Seguridad e inocuidad alimentaria
Natural no significa seguro: el reto de evaluar ingredientes botánicos en alimentos funcionales desde la visión de Rebeca López-García
La innovación en esta categoría abre nuevas preguntas sobre formulación, evidencia y consumo.
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La incorporación de ingredientes de origen vegetal se ha convertido en una vía para desarrollar alimentos y bebidas con nuevas propiedades y propuestas de valor.
Sin embargo, que un ingrediente provenga de una planta no determina por sí mismo que sea inocuo.
La composición de un botánico puede variar según la especie, la parte de la planta utilizada, las condiciones de cultivo, el procesamiento y la concentración final. Además, algunos compuestos naturales pueden interactuar con medicamentos o generar efectos adversos cuando se consumen en determinadas cantidades.
Por eso, para la industria alimentaria, la pregunta no debería ser únicamente “¿es natural?”, sino “¿qué sabemos sobre esta preparación específica y bajo qué condiciones es segura?
Este es uno de los puntos que abordó Rebeca López-García, PhD y directora de Logre International Food Science, en una entrevista exclusiva para The Food Tech®. Habló de este reto desde la perspectiva de la toxicología y el desarrollo de alimentos funcionales. Su planteamiento abre una discusión que va más allá del origen de los ingredientes.
La planta no es una fórmula química fija
Una de las dificultades al trabajar con ingredientes botánicos es que la materia prima puede presentar variaciones naturales.
En la entrevista exclusiva, la especialista explica que factores como la época del año, las condiciones de cultivo o incluso la parte de la planta utilizada pueden modificar su composición química. Por ello, un extracto obtenido de una planta no necesariamente tiene exactamente el mismo perfil que otro producido bajo condiciones diferentes.
Esta variabilidad es relevante porque una preparación botánica puede contener múltiples sustancias, algunas de las cuales son responsables del efecto buscado y otras que pueden no aportar el mismo beneficio o incluso requerir una evaluación de seguridad.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera precisamente la composición y las características de los botánicos dentro de sus herramientas para evaluar su seguridad. Su Compendio de Botánicos, actualizado en 2025 y revisado en 2026, reúne 2,701 especies vegetales reportadas con sustancias naturales que podrían representar alguna preocupación para la salud.
La propia autoridad aclara que la presencia de una sustancia de preocupación no significa automáticamente que la planta sea peligrosa; el objetivo es facilitar la identificación de posibles peligros que después deben evaluarse.
Esto cambia la perspectiva: identificar una planta no es lo mismo que caracterizar el ingrediente que llegará a la formulación.

El procesamiento también importa
Entre una planta y el ingrediente que termina dentro de una bebida, barra, cápsula o alimento funcional puede existir una cadena de procesos.
Secado, molienda, extracción, concentración y otras etapas pueden modificar qué compuestos permanecen en la preparación y en qué proporción.
Por eso, la evaluación de un botánico no puede quedarse únicamente en la materia prima original. La guía científica de EFSA para la evaluación de botánicos y preparaciones botánicas contempla precisamente información sobre la preparación utilizada y las sustancias que contiene para determinar qué datos son necesarios para evaluar su seguridad.
Este punto resulta especialmente relevante para los desarrolladores: un estudio realizado con una preparación determinada no necesariamente puede extrapolarse sin más a cualquier extracto comercial de la misma planta.
Es una de las diferencias que López-García pone sobre la mesa en la entrevista cuando explica la importancia de conocer cómo fue estandarizado un extracto y si las características del ingrediente estudiado coinciden con las del que se pretende utilizar.

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La dosis puede cambiar el escenario
Otro factor que suele quedar oculto detrás de la etiqueta “natural” es la cantidad.
Un compuesto puede formar parte de la alimentación tradicional y tener un historial de consumo, pero eso no significa que cualquier concentración o frecuencia de consumo sea equivalente.
La directora de Logre International Food Science plantea precisamente esta diferencia al comparar el consumo habitual de un ingrediente con su utilización en concentraciones mayores y de manera cotidiana. Cuando cambia la exposición, también puede cambiar la información necesaria para evaluar su seguridad.
El National Institutes of Health (NIH) señala que la seguridad de un botánico depende, entre otros factores, de su composición química, la manera en que actúa en el organismo, cómo fue preparado y la cantidad utilizada.
También advierte que algunos botánicos pueden producir efectos potentes y que “natural” no garantiza seguridad.

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También existen riesgos que no están en la planta
La seguridad de un ingrediente botánico no depende exclusivamente de sus compuestos naturales.
La contaminación durante la fabricación, la presencia de sustancias no declaradas o la interacción con otros ingredientes y medicamentos pueden introducir riesgos adicionales.
COFEPRIS señala expresamente estos escenarios al advertir que un producto etiquetado como “100% natural” puede generar efectos adversos.
En México, los suplementos alimenticios pueden contener plantas, algas y otros ingredientes de origen natural, pero existen disposiciones específicas sobre los componentes permitidos y prohibidos.
Por eso, el origen de un ingrediente es apenas el punto de partida. La seguridad se construye a partir de la caracterización, el procesamiento, la concentración, la exposición y el uso previsto.
¿Qué debería preguntarse la industria antes de incorporar un botánico?
El desarrollo de un alimento funcional puede comenzar con una planta, un extracto o un compuesto que presenta una propiedad de interés. Pero antes de trasladarlo a una formulación, el análisis debería ir mucho más allá de comprobar que “es natural”.
Algunas de las posibles preguntas que se desprenden de esta conversación y de la investigación, que deberían ser tomadas en cuenta, son:
¿Qué especie y qué parte de la planta se están utilizando?
¿Cómo fue obtenida y procesada la preparación?
¿Qué compuestos contiene y en qué concentración?
¿La preparación está estandarizada?
¿La evidencia científica corresponde exactamente con ese ingrediente?
¿Cuál será la dosis y la frecuencia de consumo?
¿Existen posibles interacciones con otros ingredientes o medicamentos?
¿A qué población estará dirigido el producto?
El atractivo de los ingredientes naturales seguirá creciendo a medida que la industria busque nuevas propuestas para alimentos funcionales. Pero el origen vegetal de una sustancia no elimina la necesidad de conocer su composición ni de evaluar las condiciones bajo las cuales será consumida.
Este y muchos otros temas relacionado con la seguridad funcional de los alimentos encontrarás en esta interesante conversación, en el marco de la edición 2025 de The Food Tech Summit & Expo.
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