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Bebidas isotónicas de nueva generación: el reto de personalizar electrolitos según el perfil de sudoración

La evidencia fisiológica gana peso frente a fórmulas basadas solo en concentraciones estándar.

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El mercado mexicano de bebidas isotónicas alcanzó alrededor de 441.28 millones de dólares en 2025 y se prevé que crezca a una tasa anual compuesta de 5.2% entre 2026 y 2035. Según Expert Market Research, llegaría a 732.61 millones de dólares al cierre del periodo.

El crecimiento ocurre mientras la categoría amplía su relación con la hidratación y la nutrición deportiva. En México, el mercado de nutrición deportiva generó 2 mil 215.9 millones de dólares en 2025 y se estima que crecerá a una tasa anual compuesta de 9.4% entre 2026 y 2033.

De acuerdo con Grand View Research, las bebidas deportivas fueron el segmento con mayor generación de ingresos dentro de esta categoría en 2025.

Ese contexto abre espacio para formulaciones que buscan responder a necesidades más específicas durante la actividad física. Entre ellas están los perfiles diferenciados de sodio y otros electrolitos según la intensidad del ejercicio, el ambiente o las características de la sudoración.

Sin embargo, formular una bebida con ese enfoque requiere más que aumentar o reducir la concentración de minerales.

La composición del sudor, por ejemplo, cambia entre personas y también puede variar en una misma persona según las condiciones del ejercicio. Por ello, la personalización de electrolitos necesita datos que relacionen la pérdida de líquidos y minerales con escenarios concretos de actividad física.

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¿Qué evidencia de composición de sudor sostiene la personalización de electrolitos en bebidas isotónicas?

El punto de partida está en conocer cuánto líquido pierde una persona y qué cantidad de sodio contiene ese sudor. El sodio es especialmente relevante porque representa uno de los principales electrolitos perdidos durante la transpiración.

De acuerdo con una revisión publicada en Sports Medicine, la tasa de sudoración y la concentración de sodio en el sudor presentan una variabilidad considerable entre individuos. El análisis también advierte que los resultados pueden cambiar según el método utilizado para recolectar y analizar las muestras.

La revisión identifica como factores de variación la intensidad del ejercicio, las condiciones ambientales, la aclimatación al calor, la capacidad aeróbica, el tamaño y composición corporal, el sexo, la edad, la alimentación y el estado de hidratación.

Esto tiene una consecuencia directa para la formulación funcional: un valor promedio de sodio en el sudor no necesariamente representa las pérdidas de todos los consumidores.

Un estudio realizado con 157 corredores de maratón muestra la magnitud de esa diferencia. La concentración media de sodio en el sudor fue de 42.9 mmol por litro, pero los valores individuales oscilaron entre 7.0 y 95.5 mmol por litro.

Según el estudio publicado en Journal of the International Society of Sports Nutrition, 20% de los corredores presentó concentraciones de sodio superiores a 60 mmol por litro. El potasio mostró una variabilidad menor, con un promedio de 6.0 mmol por litro y un rango de 3.1 a 8.0 mmol por litro.

La cifra resulta relevante para el desarrollo de bebidas isotónicas porque muestra que dos personas que realizan una actividad similar pueden presentar pérdidas de sodio muy diferentes.

Además, la concentración del mineral no cuenta toda la historia. Una persona que suda mucho puede perder una cantidad importante de sodio aunque su concentración de sodio en el sudor no sea especialmente elevada.

El American College of Sports Medicine plantea precisamente esta lógica. Su posición sobre reposición de líquidos indica que existe una variabilidad considerable tanto en la tasa de sudoración como en el contenido de electrolitos del sudor y recomienda programas de reposición personalizados.

El mismo documento señala que la tasa individual de sudoración puede estimarse mediante el cambio de peso corporal antes y después del ejercicio.

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La medición del sudor también tiene un reto metodológico

No cualquier prueba de sudor ofrece automáticamente una base suficiente para formular una bebida. La forma de obtener la muestra puede modificar el resultado.

De acuerdo con la revisión metodológica publicada en Sports Medicine, la concentración de sodio puede variar según se utilice una muestra localizada o de cuerpo completo, el momento y duración de la recolección, la limpieza de la piel, el almacenamiento de la muestra y la técnica analítica.

Entre los factores que deben controlarse están:

  • Zona de recolección: una muestra tomada de una región específica no necesariamente representa la composición promedio del sudor de todo el cuerpo.

  • Momento de la prueba: la concentración puede cambiar durante el ejercicio, por lo que el tiempo de recolección debe formar parte del protocolo.

  • Condiciones ambientales: temperatura, humedad y aclimatación al calor pueden modificar la respuesta de sudoración.

  • Método de análisis: la técnica empleada para recolectar y medir los electrolitos influye en la comparabilidad de los resultados.

Por esta razón, comparar datos obtenidos bajo protocolos diferentes puede llevar a conclusiones incorrectas sobre las necesidades de reposición.

Un análisis más amplio ayuda a dimensionar el problema. Un estudio publicado en Journal of Applied Physiology reunió 1,944 pruebas de sudor correspondientes a 1,304 personas.

Según este estudio, la concentración de sodio en el sudor estuvo relacionada con factores como la estación del año, el tipo de ejercicio, el sexo, la tasa de sudoración y la masa corporal. El modelo principal explicó 17% de la variación observada.

El dato también pone un límite a la idea de una personalización demasiado simple. Si la composición del sudor depende de múltiples variables, una bebida formulada para un supuesto “perfil de sudoración” debe definir con claridad qué población, actividad, duración y condiciones ambientales representa.

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Del perfil de sudoración a la formulación funcional

Una vez obtenido el perfil de pérdidas, el siguiente paso consiste en traducirlo a una matriz de formulación. Aquí entran variables como sodio, potasio, carbohidratos, concentración total de solutos y osmolalidad.

La relación entre estos componentes importa porque una bebida no funciona únicamente por la cantidad de electrolitos que contiene. Su concentración de carbohidratos y minerales también afecta las características físicas de la solución y su comportamiento durante el consumo.

Un metaanálisis publicado en Sports Medicine analizó 28 estudios y 68 efectos de diferentes bebidas durante ejercicio continuo. El trabajo comparó bebidas hipertónicas, isotónicas, hipotónicas y agua, y encontró que la respuesta de hidratación dependió, entre otros factores, de la tasa de consumo, la tasa metabólica, los carbohidratos y la concentración total de electrolitos.

En términos de desarrollo, esto significa que aumentar el sodio no constituye por sí mismo una mejora. La formulación debe mantener un equilibrio entre concentración de electrolitos, carbohidratos, osmolalidad, tolerancia gastrointestinal y volumen de consumo.

El Codex Alimentarius incluye las bebidas deportivas con electrolitos dentro de la categoría de bebidas saborizadas a base de agua. No establece, en esta clasificación, una fórmula única que determine cuánto sodio o potasio debe contener una bebida para cada perfil de consumidor.

Por ello, el espacio para la innovación está en el desarrollo de formulaciones sustentadas por evidencia, no en asumir que una mayor concentración de minerales equivale automáticamente a una mejor reposición.

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Impacto en credibilidad del claim de rendimiento deportivo y diferenciación frente a isotónicas estándar

La evidencia sobre la composición del sudor puede respaldar una estrategia de formulación, pero no basta por sí sola para sustentar un claim de rendimiento deportivo.

Aquí existe una diferencia importante entre demostrar que una bebida aporta electrolitos compatibles con determinadas pérdidas y demostrar que su consumo produce un efecto medible sobre el rendimiento físico.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha evaluado específicamente las declaraciones relacionadas con soluciones de carbohidratos y electrolitos. Su análisis considera efectos como la absorción de agua durante el ejercicio, la reducción de la percepción del esfuerzo y el mantenimiento del rendimiento de resistencia.

Según EFSA, la relación entre una composición y un efecto fisiológico debe estar sustentada por evidencia que permita establecer el vínculo entre el alimento y el beneficio declarado. Esto coloca la validación del producto en un nivel distinto al de una simple comparación de concentraciones.

Para las bebidas isotónicas de nueva generación, el desafío está entonces en construir una cadena de evidencia que conecte tres niveles:

  • Caracterización: medir la tasa de sudoración y la composición de electrolitos bajo condiciones definidas.

  • Formulación: traducir esas pérdidas en concentraciones de sodio, potasio, carbohidratos y otros componentes técnicamente justificables.

  • Validación: comprobar que la bebida cumple el efecto fisiológico o de rendimiento que se pretende comunicar.

Esta última etapa es especialmente importante cuando la diferenciación comercial depende de un claim relacionado con rendimiento deportivo.

Un estudio de 2025, publicado en Journal of Athletic Training, revisó 19 estudios controlados sobre soluciones de carbohidratos y electrolitos para la rehidratación después del ejercicio. Según sus resultados, las bebidas con entre 4% y 9% de carbohidratos mostraron potencial para favorecer la rehidratación frente al agua en distintos resultados evaluados.

La evidencia disponible, sin embargo, no significa que cualquier modificación en el perfil mineral genere un beneficio adicional sobre el rendimiento.

De hecho, un metaanálisis sobre una formulación de carbohidratos con alginato de sodio no encontró diferencias en rendimiento, oxidación de carbohidratos ni concentración de glucosa frente a una bebida isocalórica de control.

Según los autores, se requieren más estudios antes de establecer conclusiones firmes sobre ese tipo de formulaciones.

Esto plantea una oportunidad para la industria de alimentos y bebidas: la diferenciación de las bebidas isotónicas puede apoyarse en perfiles de electrolitos más específicos, pero la propuesta gana credibilidad cuando la formulación responde a datos fisiológicos medidos y cuando el beneficio comunicado cuenta con pruebas propias.

El desarrollo de electrolitos personalizados requiere, por tanto, pasar de una lógica basada únicamente en concentraciones a una metodología que considere quién consume la bebida, cuánto suda, qué pierde, bajo qué condiciones realiza la actividad y qué efecto pretende conseguir la formulación.

Para las empresas que desarrollan bebidas isotónicas, el reto técnico está en convertir esa información en una formulación funcional reproducible. Para las marcas, el reto de comunicación consiste en que el claim de rendimiento deportivo corresponda con el nivel de evidencia disponible.

En ese punto, el perfil de sudoración deja de ser solamente un dato de investigación y se convierte en una variable de desarrollo que puede sustentar la diferenciación frente a las isotónicas estándar.

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Reportera multidisciplinaria con trayectoria en la producción de contenidos para medios digitales e impresos. Su área de especialización abarca temas científicos, logística, inmobiliaria, tecnología, hard news, política y salud.

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