercado global de berries responde a:

  1. Ventajas climáticas: La diversidad de microclimas permite producción prácticamente todo el año en diferentes regiones, desde zonas costeras de clima templado hasta tierras altas con inviernos fríos.

  2. Proximidad geográfica: La cercanía con Estados Unidos —el mayor consumidor mundial de berries— reduce significativamente costos y tiempos logísticos, permitiendo entregar producto más fresco que competidores lejanos.

  3. Mano de obra calificada: Décadas de experiencia en producción hortofrutícola han generado una base de trabajadores agrícolas especializados en manejo de cultivos delicados.

  4. Inversión en genética y tecnología: Programas de mejoramiento y adopción de tecnologías de agricultura de precisión han elevado productividad y calidad.

  5. Cumplimiento de estándares internacionales: Certificaciones rigurosas (Global GAP, USDA, FDA) garantizan inocuidad y trazabilidad que mercados exigentes requieren.

Con este contexto, adentrarnos en los campos de Tapalpa nos permite ver cómo estos factores se materializan en prácticas agronómicas concretas que determinan la calidad final del producto.

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Geografía y clima: por qué importa para las berries

Tapalpa es un municipio ubicado en la región sur de Jalisco, a aproximadamente 2,000 metros sobre el nivel del mar. Esta altitud es fundamental para entender por qué la zona se ha convertido en un polo de producción de berries de alta calidad.

a) Altitud y amplitud térmica: A 2,000 metros de elevación, Tapalpa experimenta inviernos con noches largas y frías (temperaturas que pueden descender hasta cerca de 0°C) y días cortos, pero intensamente soleados. Esta amplitud térmica provoca que las noches frías ralentizan el metabolismo de las plantas, permitiendo que los frutos acumulen más compuestos (azúcares, antioxidantes); los días soleados impulsan la fotosíntesis, convirtiendo luz solar en azúcares que se concentran en los frutos.

"El clima, el suelo y el invierno en México, que son noches largas y frías, y días cortos y soleados provocan que la fruta explote en tamaño y también en azúcar", explica uno de los técnicos agrícolas.

Esta combinación de factores climáticos es lo que diferencia berries producidas en altura de aquellas cultivadas en tierras bajas o climas más estables: no solo alcanzan mayor tamaño, sino que desarrollan perfiles de sabor más complejos con equilibrio entre dulzura y acidez, y mayores concentraciones de compuestos bioactivos.

b) Suelos con materia orgánica: La zona de Tapalpa se caracteriza por suelos con contenido significativo de materia orgánica, resultado de la descomposición de vegetación a lo largo de siglos. Estos suelos tienen mejor estructura, mayor capacidad de retención de humedad y nutrientes, y hospedan una biodiversidad microbiana que favorece la salud de las raíces.

Sin embargo, no todos los suelos son iguales incluso dentro de la misma región. "No todos los suelos tienen la misma estructura y eso nos puede limitar en poder producir en algunos predios", señalan los agrónomos. Esta variabilidad obliga a los productores a seleccionar cuidadosamente qué terrenos usar para cada variedad específica.

c) Aislamiento fitosanitario: La elevación y las condiciones climáticas también actúan como barrera natural contra ciertas plagas y enfermedades que proliferan en climas más cálidos o húmedos. Esto permite reducir aplicaciones de plaguicidas y facilita el manejo orgánico o con mínimo uso de insumos sintéticos.

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7 años de mejoramiento genético

Lo que distingue fundamentalmente la producción de berries de alta calidad de operaciones convencionales es el mejoramiento genético. Y aquí comienza una historia que pocos consumidores conocen: la fresa o el arándano que compran hoy es el resultado de un proceso de selección que comenzó siete años atrás.

"Todo comienza con una pequeña planta (de fresa o arándano), que es especial, pero aún nadie lo sabe", explican los investigadores. "Esta planta es el resultado de una cruza natural entre una planta que produce buen tamaño con otra que produce buen sabor y que dará como resultado a una planta que produce berries de buen sabor y buen tamaño".

Esta cruza natural se realiza mediante técnicas de polinización cruzada: transportar el polen de una planta con características deseables (por ejemplo, alto contenido de azúcar) a otra con características complementarias (por ejemplo, firmeza y vida de anaquel prolongada), permitiendo que se produzca una descendencia que idealmente combine ambas características.

Sin embargo, como en toda genética, las posibilidades en una cruza natural son abundantes y los resultados impredecibles. "El equipo de I+D año tras año prueban y evalúan a más de 1,000 combinaciones", señalan. "En el proceso van descartando aquellas variedades que, a pesar de tener buen sabor, carecen de consistencia o resistencia a ciertas plagas o enfermedades".

Objetivos del mejoramiento:

El programa de mejoramiento genético persigue tres pilares principales:

  1. Deleite del consumidor: "Todas nuestras variedades siempre van a tener grados Brix muy altos, que es lo que nos caracteriza", explican desde Driscoll’s. Los grados Brix miden el contenido de azúcares solubles; variedades con alto Brix ofrecen experiencias de sabor más dulces y satisfactorias. Pero no se trata solo de dulzura: se busca equilibrio entre azúcares y ácidos orgánicos que genere complejidad de sabor.

  2. Resistencia a plagas y enfermedades: "Estamos enfocándonos en materiales que sean resistentes genéticamente, que ya no necesiten tantas aplicaciones como materiales que son susceptibles. Esto es un gran impacto para el medio ambiente y para la reducción de uso de plaguicidas", señalan los investigadores. Desarrollar variedades con resistencia genética a enfermedades fúngicas comunes (como Botrytis en fresas) o insectos plaga reduce dramáticamente la necesidad de aplicaciones químicas.

  3. Eficiencia en uso de recursos: "También estamos buscando materiales que necesiten menos nutrición, que, por vigor, por estructura de la planta, las exigencias sean reducidas para también disminuir costos y problemas ambientales a largo plazo". Variedades más eficientes en uso de agua y nutrientes no solo reducen costos operativos, sino que alinean la producción con objetivos de sustentabilidad.

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Proceso de producción

Una vez identificada una variedad con características excepcionales, comienza el proceso de producción a escala para distribuir a productores.

1. Desde el vivero hasta el campo

"Esa planta con características especiales se manda a un área especialmente adaptada para que pueda reproducirse, ese lugar es Tapalpa, Jalisco, un espacio cuidadosamente seleccionado por sus características ideales: un suelo y clima apartado de plagas u organismos que puedan enfermar a las plantas", explican los técnicos.

El proceso es simple pero meticuloso: "Se realizan cortes para que estos broten naturalmente como plántulas". Estas plantas madre se mantienen en condiciones controladas donde pueden generar miles de plántulas clonales —genéticamente idénticas a la planta madre— que heredan todas sus características deseables.

"El vivero cuenta con el ambiente más propicio para que se produzcan y desarrollen las plántulas necesarias para todos nuestros productores independientes en el país. Este proceso puede durar varios años, pero es natural y seguro", señalan.

Cuando están listas, "con mucho cuidado son enviadas a los productores independientes, para que ellos las reciban justo a tiempo para plantarlas y desarrollarlas al 100%".

Este modelo de mejoramiento genético centralizado y distribución controlada de material vegetal garantiza que todos los productores asociados trabajen con las mismas variedades de élite, asegurando consistencia de calidad en toda la cadena de suministro.

2. Producción en suelo orgánico vs. sustrato

En los campos de Tapalpa conviven dos sistemas de producción aparentemente opuestos pero complementarios: cultivo tradicional en suelo orgánico y producción de vanguardia en sustrato. Cada uno tiene ventajas específicas y responde a condiciones particulares de terreno y objetivos productivos.

a) Cultivo orgánico en suelo

El Rancho Ojo Zarco, ubicado en Tapalpa, ejemplifica el sistema de producción en suelo orgánico enriquecido:

Preparación del terreno: "Los agricultores preparan la tierra con inclinaciones precisas para optimizar sol y agua, trabajando en sincronía con la naturaleza", explican los agrónomos. La orientación de las camas de cultivo (generalmente norte-sur) maximiza la exposición solar uniforme a lo largo del día. La inclinación facilita drenaje natural, crítico en una zona con precipitaciones estacionales intensas.

Plantación manual: "La plantación es manual. Plantamos en el mes de julio, duramos tres semanas la última semana de julio y alrededor de dos semanas de agosto. De ahí partimos aproximadamente casi dos meses para empezar a producir", detallan. Este calendario de plantación está sincronizado con el ciclo climático local: plantar en julio-agosto permite que las plantas se establezcan antes de las primeras heladas de invierno, iniciando producción en octubre-noviembre cuando los mercados internacionales demandan producto.

Infraestructura de protección: "Constan de techos que nosotros le llamamos macrotúneles. Tienen 25% de sombra. También ponen mallas anti-pájaros", señalan. Estos macrotúneles no son invernaderos cerrados, sino estructuras de protección que modulan ligeramente las condiciones ambientales: reducen el impacto de lluvias intensas que pueden dañar flores y frutos, protegen de pájaros que consumen berries maduras, y moderan ligeramente las temperaturas extremas sin eliminar completamente la variabilidad climática que, paradójicamente, contribuye a desarrollar perfiles de sabor complejos.

Acolchado plástico: "El acolchado gris le da más calor a la cama, más raíz genera, más precocidad en la planta y por lo tanto podemos empezar a cosechar antes", explican los técnicos. El acolchado cumple múltiples funciones: conserva humedad del suelo, suprime malezas, modera temperatura del suelo (el color gris absorbe calor durante el día y lo libera durante la noche), y mantiene los frutos limpios al evitar contacto directo con el suelo.

Manejo de materia orgánica: "Seguir mejorando la materia orgánica es tener mayor biodiversidad microbiana", señalan los agrónomos. Entre ciclos productivos, se siembran cultivos de cobertura (avena, mostacilla) que posteriormente se incorporan al suelo. "No le damos otro uso de hacer un cultivo comercial, simplemente es para nutrir la estructura y para nutrir el suelo", explican. Esta práctica aumenta el contenido de materia orgánica, mejora estructura del suelo, fomenta biodiversidad de microorganismos benéficos y reduce necesidad de fertilización sintética.

Gestión hídrica: "Cuidamos bastante los escurrimientos de agua, clasificamos las salidas de los túneles para que las lluvias corran hacia las partes más bajas donde hacemos captaciones y se vayan a las zonas boscosas", detallan. Este manejo cuidadoso del agua evita erosión, captura excedentes para uso posterior y protege los ecosistemas circundantes.

Tecnología de riego y nutrición: Aunque el sistema es "orgánico" en cuanto a manejo de suelo, incorpora tecnología de precisión en riego por goteo y fertirrigación. Sensores de humedad del suelo informan cuándo regar; análisis foliares periódicos determinan necesidades nutricionales específicas; sistemas de inyección de fertilizantes permiten ajustar nutrición según etapa fenológica de las plantas.

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b) Producción en sustrato

Los ranchos Cerro Grande y San Antonio representan el modelo de producción en sustrato, un sistema que está ganando terreno rápidamente en la industria de berries por sus ventajas técnicas y ambientales.

¿Qué es producción en sustrato? "La producción convencional es básicamente producir en suelo. En el caso de la producción en sustrato no se utiliza el suelo. Se utilizan contenedores (una especie de maceta) y se utiliza un sustrato que es una solución, un material inerte. En este caso es fibra de coco", explican los técnicos.

La fibra de coco (residuo del procesamiento de cocos) es un sustrato ideal porque: es inerte (no aporta ni retiene nutrientes propios, permitiendo control total de nutrición), tiene excelente capacidad de retención de agua combinada con buen drenaje, es renovable y biodegradable, y está libre de patógenos del suelo.

"Es una bolsa que tiene sustrato. La fibra de coco nos sirve para hacer un material donde se colonizan las raíces. A diferencia del suelo, no tiene propiedades para retener elementos, no tiene una base de nutrición. Pero aquí lo que buscas es que explores bien la raíz y que puedas suministrar la nutrición que las raíces de las plantas puedan absorber. Todo lo que tú le suministras se absorbe. Hay un porcentaje que se drena, pero la mayor parte es absorbida por las plantas", detallan.

Ventajas operativas del sistema:

  1. Control total de nutrición: Al no depender de la fertilidad natural del suelo, cada planta recibe exactamente los nutrientes que necesita en cada etapa de desarrollo. Esto maximiza eficiencia: no hay desperdicio de fertilizantes que queden inmovilizados en el suelo.

  2. Independencia de calidad de suelo: "La producción con sustrato nos ayuda a utilizar suelos agrícolas que en algún momento plantaron maíces u otros cultivos. No hacemos cambios de uso de suelo. Son suelos agrícolas 100%", explican. Esto expande significativamente el área potencial de producción.

  3. Eliminación de desinfección de suelo: "Los sustratos ya vienen inertes, únicamente es lavarlo y dejarlo listo para colocar las plantas. No necesitas desinfectar suelos para matar patógenos que atacan a las plantas", señalan. La desinfección de suelos (fumigación, solarización) es costosa, consume tiempo y tiene impactos ambientales. Eliminarla es una ventaja importante.

  4. Reducción de uso de plaguicidas: "Se reduce el uso de plaguicidas. Se hacen aplicaciones, pero son más de manera preventiva porque no se han observado focos que preocupen", indican los técnicos. Al eliminar el contacto con suelo —fuente principal de patógenos fúngicos— la presión de enfermedades disminuye dramáticamente.

  5. Mayor productividad: "El día de hoy se producen más kilos en sustrato que en suelo. Esa es una ventaja para el sistema", afirman. La optimización de nutrición, agua y condiciones de raíz permite que las plantas expresen su máximo potencial genético.

  6. Ergonomía y eficiencia de cosecha: "Cuando estamos cortando la fruta, toda está por las orillas de las macetas, entonces el recolector no va perdiendo tiempo buscándola entre plantas. Tenemos menos cantidad de frutas con daños y nuestro porcentaje de aprovechamiento de fruta es mayor", explican. Los contenedores elevados facilitan la cosecha, reducen fatiga del trabajador y disminuyen daño mecánico a frutos.

  7. Uso eficiente de agua: "Hemos ido mejorando nuestro sistema productivo", señalan. El riego en sustrato es ultra-preciso: sensores de humedad en las bolsas informan exactamente cuándo regar; el drenaje se captura y puede reutilizarse; no hay pérdidas por percolación profunda o escorrentía.

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Tanto en sistemas de suelo como de sustrato, la agricultura de precisión juega un rol fundamental en optimizar rendimiento y calidad:

Monitoreo continuo: Sensores instalados en campos miden en tiempo real: humedad del suelo o sustrato, temperatura ambiente y del suelo, radiación solar, humedad relativa. Estos datos se transmiten a plataformas digitales donde agrónomos pueden monitorear múltiples ranchos simultáneamente.

Fertirrigación ajustada: "La experiencia y la aplicación de nuevas técnicas se ha adquirido a través de los años con el soporte del equipo técnico. A través de recorridos, capacitaciones, del campo experimental que dan las bases de información sobre manejos para cada variedad", explican los técnicos. Cada variedad tiene requerimientos nutricionales específicos que varían según etapa fenológica (establecimiento, floración, fructificación, maduración). Los sistemas de fertirrigación automática ajustan la composición de la solución nutritiva según estas necesidades.

Análisis de tejido foliar: Periódicamente se toman muestras de hojas que se analizan en laboratorio para determinar concentraciones de macro y micronutrientes. Esto permite detectar deficiencias o excesos antes de que se manifiesten visualmente en las plantas, permitiendo correcciones preventivas.

Campos experimentales: "Tenemos campos experimentales donde se crean las nuevas selecciones, donde se trabaja en conjunto con el equipo de mejoramiento genético y el de investigación aplicada", señalan desde Driscoll’s. Antes de que una variedad nueva se distribuya masivamente a productores, se prueba exhaustivamente en estos campos para desarrollar protocolos específicos de manejo: densidad de plantación óptima, requerimientos de poda, respuesta a diferentes regímenes de riego y nutrición, susceptibilidad a plagas locales.

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Inteligencia artificial y análisis predictivo: "La inteligencia artificial nos ayudará. La tecnología sirve, pero se necesita personal bien capacitado, con criterio, con experiencia, que sepa interpretar esos datos", señalan. Algoritmos de machine learning pueden procesar grandes volúmenes de datos de sensores, clima histórico, rendimientos pasados, y generar recomendaciones: cuándo iniciar riego, cuándo anticipar presión de plagas, cuándo ajustar nutrición. Pero la decisión final sigue dependiendo del criterio agronómico experimentado.

3. Cosecha y empaque

La calidad de las berries se construye en el campo, no se puede agregar posteriormente. Por esto, el control de calidad comienza mucho antes de la cosecha.

"El reto es asegurar la calidad desde el campo, porque es muy importante que la fruta que salga de la cosecha llegue bien a los coolers", explican los encargados de calidad. "Iniciamos nuestras temporadas con una verificación en los campos. El equipo de calidad de campo revisa que tengan las condiciones necesarias para poder iniciar su cosecha. Los campos se deben encontrar limpios y listos".

Esta verificación evalúa: estado fitosanitario del cultivo (ausencia de enfermedades o plagas que puedan afectar frutos), madurez adecuada de los primeros frutos, condiciones de infraestructura de cosecha y empaque en campo, disponibilidad de personal capacitado.

"Posterior a que un campo es verificado y pueda iniciar su cosecha, se ofrece una capacitación en campo. Esta capacitación consta de explicarle al productor y a su personal cuáles son los estándares de calidad que se necesita de la fruta", detallan.

Los estándares se resumen en tres pilares:

  1. Condición: Estado fisiológico y físico del fruto que determina su potencial de vida de anaquel. "Ayuda a llegar frescos a los hogares de los consumidores", explican. Incluye firmeza, ausencia de daños mecánicos, ausencia de pudriciones incipientes.

  2. Apariencia: Características visuales que "enamoran" al consumidor. Color uniforme y brillante, forma característica de la variedad, tamaño dentro de rangos específicos, ausencia de deformaciones o manchas.

  3. Sabor: "Es una promesa a los consumidores que con cada fruta que ellos coman, se van a deleitar", señalan. Esto implica cosechar en el punto exacto de madurez: demasiado temprano y la fruta carece de dulzura; demasiado tarde y pierde firmeza rápidamente.

"Cada mañana son piscadas a mano de las plantas y colocadas directamente en los clamshells", indican. Esta práctica (empacar directamente en campo en los contenedores finales de venta) minimiza manipulación posterior que puede causar daños.

Los cosechadores son capacitados para identificar el punto exacto de madurez (color, separación fácil del cáliz) y manejar los frutos con extremo cuidado. Pero, “¿qué sucede con las fresas que no cumplen las características?” Se retiran. Se mandan a procesadoras para aplicarlas en producto final terminado como yogur o mermeladas", explican. Esta segregación en campo garantiza que solo fruta de calidad óptima entre al canal fresco.

"Asimismo, se hacen visitas de seguimiento continuas durante la temporada para asegurar que se sigan manteniendo los estándares de calidad", señalan. Auditores de calidad visitan campos regularmente, toman muestras de fruta empacada, verifican que los trabajadores sigan los protocolos capacitados, identifican desviaciones y proponen correcciones inmediatas.

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4. Distribución

Las berries son extremadamente perecederas. A diferencia de manzanas o cítricos que pueden almacenarse semanas a temperatura ambiente, las fresas y arándanos comienzan a deteriorarse horas después de cosecharse si no se manejan adecuadamente.

"Esto implica un enorme reto, ya que las berries a diferencia de otras frutas son muy delicadas a los cambios bruscos de temperatura, por ello el tiempo de entrega y transporte es crucial. El secreto para mantenerlas frescas se encuentra en una sólida cadena de frío", explican los especialistas logísticos.

a) Coolers: el corazón de la logística

"Cada mañana son piscadas a mano y colocadas directamente en los clamshells, para luego ser acomodadas en cajas y llevadas al cooler más cercano", señalan. La fruta cosechada en la mañana debe estar en refrigeración antes del mediodía", enfatizan.

"Los coolers son las bases donde se reciben las berries de cultivos cercanos, se ubican estratégicamente a no más de 3 horas de los cultivos", explican. Esta proximidad es crítica: cada hora que pasa entre cosecha y refrigeración reduce vida de anaquel.

Al llegar al cooler: "Se inspeccionan para corroborar que cumplan con los estándares de calidad —consistencia, apariencia y sabor— para luego ser llevadas a una enorme cámara de refrigeración", agregan.

"En el cooler inicia la cadena de frío donde se les quita el calor del campo y se mantienen a cero grados centígrados", explican. El enfriamiento rápido (de 25-30°C a 0°C en pocas horas) es fundamental: ralentiza dramáticamente el metabolismo del fruto, reduciendo respiración, producción de etileno y desarrollo de microorganismos.

"Un par de horas después son cargadas al camión refrigerado que recorrerá un largo camino hasta el supermercado. Tanto el camión como el área de frutas y verduras del supermercado mantendrán la misma temperatura que se inició en el cooler. A esto se llama cadena de frío, que mantiene las berries tan frescas como si se acabaran de cosechar", señalan.

Esta cadena ininterrumpida de 0°C desde cooler → transporte → centro de distribución → punto de venta es lo que permite que berries cosechadas en México lleguen a consumidores en Estados Unidos o Canadá con frescura comparable a producto local.

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5. Compromiso local

Un aspecto fundamental del modelo productivo es la colaboración con agricultores independientes locales.

"Se trabaja con agricultores independientes en estados como Jalisco, Michoacán y Baja California, creando empleo y desarrollo local", señalan. Estos productores no son empleados ni arrendatarios, sino socios independientes que reciben:

  • Material vegetal de élite (variedades únicas resultado de años de mejoramiento)

  • Asistencia técnica continua (agrónomos especializados que visitan campos regularmente)

  • Capacitación en mejores prácticas agrícolas y sistemas de calidad

  • Acceso a tecnologías de agricultura de precisión

  • Mercado garantizado para su producción (si cumple estándares de calidad)

Este modelo genera empleo directo (cosechadores, personal de empaque en campo, operadores de maquinaria) e indirecto (transporte, insumos agrícolas, servicios). En regiones como Tapalpa, la producción de berries se ha convertido en motor económico que permite a familias rurales acceder a ingresos estables sin migrar a ciudades.

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Aplicaciones en productos terminados: más allá del consumo fresco

Aunque el enfoque principal es producto fresco, las berries que no cumplen estándares estéticos para mercado fresco encuentran aplicaciones valiosas en productos procesados.

"Se mandan a procesadoras para aplicarlas en yogur, mermelada, producto final terminado y no como producto fresco", explican sobre la fruta que no cumple estándares del mercado fresco, pero que mantiene perfectamente su calidad nutricional y sensorial para procesamiento. Algunas aplicaciones son:

Ingrediente para lácteos: Yogures con trozos de fresa, arándanos liofilizados en granolas mezcladas con yogur, bases de fruta para yogur bebible. Las berries aportan color natural, sabor característico, textura y valor nutricional agregado.

Panadería y repostería: Rellenos de pasteles, coberturas, mermeladas artesanales, muffins y panes con berries. La acidez natural de fresas balancea dulzor en repostería; los arándanos mantienen forma mejor durante horneado que otras frutas.

Bebidas: Jugos, smoothies, aguas frescas, bebidas funcionales. Las berries aportan antioxidantes, color atractivo sin colorantes artificiales, y perfiles de sabor complejos.

Confitería: Gomitas de fruta, chocolates rellenos, fruta deshidratada o liofilizada como snack. El proceso de liofilización concentra sabor y nutrientes, creando ingredientes premium.

Productos funcionales: Suplementos con extractos de berries ricos en antocianinas, barras energéticas con berries deshidratadas, mermeladas, alimentos fortificados con polifenoles de berries.

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6 tendencias del sector hortofrutícola para 2026

El sector hortofrutícola global enfrenta múltiples tendencias y presiones que están redefiniendo cómo se producen, distribuyen y comercializan alimentos frescos:

  1. Demanda por trazabilidad: Consumidores y reguladores exigen saber exactamente de dónde viene su alimento, cómo se produjo, qué insumos se usaron. Tecnologías blockchain están comenzando a aplicarse para crear registros inmutables de cada etapa desde campo hasta punto de venta.

  2. Reducción de uso de plaguicidas: Presión regulatoria y de mercado para minimizar residuos de plaguicidas sintéticos. Esto impulsa mejoramiento genético para resistencia a plagas, manejo integrado de plagas, y adopción de productos biológicos (hongos y bacterias antagonistas, extractos botánicos).

  3. Eficiencia en uso de agua: En un contexto de estrés hídrico creciente, sistemas de riego de precisión, monitoreo de humedad del suelo en tiempo real, y técnicas como producción en sustrato que reducen consumo de agua 30-50% versus suelo tradicional son críticos.

  4. Sustentabilidad y huella de carbono: Consumidores valoran cada vez más la huella ambiental de sus alimentos. Esto impulsa: reducción de emisiones en transporte (optimización logística, camiones más eficientes), captura de carbono en suelos mediante prácticas regenerativas, reducción de desperdicio (aprovechamiento de fruta que no cumple estándares estéticos en procesamiento).

  5. Sabor y experiencia sensorial: Después de décadas donde productividad y vida de anaquel dominaron el mejoramiento genético, el péndulo regresa hacia sabor como prioridad. Consumidores pagan premium por fruta que realmente sabe bien, no solo se ve bien.

  6. Productos funcionales y salud: Interés creciente en alimentos con beneficios específicos para salud más allá de la nutrición básica. Berries ricas en antioxidantes, vitaminas específicas, compuestos antiinflamatorios están bien posicionadas para esta tendencia.

Lo que está ocurriendo en Tapalpa, y en regiones similares de Jalisco, Michoacán, Baja California, es la consolidación de México como potencia en producción de alimentos frescos de alta calidad. No por ventajas fortuitas de geografía o clima, sino por la construcción de sistemas productivos que integran lo mejor de la tradición agrícola con lo más avanzado de la ciencia y tecnología moderna, de la mano de organizaciones como Driscoll’s.

Cada fresa que llega a una mesa, cada arándano que un consumidor disfruta es el resultado final de un proceso complejo que comienza con una cruza natural en un vivero, pasa por campos donde cada decisión agronómica está informada por datos, es cosechada a mano por trabajadores capacitados para reconocer el punto exacto de madurez, y viaja miles de kilómetros manteniendo la calidad del alimento.

Este es el estándar al que aspira —y cada vez más alcanza— la producción moderna de alimentos frescos en México.

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