Seguridad e inocuidad alimentaria
¿Qué preocupa a los europeos sobre la seguridad alimentaria? Esto dice el Eurobarómetro EFSA 2025
La seguridad alimentaria en Europa bajo la lupa del Eurobarómetro 2025 de la EFSA

Periodista especializada Senior
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Recientemente European Food Safety Authority (EFSA) publicó el Eurobarómetro 2025 sobre la confianza de los foodsafety y los consumidores en el food system. Según la última encuesta realizada entre sus ciudadanos, cada vez más europeos conocen cómo funciona la seguridad alimentaria de la UE.
El informe constituye la herramienta más amplia y representativa para comprender cómo los europeos perciben los riesgos vinculados a los alimentos, cuáles son sus principales preocupaciones y qué fuentes de información consideran más confiables.
El levantamiento de datos se realizó entre marzo y abril de 2025 en los idiomas nacionales de cada país, a través de entrevistas cara a cara y, en algunos casos, mediante videollamadas asistidas por computadora.
Un número cada vez mayor de europeos ha oído hablar de temas específicos relacionados con la seguridad alimentaria, siendo los más conocidos los aditivos alimentarios (71 %) y los pesticidas (67 %).
Se observaron aumentos notables en el conocimiento de las enfermedades animales (65 %, un aumento de 5 puntos porcentuales), los microplásticos en los alimentos (63, un aumento de 8 puntos porcentuales) y las intoxicaciones alimentarias (62 %, un aumento de 5 puntos porcentuales).
Interés ciudadano: la seguridad alimentaria sí importa
El sondeo mostró que siete de cada diez europeos (72%) están personalmente interesados en el tema de la seguridad alimentaria, una cifra estable en comparación con años previos.
La atención varía ampliamente por país: Grecia lidera con un impresionante 98% de ciudadanos interesados, seguida por Chipre (95%) y Finlandia (88%). En contraste, en Polonia solo el 40% de los encuestados reportó interés.
El análisis socio-demográfico ofrece matices interesantes:
Las mujeres (77%) muestran más interés que los hombres (68%).
Los jóvenes de 15 a 24 años son los menos atentos (63%), frente a los mayores de 40, donde el interés supera el 72%.
Los ciudadanos con mayor nivel educativo y aquellos que confían en las instituciones europeas tienden a involucrarse más en estos temas.
Quienes atraviesan dificultades económicas se muestran relativamente menos interesados (69%), reflejando cómo la presión financiera puede desplazar las preocupaciones sobre inocuidad.
Por otra parte, la encuesta destaca que los médicos y científicos que trabajan en instituciones públicas son las fuentes de información más fiables sobre los riesgos alimentarios, seguidos de cerca por los agricultores y las organizaciones de consumidores.
Nueve de cada diez ciudadanos de la UE afirman confiar en los médicos de cabecera y especialistas (90%) como fuentes de información sobre riesgos alimentarios. También se registran altos niveles de confianza en los científicos que trabajan en universidades u organizaciones de investigación financiadas con fondos públicos (84%), las organizaciones de consumidores (82%) y los agricultores y productores primarios (82%).
Algo más de siete de cada diez (72%) confían en las ONG medioambientales o sanitarias, mientras que siete de cada diez (70%) expresan su confianza en las autoridades nacionales.
El 69% confía en las instituciones de la UE, seguidas de los científicos que trabajan en organizaciones de investigación industriales o privadas (66%) y los supermercados o tiendas de alimentación locales (60%).

Las principales preocupaciones de los consumidores entre estas cuestiones siguen siendo los plaguicidas y aditivos alimentarios. Foto: Freepik
Factores de compra: entre el precio, el sabor y la seguridad
El informe evidencia un giro significativo en los hábitos de consumo. Aunque el costo de los alimentos se mantiene como el factor más importante (60%), le siguen el sabor (51%) y, en tercer lugar, la seguridad alimentaria (46%).
En veinte Estados Miembros, el precio es la principal variable de decisión, con picos en Letonia y Chequia (76%) y Chipre (74%). Solo en Italia (55%) y Rumania (51%) la seguridad alimentaria supera al costo como criterio predominante.
La evolución respecto a 2022 refleja un incremento de seis puntos porcentuales en la importancia atribuida al precio, una consecuencia directa de la inflación alimentaria en Europa. Por el contrario, la atención hacia el origen, el contenido nutricional o el impacto ambiental ha descendido ligeramente.
El sondeo también muestra que los europeos más conscientes de los riesgos alimentarios tienden a considerar con mayor frecuencia factores como el origen, el contenido nutricional y el impacto ambiental, mientras que quienes no se interesan por la seguridad priorizan casi exclusivamente el costo y el sabor.
Riesgos percibidos: de contaminantes químicos a microplásticos
Cuando se pregunta de manera abierta cuáles son las principales preocupaciones asociadas con la alimentación, los contaminantes químicos encabezan la lista (28%), seguidos por aditivos (17%) y la calidad/frescura de los productos (14%). Otros temas como los precios elevados, la salud o el origen de los alimentos registran 12% cada uno.
Sin embargo, cuando se plantea un listado de posibles riesgos, los ciudadanos identifican como mayores amenazas:
Residuos de pesticidas en alimentos (39%)
Residuos de antibióticos, hormonas o esteroides en la carne (36%)
Aditivos como colorantes o conservadores (35%)
Microplásticos en los alimentos (33%, con un aumento de 4 puntos desde 2022)
La preocupación por los microplásticos ha escalado rápidamente en la agenda pública, especialmente en países nórdicos como Finlandia y Dinamarca, donde supera el 50%. En contraste, la biotecnología de nueva generación (edición genética) o la nanotecnología apenas generan inquietud en menos del 10% de los encuestados.

Una gran mayoría busca una UE que los proteja, centrándose en la seguridad, la defensa y la economía, y mediante una mayor unidad y los medios necesarios para alcanzar estos objetivos. Foto: Freepik
Salud vs. seguridad: la balanza de las prioridades
El Eurobarómetro revela una división interesante entre alimentación saludable y riesgos de seguridad:
El 41% de los ciudadanos asegura tener igual nivel de preocupación por ambas dimensiones.
El 34% se inclina más por una dieta saludable.
El 23% prioriza los riesgos alimentarios
En países como Países Bajos y Dinamarca, la atención está centrada en la alimentación sana, mientras que en Malta, Bulgaria y Rumania se percibe mayor temor hacia los riesgos de inocuidad.
Las conductas alimenticias más mencionadas para mejorar la dieta incluyen aumentar el consumo de frutas y verduras (53%), reducir azúcares (45%) y limitar grasas (42%). Curiosamente, prácticas como elegir alimentos locales o de temporada aparecen en menor proporción, aunque son más relevantes en países como Eslovenia.
Fuentes de información: la televisión resiste, pero pierde terreno
A la hora de informarse sobre riesgos relacionados con los alimentos, la televisión sigue siendo el canal dominante (55%), aunque ha perdido seis puntos desde 2022. En paralelo, las redes sociales y los motores de búsqueda ganan protagonismo, especialmente entre los jóvenes.
El estudio muestra que:
Las personas mayores (65+) dependen más de la televisión (65%).
Los jóvenes se inclinan hacia redes sociales, blogs y búsquedas online (48%).
Quienes tienen mayor nivel de conciencia sobre riesgos recurren más a fuentes digitales (48%), frente al 21% que confía en medios tradicionales como radio o prensa escrita.

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¿Por qué algunos no se involucran?
No todos los ciudadanos se sienten motivados a informarse sobre seguridad alimentaria. El Eurobarómetro detecta tres razones principales para no hacerlo:
Asumir que los alimentos son seguros (41%)
Creer que ya saben suficiente para protegerse (30%)
Considerar la información demasiado técnica y compleja (27%)
Este hallazgo plantea un desafío crucial para EFSA y los Estados Miembros: cómo simplificar la comunicación científica y hacerla más accesible sin perder rigor técnico.
Por otro lado, el informe señala que el mayor conocimiento del sistema de seguridad alimentaria de la UE se da en Malta y Portugal, donde los ciudadanos tienden a coincidir con mayor frecuencia en que la UE cuenta con una institución independiente para la seguridad alimentaria (83-86 %) y en que la UE se basa en asesoramiento científico sobre riesgos alimentarios (86-90 %).
Los ciudadanos de Portugal, junto con Suecia, manifiestan el mayor nivel de confianza en las instituciones de la UE como fuente de riesgos alimentarios.
Respuesta a crisis: cómo actuarían los ciudadanos
Un hallazgo revelador es que casi ocho de cada diez europeos (78%) cambiarían sus hábitos de preparación o consumo si se reportara un brote de intoxicación alimentaria y las autoridades aconsejaran medidas preventivas.
Entre quienes no modificarían su comportamiento, las principales justificaciones son:
“Ya preparo los alimentos de la forma recomendada” (42%)
“Todos los alimentos implican algún riesgo y es imposible evitarlos todos” (27%)
“Puedo detectar si un alimento está contaminado por el olor o el aspecto” (20%)
“Cambiar no marcaría una diferencia real” (19%)
El estudio refiere que los ciudadanos de Chipre y Grecia se encuentran entre los más interesados en el tema de la seguridad alimentaria, mientras que más de la mitad en Italia y Rumanía eligen la seguridad alimentaria como un factor clave en sus decisiones de compra de alimentos.
El nivel de concienciación sobre temas de seguridad alimentaria varía notablemente entre los Estados miembros.

En países como Italia y Rumania, la seguridad alimentaria alcanza mayor relevancia que el costo, lo que revela matices culturales y económicos en las motivaciones de compra. Foto: Freepik
Lecciones para la industria alimentaria
El Eurobarómetro 2025 sobre seguridad alimentaria confirma que la preocupación ciudadana en la Unión Europea no es estática: evoluciona con las crisis sanitarias, los cambios regulatorios y las tendencias de consumo.
Algunos puntos clave para la política pública y la industria alimentaria:
La inflación como condicionante: el precio gana cada vez más peso en la decisión de compra, lo que puede limitar la disposición de los consumidores a pagar más por atributos como el origen sostenible o el bajo impacto ambiental.
Los microplásticos emergen como nuevo símbolo de desconfianza: aunque aún no se comprende del todo su impacto en la salud, el tema gana fuerza en la opinión pública y obliga a reguladores y fabricantes a investigar más y comunicar mejor.
La brecha generacional en la información: los jóvenes consumen contenidos sobre seguridad alimentaria en plataformas digitales, mientras que los mayores confían en la televisión. Esto exige estrategias multicanal.
La confianza sigue siendo un activo frágil: médicos y científicos gozan de gran credibilidad, pero las instituciones deben trabajar más para reducir disparidades de confianza entre países.
Simplificación del lenguaje técnico: uno de los principales obstáculos para la participación ciudadana es la percepción de que la información sobre riesgos es incomprensible.
En definitiva, el estudio ofrece una radiografía indispensable para orientar la regulación, la investigación científica y la estrategia de comunicación sobre seguridad alimentaria en la UE, y refuerza la necesidad de mantener un sistema coordinado que proteja al consumidor “de la granja a la mesa”.

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Periodista especializada Senior
Periodista especializada con más de 15 años en medios de comunicación. En los últimos 8 años ha enfocado sus conocimientos y competencias en la industria de alimentos y bebidas, y en el sector de packaging para alimentos.





