Alimentos sin gluten y lactosa: su posición en el mercado y su situación legislativa

 |   marzo 10, 2021
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En el mercado nacional hay en la actualidad un número creciente de alimentos etiquetados con las menciones sin gluten y sin lactosa, ambos ingredientes que pueden ser dañinos para determinados consumidores.

Esta información alimentaria es una herramienta importante para poder llevar la dieta estricta sin gluten que necesitan las personas con enfermedad celiaca, ya que ésta es el principal medio de comunicación entre los operadores alimentarios y los consumidores.

Dentro de la amplia casuística en el etiquetado que específica la ausencia de un determinado ingrediente, se encuentra el gluten, dado que la regulación ha previsto de forma independiente dos opciones a través del Reglamento 828/2014:

  • Sin gluten: Podrá utilizarse cuando los alimentos, tal como se venden al consumidor final, no contengan más de 20 mg/kg de gluten.
  • Muy bajo en gluten: Podrá utilizarse cuando alimentos que consistan en trigo, centeno, cebada, avena o sus variedades híbridas, o que contengan uno o más ingredientes hechos a partir de estos cereales, que se hayan procesado específicamente para reducir su contenido de gluten, no contengan más de 100 mg/kg de gluten en el alimento tal como se vende al consumidor final.

Alimentos sin lactosa

Dentro de este tipo de alimentos, la información alimentaria es de gran importancia para que las personas con intolerancia a la lactosa puedan hacer elecciones informadas y consumir así alimentos de forma segura para ellos.

La leche, incluida la lactosa, es uno de los alérgenos incluidos en el Anexo II del Reglamento (UE) N.º 1169/2011 y regulado por sus artículos 9.1.c) y 21 (y por el Real Decreto 126/2015 en el caso de los alimentos no envasados).

Sin embargo, dada la importancia de estas menciones para las personas intolerantes a la lactosa, se han adoptado a nivel nacional unas orientaciones -no vinculantes- sobre el empleo de unos niveles en productos de consumo ordinario comercializados en España, hasta que se adopten normas armonizadas en la Unión Europea.

Además de estas consideraciones, también es fundamental que tengamos presentes las prácticas informativas leales, espacialmente para que los alimentos:

  • No induzcan a error al consumidor sobre sus características, no atribuyan al alimento efectos o propiedades que no posee y que el etiquetado y la información no insinúe que el alimento posee características especiales, cuando, en realidad, todos los alimentos similares poseen esas mismas características, en particular poniendo especialmente de relieve la presencia o ausencia de determinados ingredientes o nutrientes.
  • La información alimentaria sea precisa, clara y fácil de comprender para el consumidor.

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