La carragenina es un aditivo alimentario ampliamente utilizado en la industria, principalmente por sus propiedades como espesante, estabilizante y gelificante. Este polisacárido natural, obtenido de diferentes especies de algas rojas, ha sido objeto de numerosos estudios para evaluar su seguridad en la dieta humana.
El propósito de la revisión técnica es analizar y discutir la evidencia científica actual sobre la seguridad de la carragenina, considerando tanto estudios in vitro como in vivo, así como evaluaciones regulatorias y mecanismos que podrían estar relacionados con efectos adversos.
La carragenina se extrae de algas rojas, principalmente de los géneros Chondrus, Eucheuma y Kappaphycus. Existen diversas formas estructurales de carragenina, destacándose la kappa, iota y lambda, que se diferencian por su grado de sulfatación y su conformación molecular.
Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), estas variaciones determinan sus propiedades funcionales en la industria alimentaria. En términos generales, la carragenina se utiliza para:
- mejorar la textura
- aumentar la viscosidad
- estabilizar emulsiones en productos lácteos, cárnicos, postres y bebidas, entre otros

Mecanismos de acción y comportamiento en matrices alimentarias
El comportamiento de la carragenina en las matrices alimentarias se explica por su habilidad para formar enlaces iónicos con los cationes en la formulación, generando redes tridimensionales que otorgan la textura deseada.
Desde un enfoque estructural, la interacción con iones como el calcio y el potasio es fundamental para el gel creado por la carragenina kappa e iota.
Estos enlaces no solo afectan las propiedades organolépticas del producto final, sino que también inciden en la biodisponibilidad del aditivo durante su paso por el tracto gastrointestinal.
Estudios in vitro han demostrado que la carragenina no es absorbida de manera significativa por el tracto gastrointestinal, debido a su alto peso molecular y a la complejidad de su estructura.
La estabilidad de este polisacárido frente a las condiciones ácidas del estómago y a las enzimas digestivas permite que gran parte de la sustancia se excrete sin experimentar cambios estructurales relevantes.
Evaluaciones toxicológicas de la carragenina
Se han realizado diversas evaluaciones toxicológicas para determinar el posible riesgo de la carragenina en la alimentación.
Los estudios in vivo en modelos animales han mostrado que, a dosis elevadas, la carragenina puede causar efectos adversos en la mucosa intestinal, particularmente en relación con la forma denominada “carragenina degradada”.
No obstante, es esencial distinguir entre la carragenina alimentaria, que es de alta pureza y grado alimentario, y la degradada, que proviene de procesos químicos y no está permitida en alimentos.
En experimentos con roedores, se ha notado que la administración crónica de carragenina a dosis que exceden considerablemente la ingesta humana estimada no genera efectos tóxicos relevantes en la mayoría de los parámetros analizados, incluyendo la función hepática y renal, así como la integridad del epitelio intestinal.
Además, estudios a largo plazo han determinado que la ingesta de este aditivo en las concentraciones aprobadas por las agencias reguladoras no produce alteraciones funcionales o estructurales en el intestino.
Es importante subrayar que algunos estudios han indicado inflamación intestinal en modelos animales expuestos a este ingrediente en formas degradadas o en condiciones experimentales que no representan el uso comercial.
La diferenciación entre la carragenina “alimentaria” y la “degradada” es crucial, dado que la evidencia de efectos adversos proviene, en su mayoría, de investigaciones que emplean el ingrediente modificado con propiedades fisicoquímicas distintas a las del aditivo regulado en la industria.

Evaluación del potencial proinflamatorio
En el ámbito in vitro, se han realizado investigaciones para evaluar el impacto de este ingrediente en líneas celulares intestinales y células inmunitarias.
Algunos estudios sugieren que la exposición a la carragenina podría activar mediadores inflamatorios como la interleucina-8 (IL-8) y el factor nuclear kappa B (NF-κB).
Sin embargo, es crucial interpretar estos hallazgos con cautela, ya que las concentraciones utilizadas en el laboratorio suelen ser considerablemente más altas que las encontradas en los productos alimentarios.
Además, el entorno celular controlado de los experimentos in vitro no refleja la complejidad del sistema gastrointestinal humano, limitando la posibilidad de aplicar estos resultados a situaciones clínicas.
Otro punto relevante es el estudio de la degradación de la carragenina durante el procesamiento de alimentos. La exposición a altas temperaturas, cambios de pH y procesos enzimáticos puede generar fragmentos de menor peso molecular, que se han asociado con posibles efectos proinflamatorios en estudios experimentales.
Sin embargo, los controles de calidad en la fabricación de carragenina alimentaria aseguran que el producto final cumpla con las especificaciones de pureza y peso molecular, disminuyendo la probabilidad de formación de estos compuestos degradados.
Perspectivas regulatorias y normativas internacionales
Las agencias reguladoras de todo el mundo han llevado a cabo una evaluación exhaustiva de la seguridad de la carragenina en los alimentos.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) y la Comisión del Codex Alimentarius han establecido parámetros rigurosos para su uso.
En particular, la EFSA ha realizado evaluaciones periódicas que han confirmado que la carragenina, dentro de los límites de ingesta recomendados, no representa un riesgo significativo para la salud humana.
Estas evaluaciones consideran la biodisponibilidad, los estudios toxicológicos y los datos epidemiológicos disponibles. La posición de la FDA y otros organismos internacionales es congruente: la carragenina alimentaria, debidamente purificada y en las concentraciones aprobadas, es segura para el consumo
humano.
Además, se han fijado límites máximos de uso en diversas categorías de alimentos, lo que garantiza que la exposición total diaria no supere los niveles considerados seguros según las evaluaciones toxicológicas.
Es relevante señalar que la normativa también diferencia entre la carragenina utilizada en la industria alimentaria y la que se usa en aplicaciones farmacéuticas o cosméticas, donde los requisitos de pureza y las condiciones de uso pueden variar.
Esta distinción es fundamental para evitar malentendidos en la interpretación de estudios y para asegurar que las evaluaciones se centren en el uso destinado en la alimentación.
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Debate científico y controversias en torno a la carragenina
A pesar de la evaluación favorable por parte de las agencias reguladoras, la carragenina ha generado controversia en la literatura científica y entre ciertos consumidores.
Varios estudios han indicado que la carragenina podría desencadenar respuestas inflamatorias y afectar la barrera intestinal, especialmente en individuos con predisposición a enfermedades gastrointestinales.
Sin embargo, estos estudios suelen presentar limitaciones metodológicas, como el uso de concentraciones elevadas, la falta de controles adecuados o el uso de carragenina degradada.
Una revisión crítica de la literatura muestra que, si bien existen indicios de efectos proinflamatorios en modelos experimentales específicos. La evidencia en humanos no sostiene de manera concluyente la conexión entre el consumo de carragenina alimentaria y el desarrollo de problemas intestinales.
En este contexto, los principales organismos reguladores afirman que los datos actuales respaldan la seguridad del aditivo cuando se usa según las normativas establecidas.
Una línea de investigación en curso se centra en comprender mejor los mecanismos moleculares que podrían explicar las discrepancias entre estudios in vitro e in vivo.
Se están investigando aspectos como la interacción de la carragenina con la microbiota intestinal y la respuesta inmune local, lo que podría clarificar la variabilidad individual en la respuesta a este aditivo.
Sin embargo, hasta el momento, la evidencia disponible no ha demostrado una relación causal directa entre el consumo de carragenina en las dosis permitidas y efectos adversos en la salud.

Consideraciones prácticas para la industria alimentaria
Para los profesionales de la industria alimentaria, es fundamental garantizar que el uso de carragenina se realice bajo estrictos controles de calidad.
Asegurar la pureza y cumplir con las normativas internacionales son elementos clave para reducir cualquier riesgo potencial. Se recomienda colaborar estrechamente con proveedores certificados y realizar análisis de calidad regulares para verificar que el ingrediente cumpla con los estándares necesarios.
Asimismo, es vital mantener una comunicación clara con los consumidores, explicando que la carragenina es un aditivo seguro respaldado por evaluaciones científicas y regulatorias.
Capacitar al personal en temas de seguridad alimentaria y estar al tanto de las normativas y estudios científicos son estrategias esenciales para reforzar la confianza en el uso de este aditivo en la producción de alimentos.
Por último, la innovación en técnicas de procesamiento y purificación puede ayudar a optimizar el uso de este ingrediente, disminuyendo aún más la posibilidad de formación de compuestos degradados.
La investigación y el desarrollo en este ámbito permiten mejorar la funcionalidad del aditivo sin comprometer la seguridad, lo cual es crucial en la evolución de los aditivos alimentarios en un mercado cada vez más exigente en calidad y transparencia.
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