27 de Marzo de 2025

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Mercado del té en LATAM: ¿cómo se produce, dónde se consume y hacia dónde va?

La creciente conciencia sobre los beneficios del té está impulsando aún más la demanda del producto
Consuelo Reyes Fuentes

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El té en Latinoamérica tiene su propia historia. Si bien la Camellia Sinensis, planta que da origen a todas las variedades que se conocen de té, no es endémica de la región.

La colonización británica y portuguesa, sumado a distintas olas migratorias, permitió la llegada de la semilla a distintos países del continente. Algunos de los cuales han perfeccionado la técnica de producción con los años, elaborando té made in LATAM de alta calidad.

De hecho, dentro de los 10 productores con mayor importancia en el mundo, está Argentina. Desde la provincia de Misiones se exportan 76 mil toneladas de té al año, convirtiendo a este país en el noveno productor a nivel mundial y el primero del continente, ya que concentra el 90% de la producción en América.

La semilla de Camellia Sinensis llegó a la provincia de Misiones como un regalo que trajo el sacerdote Tijón Hnatiuk desde Ucrania para las familias de la zona.

El clima húmedo y las condiciones de suelo propiciaron el crecimiento de las plantas, que por décadas, han permitido a los argentinos cultivar el té en la misma zona donde crece y se procesa la yerba mate.

El té de Misiones se vende principalmente a la industria de bebidas para que sea convertido en Ice Tea o para ser molido y vendido en formato de “saquitos” en los países más consumidores.

En Argentina, paradójicamente el consumo de té no es tan alto, dejando solo el 10% de su producción para comercialización interna.

Familias de té

Sin embargo, dentro de este panorama, hay familias, como los sand, que gracias al apoyo de entidades de gobierno y de especialistas certificados en té, han podido elaborar té artesanal al estilo asiático, pero con una personalidad propia del terroir de Misiones.

Los Sand han aprendido de agricultura sustentable y han aplicado esos conocimientos en sus jardines para producir té en hebra que nada tiene que envidiar a los ejemplares provenientes de Asia.

Pero Argentina no es el único país del continente donde la Camellia Sinensis ingresó con fuerza, buscando convertirse en un producto de comercialización internacional.

En Brasil, por ejemplo, hay dos zonas donde se produce té: Minas Gerais y Registro, siendo esta última la capital del té de Brasil.

Curiosamente, este país es el segundo lugar en el mundo donde viven más japoneses después de Japón, por lo que el té que ingresa a Brasil es de origen nipón.

Según declaraciones de estudiantes del té del país, la Camellia Sinensis ingresó tras la Primera Guerra Mundial, cuando los gobiernos de Brasil y Japón hicieron un acuerdo para recibir a la comunidad japonesa que deseara viajar a este país de Latinoamérica para ayudar a hacer crecer su economía. Y así poblar las zonas donde siempre ha habido amplia riqueza natural.

Pero que, en su momento, tenía poca presencia humana. Los japoneses no vinieron solos, trajeron sus costumbres y tradiciones, entre ellas su elevado gusto por el té.

La mayoría de las plantaciones de té existentes en Brasil pertenecen a descendientes japoneses, quienes han convertido a Registro en la región más importante destinada al té en el país.

Por muchos años, Sitio Amaya, producción industrial de té, recibía las hojas colectadas de distintos predios para procesarlas y venderlas principalmente para consumo interno en formato de blend o de “saquito”.

No obstante, gracias a políticas de desarrollo agrario y turístico, familias como Shimada y Yamamaru han destacado por su producción artesanal, siendo esta última, la única certificada como productora agroforestal en el país.

Las semillas de Camellia Sinensis provenientes de Japón, no solo hicieron su llegada a Brasil, sino también a Perú. Foto: Freepik

Una bebida de exportación

El consumo de té en Brasil ha ido en aumento en los últimos años, ubicándose en el puesto número 88 en el ranking mundial del consumo de té, muy por debajo de otros grandes consumidores como Chile.

Incluso en el ranking de producción, siendo Brasil el país más grande de Conosur, se ubica en el puesto 72, lejos de su vecina Argentina.

Las semillas de Camellia Sinensis provenientes de Japón, no solo hicieron su llegada a Brasil, sino también a Perú.

En 1913 el cónsul de Perú en Japón envió al país sudamericano 120 libras de semillas de té, aproximadamente 55 kilos, para evaluar su desempeño y convertir al té en un producto de exportación. Las semillas se plantaron en Cuzco, y hoy en día cuentan con cuatro zonas de producción:

  • Pasco
  • Amazonas
  • Junín
  • San Martín

En total, producen 3.3 toneladas de té principalmente para exportación, debido a que el consumo interno es muy bajo.

Siguiendo la ruta del té japonés en la región, también fueron unos comerciantes nipones quienes introdujeron la semilla de la planta en Colombia, país donde se produce en una sola macrozona: la Reserva Forestal Protectora de Bitaco, en el municipio de La Cumbre, Valle del Cauca.

En esta zona volcánica y rica en minerales, se produce principalmente té negro, verde y blanco, al igual que flores de jazmín. Con 15 toneladas de producción nacional, Colombia se ubica en el puesto número 63 del ranking mundial de exportación de té.

Los japoneses no vinieron solos, trajeron sus costumbres y tradiciones, entre ellas su elevado gusto por el té. Foto: Freepik

La ruta del té en LATAM

Los registros de plantaciones de té en Latinoamérica también han alcanzado a países como Ecuador y Bolivia, quienes con pequeñas plantaciones están haciendo experimentos de producción de té artesanal.

Incluso en Chile, se encuentran los jardines de té más australes del mundo. Como una prueba, la empresa Salus Flora, enfocada en medicina natural, implementó en 2014 un campo con apenas 3 hectáreas para producir té verde.

Este té no se encuentra fácilmente en hoja suelta en el mercado, es usado mayoritariamente como base para medicina natural. No obstante, este es el primer intento chileno por producir té nacional.

Chile es el principal consumidor de té en la región, con nada más ni nada menos que 427 tazas de té per cápita al año.

Esta bebida ingresó al país a través del puerto de Valparaíso por inmigrantes británicos, quienes lo propagaron a lo largo del país.

Un impuesto a la yerba mate puesto a fines del año 1700 para financiar obras públicas motivó a las familias chilenas a escoger el té, por sobre la yerba, convirtiéndose en un indispensable de la canasta básica.

La historia del té en Latinoamérica es extensa; si bien, el consumo actual se concentra principalmente en blends, las ganas de las familias productoras y el creciente apoyo de instituciones públicas han hecho de la región un creciente hub de experimentación y producción de esta planta.

La tierra y las condiciones climáticas han sido aliados, dando como resultado un té made in LATAM que poco a poco ha ganado reconocimiento internacional.

No dejes de ver: Tendencias 2025: ¿cómo los consumidores redefinen el concepto de salud y bienestar?


Consuelo Reyes Fuentes

Periodista y PR con más de 12 años de experiencia. Ha cursado distintas asignaturas en relación al mundo del té, como: producción artesanal de té en Misiones, Argentina; Cata Profesional de Té, Nivel 1 en Escuela de Té Peichen; y el curso de producción y elaboración de té en Brasil, en el marco de la 8va. Rota do Cha en Registro.

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